Un nuevo país
El Frente para la Victoria (FPV) es el
movimiento que llevó a Cristina
a su primera presidencia de cuatro años
en el 2007 y que acaba de hacerle ganar
la reelección –en primera
vuelta presidencial para un nuevo período
de 2011 al 2015. Tiene una Declaración
de Principios que nos parece enmarcan
con autenticidad el perfil político
de Cristina y la ideología que
viene alentando sus gobiernos, en alianza
con otros partidos y grupos. Está
encabezado por el lema: «Argentina,
convicción y capacidad para construir
un nuevo país». El FPV
parte de lo que denomina una "intolerable"
brecha entre pobres y ricos, y sostiene
"la necesidad vital de profundizar
un proceso de justicia social, que dejando
atrás un pasado que la mayoría
de los argentinos quiere superar, permita
la construcción de un nuevo espacio
de gestión política e institucional
en la República Argentina”.
La Declaración termina explicando
su creación con miras a "imaginar
y construir un nuevo país, para
lo que se requiere convicción y
capacidad para unir los pedazos de una
sociedad fragmentada y la voluntad de
hacerlo, no desde un solo partido político,
sino desde la conformación de un
gran frente nacional que nos devuelva
convertida en Nación a una Argentina
que no puede esperar más".
Primera presidencia
El 28 de octubre de 2007, la candidata
del Frente para la Victoria venció
en las elecciones generales con un 45,29%,
aventajando por más de 22 puntos
a Elisa Carrió (Coalición
Cívica). Se convirtió en
la primera mujer electa para el cargo
de Presidente de la Nación Argentina.
Asumió dicha función el
10 de diciembre. Este su primer gobierno
se caracterizó por una economía
expansiva, una política exterior
más abierta, buena atención
a la Ciencia y Tecnología, a la
Educación, a la política
ambiental, respeto por los derechos humanos
y reemplazó la antigua ley de radiodifusión
-creada por la última dictadura-
con la Nueva Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual, que fue aprobada por sectores
oficialistas y opositores. La política
distributiva que aplicó con mucho
sentido social, ha sido bien comentada
e imitada por otros países. En
efecto, por un decreto de octubre 2009,
la presidenta creó la Asignación
Universal por Hijo, que consiste en una
trasferencia que el Estado hace a los
padres por cada hijo de entre 12 semanas
de gestación y los 18 años.
Los padres deben acreditar estar desocupados
u ocupados en la economía informal.
Esta medida desde el punto de vista de
la distribución de la renta es
progresiva, además posicionó
a Argentina como el país con mejor
seguridad social de Latinoamérica.
Según un informe de 2010 de la
Comisión Económica para
América Latina y el Caribe, la
pobreza se ubicaba apenas en 11,3%, lo
que significaba una reducción de
34,1 puntos porcentuales, ubicándose
como la segunda más baja en América
latina, detrás de Uruguay (10,7%).
La indigencia disminuyó del 7,2%
al 3,8%.
En su mandato, desde 2008 tuvo que lidiar,
sin embargo, con un largo y difícil
conflicto con el sector patronal agropecuario
del país, debido al nuevo sistema
de retenciones móviles a la exportación
que estableció -sujetando su aumento
o disminución a la evolución
de los precios internacionales-, teniendo
que conciliar al final, enviando al Congreso
un proyecto de ley sobre las retenciones
a las exportaciones de granos y las compensaciones
a los pequeños y medianos productores.
Justicialismo
El justicialismo (llamado con frecuencia
peronismo debido a su fundador Perón)
es un fenómeno político
que ha mostrado por años ser resistente
y adaptable a las circunstancias cambiantes.
Es una mezcla eficaz de nacionalismo y
populismo, referente obligado de la historia
política argentina de hoy. Domingo
Perón regresó de manera
tumultuosa y trágica a Buenos Aires
en 1973, para recuperar el poder que había
perdido en 1955, víctima de un
golpe de Estado, y murió en 1974.
Desde entonces el peronismo ha experimentado
varias reencarnaciones contradictorias.
Tras la caída de la dictadura militar
(1976-1983), se identificó con
ideas y prácticas gubernamentales
tan dispares como el liberalismo a ultranza
de Carlos Saúl Menem y el nuevo
izquierdismo interventor y nacionalista
del matrimonio Kirchner.
El justicialismo sigue actuando como un
populismo descarnado que ofrece sus últimos
frutos con la reelección avasalladora
de Cristina Fernández viuda de
Kirchner, de 58 años. Su triunfo
arrollador frente a todos los opositores,
llevó al veterano y liberal diario
La Nación a titular en su portada
“A la presidenta, todo el poder”,
ya que contará con mayoría
absoluta en ambas cámaras del Congreso
(Cámara de los Diputados y Senado).
De los 257 escaños de la Cámara
de Diputados, la presidenta reelecta y
sus satélites tendrán 135.
“Cristina arrasó con el 54
% y el kirchnerismo recuperó el
control del Congreso”, tuvo que
reconocer el diario Clarín, el
de mayor tirada del país y obstinado
opositor sin que de muestras de arrepentimiento.
La aparatosa derrota de la Unión
Cívica Radical (UCR), cuyo candidato,
Ricardo Alfonsín (hijo de expresidente)
quedó en tercer lugar (tan sólo
el 13 % de los sufragios), obligará
a la vieja formación centrista,
adversaria tradicional del peronismo,
a una reflexión en profundidad
para revisar sus numerosos errores y cambiar
de estrategia. Paralelamente, el triunfo
sin precedentes de la presidenta en la
Ciudad de Buenos Aires viene a corroborar
que la tradicional clase media y los sectores
necesitados de la gran metrópoli
fueron seducidos por las dádivas
y las promesas del poder, encarnado ahora
en la que la gente comienza a llamar la
gran “Señora de los descamisados”
y “nueva Evita”. Cristina,
como la llaman los descamisados, batió
todas las marcas de sufragios y adhesión
en las zonas más empobrecidas del
país.
Populismo y política
El análisis de lo que ha ocurrido
en algunos países de Latinoamérica
donde varios regímenes han colapsado
cuando se agota un reparto complaciente
de riqueza al que no corresponde un aumento
correspondiente de producción,
nos lleva a suscribir la conclusión
lúcida de un autorizado estudioso
venezolano: “el populismo ha constituido
la más grave enfermedad política
de América Latina” (Escovar
Salom). Y nos hace temer por el futuro
de gobiernos que funcionan en forma paternalista
y clientelista, que acaban colapsando,
confiados en que los recursos son inagotables,
sin prever eficientemente que haya una
equivalente producción nacional
que los mantenga.
Con
razón observa Mateo Madridejos
(“El observatorio mundial”,
25-10-11) con quien comparto varios enfoques
y precisiones –asumiendo acá
textos suyos- que “el éxito
del llamado Frente de la Victoria se explica,
ante todo, porque la jefa del Estado,
emulando sin desmayo a Eva Duarte, puso
más dinero en los bolsillos de
los pobres y alimentó más
programas sociales que ningún otro
jefe del Estado desde la caída
de Perón en 1955, sin importarle
los peligros de la espiral inflacionista
y de la demagogia. Ya se sabe que los
subsidios aumentan el consumo y la clientela,
pero no la productividad. Las estadísticas
de la pobreza conocen un rápido
declive, lo que explica que los habitantes
de las villas miseria hayan votado en
masa por la nueva “reina y señora
de los descamisados”. El gobierno
asegura que la pobreza disminuyó
del 58% al 8% en los últimos cinco
años (pero otros cálculos
más fidedignos la sitúan
aún en el 21%). Las reformas estructurales,
sin embargo, están por acometer,
de manera que el retroceso de la pobreza
puede resultar un espejismo tan pronto
como apriete la inflación y se
recorten los subsidios. Los barrios de
latas siguen donde estaban y cabe suponer
que volverán a sufrir tan pronto
como se presente una de esas crisis que
periódicamente sacuden al país
y revelan con furia sus lacras institucionales
y sociales”.
“Estamos
bailando felizmente sobre el Titanic”,
aseguró con ironía uno de
los candidatos perdedores, Eduardo Duhalde
(5,6% de los votos), peronista disidente,
ex-presidente y caudillo opositor, quien
advirtió durante la campaña
electoral del despegue imparable de la
inflación y el deterioro de los
ingresos del Estado que se producirán
muy probablemente en 2012. El crecimiento
económico actual de Argentina es
notable (del 8% anual). 2010 y 2011 han
sido dos años económicamente
exitosos, señalados por los altos
precios de la soja y la exportación
a Brasil (su principal socio comercial)
de productos manufacturados, con el telón
de fondo de la recuperación de
todos los países del hemisferio.
Pero según las ponderaciones más
fiables, los precios aumentan a un ritmo
frenético del 24 % anual, la peor
tasa de inflación en América
Latina (si se exceptúa Venezuela),
pero sin maná petrolífero.
El aterrizaje puede ser tan espectacular
como doloroso.
Conclusión
“Argentina es un país atípico
en la región. Con un gobierno democrático
después de una larga dictadura,
no asumió los principios de estabilidad
macroeconómica como lo hicieron,
por ejemplo, Chile, Brasil y Uruguay,
y esa actuación resultó
muy poco propicia para la inversión
exterior” (afirma Cynthia Arnson
del Woodrow Wilson Center). “Pero
la presidenta sigue en el derrotero trazado,
repartiendo subsidios y prebendas, al
menos hasta que llegue de nuevo la adversidad”.
El
populismo deviene maniqueo y causa estragos
en la racionalidad económica. Roberto
Feletti, viceministro de Economía
y diputado electo, envalentonado por el
éxito electoral, acaba de advertir
con crudeza que “el populismo no
tendrá límites, porque tiene
las herramientas para apropiarse de la
renta”. “Supongo que se refiere
a los decretos presidenciales”-
comenta Madridejos. Y el mismo se pregunta,
al final de su acertado Observatorio mundial:
¿Qué va a hacer Fernández
con un triunfo no por esperado menos inquietante?
“Su corolario es el ascenso del
justicialismo a la categoría de
fuerza hegemónica sin rivales en
el Parlamento y en la calle, una verdadera
novedad en el abigarrado panorama político,
que podría tener enormes consecuencias
económicas y sociales”. El
reputado analista Mariano Grondona señala:
“Todo parece igual pero ya nada
es igual desde que Argentina pasó
de ser una democracia endeble a una sólida
monarquía absoluta, sin contrapesos
ni controles de ningún orden.”