*
Como ideólogo político
Para
evaluarlo bajo esta faceta, debemos tener
en cuenta sus antecedentes ideológicos
en el mundo de entonces, en varias etapas
fundamentales de su vida. Se resumen en
cuatro, a saber:
1) Su periodo de formación intelectual
e ideológica, en el que se adhiere
al republicanismo demo liberal independentista
en su lucha contra el absolutismo monárquico
colonialista;
2) luego, su etapa como combatiente y
caudillo que alcanza la emancipación,
en su doble papel de Libertador y Presidente,
o circunstancialmente Dictador;
3) paralelamente su protagonismo como
lúcido pensador, realista y visionario,
al que las circunstancias le exigen actuar
como conductor de pueblos y creador de
repúblicas y naciones, constituyéndose
en vocero de un importante sector en una
comunidad hispanoamericana y nacional
incipiente, que aspira a la estabilidad
y equilibrio entre las clases sociales;
4) y finalmente como el ideólogo
y el hombre que se siente en la obligación
moral de defender sus proyectos e ideales
socio politicos y aun su honor, su reputación
y su gloria.
A
Bolívar se lo puede catalogar,
con propiedad, como liberal, progresista
y moderado.
Se mueve dentro de una ideología
liberal-progresista y a la vez conservadora-moderada.
Cuando lo ubicamos como liberal-progresista,
nos referimos sobre todo a sus principios
sociales. Y cuando lo definimos como moderado
o conservador, estamos tomando como referente
a los sistemas políticos. Bien
lo expresó el mismo Bolívar
en carta a O'Higgins (29 agosto1822) cuando
le dice: «Chile constituye un gobierno
fuerte por su estructura y liberal por
sus principios".
Democracia
liberal republicana
Estas tres palabras expresan un tipo de
régimen político y también
una forma de vida. Caracterizan un complejo
orgánico sociopolítico que
trata de realizar tres valores o ideales,
bien formulados por Bolívar como
son: “Libertad-Igualdad-Justicia”
(Discurso en Santafé de Bogotá,
13 enero 1815).
•
Democracia
Para Bolívar, la auténtica
democracia implica que la autoridad es
derivada del Pueblo, de la suprema voluntad
popular. Lo afirma con frecuencia y fue
siempre su hilo conductor: "la voluntad
general del Pueblo será para mí
siempre la suprema Ley» (Ante la
Municipalidad de Caracas, 2 enero de 1814).
Pero esa democracia política tiene
que ser también, para Bolívar,
una democracia social. Debe tener un contenido
de equidad y justicia social, que propenda
por el mejoramiento de las mayorías,
tanto en el plano material como en el
de la autorrealización personal.
El elemento de progresismo social es inherente
a su concepción de democracia,
ya que esta atañe no sólo
al plano político, sino también
al socioeconómico, pues es una
aproximación a la equidad como
aspiración de la justicia.
•
Liberal
Bolívar se identifica con la corriente
de pensamiento opuesta al absolutismo
monárquico, al tradicionalismo,
al sistema totalitario. Busca establecer
un régimen político respetuoso
de un marco Constitucional y Legal, que
adopta la división de las Ramas
del Poder, que garantiza los derechos
fundamentales y la igualdad legal de los
ciudadanos, que se fundamenta legítimamente
en la soberanía popular expresada
a través de una cierta representación
electoral. ¡Pero Bolívar
busca un equilibrio entre el liberalismo
individualista -tan en boga en su época-
y el interés colectivo, el progresismo
social!
•
Republicana
El liberalismo de Bolívar no es
el liberalismo idealista y romántico
de muchos de sus contemporáneos,
sino el atemperado por un realismo político,
contextuado histórica y sociológicamente
en nuestras endebles e incipientes repúblicas.
Por ello, propone reformas sociales (eliminación
de los títulos nobiliarios y sus
privilegios, abolición de la esclavitud
negra y de la servidumbre indígena);
reivindicaciones económicas (como
la reforma agraria con la entrega de tierras
a los indígenas y a los integrantes
del ejercito libertador); regeneración
cultural y moral (estimulando la educación
popular e impulsando la vigilancia de
la moralidad pública y ciudadana);
y las transformaciones políticas,
con un adecuado mecanismo electoral y
sistema de representación. Todo
ello lo lleva a formular su permanente
reclamo por «unidad-solidez-energia»
(Cartagena 1812), como criterio para gobernar
nuestros nacientes sistemas políticos.
Un gobierno republicano lo entiende Bolívar
como un gobierno constitucional, legitimo,
justo y liberal (Jamaica 1815), pero no
«perfectamente representativo»
(como era el de EUA), ni «república
aérea» -apta para europeos
pero carente de realismo político
e inadecuada para nuestra situación.
Debería ser un «gobierno
paternal», de tendencia humanitaria
y de contenido social. Hoy diríamos
un Estado social de derecho
con un Ejecutivo fuerte y efectiva justicia
social.
Bolívar quería era algo
nuevo, algo adaptado a las condiciones
particulares de América meridional.
Algo que no podía ser ni el retorno
al monarquismo depuesto ni un liberalismo
ilimitado siguiendo el modelo del Presidencialismo
norteamericano o el del Parlamentarismo
británico. Tenía que ser
un término medio, algo que se moviera
entre las anarquías demagógicas
(a las que son proclives nuestros pueblos)
y las tiranías monócratas
(a las que tienden los mecanismos de poder
en una pendiente maquiavélica).
No se trataba de lo mejor idealmente,
sino de lo que fuera más asequible
y adaptado a nuestra condición.
La propuesta era, pues, la de una democracia
temperada, con un gobierno estable, fuerte
y permanente, que asegurara el logro de
un progresismo social. La profunda perspicacia
política de Bolívar, conciliando
teoría y praxis libertaria, y escrutando
la realidad histórica hispano-americana,
lo indujo a colocar al Ejecutivo como
el eje capaz de cohesionar las dispersas
fuerzas sociales de nuestros Estados nacionales
en formación.
La
conclusión de Restrepo Vélez
, estudioso colombiano en su libro "Bolívar
y la democracia liberal republicana"
(Manizales 1992) es inobjetable y la hacemos
nuestra: «No compartimos el sentir
de quienes asimilan su autoridad y papel
de caudillo con un cesarismo democrático,
o un bonapartismo ambicioso, o una tendencia
monarquista y autocrática, o un
anticipo de las dictaduras totalitarias
modernas, o un preludio del fascismo.
Estas exageradas interpretaciones parten
de una consideración unilateral
e insuficiente sobre la naturaleza del
Ejecutivo Bolivariano, con un exceso de
simplismo reduccionista que atiende más
a la forma externa que al contenido de
los principios de las instituciones bolivarianas»
(páginas.308-309).
Hay
también en el pensamiento político
de Bolívar todo un “Continentalismo
Democrático”, como lo calificó
Indalecio Liévano Aguirre y que
bien leído y estudiado hace exclamar
a hombres de letras como el venezolano
Uslar Pietri que «el Libertador
se anticipó extraordinariamente
a su tiempo».
Actualidad
del legado de Bolívar
Como bien decía en su momento Martí,
Bolívar sigue paseándose
por el cielo de América, vigilante
y ceñudo, calzadas aún las
botas de campaña, «porque
lo que él no dejó hecho,
sin hacer está hoy; porque Bolívar
tiene que hacer en América todavía!».
Hacemos nuestro lo que el estudioso venezolano
Salcedo Bastardo apunta en su trabajo
«Un Hombre diáfano»:
«¿Por qué se recuerda
a Simón Bolívar? ¿Por
qué estudiarlo? ¿Por qué
conocerlo? ¿Para qué seguirlo?
El es, sin duda, un modelo confiable para
la juventud. La grandeza de Bolívar
está en que se mantiene como un
erguido ejemplo de fidelidad inconmovible
a ideales supremos. Nadie lo ha sobrepasado
en su decisión categórica
de darse al sacrificio por la Patria,
y de morir en el servicio a la libertad,
la justicia y la democracia !».
El
culto a Bolívar
No de ahora sino de antes, en Venezuela
–cuna del Libertador– se han
levantado voces muy autorizadas previniendo
contra un exagerado culto a Bolívar
(convertido a veces en santería)
y la utilización perversa que se
hace de él para casi todo, especialmente
por los gobernantes de turno. Bolívar
se convierte para ellos en una figura
muy útil porque está implantada
como uno de los valores más esenciales
de los venezolanos. Ya lo preveía
el mismo Bolívar -cuando desde
Popayán, cercano a Cali, en carta
del 6 diciembre de 1829 a un joven político
venezolano, Antonio Leocadio Guzmán-
intuía que habría muy diferentes
e interesadas interpretaciones de su pensamiento:
“Si algunas personas interpretan
siniestramente mi modo de pensar y en
él apoyan sus errores, me es bien
sensible, pero inevitable; con mi nombre
se quiere hacer el bien y el mal, y muchos
lo invocan como el texto de sus disparates”.
El autorizado historiador venezolano Germán
Carrera Damas tiene un libro (El culto
a Bolívar. Bogotá, 1987;
Caracas, 5ª Edición 2003)
en el que señala tres líneas
fundamentales que sustentan en Venezuela
dicho culto a Bolívar: 1) convertirlo
en factor de unidad nacional, con su principio
del orden; -2) convertirlo en fuente de
inspiración política; -3)
convertirlo en factor de superación
nacional, como religión de la perfección
moral y cívica del pueblo.
Luis Castro Leiva (en Para pensar a Bolívar)
mostró que el culto a Bolívar,
tanto intelectual como político,
terminó convirtiéndose en
una religión que encierra muchos
peligros, entre ellos el de que si algún
venezolano cuestiona lo dicho por Bolívar,
se convierte casi en traidor a la patria.
Y es que Bolívar da para todo,
en palabras de Andrés Eloy Blanco,
citadas textualmente por Consalvi (“El
pensamiento político de Andrés
Eloy Blanco”, El Nacional, 5 junio
2005): “Como quiera que un senador
había tratado de reforzar su tesis
citando a Bolívar, poniéndolo
a favor de su causa, Andrés Eloy
Blanco le respondió: “Bolivar
no se puede citar sino con cuidado, porque
sirve para todo. Bolívar es oceánico.
Bolívar ‘tiene’ para
justificar un acto de democracia avanzadísima.
Bolívar ‘tiene’ para
justificar un acto de represión.
El Bolívar de 1828, llevando al
arzobispo de Bogotá como miembro
del Consejo de Estado, es un dictador
en pleno ejercicio de la dictadura; el
Bolívar de 1830 ya no es sino el
desprendimiento del creador amargado por
la creación. Pero Bolívar
es oceánico. Es el árbol:
el que quiera una fruta para darle que
comer a alguien, allí está
Bolívar frutal; el que quiera una
estaca para darle de golpes a un yangüés,
allí está Bolívar
con ramazones; el que quiera una cruz
para clavar a alguien, allí tiene
a Bolívar con sus ramas cruzadas;
el que quiera una flor para adornar la
frente de la Patria: allí está
Bolívar florecido; y el que quiera
una sombra para esconderse y ocultar una
trampa o disparar un perdigón sobre
algún incauto pájaro electoral
allí está Bolívar
frondoso”.
Ello explica por qué gobernantes
como Guzmán Blanco, Juan Vicente
Gómez, López Contreras y
ahora Chávez Frías hayan
reforzado su culto.
Uso
y abuso de Bolívar
A pesar de que el culto a Bolívar
ha sido una constante en la historia venezolana,
en el régimen de Chávez
la ideología bolivariana adquirió
un triple énfasis: * programático,
lo que Bolívar habría hecho
en circunstancias similares; * ético,
la defensa de los valores esenciales de
la patria; y *simbólico, ser fieles
a Bolívar en el tiempo actual es
ser fieles a la revolución y a
su personificación directa, el
presidente Chávez. a quien esta
función inesperada del Libertador
le ha permitido llenar un vacío
ideológico, programático
e intelectual, que existía en su
movimiento, así como prescindir
de definiciones y precisiones que requiere
toda revolución en marcha. El Libertador
se ha convertido en la inmensa coartada
del régimen.
09 marzo 2012