La Cumbre de Brasilia
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La Cumbre de Brasilia
Logo Enrique Neira

 

 

     

Encuentro de árabes y suramericanos

La pasada reunión del 10 y 11 de mayo en la capital brasileña entre 22 países árabes y 12 sudamericanos, con sus respectivos mandatarios o representantes, y un encuentro paralelo de 1.250 empresarios (250 de ellos árabes), puede llamarse sin exageración una de las más notables e históricas cumbres internacionales. Es el encuentro de mayor envergadura en que ha invertido la diplomacia brasileña en varios años. Es la primera vez que se ponían en contacto cercano y de alto nivel dos regiones importantes (sur-sur) para potenciar sus comunes intereses económicos y políticos. La iniciativa, la organización y el manejo cuidadoso de semejante bomba de metano fue de Brasil, que sigue corroborando su vocación de país líder no sólo tercermundista sino mundial. Brasil expande sus horizontes y mercados, sin desechar sus relaciones con Estados Unidos y con la Comunidad Europea. Brasil demuestra que es una nación que tiene ideas y propósitos claros. Y para ponerlos en práctica tiene –de años atrás- bien armado y aceitado el instrumento más profesional y eficaz que pueda darse de servicio exterior. Itaramaty (sede del Ministerio de Exteriores) traza con tiempo los grandes propósitos y las estrategias adecuadas que la Administración federal debe llevar adelante; la asesora en detalle y la acompaña en sus vueltas y revueltas. Itamaraty hace que la política exterior sea interpretada más como una acción de Estado que de Gobierno No es concebible en Brasil un mandatario “free lance”, por genial que sea, que dicte a su antojo o improvise la política exterior del país. El gobernante de turno, con sus cualidades y estilo personal, porta las banderas de interés nacional que se le han asignado; y con su batuta, dirige en intervenciones y foros internacionales la orquesta, puesta constitucionalmente en sus manos, ejecutando partituras ya debidamente pensadas y elaboradas por quienes de oficio conocen el terreno. Esto da seguridad y evita riesgos aventureros en la conducción de la nave del Estado por las endiabladas rutas internacionales. Tanto el anterior presidente Fernando Henrique Cardozo (1994-2002) como el actual ‘Lula’ da Silva han puesto, en coyunturas y apremios diferentes, sus propios aportes acertados y lo mejor de sus cualidades.

 

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La política internacional de Itaramaty

• La política exterior y la acción diplomática de Cardoso se desenvolvió –con éxito- en torno de tres grandes líneas: 1) la definición de un proyecto regional brasileño; 2) la obtención de mejores condiciones de acceso y apertura a nuevos mercados; y 3) la construcción de nuevas alianzas internacionales. De hecho, al final de su mandato, el gobierno de Cardoso dejó una balanza comercial favorable y en vías de expansión creciente para el Brasil. Pero lamentablemente, los hechos terroristas del 11 setiembre 2001 y la consiguiente dura política unilateral impuesta por Estados Unidos dificultó y coartó planes de Brasil de avanzar no sólo comercial sino políticamente en el mundo globalizado.

• El gobierno de Lula está buscando alinear la política exterior con los deseos de cambio reclamados por los brasileños, pero sin apartarse de forma radical de ninguno de los principales legados del gobierno anterior. En su discurso de posesión señaló como principal prioridad: “la construcción de una América del Sur políticamente estable, próspera y justa”. Sus líneas de acción son: 1) la subordinación de la política exterior a los dictámenes del desarrollo con perspectiva humanista; 2) la reafirmación de la soberanía y de los intereses nacionales en el plano internacional; 3) la centralidad y el apoyo al comercio exterior como herramienta esencial; 4) el compromiso en la construcción de alianzas y sociedades en los planos regional y global simultáneamente; y 5) como rasgo distintivo, la acción decidida a favor de un orden político y económico más democrático, justo y equitativo entre las naciones.

 

Logros de Brasil

Con la anterior Cumbre, Brasil evidentemente adquiere mayor visibilidad, con dos efectos claros: * una ampliación de sus productos exportables a los países árabes (en donde ya coloca 8.000 de los 11.000 millones de dólares que exporta América del Sur); y * una posición de ventaja (por sobre el otro posible candidato tercermundista Egipto) para ocupar uno de los cinco sillones nuevos en el Consejo de Seguridad permanente de las Naciones Unidas (una vez adoptada dicha reforma que ya se está cocinando).

Democracia en perfil bajo

La Cumbre dio un respaldo consensual (¡con el voto también de Venezuela!) a los procesos democráticos y autoridades legítimas que se han dado la Autonomía Palestina y la sufrida Irak. La condena general del terrorismo dejó a salvo “el derecho de los Estados y pueblos a resistir la ocupación extranjera, de acuerdo con los principios de la legalidad internacional y de conformidad con el Derecho Internacional Humanitario”. Y el tema de la democracia política –aunque estaba implícito en las 15 páginas del documento final- no quedó subrayado en respeto –tal vez- a las tradicionales formas no democráticas que persisten en países del mundo árabe, como son algunas monarquías y sultanatos. El tema aflorará con vehemencia y calor en la próxima reunión de presidentes del hemisferio en Norteamérica.

La Cumbre de Brasilia es un ejemplo de cómo dos regiones del mundo (sur-sur) pueden dialogar y entenderse sobre muchos asuntos. Y si además logran cambiar un poco la geografía económica del mundo, tanto mejor.

23 mayo 2005

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