Lula “light”
Logo Enrique Neira

 

 

     

En nuestra columna anterior ("A la cuarta va la vencida" 7 octubre), augurábamos el triunfo de Luis Inácio da Silva como candidato para presidir por 4 años los destinos de ese gigante continental que es Brasil. Le faltaron, sin embargo, cerca de 300.000 votos para llegar (un 3%). Debe enfrentar al candidato oficialista el 27 de octubre., en una segunda vuelta Pero a José Serra, en los próximos 15 días, no le será fácil alcanzar al puntero, quien viene pedaleando bien y cuenta con un enorme apoyo popular. Los dados están echados. Y las parcas cariocas no hacen sino dar las últimas puntadas -al son de samba- a la banda presidencial que ceñirá la corpulencia física del obrero metalúrgico de la Benz devenido en presidente.

 

EL CANDIDATO OFICIALISTA

José Serra, 60 años y una larga trayectoria económica y política, cuenta con el apoyo de la imagen y la gestión del presidente saliente (Fernando Henrique Cardoso) y de la mayoría de los gobernadores estadales. Es el candidato del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) y lo respaldan importantes partidos como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDBcentroderecha), el Partido del Frente Liberal (PFL), el Partido Progresista Brasileño (PPB), que en conjunto tienen gran peso económico e influjo en los medios de comunicación ('O Globo'). Favorece a Serra la selección de Rita Catama, atractiva congresista del PMDB, como compañera de fórmula para la Vicepresidencia. Serra, hijo de emigrantes pobres, viene también de la izquierda. Fue exiliado durante la dictadura militar, acusado de ser 'comunista'. Siendo Ministro de Sanidad, se enfrentó a las poderosas multinacionales farmaceúticas, quebrándoles el monopolio que tenían de las medicinas más importantes, sobre todo las usadas contra el sida. Asimismo como Ministro de Planificación logró éxitos en una política nacionalista sobre patentes extranjeras. En el exterior y en casa le reconocen su aguda inteligencia y preparación intelectual. Pero lo tildan de antipático y que le falta carisma. Se presenta como el continuador de la gestión de Cardoso, quien en estos últimos 8 años no aplicó ciertamente desde el gobierno el paradigma marxista que recomendaba como académico en su clásica obra de 1979 "Capitalismo y Dependencia en América Latina", que fuera la Biblia de nuestros estudiosos de Ciencias Sociales. El mismo Cardoso, siendo ya presidente recomendó que "no leyeran sus libros". En una agresiva campaña por debilitar a Lula, Serra está golpeando bajo, afirmando que con él como presidente "Brasil no será otra Argentina ni otra Venezuela".

 

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EL CANDIDATO 'LIGHT' DE IZQUIERDA

Hoy no se puede negar que el próximo presidente de Brasil será 'Lula' da Silva. Pero la pregunta es: ¿será el antiguo o el nuevo Lula? Nuestra hipótesis es que no sólo por estrategia electoral (marketing de imagen) y por los compromisos y alianzas ya asumidos públicamente ante el país y organismos internacionales, sino principalmente por simple realismo político, Lula no va a ser el hirsuto y radical agitador de izquierda de años pasados, que iría a reforzar el "Eje del mal". El mundo empresarial y financiero que veía con espanto el crecimiento del 'ogro filantrópico', comienza a apaciguarse y va digiriendo un eventual gobierno de Lula en Brasil, aunque sea un bocado fuerte y no muy apetitoso para ciertos paladares. Pero para una mayoría, Lula es hoy un candidato político 'light' (suave, ligero, moderado), 'brando' en portugués. Habrá cambios. Pero no cambios bruscos. Lula ha moderado el discurso ideológico de su Partido de Trabajadores. Y no hay en sus intervenciones (orales y escritas) atisbos ni de Marxismo recalentado ni de Militarismo ni de Populismo improductivo. Y eso es tranquilizador para la mayoría. Como son también tranquilizadores los logros de la gestión del PT en los pocos Estados y Municipios donde ha gobernado. Ejemplo concreto el Estado y la ciudad de Porto Alegre. Por lo demás, un buen técnico de la industria automotriz, doblado de experto sindicalista como es Lula, sabe mejor que cualquier paracaidista que el manejo acertado de la economía es cada día más el secreto de la gobernabilidad y por ende de la legitimidad de una administración pública. Un país es su economía. Si se la deja hundir no hay dislates ideológicos que valgan. Eugenio Staub, presidente de Gradiente, una de las mayores empresas del sector eléctrico del Brasil, amigo por 20 años de José Serra y votante habitual del PSDB, ya el sábado 21 de setiembre por las pantallas de televisión invitaba a votar sin escrúpulos por el obrero metalúrgico: "Lula es un estadista, tiene grandeza y está preparado para todos los asuntos relevantes del país. Esa historia de que no tiene títulos es una bobada". Y desde hace dos meses, vienen importantes empresarios brasileños endosando con su firma un documento, que para nosotros los analistas del exterior, resulta significativo: "Entendemos que Lula es la única alternativa capaz de aplicar un programa de gobierno concentrado en el crecimiento económico, en creación de empleo, reducción de desigualdades, fortalecimiento del mercado interno y apoyo a las empresas nacionales".

 

¿UNA 'TERCERA VIA'?

Lula se ha comprometido a respetar los compromisos internacionales asumidos por el Ejecutivo de Cardoso y ha pactado compartir el gobierno con el derechista Partido Liberal. Ha dicho que no habrá rupturas sino que procurará que el capitalismo funcione mejor en Brasil, con sentido más social y enfatizando la creación de empleo, la educación, una reforma fiscal y como meta, la reducción urgente de las desigualdades que desvertebran el país. Es un giro político que lo conecta con una corriente de pensamiento que va ganando terreno en nuestra América y que preconiza las reformas de segunda generación, es decir, las reformas a las reformas. Quedó atrás la era propiciada por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), que logró en varios países una "industrialización hacia dentro". Mal que bien, pasando descalzos por entre ascuas, la mayoría de países fue saliendo de la siguiente década de los 80, que fue para América Latina una "década perdida", por sus problemas estructurales y pesado fardo de deuda externa. Y con el "consenso de Washington", propuesto en 1989 por el economista norteamericano John Williamson, nos vimos metidos en la nueva era neo-liberal, en el marco de la globalización. El proceso se acompañó de una democratización en varios países que habían sido victimas de dictaduras militares. Los éxitos fueron parciales. Y ciertamente los contenidos de las reformas -que eran necesarias pero no suficientes- se quedaron cortas en éstos países. Pero no es realista echar ahora marcha atrás. Y no es recomendable la receta de aplicar "más de lo mismo"(más neoliberalismo) para salir del hoyo donde hemos caido. Y aquí es donde un gobierno de Lula -en un país que es capaz de tanto- pudiera liderar un nuevo modelo para nuestro continente. Equivaldría a un primer intento serio de estructurar un paso adelante hacia un modelo socio-económico que funcione bien (es decir, que sea eficiente) y a la vez se adapte a las complejas realidades de nuestros pueblos (es decir, sea consensuado, democrático).

El gobierno del presidente Luis Inácio da Silva será aceptable y exitoso en Brasil en cuanto sea neoliberal 'light' o -lo que es equivalente- socialdemócrata 'light', es decir, 'brando'. "No debemos repetir el error del actual gobierno del presidente Cardoso, que de acuerdo con el credo neoliberal imaginó que la aplicación de su programa económico solucionaría por arrastre los problemas sociales, y fracasó en los dos planos. Para nosotros, lo económico y lo social constituyen dos dimensiones inseparables e igualmente prioritarias del desarrollo"(Luis Inácio Da Silva).

14 octubre 2002

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¿Lulismo sin Lula? (27-01-11) :
Buenos guiones para filmes hoy (31-07-11):