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| China
: Deng, el pequeño gran hombre (Editorial 95) |
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En
su último libro titulado
“On China” (“Sobre
China”), el célebre
y brillante Secretario de Gobierno
de la administración Nixon,
Henry Kissinger, autorizado analista
político e intérprete
de importantes hechos de su época
como fueron el inicio de la República
Popular de China, el tira y afloje
mundial entre las dos grandes potencias
EUA y la URSS, los avatares políticos
de Occidente.., tras el capítulo
“El fin de la era Mao”,
dedica otro interesante capítulo
a quien apenas entraba en escena
por los años 1975, Deng-XioPing.
Lo titula “El indestructible
Deng”. Calificativo que
define muy bien a quien, tras la
muerte de Mao Zedung, sobrevive
a la encarnizada y tenebrosa persecución
desatada por el llamado “gang
de los cuatro” y logra convertirse
en el gran constructor de la actual
China del siglo XXI.
La
era que dejó Mao
La
República Popular China,
proclamada en 1949 por Mao Zedung,
estuvo marcada por largos períodos
de un cuidadoso desarrollo práctico,
mezclados con períodos breves
de intensa movilización ideológica.
La Constitución china de
1954 adoptó, en economía
y política, el modelo soviético.
El "salto hacia adelante"
de los años 1958-60 buscó
aumentar la productividad del campo,
a través de "comunas"
por todo el territorio. En la década
de los 60, China comunista deja
a un lado el modelo y el tutelaje
de la URSS, y Mao lanza la famosa
"Revolución cultural"
con sus "guardias rojos",
que trató de remplazar con
elementos más revolucionarios
a la vieja guardia del Partido Comunista
Chino, que detentaba por entonces
el poder gubernamental, militar
y empresarial. La Constitución
de 1975, de claro corte maoísta,
establece un Estado Social de Dictadura
del Proletariado, en la que consagra
que "el Partido Comunista es
el núcleo dirigente de todo
el pueblo chino" (art. 2) y
"el Presidente del Comité
Central del Partido Comunista Chino
comanda las Fuerzas Armadas de todo
el país". |
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Análisis
& Opinión
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La
era Deng
Den-Xioping
logra emerger en 1976 como nuevo gran
Timonel. No era pequeña tarea sacar
del atraso un país que tiene el
segundo territorio más vasto de
la tierra (después de Canadá),
conducir organizadamente 1.500 millones
de habitantes (la quinta parte de la población
mundial) e intentar un salto hacia adelante
que fuera significativo dentro de una
historia que comenzó a escribirse
desde el siglo XVI antes de Cristo, con
la dinastía Shang y cuando ya habían
transcurrido 500.000 años del "hombre
de Pekín" en su vagabundeo
por tierras del norte de China.
Este hombre, pequeño en su estatura
física, resultó ser un gran
estadista por su estatura política.
Postuló “el socialismo con
características chinas” y
puso las bases de la actual gigantesca
China, la segunda economía más
grande del planeta, con el mayor volumen
de reservas monetarias del mundo, el mayor
ejército con 2 millones en filas,
y ciudades modernas con grandes rascacielos
y estadios que superan los de países
más desarrollados.
Den inició una activa política
de apertura hacia EUA, en donde sabía
que obtendría la tecnología
y la modernización económica
que requería China. En 1978 hace
adoptar una nueva Constitución,
de corte más técnico y pragmático,
que fundamenta la construcción
de un Estado socialista moderno, dando
énfasis a lo cultural y técnico
sobre lo simplemente económico,
y conjugando equilibradamente cambio con
tradición. La quinta Constitución,
de 1982, reafirmó esta línea
y restauró el cargo de Presidente
de la República Popular, que había
sido abolido por la Constitución
de 1975.
La China comunista que dejó Deng-Xiaoping
–cuando murió a los 92 años
en febrero de 1997- es actualmente la
segunda mayor economía del globo;
el ingreso per capita de tan gigantesca
población era de US$ 250 dólares
promedio (cuando en 1978 era apenas de
US$ 13); en 1996 logró inversiones
extranjeras por US$ 40.000 millones y
en comercio exterior ocupa un puesto envidiable
entre todos los países. Desde 1981,
660 millones de chinos han salido de la
pobreza –afirma M. Naim en reciente
columna. Porque junto con su innegable
progreso económico, la sociedad
china evidencia grandes cambios sociales.
Todo ello ha sido fruto de una clara política
estatal inspirada por Deng y llevada a
cabo a través de la acción
del Partido Comunista Chino con sus 49
millones de miembros. El XIV Congreso
del Partido, en 1992, apoyó las
rápidas reformas económicas
del programa de Deng junto con su línea
dura política bajo la cual se implementan.
Y es que para Deng-Xiaoping estuvo siempre
claro que el embarcar a su gigantesco
país en la construcción
de una economía de libre mercado
tenía que hacerse bajo la ley de
hierro de un rígido sistema político.
"La gente debe ser libre para hacerse
rica, pero no para conspirar ni para cuestionar
ni para cambiar sus líderes. Las
libertades económicas deben coexistir
con una estricta disciplina política.
China debe continuar siendo regida por
hombres y no por leyes" (Time, march
3, l997, p. 30). Así de sencilla
y de brutal fue su filosofía política.
Deng fue toda su vida un hombre de línea
dura, determinado a que la liberalización
económica no quitara al Partido
Comunista su monopolio del poder. Esto
explica el que él y sus hombres
en el gobierno hubieran aplastado con
tanques en la Plaza Tiannamen en junio
1989 el naciente movimiento democrático
que jóvenes universitarios planteaban.
Desde entonces, virtualmente todos los
disidentes políticos de China o
están en prisión o en el
exilio.
Un
pequeño gran hombre
Cuando Mao visitó en 1957 el Kremlin,
llevó consigo a Deng y cuando lo
presentó a Kruscev le dijo: "¿Ve
a este hombrecillo ? Es alguien profundamente
inteligente y que tiene un gran futuro
por delante". Pequeño de estatura,
ojos diminutos y escrutadores, sonrisa
fina, ademanes sencillos, poco amigo de
la publicidad, amante del futbol y de
los croissants, gran jugador de bridge,
originalmente se llamaba Deng Xiansheng
("pequeño santo" según
la tradición budista de su padre),
nombre que le fue cambiado después
por el de Deng Xiaoping ("pequeña
paz"). En estos 21 años, Deng
mostró ser no tanto un ideólogo
(como lo fue Mao) cuanto un pragmático;
no tanto un conductor autoritario (como
lo fue Mao) cuanto un conductor eficiente.
Su famosa frase "no importa que
un gato sea blanco o negro, con tal de
que cace ratones", lo sintetiza
bien. Eludió siempre el "culto
de la personalidad" (tan frecuente
en los regímenes autoritarios)
y prefirió, más bien, ser
un viejo eficiente, "un viejo siempre
en prisa por hacer a China grande"
- como lo definió el diplomático
norteamericano Holbrooke. Cuando en 1984
sus reformas económicas provocaron
criticas de los marxistas de la Vieja
Guardia señalándolas como
"polución espiritual"
que venía del Occidente en forma
de cosméticos y discotecas, Deng
las despreció olímpicamente
diciendo que "esas cosas eran simples
mariposas que entraban por la ventana
abierta". Deng Xiaoping abrió
en China comunista puertas y ventanas
al capitalismo occidental. Fue su mérito.
Pero sigue siendo el gran riesgo para
el Partido Comunista. ¿Podrá
China asimilarlo y ponerlo en práctica,
sin que se vea forzada a desmontar el
rígido sistema político
de partido único y totalitarismo
de autoridad no-compartida ?
Advertencia final
Frente al crecimiento económico
y modernización social innegables
de la actual China, observadores serios
comentan sin embargo que no todo es color
de rosa. "China luce maravillosa.
Pero es una ilusión. Es como un
set de cine", afirma el sinólogo
japonés Mineo Nakajima (Time, march
3 , 1997, p. 34). El legado de Deng perdurará
en cuanto se mantenga la estabilidad en
el proceso iniciado por él para
China comunista. Algo que no es fácil
de lograr por las tensiones que podrán
agudizarse entre los dos polos: el de
desarrollo económico y el de hegemonía
política; el de modernización
y el de democratización. Con el
agravante de que Deng no dejó institucionalizado
un sistema de gobierno capaz de funcionar
“más con leyes que con hombres”,
como ya en el siglo IV antes de Cristo
lo recomendaba Aristóteles para
una ‘politeia’ democrática.
16-03-12
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