El liderazgo de Álvaro Uribe
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Uribe ha mantenido su apoyo popular (y en cifras significativas) tras haber superado el año más difícil de su Presidencia. Después de su segunda posesión (7 agosto 2006), los problemas y las dificultades surgieron por todas partes, poniendo a prueba su talante y capacidad de conducción. Principalmente en tres aspectos.

Los mayores retos han surgido en el campo de la SEGURIDAD DEMOCRÁTICA. Los colombianos respiran ya con libertad y viajan con seguridad por las carreteras. La mano dura de Uribe ha venido propinando sensibles golpes a las guerrillas y al narcotráfico; el gobierno ha ganado mucho en inteligencia militar y en movilidad de contingentes del orden para prevenir asaltos, atentados, sorpresivas masacres. Se ha modernizado y hecho más efectiva la Fuerza Pública. Las Farc han perdido protagonismo, pero la culebra sigue viva y solapada para atacar mortalmente. Y ha habido una opinión pública impaciente por ver resultados finales pronto. Ha sido enorme la presión de la opinión tanto nacional como internacional para un "acuerdo humanitario" y hay sectores que han querido obligar a Uribe a una política de "apaciguamiento" con cesión y despeje de territorios a favor de los violentos. Dos recientes y gigantescos operativos, ambos exitosos, en los que se jugó a fondo y con máximo riesgo el presidente Uribe configuran un punto de inflexión, favorable al incansable liderazgo de Uribe. Primero, el abatimiento de Raúl Reyes, alto jefe de las Farc y consiguiente logro del gigantesco repositorio informacional que contenían sus computadores (marzo 2008). Y más cercano, el efectivo, impecable, transparente y aséptico operativo de rescate de quienes las Farc tenían como rehenes en las entrañas de la selva, Ingrid Betancourt, tres americanos y once miembros de la Fuerza Pública (2 de julio 2008). Ambos no son especulaciones fantasiosas de fanáticos hinchas ni hazañas virtuales de un caudillo de película ni simple publicidad de los medios, sino hechos reales, verificables por la opinión nacional y reconocidos por la comunidad internacional. Ambos hechos han disparado la aceptación y popularidad de Uribe en la población colombiana, primero hasta un 80% y finalmente hasta un 94%.

 

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La segunda área problemática ha sido la PARA-POLÍTICA. La mayoría de los congresistas detenidos, aunque por causales anteriores al gobierno de Uribe, forman parte de la coalición uribista. Y son muchos los tiras y aflojes de los paramilitares en el proceso de sometimiento a la nueva Ley de Justicia y Paz con los que se intentaría llegar a un entorno cercano al del Presidente y mancharle su hoja de vida.

El tercer frente de retos ha sido el de la POLÍTICA EXTERIOR. El cambio en las mayorías del Congreso de Estados Unidos dejó a Colombia en un sánduche entre el gobierno republicano y el legislativo demócrata, justo cuando están pendientes decisiones cruciales sobre el TLC y la reanudación del Plan Colombia. Escenario en el que han sido amplificadas denuncias de ONGs sobre el gobierno. La Unión Europea se ha mostrado prevenida contra Uribe y reticente a sus políticas. Y se ha venido creando una especie de "triángulo de las Bermudas" (Chávez-Correa-Morales), que quisiera aislar y hundir a Colombia en el subcontinente y que ha intentado poner a bailar en la cuerda floja al presidente Uribe y dificultarle su mandato.

Doce meses como los que acaban de pasar habrían tenido efectos devastadores contra cualquier presidente. No hay famoso teflón que hubiera resistido el desgaste. Pero, ¿por qué se mantiene tan alta la popularidad de Uribe? ¿Qué ha impedido su desgaste? La mayoría de los análisis coincide en que los buenos resultados de los primeros cuatro años lo siguen manteniendo arriba. Y es verdad. Pero la imagen del Presidente siempre trabajador y frentero, comunicativo y honesto con su pueblo, dispuesto a romper esquemas y a cambiar la historia se mantiene. Y los logros en la seguridad democrática prosiguen sin desmayo ni pausa cuando inicia la mitad de su segundo período. También ayuda la situación económica con un crecimiento que tocó el 8 por ciento, así no llegue a todo el mundo ni haya servido para vencer con más rapidez el fenómeno del desempleo. Ninguna de las hipótesis anteriores, sin embargo, parece suficiente. Otros gobiernos también han producido buenos resultados que no han estado acompañados de alta popularidad presidencial. También ha habido períodos con alto crecimiento y mala imagen del gobernante.

La respuesta reside en el tipo único e irrepetible de liderazgo que ha encarnado Uribe, consustanciado con las expectativas del pueblo colombiano, que lo respeta, admira, quiere y venera. Ha sabido ser "el que lleva a su pueblo de donde está a donde debe estar", actúa como "la enzima que acelera los procesos sociales", sigue siendo "el comadrón que vigila el parto de un pueblo en camino".

Moraleja

El liderazgo significa promover un proyecto político con fuerte apoyo ciudadano -que sea voluntario y por convencimiento- dentro del marco de la institucionalidad. Y, en política, esta es una regla de oro de la democracia.

13 octubre 2008

Para completar su lectura sobre Álvaro Uribe, le recomendamos consultar el articulo siguiente:
El legado de Uribe (Editorial nº 33):