Es
muy aplicable a Putin la sabia observación
consignada por Francisco Herrera Luque
en su libro "Los cuatro reyes de la baraja":
"Los individuos egregios, llámense líderes,
profetas o gobernantes pueden al igual
que enzimas acelerar, congelar o degradar
los procesos sociales[..] Los gobernantes,
como parecen señalarlo los hechos no son,
pues, puros efectores inertes del medio
social que los contiene. Así como pueden
frenarlo, desvirtuarlo y retrogradarlo;
pueden señalarle otros derroteros e iluminarlo
con su acción y con su prestancia, poniendo
en marcha fórmulas nuevas en el quehacer
social".
Cuando
WikiLeaks sacó a la luz pública los documentos
secretos del Departamento de Estado norteamericano,
la descripción de la pareja formada por
el presidente ruso, Dimitri Medvédev,
y su primer ministro, Vladimir Putin,
sugería implicaciones políticas. Medvédev
actuaba como el Robin de Putin, que cumplía
el rol de Batman y aquel usaba su capucha
cuando su mentor se encontrara imposibilitado
o desaparecido.
Como
lo consigné oportunamente en mi
Observatorio “Putin baraja sus cartas”
(10-01-07) - tras sintetizar los grandes
logros y buen desempeño de los
dos períodos en los que se desempeñó
Putin como presidente de Rusia- me atreví
a vaticinar sobre el posible delfín
que ya se cocinaba en los planes de Putin
y que sería el sucesor que garantizara
el poder en la nueva Rusia, asegurando
la continuidad de la línea impuesta
con éxito por Putin. Tras sus dos
gobiernos, el entonces presidente Putin
no podía reelegirse en el 2008
porque se lo impedía la Constitución
de su país. Es entonces cuando
aparece en escena Medvédev, un
personaje ajeno a los partidos y a los
servicios secretos pero de gran cercanía
con el mandatario, para quien desempeñó
cargos importantes durante sus dos administraciones
en el cargo (2000-2004 y 2004-2008). Putin
manejó los hilos para que su primer
Ministro quedara elegido presidente por
cuatro años, designara a Putin
primer Ministro y después apoyara
su elección como Presidente de
nuevo.
Y así ha ocurrido, terminado el
mandato intermedio ejercido por Medvédev.
El 24 de septiembre pasado, Medvédev
presentó la candidatura de su actual
primer ministro (Putin) a la Presidencia
de Rusia para el 2012. . Es todo un enroque
político lo que se ha hecho, que
confirma que Medvédev sólo
había llegado al alto cargo para
cuidarle el puesto a Putin cuando éste
pudiera regresar constitucionalmente.
"Nadie en esta vida nos puede tumbar
del caballo. No he perdido la voz de mando",
dijo Putin durante el anuncio de su postulación.
Lo acontecido ha suscitado comentarios
ácidos como el de la Editorial
“Farsa en Moscú” del
prestigioso diario El País de Madrid
(26-09-2011). “.Vladímir
Putin seguirá al frente de Rusia
durante un futuro previsiblemente muy
largo, quizá 12 años. La
farsa política se ha consumado
en el congreso del partido gobernante
y el actual primer ministro acepta regresar
al todopoderoso cargo de presidente de
la nación en las elecciones de
marzo próximo, tras poner fin a
meses de especulación que ha mantenido
paralizada la pesada maquinaria burocrática
rusa. Especulación relativa, puesto
que todos parecían saber, según
muestran las encuestas, que Putin se disponía
a recuperar el puesto que prestó
durante unos años a su protegido
Dmitri Medvédev, solo porque la
Constitución le impedía
un tercer mandato consecutivo”.
Un
nuevo Putin renovado y fortalecido
Bien ha señalado Carroll Colley,
director del grupo Eurasia que "Putin
es actualmente la figura política
más importante, por encima de Medvédev,
quien es considerado un presidente limitado".
El mismo Medvédev reconoció
su papel de segundo ante varios canales
de televisión cuando afirmó:
"En estos momentos, el primer ministro
es, sin ninguna duda, el político
más influyente y sus índices
de confianza son un tanto mayores que
los míos".
Pero hay realidades negativas en la actual
Rusia a las que tiene que hacer frente
Putin con renovado brío y fortalecido
poder. De dichas realidades, “la
más escandalosa –afirma la
comentarista Pilar Bonet (“el monopolio
del Kremlin”, 26-09-2011)- es el
enquistamiento en el poder de una élite
procedente en gran parte de los servicios
de Seguridad, que cada vez está
más endiosada y más alejada
de los problemas del ciudadano. El sistema
se caracteriza por una fenomenal corrupción
[..] De momento, no hay indicios de que
vayan a corregirse los vicios del sistema
ni los apetitos de la clase dirigente.
Las primeras promesas del candidato a
presidente son más populistas que
innovadoras. Entre ellas, subidas de sueldo
y de pensiones, una posible mayor carga
fiscal para los ricos y un crecimiento
económico anual del 6% al 7%”.
"Para estar protegidos de las conmociones
tenemos que ser fuertes", ha dicho
con conocimiento de causa el futuro presidente.
En Moscú se han producido también
fuertes protestas de “indignados”
como efecto mimético de las manifestaciones
en distintas partes del mundo, aunque
menores, y a las que no se les puede atribuir
una intencionalidad pro- democracia. Pero
sí expresan una voz de alerta popular
frente a lo que pudiera ser un poder arbitrario
o gobierno de fuerza en que podría
incurrir Putin para la solución
de los graves problemas del país.
Conclusión
Vladimir Putin y su obsecuente socio
Medvédev esgrimen un vago sentido
de misión como es el intento de
modernizar a Rusia y hacer de ella otra
vez una gran potencia mundial con la que
todos deban contar y, a ser posible, temer.
Pero frente a dichas plausibles intenciones,
están las crudas realidades actuales
que van a exigir a Putin el máximo
rendimiento de sus cualidades, utilizando
su ya larga experiencia como buen gobernante
y aplicando las sabias lecciones que haya
podido sacar de sus ocho años anteriores
de presidente. “Creo que Putin tiene
una popularidad que no tienen las autocracias
árabes, y que por tanto no usará
ninguna medida de fuerza” (blog
de A. García Maldonado)..
14-01-2012