Como
ha expresado Miguel Ángel Centeno
-profesor de Sociología en Princeton
University- "los exiliados cubanos
en Miami ven en una anticipada muerte
de Fidel el chance para redimir cinco
décadas de su vida". Porque
Castro ha sido su gran pesadilla. Pareciera
que a los cubanos disidentes del régimen
les interesa no tanto cómo modelar
el inminente futuro, cuanto definir y
condenar su pasado. Y es que el escenario
de su reciente pasado de 50 años
está ocupado por Fidel Cassro como
fiura cenral.¿Hay verdad en este
sueño desiderativo nocturno de
tantos miles de cubanos que quisieran
exorcizar el fantasma de Fidel, que no
los deja dormir tranquilos ? Para poder
responder sensatamente tendríamos
que preguntarnos: ¿QUE HUBIERA
OCURRIDO SIN LA REVOLUCIÓN CUBANA?.
Es típico de los exiliados cubanos
imaginar que su historia no se parece
a ninguna otra; que una Cuba no revolucionaria
reclamaría todavía la atención
del mundo. Pero no es así. Sin
Castro, Cuba se parecería hoy mucho
a cualquier otro de nuestros países
de Latinoamérica. No hubiera sido
ni el Apocalipsis infernal de que tantos
hablan ni la Isla de la Utopía
milenarísta que no acaba de hacerse
realidad. Cuba no sería ni el espejismo
engañoso de Florida ni la miseria
agravada de Haití. Se parecería
mucho a la actual Panamá o a República
Dominicana. Habría pasado por las
turbulencias sociales de los años
60, por el reclamo de los derechos de
la mujer de los años 70, por la
década perdida de los 80, por el
auge de la cocaína en los 90 (remplazando
a1 ron, y al habano Cohiba como producto
nacional de exportación). Y estaría
hoy debatiéndose entre el capitalismo
salvaje de la globalización y las
repúblicas aéreas de democracia
« sin pueblo. "Martí
no debía morir" cantaban hace
años en Cuba. Pero murió.
Lo mismo ahora. Ni Juan Pablo ni Fidel
deberían haber muerto o morir.
Pero la condición humana no perdona
a ningún gran hombre. La historia
los juzgará por su obras y no por
las fantasías nocturnas de otros
sobre ellos.
"ANTES
QUE ANOCHEZCA"
He vuelto a ver la película que
con este título rodó el
director Julián Schnabel sobre
la autobiografía que dejó
el escritor cubano Reynaldo Arenas. El
filme es defectuoso en su guión
y en el manejo de cámara. Pero
es notable la interpretación que
el actor español Javier Bardem
hace del intelectual y homosexual cubano,
la cual le mereció su nominación
para el premio Osear como mejor actor
principal. La historia de Reynaldo Arenas
es trágica y lastimosa. Adhiere
a la revolución; pero ya en los
años 60 y 70, es duramente perseguido
por el gobierno de Castro por ser intelectual
crítico del régimen, con
el agravante de ser homosexual. En 1973
es recluido en prisión, de la que
escapa. Pero debe permanecer 4 meses escondido
en el Parque Lenin de La Habana, en donde
comenzó a escribir furtivamente
sus memorias, aprovechando la luz del
día "antes que anochezca".
Fue capturado de nuevo y enviado a la
prisión de El Morro, donde por
dos años convive con asesinos,
delincuentes y violadores. Allí
sigue escribiendo con rabia. Sale libre
trás firmar una 'confesión'
en la que promete rehabilitarse sexualmente,
escribir sólo para el régimen
y no relacionarse con extranjeros. Sigue
en sus andanzas hasta que en 1980 sale
por el puerto de Mariel (cambiando su
apellido Arenas por Arinas), como uno
de tantos "indeseables" que
no le hacen bien alguno a la Isla. El
filme calla extrañamente sus 10
últimos años en Estados
Unidos, que tampoco fueron felices para
Arenas. Sufre de sida y se suicida en
Nueva York ("la ciudad "desalmada"),
en 1990.
Reynaldo Arenas, un hombre jactanciosamente
promiscuo, era en realidad un hombre problemático
para cualquier sociedad e incómodo
para cualquier régimen. "Alguien
complejo, con una irreverencia innata,
tenía las contradicciones de ser
un guajiro pobre y un gay militante",
dijo de él Raúl Rivero,
un poeta también disidente. El
régimen castrista lo aplastó
como a tantos otros "gusanos".
Pero su grito sigue resonando con nuevos
ecos:
"La diferencia entre el sistema
comunista y el capitalista es que,
aunque los dos nos dan una patada en el
culo, en el comunista
te la dan y tienes que aplaudir; y en
el capitalista te la dan
y uno puede gritar; yo vine aquí
a gritar".
Los hombres mueren. Pero los regímenes
también mueren.