El
mundo entero se conmocionó el pasado
10 de junio con la noticia del deceso
de Hafez el Asad, Presidente de Siria.
Sus 15 millones de coterráneos
lo lloraron por varios días, mostrando
el aprecio y cariño que sentían
por quien, con mano firme y potente liderazgo,
condujo a Siria a una posición
relevante dentro de la complicada geopolítica
del Cercano Oriente.
Un
Estado moderno en una legendaria tierra
•
La Gran Siria comprendía lo que
hoy son Siria, Líbano, Israel y
Jordania. Las recientes excavaciones de
Eblan confirman que, 5.000 años
antes de Cristo, ya existía una
civilización y una ciudad habitada
en lo que hoy es Damasco. Dicha región
siempre ha sido en la historia, entrecruce
de las grandes rutas comerciales y militares.
En el siglo VII de nuestra era, Siria
fue conquistada por ejércitos árabes
y convertida al Islam. En el siglo XII,
tras las Cruzadas, Saladino expulsó
a los europeos. Conquistada por Selim
I en 1516, Siria formó parte del
Imperio Otomano hasta la Primera Guerra
Mundial, cuando una rebelión árabe
–apoyada por Inglaterra– expulsó
a los turcos. Pero en la repartición
que hicieron los Aliados del centro del
Medio Este, Siria quedó bajo el
mandato de Francia en 1922; y solamente
hasta 1946 fue cuando obtuvo su plena
independencia.
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•
Entre 1948 y 1963, la historia de Siria
fue turbulenta. Metida en el remolino de
intereses contrapuestos internos y de la
confrontación entre los países
árabes y el nuevo Estado de Israel,
Siria estuvo sometida a frecuentes cambios
de gobierno y golpes militares. Fracasaron
varios planes de unión con Iraq.
Entre 1958 y 1961 se hizo un intento con
Egipto por conformar la llamada República
Islámica Unida..
• El golpe militar en 1963, que dió
el poder al partido BAAZ es fecha clave.
Conformado por una élite joven de
oficiales “alauis” (sector musulmán
muy minoritario en relación con las
mayorías sunitas –70%–,
shiitas e ismaelitas), provenientes de áreas
rurales y pequeñas poblaciones, el
Partido propició una reforma agraria,
las nacionalizaciones y la redistribución
de la riqueza, minando así la base
que sustentaba el poder de la tradicional
clase dominante. El gobierno socialista
radical de Salah Jadid, iniciado por un
golpe en 1966, se hizo impopular y perdió
durante la guerra Arabe–Israelí
las estratégicas Alturas de Golán.
• En 1970, otro golpe instala en el
poder a HAFEZ AL-ASAD, quien gobernó
con un régimen autoritario de partido
único, en periodos de 7 años
renovados por referendum popular, hasta
su reciente muerte.
El león de Damasco
•
Nacido en 1930 en el seno de una pudiente
familia de campesinos, de religión
musulmana alaui, hizo estudios militares
en la academia de Homs y fue experto piloto
famoso por sus acrobacias, lo que le permitió
prolongar sus estudios en Rusia. Fue Comandante
de la Fuerza Aérea de Siria y luégo
Ministro de Defensa cuando apenas contaba
35 años. Pragmático, frio,
metódico, calculador, fuerte en el
timón a la vez que flexible para
los cambios, hoy se le reconoce (aun por
los enemigos) que usó hábilmente
–a la vez– la fuerza y la diplomacia.
Logró hacer de su país un
poder notable en el Medio Oriente. Sus dotes
de estratega y acróbata las mostró
tanto en política nacional como internacional.
Sorteó con éxito las disensiones
internas, aplicando puño exageradamente
duro como cuando reprimió por la
fuerza a Hamas en 1982, con cerca de 20.000
muertos.
•
En medio de la Guerra Fria, sirvió
de mensajero entre los intereses contrapuestos
de la Unión Soviética, Irán,
potencias europeas y Estados Unidos. Fue
duro en su posición contra Israel,
empujando a Egipto a la guerra relámpago
de 1973, apoyó incondicionalmente
la guerrilla libanesa de Hezbolá,
desconfió de Yasser Arafat por supuesta
debilidad anti–israelí, y fue
acusado de favorecer acciones terroristas
contra el enemigo común. En 1991,
cuando la Guerra del Golfo Pérsico,
supo aliarse contra Irak a favor de las
potencias occidentales y ayudar, así,
a borrar el estigma de Estado terrorista
que le achacaba la Administración
norteamericana. Se implicó en el
manejo de los destinos de Líbano
con un acuerdo de cooperación mutua,
en mayo 1991, que permitió que fuerzas
sirias desarmaran a los ejércitos
rivales libaneses. Pero su presencia militar
con 25.000 soldados en el Líbano
es vista con desconfianza por los mismos
cristianos maronitas (quienes de hecho boicotearon
las elecciones de 1992), y por supuesto,
mal vista por Israel y otros países
de la región.
El
cachorro de Damasco
Es
interesante el relevo generacional que se
viene dando casi simultáneamente
en los países árabes. Como
bien lo destaca D. Amado de “El Pais”,
los viejos leones de la guerra están
dando paso a los jóvenes cachorros,
bien educados en Occidente y con intereses
muy diferentes, como son la economía,
la informática, la tecnología
de punta, los autos de carrera, las misiones
imposibles. En Jordania, con la muerte de
Hussein bin Talal, el rey hachemí
por 47 años, ha quedado entronizado
el joven Abdal II, master en Ciencias Políticas
de Georgetown y formación militar
en Inglaterra. En Marruecos, a la muerte
del rey Hassan II, tras 38 años de
reinado, lo ha sucedido su hijo de 36 años,
Mohamed VI, doctor en Derecho , educado
en París y general del Ejército.
En Siria, con rapidez y sin traumas, se
está llevando a cabo la transición
a favor del joven BACHAR EL ASAD, oftalmólogo,
educado en Inglaterra, reconocido ya como
Comandante en Jefe por los 300.000 miembros
de las Fuerzas Armadas y máximo Lider
del Partido Socialista Baaz, quien a pesar
de sus 34 años, gracias a una reforma
constitucional, asumirá la Presidencia
en los próximos días, tras
la aprobación otorgada por el Parlamento
el día de ayer y un referendum que
exige la Constitución. Todo el clan
Asad lo rodea (“como el más
apto y el más capaz de preservar
los principios y los métodos de su
padre”): su madre Anissa Maklouf,
su hermano menor Maher, su cuñado
Asif Shawqat (responsable de los servicios
secretos del Ejército, casado con
su hermana Buchra). Son inútiles
las pretensiones de Rifat el Asad, hermano
de Hafez, caído en desgracia y quien
desde 1984 ha llevado una agitada vida,
no exenta de acciones y negocios turbios,
entre la Costa Azul y Marbella (España).
En
Bachar están bien puestas todas las
esperanzas sirias. Como reformista y modernizador,
como hábil negociador de la paz,
acrisolará la herencia paterna. “Nuestro
destino es dejar a nuestros hijos una herencia
mejor que la nuestra” (Hafez
el Asad).
26 junio 2000 |