Brasil : Dilma la sucesora de Lula (Editorial 36)
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Logo Enrique Neira

 

 

     
Dilma la sucesora de Lula
 

Pocos brasileños fuera de la estrecha elite política estaban bien enterados acerca de quién era Dilma Rousseff antes de iniciarse la campaña electoral presidencial en julio. Se había desempeñado en el gabinete de Lula como Ministra de Energía. Pero Brasil es Brasil y ha estado dominado por el encanto de Lula da Silva, con un masivo 80% de popularidad. Bastaba que la designada por Lula como su candidata asegurara que haría un gobierno de continuidad con el de Lula para que el electorado quedara tranquilo en llevarla a la presidencia. El país no le ha exigido previamente a la candidata saber qué propuestas defiende, qué planes tiene, cómo planea gobernar. Y el mismo Partido de Trabajadores no exige mayor escrutinio y confía en que si logra presentar a Dilma como “Lula con faldas”, ella logrará ser elegida, pues se asegura la continuidad que es lo importante.


Una jugada maestra de ajedrez

Vale la pena recordar aquí la forma hábil y creativa como Putin en el 2007 manejó el problema de su perpetuación en el poder en Rusia, manteniendo las formalidades constitucionales y democráticas, sin caer en despotismos ni ridiculeces de mandatarios de otras latitudes amañados en el poder.

 

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Conciente de un 70% de respaldo popular, no escogió la vía de buscar una reforma de la Constitución que le permitiera optar por un tercer periodo consecutivo en la presidencia, ni el camino directo de convocar a un referéndum. No tenía el recurso de conservar el poder en familia pasando el bastón de mando a su esposa. Pero sí encabezó un partido político que era el suyo (Rusia Unida), con el que consiguió una barrida general en las elecciones parlamentarias del 2 de diciembre. Y en la mejor tradición soviética, el 10 de diciembre anunció que Medvéded, su director de Gazprom -la gigantesca compañía estatal de gas natural- y su delfín, sería el candidato de su partido a la Presidencia y que él personalmente podría ser su primer Ministro. Y así viene aconteciendo.hasta ahora.

Esta ha mostrado ser una sencilla fórmula de sucesión presidencial, al no poder el Presidente en ejercicio -por imperio de la Constitución- presentarse para una segunda reelección inmediata. Al final del período (2012) se cambiarán los papeles. Es una jugada maestra de ‘enrrocada’ de ajedrez. Y más cercano a nosotros en tiempo y espacio, hay un parecido con la reciente elección presidencial de Juan Manuel Santos en Colombia (julio 2010) y el apoyo también de un 80% de favorabilidad en la opinión popular del anterior presidente Uribe Vélez que le fue endosado en elecciones al nuevo presidente para que hubiera continuidad de un buen gobierno.

Perfil de Dilma

Cuando Dilma gane la segunda vuelta electoral tendrá ya definitivamente un notable ascendiente político. Hija de un inmigrante búlgaro, Dilma fue activa política durante la dictadura. Se alistó desafiante en un movimiento guerrillero de izquierda. Y aunque no disparó nunca un tiro, fue arrestada y torturada y estuvo tres años en cárcel. Libre en 1973, estudió economía y entró al gobierno cuando los militares dejaron el poder en 1985. Se desempeñó como ministra de Economía en Porto Alegre y por dos veces ministra de Energía de Río Grande del Sur. Lula la llamó a ser su Ministra de Energía en el 2003 y quedó tan bien impresionado de su desempeño que la encargó de coordinar los programas más importantes de su segundo período, alabando su “sensibilidad e intrepidez”. Y la designó su sucesora por la gran habilidad demostrada para coordinar. Aunque sin experiencia y con reluctancia a aparecer en campaña entre las masas y en los grandes escenarios, Dilma sabe que el electorado no espera de ella la propuesta de grandes ideas sino le basta reafirmar el fiel seguimiento que hará del programa progresivo de gobierno que aplicó Lula con su halo encantador de ocho años de éxito.

Conclusión. Como fenómeno inédito en la mayor democracia latinoamericana, habrá que reconocer que se elige al jefe de un poderoso Estado gracias al brillo de la gloria que su predecesor proyecta sobre su candidatura.