Varias
realidades se han conjugado que permiten
ver el cambio positivo y vertiginoso en
que viene empeñado el país
vecino. Visitas recientes al país
de delegaciones de los más duros
congresistas del partido demócrata
que se oponían al TLC, se encontraron
con una Colombia que no es la realidad
que les venían 'vendiendo' fuentes
prejuiciadas y miopes, (supuestamente
al servicio de intereses sindicalistas),
infiltradas por grupos de una izquierda
resentida. Un amplio y detallado Informe
del prestigioso 'think tank' de pensamiento
norteamericano CSIS (Centro de Estudios
Estratégicos Internacionales),
ha analizado los innegables progresos
logrados por el país en los últimos
8 años en ocho áreas vitales
y significativas. El estudio internacional
del CSIS toma en cuenta que mientras varias
naciones latinoamericanas han avanzado
en una o más áreas en la
década pasada, sin embargo pocas
han obtenido tan buenos resultados y en
tantos frentes como Colombia, que además
enfrenta más circunstancias adversas
que otros países. Asimismo 1.000
delegados y 40 ministros de Turismo de
150 países, reunidos en Cartagena
para la XVII Asamblea General de la Organización
Mundial de Turismo (OMT) órgano
de las Naciones Unidas, apreciaron y alabaron
la actual evolucionada realidad colombiana.
Yo mismo acabo de visitar el país
por una semana y alcancé a respirar
por doquier la nueva tónica sanamente
nacionalista que rodea todavía
a su anterior gobernante (Uribe) con un
80% de respaldo, como lo hace también
con su actual presidente en la misma proporción
(Santos). Son buenos indicadores. Un brillante
y autorizado analista internacional, como
lo es Moisés Naim, venezolano radicado
en Estados Unidos, tras manejar datos
y aspectos resaltantes, remata su elogiosa
columna “Envidiando a Colombia”
con este párrafo: “Los colombianos
le han demostrado al mundo que los pueblos
pueden revertir tendencias y evitar destinos
inaceptables”. De haber sido catalogado
como un “Estado fallido”,
Colombia comienza a ser, bajo muchos aspectos,
un país ejemplo de esperanza. Y
el TLC con Estados Unidos lo avala.
¿De qué se trata?
Como parte del proceso de globalización
que experimenta la economía mundial,
se hace notoria la creciente conjunción
de países para la creación
de bloques económicos, que permitan
el libre intercambio comercial entre sus
barreras fronterizas. América latina
desde hace varios años ha establecido
diferentes tratados entre sus naciones,
podemos nombrar algunos de ellos como
el ALCA, el Nafta , el pacto Andino (golpeado
de muerte por el retiro inconsulto de
Venezuela), Mercosur. Pero sin duda alguna
el que representa mayor importancia, por
tener un gran impacto en nuestras economías,
es el Tratado de Libre Comercio (TLC),
negociado entre Estados Unidos y otros
países latinoamericanos como Chile,
México, Centroamérica, Perú,
Panamá y ahora Colombia.
Un tratado de libre comercio significa
tratar de eliminar los obstáculos
y barreras al intercambio comercial entre
países que acuerdan mejores condiciones
de acceso para sus productos. Esto implica
no sólo la eliminación o
reducción de aranceles, que es
un impuesto a la importación que
se paga cuando un bien ingresa al país,
sino también tratar de acabar con
las barreras técnicas, legales
y aun culturales que impiden el oportuno
acceso de los bienes y personas.
Aspectos favorables y críticas
* Los partidarios del Tratado subrayan
los siguientes efectos positivos.
Un
acceso sin aranceles a los Estados Unidos
para casi el 100 por ciento de la oferta
industrial colombiana exportable, lo cual
debe no solo mantener el empleo actual
en el sector sino generar nuevas plazas.
La generación de estabilidad jurídica
para los inversionistas y el posicionamiento
como una plataforma de entrada a los EUA
para los empresarios (lo cual se debe
traducir en mayor inversión nacional
y extranjera en la nación, aunque
en un monto difícil de cuantificar
con exactitud).
El aporte de algunos puntos porcentuales
al crecimiento económico; la cifra
de este aporte también permanece
sin consenso.
El crecimiento del volumen de comercio
internacional del país que puede
llegar a triplicarse, tanto en exportaciones
como en importaciones, que subsanará
la drástica disminución
de la relación comercial con Venezuela,
decretada unilateralmente por el gobierno
de Chávez, cuando ya iba alcanzando
un nivel de 8.000 US millones al año.
La mejora aún más de la
percepción internacional que se
tiene actualmente de Colombia en el exterior,
lo cual debe reducir todavía más
el riesgo-país y el costo de endeudarse
en el exterior.
El acceso (en una proporción difícil
de precisar) de las empresas colombianas
a las compras del sector publico estadounidense.
El fortalecimiento de los controles a
la biopiratería, lo cual debe mejorar
la protección de la biodiversidad
colombiana (uno de sus mejores recursos
naturales a nivel mundial).
El acceso a capacitación, asistencia
técnica y transferencia de tecnología,
en unos cuantos ámbitos, en el
marco de los proyectos de cooperación
internacional pactados en el TLC (esto
debe hacer a las empresas beneficiadas
más competitivas y productivas).
El facilitar (en alguna medida) el acceso
de algunos profesionales colombianos a
los Estados Unidos con el fin de prestar
servicios.
Y se podría inclinar aún
más la balanza a favor de Colombia
alcanzando varios objetivos como: la homologación
de títulos colombianos en los Estados
Unidos, el pactar normas de origen aún
más flexibles para exportadores
colombianos, el ampliar el monto total
del fondo de capital de riesgo que se
va a crear, y (tal vez el más importante
de todos) la creación de un comité
bilateral permanente con carácter
decisorio que brindaría un acceso
real a exportaciones colombianas agrícolas,
de forma que Colombia podría explotar
intensivamente sus ventajas comparativas
–los recursos naturales y su biodiversidad-
y crear ventajas competitivas sostenibles
en el tiempo, que irriguen empleo y riqueza
en toda la nación colombiana.
**
Efectos negativos.
Los críticos en Colombia contra
el TLC argumentan -en general- que en
el balance neto, Colombia seguiría
obteniendo una mínima ganancia,
muy lejos de la que se esperaba al iniciar
este proceso hace seis años. Porque
el acuerdo es entre el jinete y la bestia
que aquel monta como dueño de años
atrás.
La distribución de ventajas del
TLC es desigual. El mismo gobierno ha
asumido oficialmente que habrá
ganadores y afectados cuando este tratado
entre en vigor. Diferentes sindicatos
han expresado su rechazo al acuerdo por
considerarlo perjudicial para la economía
nacional, principalmente en los aspectos
agrícolas y de propiedad intelectual.
Entre los sectores agrícolas más
perjudicados estarían el arroz,
el trigo, el maíz, el azúcar,
la avicultura, la ganadería vacuna
y la porcicultura.
Los
retos
En noviembre de 2006, los demócratas
lograron las mayorías en ambas
cámaras de Estados Unidos y el
TLC con Colombia quedó bloqueado.
La “agenda interna” diseñada
por Colombia en tal año -que era
una lista de tareas consideradas básicas
para que los sectores público y
privado pudieran ser más competitivos
y afrontar los retos del tratado- se había
archivado. Ahora Colombia tiene que reactivarla
contra reloj. Se deben hacer nuevos estudios
de impacto; identificar los renglones
prioritarios de exportación -relacionados,
entre otros, con nuevos productos-; abrir
nuevos corredores viales y mejorar los
existentes, ampliar y modernizar los puertos,
mejorar la institucionalidad. El solo
atender bien a innovación, ciencia
y tecnología es tarea gigante y
prioritaria. Este es un tema fundamental
para la competitividad en todos los sectores,
pero especialmente en el agropecuario,
pues el país tiene que ampliar
la frontera agrícola si quiere
sacarles jugo a los tratados que viene
firmando. Y en este punto sí que
hay que poner el acelerador.
Proexport
tiene un reto muy grande. Como dice el
director de Planeación Nacional
"hay que pisar el acelerador en promoción
focalizada", porque Estados Unidos
es un mercado tan grande que puede absorber
cualquier cantidad de productos. "Los
industriales tienen que focalizarse para
ver qué regiones quieren atacar".
Se necesita una aduana de lujo y modernizada
para atender efectivamente los nuevos
contingentes de bienes y servicios que
van a negociarse.
Entre otras cosas, Colombia tiene también
que alistarse para hacer efectivos los
instrumentos de protección, en
particular la salvaguardia agropecuaria
en carne de bovino, avicultura, arroz
y fríjol, contra desviaciones que
se puedan generar en el comercio binacional.
La verdad es que de nada sirve tener acuerdos
si no se pueden aprovechar porque las
barreras no arancelarias de tipo sanitario
y fitosanitario pueden impedir el acceso.
Un ejemplo es lo que ya está sucediendo
con el TLC con Canadá, que entró
en vigencia el pasado 15 de agosto 2011.
Aunque Colombia negoció bien el
tema de la carne de bovino, y desde ese
día tiene libre acceso a ese mercado,
no ha exportado nada, porque Canadá
no ha reconocido el estatus de Colombia
como país libre de aftosa con vacunación,
mientras que Colombia sí se lo
reconoció a ese país. Solo
ahora el ICA le va a pedir a Canadá
que reconozca el estatus sanitario. Fedegán
(Federación Nacional de Ganadería)
alega que el sector privado ha invertido
más de 500 millones de dólares
para facilitar la exportación y
que de nada sirven los acuerdos que le
dan ingreso si finalmente, cuando llegan
a la fiesta, no les permiten entrar.
El ICA y el INVIMA son las dos entidades
oficiales más importantes que tiene
Colombia para reforzar los mecanismos
sanitarios y de inocuidad (que los alimentos
no vayan a causar daño); funcionan
bien pero a paso lento o media marcha.
Tienen que acelerar la modernización
de sus laboratorios y mejorar la capacidad
administrativa y técnica.
Se calcula que el Tratado entrará
en vigencia a finales de 2012. Es decir,
al país le queda apenas un año
para acelerar las tareas que permitan
que sectores y regiones sean más
competitivos. A primera vista, la prioridad
es la infraestructura. La infraestructura
es la tarea más atrasada que tiene
el país, pero las necesidades son
muchas en diversas áreas. Lo cierto
es que el TLC con Estados Unidos ya es
una realidad, y ahora lo que sigue para
Colombia es prepararse para hacerle frente
y sacarle el mejor partido.
Conclusión
Ya es hora de que el mundo vea la otra
cara de Colombia. Inevitablemente el tratado
es imperfecto y no es un cúralo
todo, como no lo son el proceso de desarrollo
integral y de paz. Pero es mejor que no
tener tratado ni proceso de desarrollo
y paz.
16-10-11