Gadafi, un tirano que no convence (Editorial 46)
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La actuación es un ingrediente que siempre acompaña a la política. Y la teatralidad suele estar presente en la vida y milagros de la mayoría de dictadores, que cambian con facilidad escenarios, discursos y comportamientos como cambian de vestuarios o accesorios. Por ello es difícil separar la realidad del cuento y la leyenda que se van tejiendo alrededor de ciertos personajes autócratas como Muamar Gadafi con sus 41 años de gobernante excéntrico en Libia, comparable con ese otro tirano Idi Amín en Uganda, bien descrito en el filme “El último rey de Escocia”.

 

1. Excentricidades y payasadas
Gadafi ha cultivado, para exportación a través de los medios, un estrambótico e infantil estilo de vestimentas y accesorios, uniformes con sombrero y anteojos, que lo hace único y poco imitable. Aunque con suficiente dinero y poder como para poder tener varios palacios, es famosa la carpa o tienda de beduino ( jaima ) donde habita de ordinario en Trípoli y que suele llevar consigo en viajes al exterior (Roma, París, Doha en Qatar). No le fue concedida licencia para hacerlo en el Parque Central de Nueva York -como deseaba- cuando iba a dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

 

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2. Líder de largo recorrido
Unico hijo de un pastor beduino, Muammar Gadafi, siendo capitán del ejército, en compañía de otros oficiales deponen en 1969 al enfermo Rey Idris I, primer monarca de la recién independizada Libia. Con apenas 27 años de edad, fue promovido al grado de coronel, la más alta posición entonces del ejército libio. Se declaró Comandante en jefe y de hecho cabeza del Estado libio. Gadafi ha gobernado casi 42 años con mano de hierro. Sobrevivió a varios atentados de asesinato y a numerosos intentos para sacarlo del poder. Las masivas ganancias que le han dejado las reservas petroleras de Libia le permitieron mejoras en el nivel de vida de los ciudadanos. Pero se reconoce hoy que la economía libia adolece de baja productividad y de ineficiencia.crónica. Su jerarquía militar no ha pasado de la de coronel, pero el “Líder y Guía de la Revolución” como le gusta llamarse, ha ocupado los cargos de Secretario General del Congreso del Pueblo, Primer Ministro y Jefe del Consejo Supremo Revolucionario.

 

3. Sueños de pan-arabismo
Con otros jóvenes oficiales, provenientes como él de las tribus más pobres del país, Gadafi comienza a alimentar sueños de una nación árabe unificada que fuera desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico (una especie de Estados Unidos de África) y adopta la visión idealizada promovida por Abdel Gamel Nasser desde Egipto (a finales de los años 50 y durante los 60). Trató de romper las fronteras que –en sus palabras- “fueron creadas por los poderes coloniales para dividir al único pueblo árabe”. Y jugó un papel clave en la formación de la Federación de Repúblicas Árabes que comprendía a Libia, Egipto y Siria, que tuvo pocos beneficios prácticos y se fue poco a poco deteriorando en sus relaciones con otras naciones.
En lo interior, Gadafi se forjó una extraña mezcla de organización política y de nueva sociedad, un sistema de gobierno distinto del capitalismo y el comunismo, con una adaptación caprichosa del Islam, todo lo cual trató de resumir en El Libro verde, vademecum de su gobierno. Imitando a Mao, uno de sus modelos, publicó entre 1972 y 1975 los tres tomos de dicho libro en el que expuso los principios teóricos de la “Jamahiriya” (República de las masas), un sistema asambleario del pueblo, que instaura el Congreso General del pueblo y los comités revolucionarios. Conjunto .que definía como "democracia" y en el que plasmaba la concepción de un islam politizado, ni laico ni integrista. El poder pasó, en teoría, a unos comités populares, a menudo dirigidos por adolescentes educados en el culto a la personalidad.

 

4. Refugio de terroristas
La administración Reagan hizo responsable a Gadafi de la explosión ocurrida el 5 de abril de 1986 de una bomba en La Belle, discoteca de Berlin muy popular entre los soldados norteamericanos, dos de los cuales murieron allí junto con un civil. El Presidente estadounidense tildó entonces a Gadafi de “perro loco del Medio Oriente” y autorizó bombardeos aéreos a blancos libios entre los que estuvo la residencia de Gadafi en Trípoli, donde murió la niña Hanna adoptada por el líder.
Dos años después (diciembre 1988), el vuelo 103 de Pan Am (con 270 pasajeros a bordo) explotó en los cielos de Lockerbie, Escocia. La investigación recayó como autores sobre dos agentes libios (Ali al-Megrahi y Khalifah Fhimah). Por años, Gadafi rehusó cooperar en la investigación y entregar a los dos implicados, hasta 1999, cuando un largo juicio de ocho meses sentenció a cadena perpetua al primero de ellos (con cáncer teminal) y liberó al segundo.

 

5. Readmisión internacional

En la anterior década, Gadafi se esforzó por cambiar su situación de ‘paria’ en el ámbito internacional y logró que se levantaran las sanciones impuestas a Libia por sus atentados y fechorías. En 1999 aceptó entregar a los dos agentes responsables del atentado mortal de Lockerbie y después en el 2003 envió una nota a las naciones Unidas aceptando formalmente “la responsabilidad por las acciones de los agentes oficiales” de Libia en dicha tragedia y aceptó indemnizar a las familias de las víctimas. Su decisión permitió que se levantaran las sanciones de la ONU. Gadafi renuncia al programa de desarrollo de las armas de destrucción masiva. Y restablece las relaciones diplomáticas y económicas con EUA que lo borra de su lista de Estados terroristas, con quien llega también a un acuerdo para frenar la inmigración clandestina. Buscó encuentros con personajes como Tony Blair (2004), Nicolás Sarkosy (2007) y Condoleezza Rice (2008). Fue invitado por el presidente Obama, para asistir a la cumbre del G-8 en L’Aquila, Italia (2009). Tras el 11-S americano, se unió a la lucha global contra el terrorismo que fue una cobertura perfecta para reprimir cualquier disensión interna.
Sea como fuere, su intento de lavar la imagen de su país como refugio de terroristas le estuvo salvando la vida política.

 

6. Derrumbe del régimen

Tras la cadena de protestas populares que fueron provocando la caída de gobiernos longevos que parecían muy firmes (como en Túnez y Egipto), en Febrero de este año 2011 le tocó el turno a Libia. Los opositores comenzaron por echar a tierra símbolos del mandatario, retratos colgados en las calles y edificios públicos. Y gracias al alto y rápido nivel de contagio comunicacional (facebook, twister, redes sociales) comenzaron las protestas masivas sobre todo en sectores del este de Libia y de tribus mal tratadas por el régimen durante muchos años. El coronel Gadafi, autosuficiente y creído (“Aquí mando yo”, “Yo he hecho este país y yo lo quemo”, “Nosotros podemos derrotarlos con el pueblo armado; el pueblo que no me quiere no merece la vida”), cometió el grave y lastimoso error de intentar acabar las demostraciones de los opositores enviando sus milicias y mercenarios africanos, sus helicópteros y aviones de guerra. La guerra civil que desató para salvar su mando y su pellejo es crónica reciente.

 

Conclusión
Gaddafi usó mano dura para alejar la amenaza que los islamistas suponían a su liderazgo durante la pasada década. Lo que seguramente nunca imaginó es que al final sería un movimiento de civiles y jóvenes desarmados el que agitaría como un vendaval su presuntuosa ‘jaima’.

 

06/03/2011