Pero
debemos advertir con otros analistas,
que el uribismo sin Uribe está
muy lejos de significar una reedición
del Frente Nacional de los años
60 y 70. Colombia es radicalmente distinta
a la de hace 50 años. Está
muy lejos del bipartidismo excluyente
de entonces; ahora hay un vigoroso multipartidismo
con muy estructuradas opciones en todo
el espectro político; ya no existe
la democracia limitada de entonces; la
elección popular de alcaldes y
gobernadores rompió con un centralismo
secular; la Constitución del 91
abrió nuevos espacios de participación
y de control político, antes inexistentes.
La alianza nacional que construye actualmente
Santos no implica ningún acuerdo
de alternación en el poder entre
los partidos que la conforman, que fue
la piedra angular de aquel Frente Nacional,
criticado por haber cerrado los espacios
políticos durante 20 años.
La
unidad nacional que propone Santos es
para desarrollar unas políticas
y alcanzar unos objetivos que interesan
a la nación. No se trata de cooptar
los partidos, ni de aconductarlos con
precisión burocrática. Unidad
nacional no significa unanimismo, sino
unidad dentro de la diversidad en favor
de unos propósitos colectivos compartidos.
Esa fue la filosofía política
de Uribe, que apalancó con visión
y ejecutó con éxito en los
años de su famosa seguridad democrática.
Con la nueva alianza que se ha iniciado,
dando origen a un sólido gobierno
nacional, el uribismo no palidece sino
que está hoy más fuerte
que nunca, siendo su nuevo jefe Juan Manuel
Santos.
Y
esto es así aunque se resistan
los supervivientes de un sector de izquierda
primitiva y anacrónica (incrustada
en Colombia entre periodistas y medios
de comunicación) que nunca pudieron
asimilar los duros golpes propiciados
por el gobierno de Uribe a las guerrillas,
a los focos de terrorismo desestabilizante
y a sus delictivas alianzas con el narcotráfico
mundial. Bien lo ha denunciado el veterano
periodista Apuleyo Mendoza en su reciente
columna de El Tiempo, del 6 de enero titulada
“Periodismo pasional”, donde
afirma. “El mejor ejemplo de esta
ciega polarización es la catarata
de críticas que ahora cae sobre
el ex presidente Uribe por parte de dirigentes,
columnistas y caricaturistas de izquierda.
Una ciega ferocidad les ha hecho olvidar
el país que era Colombia en el
2002, con la guerrilla presente en carreteras,
en innumerables municipios e incluso en
las puertas de Bogotá. Ahora, golpeada
como nunca, ha vuelto a sus refugios selváticos.
Olvidan también esos críticos
la extensión que Uribe dio a la
educación pública y a la
salud, el auge de las inversiones extranjeras,
el control de la inflación, sus
políticas sociales y sus consejos
comunales para tomar directo contacto
con los problemas de la población
en los más apartados confines del
país”. Este periodismo pasional
podría también estar exagerando
los merecidos elogios que la opinión
pública está otorgando a
los primeros 100 días del gobierno
de Santos. “Sería peligroso
que las opiniones en torno a la gestión
del presidente Santos acabaran también
polarizándose. Por lo pronto, los
vientos soplan a favor suyo. Y sin duda
con razón: excelente equipo de
gobierno, amplio apoyo en el Congreso,
acuerdos con la Corte, nuevas relaciones
en el contexto continental y muy en especial
con nuestros inquietantes vecinos han
creado un clima de optimismo en el país”.
30/01/2011