Conciente
de un 70% de respaldo popular, no escogió
la vía de buscar una reforma de
la Constitución que le permitiera
optar por un tercer periodo consecutivo
en la presidencia, ni el camino directo
de convocar a un referéndum. No
tenía el recurso de conservar el
poder en familia pasando el bastón
de mando a su esposa. Pero sí encabezó
un partido político que era el
suyo (Rusia Unida), con el que consiguió
una barrida general en las elecciones
parlamentarias del 2 de diciembre. Y en
la mejor tradición soviética,
el 10 de diciembre anunció que
Medvéded, su director de Gazprom
-la gigantesca compañía
estatal de gas natural- y su delfín,
sería el candidato de su partido
a la Presidencia y que él personalmente
podría ser su primer Ministro.
Y así viene aconteciendo.hasta
ahora.
Esta
ha mostrado ser una sencilla fórmula
de sucesión presidencial, al no
poder el Presidente en ejercicio -por
imperio de la Constitución- presentarse
para una segunda reelección inmediata.
Al final del período (2012) se
cambiarán los papeles. Es una jugada
maestra de ‘enrrocada’ de
ajedrez. Y más cercano a nosotros
en tiempo y espacio, hay un parecido con
la reciente elección presidencial
de Juan Manuel Santos en Colombia (julio
2010) y el apoyo también de un
80% de favorabilidad en la opinión
popular del anterior presidente Uribe
Vélez que le fue endosado en elecciones
al nuevo presidente para que hubiera continuidad
de un buen gobierno.
Perfil
de Dilma
Cuando
Dilma gane la segunda vuelta electoral
tendrá ya definitivamente un notable
ascendiente político. Hija de un
inmigrante búlgaro, Dilma fue activa
política durante la dictadura.
Se alistó desafiante en un movimiento
guerrillero de izquierda. Y aunque no
disparó nunca un tiro, fue arrestada
y torturada y estuvo tres años
en cárcel. Libre en 1973, estudió
economía y entró al gobierno
cuando los militares dejaron el poder
en 1985. Se desempeñó como
ministra de Economía en Porto Alegre
y por dos veces ministra de Energía
de Río Grande del Sur. Lula la
llamó a ser su Ministra de Energía
en el 2003 y quedó tan bien impresionado
de su desempeño que la encargó
de coordinar los programas más
importantes de su segundo período,
alabando su “sensibilidad e intrepidez”.
Y la designó su sucesora por la
gran habilidad demostrada para coordinar.
Aunque sin experiencia y con reluctancia
a aparecer en campaña entre las
masas y en los grandes escenarios, Dilma
sabe que el electorado no espera de ella
la propuesta de grandes ideas sino le
basta reafirmar el fiel seguimiento que
hará del programa progresivo de
gobierno que aplicó Lula con su
halo encantador de ocho años de
éxito.
Conclusión.
Como fenómeno inédito
en la mayor democracia latinoamericana,
habrá que reconocer que se elige
al jefe de un poderoso Estado gracias
al brillo de la gloria que su predecesor
proyecta sobre su candidatura.