TLC Colombia- Estados Unidos (Editorial 76)
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Aprobado por la Cámara de Representantes de Estados Unidos el TLC con Colombia -que venía discutiéndose, desde hace seis años, con renuencias por parte de un sector del Partido Demócrata-, el camino queda abierto para que ambos países lo apliquen, con todos sus efectos económicos, sociales y políticos. Son innegables las ventajas, pero también los grandes riesgos y retos que asume el pequeño David tropical frente al Goliat imperial norteño. Para Colombia no va a ser la ilusión del Mundo feliz de Huxley ni panacea para sus crisis –como lo quisiera imaginar alguna periodista bien intencionada-, pero tampoco es el abyecto arrodillarse de un país pequeño ante la superpotencia norteamericana –como ha querido presentarlo una izquierda agazapada en Colombia. Sencillamente es “el camino correcto” por el que viene recorriendo el país vecino en este siglo con seguridad afianzada, mucho ánimo renovado y mística nacionalista de desarrollo.

 

El llamado "milagro" colombiano

Suele designarse como 'milagro' un acontecimiento extraordinario que se sale de lo común y corriente, algo que aparentemente no parece tener explicación natural convincente. El que Colombia haya salido del atolladero en que estaba hace 9 años, es un hecho que descuella de lo ordinario en países de desarrollo limitado como el suyo. Pero no es 'milagro' porque es el resultado calculado de un diseño bien tomado, que se ha venido aplicando con firmeza y constancia .

 

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Varias realidades se han conjugado que permiten ver el cambio positivo y vertiginoso en que viene empeñado el país vecino. Visitas recientes al país de delegaciones de los más duros congresistas del partido demócrata que se oponían al TLC, se encontraron con una Colombia que no es la realidad que les venían 'vendiendo' fuentes prejuiciadas y miopes, (supuestamente al servicio de intereses sindicalistas), infiltradas por grupos de una izquierda resentida. Un amplio y detallado Informe del prestigioso 'think tank' de pensamiento norteamericano CSIS (Centro de Estudios Estratégicos Internacionales), ha analizado los innegables progresos logrados por el país en los últimos 8 años en ocho áreas vitales y significativas. El estudio internacional del CSIS toma en cuenta que mientras varias naciones latinoamericanas han avanzado en una o más áreas en la década pasada, sin embargo pocas han obtenido tan buenos resultados y en tantos frentes como Colombia, que además enfrenta más circunstancias adversas que otros países. Asimismo 1.000 delegados y 40 ministros de Turismo de 150 países, reunidos en Cartagena para la XVII Asamblea General de la Organización Mundial de Turismo (OMT) órgano de las Naciones Unidas, apreciaron y alabaron la actual evolucionada realidad colombiana. Yo mismo acabo de visitar el país por una semana y alcancé a respirar por doquier la nueva tónica sanamente nacionalista que rodea todavía a su anterior gobernante (Uribe) con un 80% de respaldo, como lo hace también con su actual presidente en la misma proporción (Santos). Son buenos indicadores. Un brillante y autorizado analista internacional, como lo es Moisés Naim, venezolano radicado en Estados Unidos, tras manejar datos y aspectos resaltantes, remata su elogiosa columna “Envidiando a Colombia” con este párrafo: “Los colombianos le han demostrado al mundo que los pueblos pueden revertir tendencias y evitar destinos inaceptables”. De haber sido catalogado como un “Estado fallido”, Colombia comienza a ser, bajo muchos aspectos, un país ejemplo de esperanza. Y el TLC con Estados Unidos lo avala.


¿De qué se trata?

Como parte del proceso de globalización que experimenta la economía mundial, se hace notoria la creciente conjunción de países para la creación de bloques económicos, que permitan el libre intercambio comercial entre sus barreras fronterizas. América latina desde hace varios años ha establecido diferentes tratados entre sus naciones, podemos nombrar algunos de ellos como el ALCA, el Nafta , el pacto Andino (golpeado de muerte por el retiro inconsulto de Venezuela), Mercosur. Pero sin duda alguna el que representa mayor importancia, por tener un gran impacto en nuestras economías, es el Tratado de Libre Comercio (TLC), negociado entre Estados Unidos y otros países latinoamericanos como Chile, México, Centroamérica, Perú, Panamá y ahora Colombia.

Un tratado de libre comercio significa tratar de eliminar los obstáculos y barreras al intercambio comercial entre países que acuerdan mejores condiciones de acceso para sus productos. Esto implica no sólo la eliminación o reducción de aranceles, que es un impuesto a la importación que se paga cuando un bien ingresa al país, sino también tratar de acabar con las barreras técnicas, legales y aun culturales que impiden el oportuno acceso de los bienes y personas.

Aspectos favorables y críticas

* Los partidarios del Tratado subrayan los siguientes efectos positivos.

Un acceso sin aranceles a los Estados Unidos para casi el 100 por ciento de la oferta industrial colombiana exportable, lo cual debe no solo mantener el empleo actual en el sector sino generar nuevas plazas.

La generación de estabilidad jurídica para los inversionistas y el posicionamiento como una plataforma de entrada a los EUA para los empresarios (lo cual se debe traducir en mayor inversión nacional y extranjera en la nación, aunque en un monto difícil de cuantificar con exactitud).

El aporte de algunos puntos porcentuales al crecimiento económico; la cifra de este aporte también permanece sin consenso.

El crecimiento del volumen de comercio internacional del país que puede llegar a triplicarse, tanto en exportaciones como en importaciones, que subsanará la drástica disminución de la relación comercial con Venezuela, decretada unilateralmente por el gobierno de Chávez, cuando ya iba alcanzando un nivel de 8.000 US millones al año.

La mejora aún más de la percepción internacional que se tiene actualmente de Colombia en el exterior, lo cual debe reducir todavía más el riesgo-país y el costo de endeudarse en el exterior.

El acceso (en una proporción difícil de precisar) de las empresas colombianas a las compras del sector publico estadounidense.

El fortalecimiento de los controles a la biopiratería, lo cual debe mejorar la protección de la biodiversidad colombiana (uno de sus mejores recursos naturales a nivel mundial).

El acceso a capacitación, asistencia técnica y transferencia de tecnología, en unos cuantos ámbitos, en el marco de los proyectos de cooperación internacional pactados en el TLC (esto debe hacer a las empresas beneficiadas más competitivas y productivas).

El facilitar (en alguna medida) el acceso de algunos profesionales colombianos a los Estados Unidos con el fin de prestar servicios.

Y se podría inclinar aún más la balanza a favor de Colombia alcanzando varios objetivos como: la homologación de títulos colombianos en los Estados Unidos, el pactar normas de origen aún más flexibles para exportadores colombianos, el ampliar el monto total del fondo de capital de riesgo que se va a crear, y (tal vez el más importante de todos) la creación de un comité bilateral permanente con carácter decisorio que brindaría un acceso real a exportaciones colombianas agrícolas, de forma que Colombia podría explotar intensivamente sus ventajas comparativas –los recursos naturales y su biodiversidad- y crear ventajas competitivas sostenibles en el tiempo, que irriguen empleo y riqueza en toda la nación colombiana.

** Efectos negativos.
Los críticos en Colombia contra el TLC argumentan -en general- que en el balance neto, Colombia seguiría obteniendo una mínima ganancia, muy lejos de la que se esperaba al iniciar este proceso hace seis años. Porque el acuerdo es entre el jinete y la bestia que aquel monta como dueño de años atrás.

La distribución de ventajas del TLC es desigual. El mismo gobierno ha asumido oficialmente que habrá ganadores y afectados cuando este tratado entre en vigor. Diferentes sindicatos han expresado su rechazo al acuerdo por considerarlo perjudicial para la economía nacional, principalmente en los aspectos agrícolas y de propiedad intelectual. Entre los sectores agrícolas más perjudicados estarían el arroz, el trigo, el maíz, el azúcar, la avicultura, la ganadería vacuna y la porcicultura.

Los retos

En noviembre de 2006, los demócratas lograron las mayorías en ambas cámaras de Estados Unidos y el TLC con Colombia quedó bloqueado. La “agenda interna” diseñada por Colombia en tal año -que era una lista de tareas consideradas básicas para que los sectores público y privado pudieran ser más competitivos y afrontar los retos del tratado- se había archivado. Ahora Colombia tiene que reactivarla contra reloj. Se deben hacer nuevos estudios de impacto; identificar los renglones prioritarios de exportación -relacionados, entre otros, con nuevos productos-; abrir nuevos corredores viales y mejorar los existentes, ampliar y modernizar los puertos, mejorar la institucionalidad. El solo atender bien a innovación, ciencia y tecnología es tarea gigante y prioritaria. Este es un tema fundamental para la competitividad en todos los sectores, pero especialmente en el agropecuario, pues el país tiene que ampliar la frontera agrícola si quiere sacarles jugo a los tratados que viene firmando. Y en este punto sí que hay que poner el acelerador.

Proexport tiene un reto muy grande. Como dice el director de Planeación Nacional "hay que pisar el acelerador en promoción focalizada", porque Estados Unidos es un mercado tan grande que puede absorber cualquier cantidad de productos. "Los industriales tienen que focalizarse para ver qué regiones quieren atacar".

Se necesita una aduana de lujo y modernizada para atender efectivamente los nuevos contingentes de bienes y servicios que van a negociarse.

Entre otras cosas, Colombia tiene también que alistarse para hacer efectivos los instrumentos de protección, en particular la salvaguardia agropecuaria en carne de bovino, avicultura, arroz y fríjol, contra desviaciones que se puedan generar en el comercio binacional. La verdad es que de nada sirve tener acuerdos si no se pueden aprovechar porque las barreras no arancelarias de tipo sanitario y fitosanitario pueden impedir el acceso. Un ejemplo es lo que ya está sucediendo con el TLC con Canadá, que entró en vigencia el pasado 15 de agosto 2011. Aunque Colombia negoció bien el tema de la carne de bovino, y desde ese día tiene libre acceso a ese mercado, no ha exportado nada, porque Canadá no ha reconocido el estatus de Colombia como país libre de aftosa con vacunación, mientras que Colombia sí se lo reconoció a ese país. Solo ahora el ICA le va a pedir a Canadá que reconozca el estatus sanitario. Fedegán (Federación Nacional de Ganadería) alega que el sector privado ha invertido más de 500 millones de dólares para facilitar la exportación y que de nada sirven los acuerdos que le dan ingreso si finalmente, cuando llegan a la fiesta, no les permiten entrar.

El ICA y el INVIMA son las dos entidades oficiales más importantes que tiene Colombia para reforzar los mecanismos sanitarios y de inocuidad (que los alimentos no vayan a causar daño); funcionan bien pero a paso lento o media marcha. Tienen que acelerar la modernización de sus laboratorios y mejorar la capacidad administrativa y técnica.

Se calcula que el Tratado entrará en vigencia a finales de 2012. Es decir, al país le queda apenas un año para acelerar las tareas que permitan que sectores y regiones sean más competitivos. A primera vista, la prioridad es la infraestructura. La infraestructura es la tarea más atrasada que tiene el país, pero las necesidades son muchas en diversas áreas. Lo cierto es que el TLC con Estados Unidos ya es una realidad, y ahora lo que sigue para Colombia es prepararse para hacerle frente y sacarle el mejor partido.

Conclusión

Ya es hora de que el mundo vea la otra cara de Colombia. Inevitablemente el tratado es imperfecto y no es un cúralo todo, como no lo son el proceso de desarrollo integral y de paz. Pero es mejor que no tener tratado ni proceso de desarrollo y paz.

16-10-11