Brasil, ¿ un lulismo sin Lula? (Editorial 41)
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Brasil, ¿ un lulismo sin Lula?
 

Instalada desde el 1º de enero como primera presidenta de Brasil, Dilma Roussef despierta enormes expectativas sobre lo que puede llegar a ser su gobierno. ¿Con qué continuidad seguirá las políticas de su brillante mentor y antecesor, en qué fuerzas se apoyará para cumplirle a su gigante país y para moverse holgadamente en la comunidad de naciones? Dentro de tan amplio panorama trataremos de ser claros y sucintos, preguntándonos si podrá hablarse de un auténtico lulismo cuando ya el inspirador y jefe no está, o será posible una nueva marca emparentada con la que hoy recibe la sucesora añadiéndole sus aportes y estilo propio.


1. La candidata de Lula

La nueva presidenta recibe el país en un envidiable momento de manos de Luiz Inácio Lula da Silva, su mentor, su patrocinador, su modelo y de quien heredó gratuitamente una gigantesca reserva electoral. En sus ocho años de mandato (sobre los buenos cimientos que con sus reformas y apertura le dejó Fernando Henriquez Cardozo), Lula llevó al coloso suramericano a convertirse en la octava economía del mundo, sacó a más de 20 millones de habitantes de la condición de extrema pobreza, bajó el desempleo a niveles históricos y se consolidó como un protagonista dentro de la comunidad internacional.

 

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2) El lulismo de Lula

No se trata de un concepto, ni de un mero movimiento político. El Lulismo puede ser entendido como un intento de modelo gerencial del Estado y de la gobernabilidad política. Algo que se enmarca en el campo de la ingeniería política y no constituye por sí solo ni un proyecto de desarrollo ni un proyecto estratégico de país. Como intento de modelo gerencial, posee una marca inconfundible de sano pragmatismo, que caracterizó todos los 8 años de gobierno de Lula da Silva. El Lulismo comenzó a fraguar en la campaña presidencial de Lula en 1994; se configuró con sus principales componentes en junio 2002, cuando se adoptó la Carta al Pueblo Brasileño, que alteraba profundamente el inicial proyecto del PT (Partido de Trabajadores). Había en el discurso original del PT un sentimiento solidario, comunitario y moralista que lo convertía en un discurso de masas, autónomo y crítico, que vehiculaba un cierto mesianismo con lenguaje mágico carismático, tomado de sectores católicos progresistas (Teología de la Liberación de los años 80) con su organización de comunidades eclesiales de base. Todos ellos elementos que en buena hora no fueron dejados de lado sino incorporados coherentemente al Lulismo y son parte del secreto de su éxito popular.

3) ¿Un lulismo sin Lula?

Sin haber desempeñado en su vida cargos políticos ni burocráticos, sin la escuela práctica de largos años de sindicalismo y luchas laborales, sin tener seguro el control indispensable del complejo y versátil Partido de Trabajadores (principal apoyo de su mandato), no se ve claro cómo pueda la economista Dilma aglutinar lo que fue el Lulismo de Lula y llevar adelante con rumbo definido -sin timonazos bruscos ni sorpresas- la nave gigantesca de ese Brasil que con tanto acierto y pragmatismo condujo Lula da Silva.
El mayor desafío político de Rousseff será encontrar la combinación perfecta para conjugar y mantener la continuidad de los logros de Lula (razón por la cual ganó las elecciones), con las exigencias de los nuevos tiempos. Además de imprimirle a todo el proceso su sello personal y propio. Como puntualiza bien un atinado editorial de El Tiempo de Bogotá, “en la selección de su gabinete y en su discurso de posesión, la mandataria ya empezó a construir los vasos comunicantes con el gobierno anterior: 16 de sus ministros trabajaron con Da Silva, su equipo económico refleja el seguimiento de las exitosas políticas lulistas y disipó las dudas iniciales de sectores del empresariado sobre un eventual viraje drástico hacia la izquierda en materia económica”.

Como si fuera poco la magnitud de las tareas a las que tiene que atender la nueva presidenta, en la agenda del Lulismo quedan pendientes de planificar y ejecutar un largo trecho de ejecutorias a las que Lula no alcanzó a atender. Tales el incremento de la actividad económica con políticas sociales consistentes y creativas; reformas estructurales pendientes (reforma tributaria que propicie la producción; reforma agraria que asegure la paz en el campo; reforma de la seguridad social; reforma laboral); políticas estructurales que combatan el déficit habitacional, el hambre y la inseguridad pública. Y no se puede excluir que la nueva gobernante tenga que lidiar ahora con una oposición política sobre la cual Lula con habilidad y carisma sobrevoló.

16/01/2011