Argentina: El justicialismo de Cristina Fernández (Editorial 81)
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Argentina: El justicialismo de Cristina Fernández (Editorial 81)
Logo Enrique Neira

 

 

     
     

Argentina es un país de sorpresas, que nunca se rinde. Viene superando con imaginación y liderazgo firme los efectos perversos de épocas anteriores. Atrás quedaron los años de un peronismo populista que caló fuerte en las masas y dejó en ellas malos hábitos; pasaron los abominables gobiernos de los ‘gorilas’; se logró corregir la aplicación equivocada de un neoliberalismo salvaje de la era Menem que dejó hipotecado el país. Son éstos, años de superación para lograr ‘un nuevo país’, en los que viene desempeñando papel destacado una mujer atractiva, inteligente, moderna, capacitada, dueña de una acertada ideología política y de intuición femenina para el buen gobierno. A ella he dedicado cinco comentarios anteriores en mi serie “Observatorio de Política Internacional”, manifestándole aprecio y admiración.

Hoy, al destacar su contundente y reciente victoria para la reelección presidencial, me atrevo a sugerir que el derrotero que ella propone para un “nuevo país” va a enrumbarse por un nuevo JUSTICIALISMO, que evite dos extremos: por un lado el mito de creer que Argentina sólo es gobernable por un peronismo populista (con alta concentración de poder y deterioro de la economía), y por el otro lado la tentación del radicalismo, que ha mostrado que no garantiza la gobernabilidad y no termina los períodos de gobierno. Su interpretación política es la de un neo Justicialismo, una asociación de peronismo con justicia social.

 

 

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Un nuevo país

El Frente para la Victoria (FPV) es el movimiento que llevó a Cristina a su primera presidencia de cuatro años en el 2007 y que acaba de hacerle ganar la reelección –en primera vuelta presidencial para un nuevo período de 2011 al 2015. Tiene una Declaración de Principios que nos parece enmarcan con autenticidad el perfil político de Cristina y la ideología que viene alentando sus gobiernos, en alianza con otros partidos y grupos. Está encabezado por el lema: «Argentina, convicción y capacidad para construir un nuevo país». El FPV parte de lo que denomina una "intolerable" brecha entre pobres y ricos, y sostiene "la necesidad vital de profundizar un proceso de justicia social, que dejando atrás un pasado que la mayoría de los argentinos quiere superar, permita la construcción de un nuevo espacio de gestión política e institucional en la República Argentina”. La Declaración termina explicando su creación con miras a "imaginar y construir un nuevo país, para lo que se requiere convicción y capacidad para unir los pedazos de una sociedad fragmentada y la voluntad de hacerlo, no desde un solo partido político, sino desde la conformación de un gran frente nacional que nos devuelva convertida en Nación a una Argentina que no puede esperar más".

Primera presidencia

El 28 de octubre de 2007, la candidata del Frente para la Victoria venció en las elecciones generales con un 45,29%, aventajando por más de 22 puntos a Elisa Carrió (Coalición Cívica). Se convirtió en la primera mujer electa para el cargo de Presidente de la Nación Argentina. Asumió dicha función el 10 de diciembre. Este su primer gobierno se caracterizó por una economía expansiva, una política exterior más abierta, buena atención a la Ciencia y Tecnología, a la Educación, a la política ambiental, respeto por los derechos humanos y reemplazó la antigua ley de radiodifusión -creada por la última dictadura- con la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que fue aprobada por sectores oficialistas y opositores. La política distributiva que aplicó con mucho sentido social, ha sido bien comentada e imitada por otros países. En efecto, por un decreto de octubre 2009, la presidenta creó la Asignación Universal por Hijo, que consiste en una trasferencia que el Estado hace a los padres por cada hijo de entre 12 semanas de gestación y los 18 años. Los padres deben acreditar estar desocupados u ocupados en la economía informal. Esta medida desde el punto de vista de la distribución de la renta es progresiva, además posicionó a Argentina como el país con mejor seguridad social de Latinoamérica. Según un informe de 2010 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la pobreza se ubicaba apenas en 11,3%, lo que significaba una reducción de 34,1 puntos porcentuales, ubicándose como la segunda más baja en América latina, detrás de Uruguay (10,7%). La indigencia disminuyó del 7,2% al 3,8%.
En su mandato, desde 2008 tuvo que lidiar, sin embargo, con un largo y difícil conflicto con el sector patronal agropecuario del país, debido al nuevo sistema de retenciones móviles a la exportación que estableció -sujetando su aumento o disminución a la evolución de los precios internacionales-, teniendo que conciliar al final, enviando al Congreso un proyecto de ley sobre las retenciones a las exportaciones de granos y las compensaciones a los pequeños y medianos productores.

Justicialismo

El justicialismo (llamado con frecuencia peronismo debido a su fundador Perón) es un fenómeno político que ha mostrado por años ser resistente y adaptable a las circunstancias cambiantes. Es una mezcla eficaz de nacionalismo y populismo, referente obligado de la historia política argentina de hoy. Domingo Perón regresó de manera tumultuosa y trágica a Buenos Aires en 1973, para recuperar el poder que había perdido en 1955, víctima de un golpe de Estado, y murió en 1974. Desde entonces el peronismo ha experimentado varias reencarnaciones contradictorias. Tras la caída de la dictadura militar (1976-1983), se identificó con ideas y prácticas gubernamentales tan dispares como el liberalismo a ultranza de Carlos Saúl Menem y el nuevo izquierdismo interventor y nacionalista del matrimonio Kirchner.

El justicialismo sigue actuando como un populismo descarnado que ofrece sus últimos frutos con la reelección avasalladora de Cristina Fernández viuda de Kirchner, de 58 años. Su triunfo arrollador frente a todos los opositores, llevó al veterano y liberal diario La Nación a titular en su portada “A la presidenta, todo el poder”, ya que contará con mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso (Cámara de los Diputados y Senado). De los 257 escaños de la Cámara de Diputados, la presidenta reelecta y sus satélites tendrán 135. “Cristina arrasó con el 54 % y el kirchnerismo recuperó el control del Congreso”, tuvo que reconocer el diario Clarín, el de mayor tirada del país y obstinado opositor sin que de muestras de arrepentimiento.

La aparatosa derrota de la Unión Cívica Radical (UCR), cuyo candidato, Ricardo Alfonsín (hijo de expresidente) quedó en tercer lugar (tan sólo el 13 % de los sufragios), obligará a la vieja formación centrista, adversaria tradicional del peronismo, a una reflexión en profundidad para revisar sus numerosos errores y cambiar de estrategia. Paralelamente, el triunfo sin precedentes de la presidenta en la Ciudad de Buenos Aires viene a corroborar que la tradicional clase media y los sectores necesitados de la gran metrópoli fueron seducidos por las dádivas y las promesas del poder, encarnado ahora en la que la gente comienza a llamar la gran “Señora de los descamisados” y “nueva Evita”. Cristina, como la llaman los descamisados, batió todas las marcas de sufragios y adhesión en las zonas más empobrecidas del país.

Populismo y política

El análisis de lo que ha ocurrido en algunos países de Latinoamérica donde varios regímenes han colapsado cuando se agota un reparto complaciente de riqueza al que no corresponde un aumento correspondiente de producción, nos lleva a suscribir la conclusión lúcida de un autorizado estudioso venezolano: “el populismo ha constituido la más grave enfermedad política de América Latina” (Escovar Salom). Y nos hace temer por el futuro de gobiernos que funcionan en forma paternalista y clientelista, que acaban colapsando, confiados en que los recursos son inagotables, sin prever eficientemente que haya una equivalente producción nacional que los mantenga.

Con razón observa Mateo Madridejos (“El observatorio mundial”, 25-10-11) con quien comparto varios enfoques y precisiones –asumiendo acá textos suyos- que “el éxito del llamado Frente de la Victoria se explica, ante todo, porque la jefa del Estado, emulando sin desmayo a Eva Duarte, puso más dinero en los bolsillos de los pobres y alimentó más programas sociales que ningún otro jefe del Estado desde la caída de Perón en 1955, sin importarle los peligros de la espiral inflacionista y de la demagogia. Ya se sabe que los subsidios aumentan el consumo y la clientela, pero no la productividad. Las estadísticas de la pobreza conocen un rápido declive, lo que explica que los habitantes de las villas miseria hayan votado en masa por la nueva “reina y señora de los descamisados”. El gobierno asegura que la pobreza disminuyó del 58% al 8% en los últimos cinco años (pero otros cálculos más fidedignos la sitúan aún en el 21%). Las reformas estructurales, sin embargo, están por acometer, de manera que el retroceso de la pobreza puede resultar un espejismo tan pronto como apriete la inflación y se recorten los subsidios. Los barrios de latas siguen donde estaban y cabe suponer que volverán a sufrir tan pronto como se presente una de esas crisis que periódicamente sacuden al país y revelan con furia sus lacras institucionales y sociales”.

“Estamos bailando felizmente sobre el Titanic”, aseguró con ironía uno de los candidatos perdedores, Eduardo Duhalde (5,6% de los votos), peronista disidente, ex-presidente y caudillo opositor, quien advirtió durante la campaña electoral del despegue imparable de la inflación y el deterioro de los ingresos del Estado que se producirán muy probablemente en 2012. El crecimiento económico actual de Argentina es notable (del 8% anual). 2010 y 2011 han sido dos años económicamente exitosos, señalados por los altos precios de la soja y la exportación a Brasil (su principal socio comercial) de productos manufacturados, con el telón de fondo de la recuperación de todos los países del hemisferio. Pero según las ponderaciones más fiables, los precios aumentan a un ritmo frenético del 24 % anual, la peor tasa de inflación en América Latina (si se exceptúa Venezuela), pero sin maná petrolífero. El aterrizaje puede ser tan espectacular como doloroso.

Conclusión

“Argentina es un país atípico en la región. Con un gobierno democrático después de una larga dictadura, no asumió los principios de estabilidad macroeconómica como lo hicieron, por ejemplo, Chile, Brasil y Uruguay, y esa actuación resultó muy poco propicia para la inversión exterior” (afirma Cynthia Arnson del Woodrow Wilson Center). “Pero la presidenta sigue en el derrotero trazado, repartiendo subsidios y prebendas, al menos hasta que llegue de nuevo la adversidad”.

El populismo deviene maniqueo y causa estragos en la racionalidad económica. Roberto Feletti, viceministro de Economía y diputado electo, envalentonado por el éxito electoral, acaba de advertir con crudeza que “el populismo no tendrá límites, porque tiene las herramientas para apropiarse de la renta”. “Supongo que se refiere a los decretos presidenciales”- comenta Madridejos. Y el mismo se pregunta, al final de su acertado Observatorio mundial: ¿Qué va a hacer Fernández con un triunfo no por esperado menos inquietante? “Su corolario es el ascenso del justicialismo a la categoría de fuerza hegemónica sin rivales en el Parlamento y en la calle, una verdadera novedad en el abigarrado panorama político, que podría tener enormes consecuencias económicas y sociales”. El reputado analista Mariano Grondona señala: “Todo parece igual pero ya nada es igual desde que Argentina pasó de ser una democracia endeble a una sólida monarquía absoluta, sin contrapesos ni controles de ningún orden.”

 

20-11-2011