Vaticano : Visita de Benedicto XVI a Cuba (Editorial 96)
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Misión de la Iglesia

La Iglesia tiene conciencia clara de que su misión propia no es de orden político sino religioso. Pero también sabe que precisamente de su misión religiosa derivan funciones y competencias temporales (socio-económicas y políticas) que no le pueden ser ajenas.

"La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina"
(Concilio Vaticano IIº, Gaudium et Spes, 42),

La misión de la Iglesia no es solamente religiosa sino también busca la humanización del mundo. La misión integral de la Iglesia, que es exclusivamente religiosa y trascendente en principio, tiene como consecuencia una misión igualmente específica en relación con el mundo, o sea, la ordenación temporal del proceso de humanización del mundo hacia la salvación integral. Ello justifica y explica el que la Iglesia, por circunstancias históricas, haya establecido en Roma el pequeño Estado Vaticano como soporte material y territorial para su acción espiritual y religiosa (Santa Sede) y desde allí mantenga buenas relaciones con el mayor número posible de países del mundo en apoyo a su misión religiosa.

 

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Juan Pablo IIº y Fidel Castro


Durante 5 días, en enero de 1998, seguimos muy de cerca lo que fue la visita de Juan Pablo IIº a la Cuba revolucionaria y marxista de Fidel Castro. Remito al texto completo de los comentarios que por entonces publiqué en mi sitio Web de la Universidad de Los andes (www.saber.ula.ve/observatorio), a saber: “El Papa en Cuba” (12-01-98), “Castro y la religión” (19-01-98), “Dos colosos frente a frente” (26-01-98) y “Efectos del Huracán” (02-02-98).
Dicha visita fue un hecho sin precedentes, que marcó un hito por muchos años, en Iberoamérica y el mundo. Pudimos apreciar que dos colosos como ellos pueden estar frente a frente no necesariamente para pelear como si se tratara de un pugilato, sino para dialogar, con ecuanimidad y entereza, manteniendo cada uno sus posiciones principistas, pero aportando el uno al otro para una empresa común. Todo ello gracias a la calidad eximia de ambos personajes.

FIDEL CASTRO, en sus setenta, seguía siendo uno de los dirigentes más famosos del mundo. Por sólo el hecho de haber desafiado el poderío rabioso norteamericano y haber sobrevivido por casi 40 años al intento, tenía ya un pie en el panteón de los héroes ("Qué tendrá Fidel que los gringos no pueden con él ?"). Su halo inquietante de revolucionario nadie se lo puede quitar –y menos entonces-, aunque haya que reconocer hoy que su revolución no ha sido particularmente exitosa: ni en lo económico, ni en lo político. Hay quienes lo tildan de tirano; y en realidad, supo imponer y mantener una dictadura fuerte en la Isla, aunque dándole cierto toque de humanismo. Su perfil es el de un "ogro filantrópico". Pero Fidel ha sido sobre todo un caudillo carismático y un político genial; un rebelde con causa, cuya misma insolencia lo hace grande. "Ser grande -decía el general De Gaulle- es tomar como propio un gran combate ". Y esto no se lo discute nadie a Fidel Castro. Este David barbudo, desde su diminuta isla ha desafiado al gran Goliat del Norte. Y el haber tomado como propio ese gran combate contra el Imperialismo, durante 40 años, lo había hecho ya grande.

JUAN PABLO IIº en sus 19 años de pontificado que llevaba, había ya roto todos los moldes. Primer Papa originario de un país comunista, supo imprimir un estilo juvenil, resuelto, decidido y fogoso a una Iglesia no decadente pero sí pesada con su adultez de 20 siglos. Fue un Papa super-estrella. Fue un Papa todo corazón y todo cabeza. Tuvo la solidez, la terquedad, la fidelidad inconmovible de quien fue llamado Cefas, Roca, Pedro. Y mostró ser un yunque capaz de amolar muchas hoces y muchos martillos. Tenía el arrojo, la valentía, el corazón grande, el carisma de ese gigante misionero que fue Pablo de Tarso. Fue una especie de gaviota de alas ligeras capaz de sobrevolar países, regímenes, ideologías y religiones diferentes -llevando su mensaje salvador-. Y casi al final de su periplo (con voz débil y limitado por el Parkinson) había posado su vuelo entre las palmeras y acantilados de la Perla del Caribe.

Efectos de dicha visita

Ambos líderes se crecieron. Ambos supieron hablar claro, respetarse y en un diálogo constructivo aplicaron la fórmula “yo gano- tú ganas”. Por un lado, se abrieron nuevos espacios y se ampliaron otros para una pastoral con más libertad y más influencia de la Iglesia en el futuro de la Isla, garantizándose la autonomía de la Jerarquía eclesiástica en su fuero interno. Se pudo contar con la liberación de decenas de presos políticos, que iba a aliviar a muchas familias de disidentes. Por otro lado, la autoridad del Papa aumentó la presión internacional para un levantamiento del embargo norteamericano a Cuba. La estatura que mostró entonces Castro le ayudó mucho ante el mundo. No era la de un “tiranuelo” tropical, sino la de un estadista respetuoso, que mantiene la unión con su pueblo, y que no podía catalogarse como “dinosaurio”. La autoridad de Castro, ya legitimada por el pueblo de la Isla quedaba refrendada por el Papa- y podía así apoyarse con el respaldo de la Iglesia como única institución confiable que quedaba, para hacer una transición sin violencia -como la ocurrida en Polonia- desde un Socialismo de inspiración marxista hacia una Democracia moderna.

Cuando Jesús adoctrina a Nicodemo, hombre culto –quien no entendía cómo era eso de “nacer de nuevo de lo Alto” (algo así como mezclar Comunismo con Democracia)- Jesús le dice: “El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va” (Juan 3,8). Ni siquiera el Papa podía saber ni adivinar lo que saldría de todo eso que sembró por la Isla, con su mano trémula y su voz casi inaudible. Pero algo importante quedaba allí en germen, y algo grande comenzó a moverse en la Isla al soplo del Viento, aunque no supiéramos qué sería ni cuál el derrotero que tomaría para realizarse. Pero en estos 14 años transcurridos desde entonces, sigue vibrando, como el tañido de una campana, la última recomendación que el Papa Juan Pablo IIº hizo al Comandante Castro desde la escalinata del avión: “Es hora de emprender los nuevos caminos que exigen los tiempos que vivimos, al acercarnos al tercer milenio de la era cristiana”.

Nueva visita: Yo gano- tú ganas

Hay una estrategia, muy recomendada por escritores e investigadores que trabajan actualmente sobre el tema de la negociación para resolver conflictos. Entre ellos destacan Roger Fisher y William Ury, promotores del famoso Proyecto de Negociación de Harvard (Harvard Negotiation Projet), aplicable a todos los niveles de conflicto, desde las disputas domésticas hasta los conflictos de grandes negocios o de carácter internacional. Ellos recomiendan este método, como el único razonable y que puede aportar una solución satisfactoria para ambas partes en la mayor parte de los casos: Yo gano-Tú ganas, o sea que ambos ganamos; esto puede lograrse mediante la negociación y el compromiso. Ellos han llamado a su método la negociación por los méritos, para distinguirla de la negociación por la posición, que es anticuada y poco efectiva Este método recomienda cuatro aspectos:
1. Separar las personas de los problemas.
2. Centrar la discusión sobre los intereses actuales, no sobre las posiciones adoptadas anteriormente.
3. Buscar con buena fe y encontrar opciones que conduzcan a una ganancia mutua.
4. Insistir en el uso de criterios objetivos. El diálogo y la negociación llevados a cabo hace 14 años entre Fidel Castro y Juan Pablo IIº es un modelo de aplicación de este tipo de estrategia.
El escenario actual de la Isla es casi el mismo; ha cambiado algo pero no profundamente. Los actores sí son muy diferentes. Hay mucha distancia entre las cualidades y estilos de los dos protagonistas actuales con los de sus dos predecesores (Fidel Castro y Juan Pablo IIº). Pero el trazo abierto e iniciado por ellos no parece podrá ser abolido ni dejado a un lado, sino por el contrario reforzado y acometido de nuevo por sus sucesores actuales en el gobierno de la Iglesia (Benedicto XVI) y de la Isla (Raúl Castro). Todo en el supuesto de que ambos sigan aplicando la sabia estrategia de “Yo gano-Tú ganas”.

Conclusión
Benedicto XVI pedirá como lo hizo Juan Pablo IIº que “el mundo se abra a Cuba”. En concreto, que la comunidad internacional no siga aislando a Cuba y Estados Unidos levante su embargo. El peso de su autoridad mundial puede inclinar la balanza en coyuntura que cada día le hace más difícil a Cuba seguir aislada, con impasses como los registrados para su simple presencia en la próxima VIª reunión de países americanos en Cartagena, Colombia.
Pero, a la vez, el Papa seguirá insistiendo en que “Cuba debe abrirse al mundo”, es decir, abrirse a un pluralismo político, ampliar los espacios para la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia (con más apertura en los medios y en la educación) con la cual podrá contar el régimen actual para una eventual tarea de transición democrática.
Y a ello se podría añadir que “Cuba debe abrirse a Cuba”. Aminorando los radicalismos extremos con los disidentes y en un proceso de reconciliación de todos los cubanos, la Cuba de los exiliados en Miami debería poder encontrarse con una Cuba de tradición castrista, pero menos ortodoxa en su ideología marxista-leninista y más flexible, que salve las grandes conquistas de la Revolución y se enriquezca con las nuevas formas de la Democracia.

A ésta Cuba, dará Benedicto XVI como lo hizo Juan Pablo IIº su última gran bendición antes de retornar a Roma. Pero por esas paradojas que se dan en la historia, es posible que no sea un Castro sino el factor imperialista de Estados Unidos con su presidente Obama, el que señale el nuevo rumbo de la Isla. Él tiene la sartén por el mango, con su probable apertura tanto económica como política respecto de Cuba.

23-03-12