Juan
Pablo IIº y Fidel Castro
Durante 5 días, en enero de 1998,
seguimos muy de cerca lo que fue la visita
de Juan Pablo IIº a la Cuba revolucionaria
y marxista de Fidel Castro. Remito al
texto completo de los comentarios que
por entonces publiqué en mi sitio
Web de la Universidad de Los andes (www.saber.ula.ve/observatorio),
a saber: “El Papa en Cuba”
(12-01-98), “Castro y la religión”
(19-01-98), “Dos colosos frente
a frente” (26-01-98) y “Efectos
del Huracán” (02-02-98).
Dicha visita fue un hecho sin precedentes,
que marcó un hito por muchos años,
en Iberoamérica y el mundo. Pudimos
apreciar que dos colosos como ellos pueden
estar frente a frente no necesariamente
para pelear como si se tratara de un pugilato,
sino para dialogar, con ecuanimidad y
entereza, manteniendo cada uno sus posiciones
principistas, pero aportando el uno al
otro para una empresa común. Todo
ello gracias a la calidad eximia de ambos
personajes.
FIDEL
CASTRO, en sus setenta, seguía
siendo uno de los dirigentes más
famosos del mundo. Por sólo el
hecho de haber desafiado el poderío
rabioso norteamericano y haber sobrevivido
por casi 40 años al intento, tenía
ya un pie en el panteón de los
héroes ("Qué tendrá
Fidel que los gringos no pueden con él
?"). Su halo inquietante de
revolucionario nadie se lo puede
quitar –y menos entonces-, aunque
haya que reconocer hoy que su revolución
no ha sido particularmente exitosa: ni
en lo económico, ni en lo político.
Hay quienes lo tildan de tirano;
y en realidad, supo imponer y mantener
una dictadura fuerte en la Isla, aunque
dándole cierto toque de humanismo.
Su perfil es el de un "ogro filantrópico".
Pero Fidel ha sido sobre todo un caudillo
carismático y un político
genial; un rebelde con causa, cuya misma
insolencia lo hace grande. "Ser
grande -decía el general De Gaulle-
es tomar como propio un gran combate ".
Y esto no se lo discute nadie a Fidel
Castro. Este David barbudo, desde su diminuta
isla ha desafiado al gran Goliat del Norte.
Y el haber tomado como propio ese gran
combate contra el Imperialismo, durante
40 años, lo había hecho
ya grande.
JUAN
PABLO IIº en sus 19 años de
pontificado que llevaba, había
ya roto todos los moldes. Primer Papa
originario de un país comunista,
supo imprimir un estilo juvenil, resuelto,
decidido y fogoso a una Iglesia no decadente
pero sí pesada con su adultez de
20 siglos. Fue un Papa super-estrella.
Fue un Papa todo corazón y todo
cabeza. Tuvo la solidez, la terquedad,
la fidelidad inconmovible de quien fue
llamado Cefas, Roca, Pedro. Y mostró
ser un yunque capaz de amolar muchas hoces
y muchos martillos. Tenía el arrojo,
la valentía, el corazón
grande, el carisma de ese gigante misionero
que fue Pablo de Tarso. Fue una especie
de gaviota de alas ligeras capaz de sobrevolar
países, regímenes, ideologías
y religiones diferentes -llevando su mensaje
salvador-. Y casi al final de su periplo
(con voz débil y limitado por el
Parkinson) había posado su vuelo
entre las palmeras y acantilados de la
Perla del Caribe.
Efectos de dicha visita
Ambos líderes se crecieron. Ambos
supieron hablar claro, respetarse y en
un diálogo constructivo aplicaron
la fórmula “yo gano-
tú ganas”. Por un lado,
se abrieron nuevos espacios y se ampliaron
otros para una pastoral con más
libertad y más influencia de la
Iglesia en el futuro de la Isla, garantizándose
la autonomía de la Jerarquía
eclesiástica en su fuero interno.
Se pudo contar con la liberación
de decenas de presos políticos,
que iba a aliviar a muchas familias de
disidentes. Por otro lado, la autoridad
del Papa aumentó la presión
internacional para un levantamiento del
embargo norteamericano a Cuba. La estatura
que mostró entonces Castro le ayudó
mucho ante el mundo. No era la de un “tiranuelo”
tropical, sino la de un estadista respetuoso,
que mantiene la unión con su pueblo,
y que no podía catalogarse como
“dinosaurio”. La autoridad
de Castro, ya legitimada por el pueblo
de la Isla quedaba refrendada por el Papa-
y podía así apoyarse con
el respaldo de la Iglesia como única
institución confiable que quedaba,
para hacer una transición sin violencia
-como la ocurrida en Polonia- desde un
Socialismo de inspiración marxista
hacia una Democracia moderna.
Cuando Jesús adoctrina a Nicodemo,
hombre culto –quien no entendía
cómo era eso de “nacer de
nuevo de lo Alto” (algo así
como mezclar Comunismo con Democracia)-
Jesús le dice: “El viento
sopla donde quiere y tú oyes su
silbido; pero no sabes de dónde
viene ni a dónde va” (Juan
3,8). Ni siquiera el Papa podía
saber ni adivinar lo que saldría
de todo eso que sembró por la Isla,
con su mano trémula y su voz casi
inaudible. Pero algo importante quedaba
allí en germen, y algo grande comenzó
a moverse en la Isla al soplo del Viento,
aunque no supiéramos qué
sería ni cuál el derrotero
que tomaría para realizarse. Pero
en estos 14 años transcurridos
desde entonces, sigue vibrando, como el
tañido de una campana, la última
recomendación que el Papa Juan
Pablo IIº hizo al Comandante Castro
desde la escalinata del avión:
“Es hora de emprender los nuevos
caminos que exigen los tiempos que vivimos,
al acercarnos al tercer milenio de la
era cristiana”.
Nueva
visita: Yo gano- tú ganas
Hay
una estrategia, muy recomendada por escritores
e investigadores que trabajan actualmente
sobre el tema de la negociación
para resolver conflictos. Entre ellos
destacan Roger Fisher y William Ury, promotores
del famoso Proyecto de Negociación
de Harvard (Harvard Negotiation Projet),
aplicable a todos los niveles de conflicto,
desde las disputas domésticas hasta
los conflictos de grandes negocios o de
carácter internacional. Ellos recomiendan
este método, como el único
razonable y que puede aportar una solución
satisfactoria para ambas partes en la
mayor parte de los casos: Yo gano-Tú
ganas, o sea que ambos ganamos; esto
puede lograrse mediante la negociación
y el compromiso. Ellos han llamado
a su método la negociación
por los méritos, para distinguirla
de la negociación por la posición,
que es anticuada y poco efectiva Este
método recomienda cuatro aspectos:
1. Separar las personas
de los problemas.
2. Centrar la discusión
sobre los intereses actuales, no sobre
las posiciones adoptadas anteriormente.
3. Buscar con buena fe
y encontrar opciones que conduzcan a una
ganancia mutua.
4. Insistir en el uso
de criterios objetivos. El diálogo
y la negociación llevados a cabo
hace 14 años entre Fidel Castro
y Juan Pablo IIº es un modelo de
aplicación de este tipo de estrategia.
El escenario actual de la Isla es casi
el mismo; ha cambiado algo pero no profundamente.
Los actores sí son muy diferentes.
Hay mucha distancia entre las cualidades
y estilos de los dos protagonistas actuales
con los de sus dos predecesores (Fidel
Castro y Juan Pablo IIº). Pero el
trazo abierto e iniciado por ellos no
parece podrá ser abolido ni dejado
a un lado, sino por el contrario reforzado
y acometido de nuevo por sus sucesores
actuales en el gobierno de la Iglesia
(Benedicto XVI) y de la Isla (Raúl
Castro). Todo en el supuesto de que ambos
sigan aplicando la sabia estrategia de
“Yo gano-Tú ganas”.
Conclusión
Benedicto XVI pedirá como lo hizo
Juan Pablo IIº que “el
mundo se abra a Cuba”.
En concreto, que la comunidad internacional
no siga aislando a Cuba y Estados Unidos
levante su embargo. El peso de su autoridad
mundial puede inclinar la balanza en coyuntura
que cada día le hace más
difícil a Cuba seguir aislada,
con impasses como los registrados para
su simple presencia en la próxima
VIª reunión de países
americanos en Cartagena, Colombia.
Pero, a la vez, el Papa seguirá
insistiendo en que “Cuba
debe abrirse al mundo”,
es decir, abrirse a un pluralismo político,
ampliar los espacios para la acción
evangelizadora y pastoral de la Iglesia
(con más apertura en los medios
y en la educación) con la cual
podrá contar el régimen
actual para una eventual tarea de transición
democrática.
Y a ello se podría añadir
que “Cuba debe abrirse
a Cuba”. Aminorando
los radicalismos extremos con los disidentes
y en un proceso de reconciliación
de todos los cubanos, la Cuba de los exiliados
en Miami debería poder encontrarse
con una Cuba de tradición castrista,
pero menos ortodoxa en su ideología
marxista-leninista y más flexible,
que salve las grandes conquistas de la
Revolución y se enriquezca con
las nuevas formas de la Democracia.
A ésta Cuba, dará Benedicto
XVI como lo hizo Juan Pablo IIº su
última gran bendición antes
de retornar a Roma. Pero por esas paradojas
que se dan en la historia, es posible
que no sea un Castro sino el factor imperialista
de Estados Unidos con su presidente Obama,
el que señale el nuevo rumbo de
la Isla. Él tiene la sartén
por el mango, con su probable apertura
tanto económica como política
respecto de Cuba.
23-03-12