•
Entre 1948 y 1963, la historia de Siria
fue turbulenta. Metida en el remolino
de intereses contrapuestos internos y
de la confrontación entre los países
árabes y el nuevo Estado de Israel,
Siria estuvo sometida a frecuentes cambios
de gobierno y golpes militares. Fracasaron
varios planes de unión con Iraq.
Entre 1958 y 1961 se hizo un intento con
Egipto por conformar la llamada República
Islámica Unida.
• El golpe militar en 1963, que
dio el poder al partido BAAZ es fecha
clave. Conformado por una élite
joven de oficiales “alauis”
(sector musulmán muy minoritario
en relación con el 70% de las mayorías
sunitas, shiitas e ismaelitas), provenientes
de áreas rurales y pequeñas
poblaciones, el Partido propició
una reforma agraria, las nacionalizaciones
y la redistribución de la riqueza,
minando así la base que sustentaba
el poder de la tradicional clase dominante.
El gobierno socialista radical de Salah
Jadid, iniciado por un golpe en 1966,
se hizo impopular y perdió durante
la guerra Arabe–Israelí las
estratégicas Alturas de Golán.
• En 1970, otro golpe instala en
el poder a HAFEZ EL-ASAD, quien gobernó
por 30 años con un régimen
autoritario de partido único, en
periodos de 7 años renovados por
referendum popular, hasta su muerte..
El león de Damasco
•
Nacido en 1930 en el seno de una pudiente
familia de campesinos, de religión
musulmana alaui, HAFEZ EL-ASAD cursó
estudios militares en la academia de Homs
y fue experto piloto -famoso por sus acrobacias-,
lo que le permitió prolongar sus
estudios en Rusia. Fue Comandante de la
Fuerza Aérea de Siria y luégo
Ministro de Defensa cuando apenas contaba
35 años. Pragmático, frío,
metódico, calculador, fuerte en
el timón a la vez que flexible
para los cambios, hoy se le reconoce (aun
por los que fueron sus enemigos) que usó
hábilmente –a la vez–
la fuerza y la diplomacia. Logró
hacer de su país una potencia en
el Medio Oriente. Sus dotes de estratega
y acróbata las mostró tanto
en política nacional como internacional.
Sorteó con éxito las disensiones
internas, aplicando puño exageradamente
duro como cuando reprimió por la
fuerza a Hamas en 1982, dejando cerca
de 20.000 muertos.
• En medio de la Guerra Fría,
Hafez el-Asad sirvió de mediador
entre los intereses contrapuestos de la
Unión Soviética, Irán,
potencias europeas y Estados Unidos. Fue
duro en su posición contra Israel,
empujando a Egipto a la guerra de 1973,
apoyó incondicionalmente a Hezbolá,
desconfió de Yasser Arafat por
supuesta debilidad anti–israelí,
y fue acusado de favorecer acciones terroristas
contra el enemigo común. Pero en
1991, cuando la Guerra del Golfo Pérsico,
supo aliarse contra Irak a favor de las
potencias occidentales, ayudando, así,
a borrar el estigma de Estado terrorista
que le achacaba la Administración
norteamericana. Se implicó en el
manejo de los destinos de Líbano
con un acuerdo de cooperación mutua,
en mayo 1991, que permitió que
fuerzas sirias desarmaran a los ejércitos
rivales libaneses. Sin embargo su presencia
militar con 25.000 soldados en el Líbano
siguió siendo vista con desconfianza
por los cristianos maronitas (quienes
de hecho boicotearon las elecciones de
1992), y por supuesto, mal vista por Israel
y otros países de la región.
El cachorro de Damasco
Es interesante el relevo generacional
ocurrido casi simultáneamente en
los países árabes. Como
bien lo destaca D´Amado de “El
Pais”, los viejos leones de la guerra
han estado dando paso a los jóvenes
cachorros, bien educados en Occidente
y con intereses muy diferentes, como son
la economía, la informática,
la tecnología de punta, los autos
de carrera, las misiones imposibles. En
Jordania, con la muerte de Hussein bin
Talal (el rey hachemí por 47 años)
fue entronizado el joven Abdal II, master
en Ciencias Políticas de Georgetown
y formación militar en Inglaterra.
En Marruecos, a la muerte del rey Hassan
II (tras 38 años de reinado) lo
ha sucedido su hijo de 36 años,
Mohamed VI, doctor en Derecho, educado
en París y general del Ejército
(a quien he dedicado mi comentario “Mohamed
VI reina y gobierna” del 11-04-10).
En Siria, con rapidez y sin traumas, se
llevó a cabo la transición
a favor del joven BACHAR EL-ASAD, oftalmólogo,
educado en Inglaterra, quien fue reconocido
como Comandante en Jefe por los 300.000
miembros de las Fuerzas Armadas y máximo
Lider del Partido Socialista Baaz. A pesar
de sus pocos 34 años, gracias a
una reforma constitucional, asumió
la Presidencia en julio del 2000, tras
la aprobación otorgada por el Parlamento
y un referendum que exigía la Constitución.
Todo el clan Asad lo ha estado rodeando
(“como el más apto y el más
capaz de preservar los principios y los
métodos de su padre”), a
saber: su madre Anissa Maklouf, su hermano
menor Maher, su cuñado Asif Shawqat
(responsable de los servicios secretos
del Ejército, casado con su hermana
Buchra). Fueron inútiles las pretensiones
de sucesión de Rifat el Asad, hermano
de Hafez, caído en desgracia y
quien desde 1984 llevaba una agitada vida,
no exenta de acciones y negocios turbios,
entre la Costa Azul y Marbella (España).
El ocaso del clan El-Asad
En Bachar hasta hace poco venían
puestas las esperanzas sirias, por su
talante de reformista y modernizador,
parecía hábil negociador
de la paz, y que sería capaz de
acrisolar la formidable herencia paterna.
“Nuestro destino es dejar a nuestros
hijos una herencia mejor que la nuestra”,
había afirmado Hafez el Asad.
Pero los problemas y la resistencia
popular en Siria reprimida violentamente
están llevando a la ingobernabilidad
del país y a la caída del
régimen actual. Me atrevo a pensar
que la crisis se suscita no tanto por
la persona misma de Bachar (el cachorro
de Damasco) cuanto por la apetencia de
poder y los desmanes hegemónicos
que alimentan un clan que es una simple
minoría “alaui” pero
que disfruta de los privilegios de un
partido único que quisiera perpetuarse
en Siria. Llamémosla por ahora
“la manada de Damasco”.
10-02-12