IRÁN : El fanatismo de Ahmadinejad (Editorial 37)
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IRÁN : El fanatismo de Ahmadinejad (Editorial 37)
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El fanatismo de Ahmadinejad
 

Erick Hoffer en su libro “El verdadero creyente” describe los mecanismos psicológicos que llevan a las masas a creer en religiones o revoluciones extremistas, en utopías que al final resultan inhumanas. “El fanático –lo define allí- no es realmente aquel que se identifica con extremo rigor a los principios. No abraza una causa primordialmente por su justicia o santidad, sino por la desesperada necesidad que tiene de aferrarse a algo”. Todo fanatismo exige un acatamiento primitivo y oscurantista, rechazando toda lógica y un análisis razonable. Es un verdadero opio para los pueblos. Comentando este estudio Hugo J. Byrne se atreve a sugerir que pareciera existir hoy una especie de alianza (dados sus mismos intereses y propósitos), con un común denominador de fanatismo, entre La Habana, Teherán y Caracas. No es casualidad que en los tres se profese un odio cervical, sin posibilidad de rebatirlo racionalmente, contra la libertad individual y sus corolarios: la santidad de la vida humana, el capitalismo aunque sea moderado y el concomitante progreso mundial en todas sus manifestaciones.


Una revolución fanática

La elección, en junio del 2005, de Mahmud Ahmadinejad como nuevo presidente de la República Islámica de Irán, suscitó desde el comienzo por todo el mundo varios serios temores e interrogantes. De entrada, por varios indicadores ponderados, la catalogué como “el regreso del fundamentalismo”.

 

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Porque implicaba un retroceso en la moderada aunque difícil línea de reformismo democrático y apertura político-cultural que había iniciado desde 1997 el anterior régimen del presidente Mohamed Jatami y proseguido Rafsanyani. No sólo se iba a acentuar el antiamericanismo iraní (de buen recibo en muchas latitudes del planeta), sino su clara pretensión de poderío nuclear, que la llevaría a querer catalogarse como pieza clave de un nuevo eje, junto con Corea del Norte. Lo acaecido estos últimos años no ha hecho sino confirmar ante la faz del mundo la amenaza creciente de un conflicto apocalíptico que sigue gestando Irán, a como dé lugar, sin que valgan críticas y el escepticismo diplomático de los países árabes, de la Unión Europea, del Pacífico, del Tercero y Cuarto Mundo representados en las Naciones Unidas. Y todo el diabólico proceso se maquilla con el ropaje risible e infantil de fanatismo.

 

Un líder fanático

Uno de los rasgos determinantes del fanatismo es la incapacidad del fanático de tener una tabla de prioridades sensata y racional. Su primera prioridad es siempre una idea o un dios el que rinde culto y ante quien todo lo demás puede y debe se sacrificado. El presidente de Irán tiene ya una larga trayectoria de poner la nota discordante con sus estrafalarias versiones con las que además irresponsablemente siembra discordias y genera conflictos.

Se hizo célebre por haber afirmado y seguir sosteniendo que el Holocausto y la persecución de los judíos no habían existido, eximiendo a Adolfo Hitler del terror impuesto en los campos de exterminio del Nazismo. Son reiterativas sus bravatas y amenazas destempladas de borrar del mapa al Estado de Israel, punto de referencia indiscutible del Medio Oriente: “Israel es un árbol podrido y seco que caerá con una tormenta”. Estos días, en el período 65 de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, expuso con osadía su teoría sobre una confabulación del Gobierno de Estados Unidos con los atentados del 11 de septiembre. En forma alucinante afirmó que el atentado terrorista no fue obra de Al Qaeda sino del propio gobierno norteamericano. Tuvo el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon que corregirle la plana y lamentar que se utilice este foro para expresar un “lenguaje de odio”.

Moraleja. ¿Se puede tener hoy como aliado estratégico a un presidente que chantajea a otros con energía atómica, como si fuera un arma de juguete? ¿Y puede ser sensato y razonable el que un mandatario, en una región que ya de suyo es explosiva, piense que en su vecindario, una pequeña nación (que sí posee armamento nuclear y tiene reflejos impredecibles) va a permitir que una potencia islámica la borre del mapa, como árbol podrido y seco, con una tormenta de polvo atómico?.

Noviembre 07 de 2010