Colombia : El uribismo en la era Santos (Editorial 42)
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El uribismo en la era Santos (Editorial 42)
Logo Enrique Neira

 

 

     
El uribismo en la era Santos
 

Al nuevo presidente Santos le ha sido posible conformar un bloque político dado el contundente mandato popular que recibió en las elecciones y que le facilita una amplia gobernabilidad con sólida estabilidad política en el próximo cuatrienio. Santos heredó la alta imagen de aprecio que le tuvo el país (en un 80%) al buen gobierno de Uribe (algo muy parecido a lo ocurrido en Brasil en el reciente relevo presidencial). Santos ha podido, así, convocar a un nuevo gran frente nacional, ha podido escoger con libertad y autonomía política un excelente gabinete ministerial y está gobernando con holgura para enfrentar los grandes problemas -como ha sido la reciente tragedia invernal en la que quedó sumergido el país.

 

El Partido de la U, el Conservador, Cambio Radical y el Partido Liberal son los pilares de esta nueva unidad nacional. La oposición la ejercerán los Verdes y un Polo disminuido. El efecto positivo de esta nueva alianza es la ampliación de la base política y social del uribismo, ahora sin Uribe. Esto es así aun cuando los liberales recién llegados tengan entendibles reticencias para aceptarlo. Ocho años de radical oposición (como la que intentaron hacer) a la gestión y a las políticas de Uribe, para terminar apoyando la continuidad de esas políticas, ahora bajo una nueva batuta, son una traba para el liberalismo, no así para el uribismo. No habrá por ahora un apoyo formal de dicho partido, pero casi toda su bancada parlamentaria ya es parte de la nueva alianza nacional.

 

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Pero debemos advertir con otros analistas, que el uribismo sin Uribe está muy lejos de significar una reedición del Frente Nacional de los años 60 y 70. Colombia es radicalmente distinta a la de hace 50 años. Está muy lejos del bipartidismo excluyente de entonces; ahora hay un vigoroso multipartidismo con muy estructuradas opciones en todo el espectro político; ya no existe la democracia limitada de entonces; la elección popular de alcaldes y gobernadores rompió con un centralismo secular; la Constitución del 91 abrió nuevos espacios de participación y de control político, antes inexistentes. La alianza nacional que construye actualmente Santos no implica ningún acuerdo de alternación en el poder entre los partidos que la conforman, que fue la piedra angular de aquel Frente Nacional, criticado por haber cerrado los espacios políticos durante 20 años.

La unidad nacional que propone Santos es para desarrollar unas políticas y alcanzar unos objetivos que interesan a la nación. No se trata de cooptar los partidos, ni de aconductarlos con precisión burocrática. Unidad nacional no significa unanimismo, sino unidad dentro de la diversidad en favor de unos propósitos colectivos compartidos. Esa fue la filosofía política de Uribe, que apalancó con visión y ejecutó con éxito en los años de su famosa seguridad democrática. Con la nueva alianza que se ha iniciado, dando origen a un sólido gobierno nacional, el uribismo no palidece sino que está hoy más fuerte que nunca, siendo su nuevo jefe Juan Manuel Santos.

Y esto es así aunque se resistan los supervivientes de un sector de izquierda primitiva y anacrónica (incrustada en Colombia entre periodistas y medios de comunicación) que nunca pudieron asimilar los duros golpes propiciados por el gobierno de Uribe a las guerrillas, a los focos de terrorismo desestabilizante y a sus delictivas alianzas con el narcotráfico mundial. Bien lo ha denunciado el veterano periodista Apuleyo Mendoza en su reciente columna de El Tiempo, del 6 de enero titulada “Periodismo pasional”, donde afirma. “El mejor ejemplo de esta ciega polarización es la catarata de críticas que ahora cae sobre el ex presidente Uribe por parte de dirigentes, columnistas y caricaturistas de izquierda. Una ciega ferocidad les ha hecho olvidar el país que era Colombia en el 2002, con la guerrilla presente en carreteras, en innumerables municipios e incluso en las puertas de Bogotá. Ahora, golpeada como nunca, ha vuelto a sus refugios selváticos. Olvidan también esos críticos la extensión que Uribe dio a la educación pública y a la salud, el auge de las inversiones extranjeras, el control de la inflación, sus políticas sociales y sus consejos comunales para tomar directo contacto con los problemas de la población en los más apartados confines del país”. Este periodismo pasional podría también estar exagerando los merecidos elogios que la opinión pública está otorgando a los primeros 100 días del gobierno de Santos. “Sería peligroso que las opiniones en torno a la gestión del presidente Santos acabaran también polarizándose. Por lo pronto, los vientos soplan a favor suyo. Y sin duda con razón: excelente equipo de gobierno, amplio apoyo en el Congreso, acuerdos con la Corte, nuevas relaciones en el contexto continental y muy en especial con nuestros inquietantes vecinos han creado un clima de optimismo en el país”.

30/01/2011