Castro, 46 años después
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Castro, 46 años después
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En enero, cada año la llamada “caravana de la libertad” recorre Cuba, de oriente a occidente, rememorando la triunfal entrada del Comandante Fidel en La Habana, tras dos años de lucha en las montañas de la Sierra Maestra y la huída del país del dictador Batista, el 31 de diciembre de 1958. Son 46 años desde esa gesta liberacionista, que han convertido a su máximo conductor no sólo en una verdadera leyenda sino en uno de los más entrañables mitos del continente latinoamericano.

 

FIDEL CASTRO

A sus setenta y nueve años, sigue siendo uno de los dirigentes más famosos del mundo. Con su procera estatura, puños cerrados y dirigiendo una mirada desafiante desde el Malecón hacia el Imperio del Norte, sigue encarnando la lucha -desigual pero heroica- del pequeño David bíblico contra el prepotente Goliat del moderno paganismo. Por sólo el hecho de haber desafiado el poderío rabioso norteamericano y haber sobrevivido por tantos años al intento (con veinte o treinta intentos de asesinato planeados por la CIA), tiene ya un pie en el panteón de los héroes. Su halo inquietante de revolucionario nadie se lo puede quitar, aunque persista la polémica de si su revolución ha sido particularmente exitosa tanto en lo económico como en lo político. Hay quienes lo tildan de tirano; y en realidad, supo imponer y mantener una dictadura fuerte en la Isla, aunque dándole cierto toque de humanismo. Ha sido un "ogro filantrópico". Pero Fidel es sobre todo un caudillo carismático y un político genial; un rebelde con causa, cuya misma insolencia lo hace grande. "Ser grande - decía el general De Gaulle- es tomar como propio un gran combate". Y esto no se lo discute nadie a Fidel Castro. Este David barbudo, desde su diminuta isla ha desafiado al Big Brother del Norte. Y el haber tomado como propio ese gran combate contra el Imperialismo, durante 46 años, lo ha hecho grande.

 

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LAS ESTACIONES DE FIDEL

Con este título, Jean-Pierre Clerc actualizó en 1996 una biografía que había elaborado en 1988 sobre "Fidel de Cuba". El esquema de las estaciones es válido para esbozar en cuatro grandes etapas lo que ha sido una de las revoluciones más espectaculares del mundo, en ese escenario caribeño, de apariencia pequeño pero generador de fuertes huracanes.

1. Primavera (1959-1963). La toma revolucionaria del poder, era algo inédita hasta entonces y no prevista por los clásicos marxistas-leninistas. Cuba en la década de los años 50, no era ni el país más pobre del Caribe ni el más industrializado de América Latina. Por su PNB ocupaba un tercer puesto tras Argentina y Venezuela. La Revolución de Castro (contrariando hipótesis de varios especialistas) no fue el resultado de una insurrección popular, ni de un movimiento campesino o agrario, ni menos de una acción organizada por un proletariado urbano. Como bien subrayó Regis Debray en su "Revolución en la Revolución", Castro ganó porque adaptó las tácticas guerrilleras a las condiciones de Cuba, enfatizando el "foco" militar más que el levantamiento popular. Y la consolidación del poder fue también algo inédito, por su rapidez y efectividad. Castro fue aislando y eliminando, una tras otra, las fuerzas vivas que pudieran habérsele opuesto y hábilmente logró que no se coaligaran en su contra. La huída de un millón de cubanos (algunos de ellos influyentes) a "escampar" la revolución en Florida y la situación propia de Cuba, como isla homogénea y relativamente aislada, le facilitaron la tarea. Fueron instrumentos efectivos para ello: los tribunales revolucionarios que puso a funcionar; las reformas agraria y urbana que implementó en los dos primeros años; la alianza abierta que pactó con el Partido Comunista; y la postura airosa, desafiante, beligerante que adoptó frente al imperialismo del Tio Sam, mientras aceptaba la protección del Oso soviético, en plena guerra fria mundial.

2. Verano (1963-1970). Castro siguiendo el modelo soviético, fuerza a una estatización -con fuerte control central y planificación económica, bajo un sistema de partido único-. Radicaliza los métodos; pone más énfasis en la ideología revolucionaria; moviliza e incentiva al país a una producción record de azúcar, que debería llegar a 10 millones de toneladas métricas, y sólo llegó a 8.5 millones en 1970.

3. Otoño (1971-1985). A pesar de las fallas que se reconocen por la dislocación económica y la sovietización de la Isla, fueron innegables los logros de la Revolución cubana en bienestar social (educación, salud, deporte, vivienda). Castro no creó riqueza, pero sí erradicó la pobreza. Puede decirse que hizo una buena distribución del subdesarrollo. Pero adoleció de las mismas disfunciones y distructuras de los demás sistemas comunistas: desperdicio de recursos, burocratismo parásito, ineficiencia e improductividad que se manifiesta en un racionamiento permanente de bienes de consumo y alimentos. Sin embargo Castro mostró más capacidad de autocrítica que otros, y con imaginación revolucionaria abrió ventanas de oxigenación, embarcando a la Isla en misiones extranjeras de ayuda a movimientos liberacionistas.

4. Invierno (1986- ? ). La "perestroika" (democratización interna del socialismo) inducida por Gorbachov (Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética 1985) y el ulterior colapso (a partir de 1989) -uno tras otro- de los regímenes comunistas de Europa del Este y la desintegración del Imperio soviético, dejaron al régimen comunista de Castro desamparado de todo apoyo, colgado de la brocha roja, y enfrentado a un implacable e injusto bloqueo norteamericano, con creciente aislamiento internacional. El viejo y aguerrido león en estos últimos años ha tenido que agazaparse en su caverna de invierno; sigue rugiendo fuerte contra el vecino del norte, pero debe contentarse con los pocos huesos que le deja el turismo y los dólares provenientes de él. Pero le queda la gran satisfacción y recompensa final - caída como maná reconfortante del Cielo, tras la visita de Juan Pablo IIº a la Isla en enero 1998- como es dejar sus grandes banderas de lucha, unas antiimperialistas (contra los poderes del primer mundo) y otras liberacionistas (a favor de los países tercermundistas), en manos de un relevo joven, con mucha istamina, mismas dotes de gran comunicador, enormes recursos económicos provenientes del petróleo, quien ha asumido como propio el gran combate que lideró Castro, con la misma profunda convicción personal y casi conciencia mesiánica. Como ocurrió con el gran profeta Elías sólo falta que llegue el momento, en el que invistiendo con su manto a su discípulo y sucesor Eliseo, suba en su carro de fuego hacia las alturas del tiempo y del espacio (2º Libro de los Reyes, capítulo 2, versos 9-14).

17 enero 2005

Links: * “Cuba antes de que anochezca” Editorial nº 8)