Es
acertada la observación consignada
por Francisco Herrera Luque en su libro
"Los cuatro reyes de la baraja":
"Los individuos egregios, llámense
líderes, profetas o gobernantes
pueden al igual que enzimas acelerar,
congelar o degradar los procesos sociales.
Los gobernantes, como parecen señalarlo
los hechos no son, pues, puros efectores
inertes del medio social que los contiene.
Así como pueden frenarlo, desvirtuarlo
y retrogradarlo; pueden señalarle
otros derroteros e iluminarlo con su acción
y con su prestancia, poniendo en marcha
fórmulas nuevas en el quehacer
social". El caso de Vladimir Putin,
Presidente de Rusia, tras su regreso al
poder -gracias a una ingeniosa alternancia
con su Primer Ministro Medvédev-
es interesante y aleccionador.
1.
Desempeño de Putin
Tras
el derrumbe de la Unión Soviética
(1989), viene un gobierno débil
de transición encabezado por Boris
Yeltsin, que se caracterizó por
abrir indiscriminadamente las puertas
a un capitalismo salvaje, bien aprovechado
por las mafias, y con cierto servilismo
hizo estrechas alianzas con Estados Unidos.
En dicha coyuntura, surge la figura joven
por entonces (47 años) de Vladimir
Putin, procedente de la otrora poderosa
KGB, quien durante dos sucesivos períodos
de elección popular, obtuvo avances
positivos. Entre ellos:
1) Logró movilizar ampliamente
la opinión rusa hacia un proyecto
incitativo de recuperación económica
y nacional, basado en la confianza de
lo que puede el país.
2) Reforzó el papel regulador del
Estado. Atacó frontalmente la criminalidad
y sobre todo aquellas zonas grises que
caracterizaban las relaciones entre los
medios financieros y políticos.
Lo cual favoreció la inversión.
3) Puso énfasis en la redistribución
de riquezas, en cerrar la brecha entre
los nuevos ricos y los nuevos pobres.
A lo que ha ayudado el aumento de los
recaudos fiscales y los altos ingresos
por su exportación de petróleo
y gas.
4) Propició un regreso al orden
y la estabilidad institucional.
5) Y en política exterior, fue
notable el dinamismo personal que puso,
con realismo y moderación, en crear
alianzas con las potencias emergentes
y recuperar poco a poco un papel honorable
y decisorio en la escena internacional.
2.
Alternación en el poder
Tras
sus dos gobiernos anteriores, el presidente
Putin no podía reelegirse en el 2008 porque
se lo impedía la Carta Magna (la Constitución
de su país), con leyes vigentes desde
el año 2000. Es entonces cuando aparece
en escena Medvédev, un personaje ajeno
a los partidos y a los servicios secretos
pero de gran cercanía con el mandatario,
para quien desempeñó cargos importantes
durante sus dos administraciones (2000-2004
y 2004-2008). Putin manejó los hilos para
que su primer Ministro quedara elegido
presidente por cuatro años, designara
a Putin primer Ministro y después apoyara
su elección como Presidente de nuevo.
Y así ha ocurrido. Fue todo un ingenioso
enrroque político (torre por rey y vuelta
atrás) titulado "farsa en Moscú" [El País
de Madrid 26-09-11]. Medvéded actuaba
como el Robin de Putin -quien cumplía
el rol de Batman- y aquel usaba su capucha
cuando su mentor se encontrara imposibilitado
o casi desaparecido, como lo fue por cuatro
años. "Nadie en esta vida nos puede tumbar
del caballo. No he perdido la voz de mando",
exclamó Putin -con plena confianza en
su habilidad y experiencia anterior- al
aceptar la postulación que el 24 de septiembre
de 2011 hizo de su nombre Medvéded para
que volviera de Presidente el 2012.
3.
La nueva era de Putin
Putin
elegido de nuevo presidente el 4 de marzo
de 2012 y juramentado ante la Duma el
7 de mayo, tras su "ocio activo"
de reflexión, ampliación
de cultura y deportes, ha regresado claramente
rejuvenecido y en condiciones atléticas
de que ha hecho ostentación en
los medios, lo que ha irritado a sus opositores
pero creado confianza en sus seguidores.
Lo anima un vago sentido de misión
como es la de intentar modernizar a Rusia
a toda costa y hacer de ella, otra vez,
una gran potencia mundial con la que todos
los países deban contar y si fuera
posible también temer. Tiene como
meta la modernización de Rusia
y la recuperación de liderazgo
regional y mundial. "Rusia debe ser
el líder y centro de atracción
del continente euroasiático"(07-05-12).
El francés Jean Radvanyi -siguiendo
a los historiadores Hill y Gaddy- define
a Putin como "un hombre apasionado
por entrar en la historia, quien viene
buscando restablecer el dinamismo de su
país", con la añoranza
de volver a llevar a Rusia a ser la antigua
potencia ["Façade en Russie",
Maniére de voir, Paris No. 127,
2013, pp.13-16]. El mismo analista señala
allí que Putin parece seguir los
pasos y el estilo de su modelo Piotr Stolypine,
ministro de Nicolás II, "célebre
por dos cosas: por haber reprimido el
movimiento revolucionario de 1905 y por
haber sido el promotor de importantes
reformas inconclusas". Su famosa
consigna ante la Duma en 1907 fue: "Señores,
no necesitamos grandes cambios, sino una
gran Rusia".
En consecuencia, su proyecto bandera de
modernización es Skólkovo
que quisiera fuera como el famoso Silicon
Valley de los Estados Unidos.
Aunque no se puede hablar de crisis económica,
no puede negarse que hay un decrecimiento
económico (confirmado por el descenso
del PIB en 2012) y que la economía
requiere más dinamismo. Para lo
cual cuenta con un buen paquete de medidas
económicas correctivas y el alto
ingreso por las gigantescas exportaciones
de petróleo y gas a pesar de la
recesión mundial.
La realidad más difícil
de enfrentar y “la más escandalosa
–a juicio de la comentarista Pilar
Bonet [“el monopolio del Kremlin”,
El País, 26-09-2011]- es el enquistamiento
en el poder de una élite procedente
en gran parte de los servicios de Seguridad,
que cada vez está más endiosada
y más alejada de los problemas
del ciudadano. El sistema se caracteriza
por una fenomenal corrupción [..]
De momento, no hay indicios de que vayan
a corregirse los vicios del sistema ni
los apetitos de la clase dirigente. Las
primeras promesas del candidato a presidente
son más populistas que innovadoras.
Entre ellas, subidas de sueldo y de pensiones,
una posible mayor carga fiscal para los
ricos y un crecimiento económico
anual del 6% al 7%”.
Putin promete, mano fuerte contra el terrorismo
("Rusia no negocia con terroristas,
los aniquila"). Y quiso prevenir
cualquier aventura separatista utilizando
la debilidad de la primera Ministra de
Ucrania, Yulia Timoschenko [El País,
05-03-13]..
Está asimismo tratando de evitar
que la oposición fragmentada se
unifique y se convierta en tormentosa
-a través de protesta populares
o de "indignados", como endemia
que se viene propagando desde otros países
emergentes-. Busca nuevos caminos para
una gobernanza más eficaz que dé
respuesta a necesidades y reclamos expresados
por la población rusa. Planea una
conducción más activa de
la política social (mayores pensiones
y jubilaciones, salarios más altos
para ciertas categorías como los
maestros y los trabajadores de la salud),
la subvención de las industrias
tradicionales estatales y de las nuevas
en exitosa competencia con las extranjeras.
Y está aceitando los vínculos
personales y formales con quienes detentan
mecanismos de poder en sectores como el
ejército y personal de seguridad,
el complejo militar-industrial, explotación
y comercialización del petróleo
y gas, la agroindustria y las grandes
infraestructuras de transporte.
Se está esmerando en el manejo
de dos factores clave del sistema como
son los bancos y los principales medios
de comunicación. Para todos ellos
viene enfatizando que hay que superar
en Rusia tanto el miedo al cambio como
el miedo a las agresiones externas.
Si logra todo ello, ya hay voces que advierten
con anticipación (New Times, Moscou,
31 october 2011) el peligro de la desmesura
de poder que el presidente Putin podría
llegar a amasar en sus manos si pudiera
hacerse al control de tales factores durante
otros dos períodos de mandato.
Conclusión
De
todos modos, tanto para el presidente
Putin como para otros (Obama en EUA, Santos
en Colombia, Roussef en Brasil, Ollanta
en Perú, Peña en Méjico)
persiste el difícil reto de conciliar
en la práctica dos reclamos -sin
sacrificar ninguno de los dos extremos-
a saber: la debida legitimidad democrática
(gobierno del pueblo) y la efectiva gobernabilidad
(para el pueblo).
"No basta dar pasos que algún
día pueden llegar a la meta, sino
que cada paso debe ser una meta, sin dejar
de ser un paso"(Goethe).
03-09-13