Juan Pablo IIo en la gran Liga mundial de la santidad (Editorial 132)
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El pasado 5 de julio en el esplendente cielo del Vaticano se cruzaron simultáneamente las órbitas de cuatro Papas que han sido "estrellas" en los últimos 60 años. Juan XXIII (El Papa Bueno), quien en avanzada edad 'revolucionó' sin embargo la Iglesia convocando el Concilio Ecuménico Vaticano II0. Juan Pablo II0 el rutilante Pontífice por 29 años, de quien se anunció su próxima canonización. Benedicto XVI quien hace poco renunció al cargo rompiendo una tradición de 5 siglos. Y el actual Papa latinoamericano Francisco, humilde y práctico, con modernas perspectivas pastorales, quien tiene ahora la batuta y habló de su primera encíclica sobre el amor de pareja y la familia, que acababa de escribir a cuatro manos con su predecesor que estaba presente.

Virtudes ejemplares para el mundo

Conciente de que nuestro siglo está inundado de toda clase de pecados y vicios -en medio de una difundida mentalidad atea y de indiferencia religiosa- y a pesar de que la misma Iglesia se ha visto afectada de escándalos mundiales en su seno (manejos inescrupulosos de su banca vaticana la IOR, intrigas por el poder en su Curia romana, escándalos de casos de pederastia en ministros sagrados) el Papa Francisco ha enarbolado la bandera de la santidad cristiana -mostrándola atrayente y posible de realizar en cualquier estado de vida, a través de dos modelos recientes de virtud eximia que serán expuestos a consideración pública mundial a través de los medios, con ocasión de la próxima canonización simultánea o ascenso a los altares de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II0.

En el siglo IV a.C. ya Platón en sus Diálogos y Aristóteles en su Ética inculcan tanto para individuos como para colectividades la práctica de virtudes humanas naturales como el "coraje", la "justicia", la "temperancia", la "prudencia". Y discuten en diálogo con el maestro Socrates si dichas virtudes se adquieren por enseñanza o por simple práctica o se nace con ellas. Virtudes morales que Hobbes las fundamenta como derivadas de la misma Ley natural y Spinoza da un paso adelante asentándolas sobre el conocimiento de Dios y precisando que ellas deben conducir a la humanidad a la ""felicidad", al "summum bonum". Algo que Kant no acepta, pues piensa que la felicidad no puede ser la búsqueda directa que el ser humano haga de ella sino que él debe hacerse digno de ella mediante el cumplimiento de su "deber". "La fuerza moral de la voluntad de una persona es su obediencia al deber". El mismo Maquiavelo llega a afirmar que "un gobierno republicano no puede existir sin virtud". En el fondo para todos los filósofos morales el espinoso sentido de la virtud y el pecado, de la distinción entre buena conducta y el comportamiento vicioso o mal hábito termina recayendo en el eterno problema del bien y del mal respecto del ser humano y su destino. Agustín de Hipona y Tomás de Aquino añaden a las virtudes humanas naturales las tres virtudes llamadas teologales ("por la gracia de Dios"), que incluyen a aquellas sin desprecio alguno y son expresamente la Fe, la Esperanza, la Caridad. Éstas Suponen la práctica de las virtudes humanas naturales, pero son todavía más exigentes que ellas para quienes se eprofesan creyentes en Cristo. El conjunto de todas ellas constituye el modelo llamado "santidad" cristiana. La autoridad moral y doctrinal de la Iglesia en su larga historia de 20 siglos -ha venido diseñando el modelo apropiado de un "ethos" cristiano para cada época y cultura. Y ha venido tratando de construirlo laboriosamente como un edificio siempre en construcción y adecuación, con sus éxitos y frecuentes recaídas, sus avances y retrocesos manifiestos- pero sin desistir de la empresa que le encomendó su Fundador con su exigente Evangelio.
Lo anterior explica por qué la Iglesia, y en concreto su vocero el Papa Francisco ha considerado oportuno invitar a sus fieles cristianos y en general a la opinión pública de un mundo que ha perdido tanto el sentido de la virtud y el pecado, del bien y del mal -tanto en lo individual como en lo colectivo- a proponer el mismo día dos modelos de "santidad" cuyos rasgos -en su conducta personal y en su desempeño público- pudieron ser apreciados y juzgados desde lo más encumbrado de sus cargos, especialmente en el caso del Papa viajero Juan-Pablo IIo. Y no se trata simplemente de desviar la atención de lugares incómodos para la Iglesia hoy -según el malintencionado análisis de un periodista- sino de enfocar precisamente la atención del gran público mundial hacia los grandes "valores" morales y sociales tan necesatrios para el mundo hoy y que ella sigue alimentando, gerenciando como puede.

El santo Juan-Pablo IIo para la Iglesia

En sus 27 años de pontificado rompió todos los moldes. Representó bien a los dos pilares sobre los que reposa la Iglesia: Pedro con la firmeza de su fe y Pablo con el dinamismo de su evangelización. Fue un Papa todo corazón y todo cabeza. Tuvo la solidez, la terquedad, la fidelidad inconmovible de quien fue llamado Cefas, Roca, Pedro. Y mostró ser ser un yunque capaz de amolar muchas hoces y muchos martillos (los del comunismo totalitario, los del capitalismo salvaje, los de pisoteadores de derechos humanos). Y tuvo el arrojo, la valentía, el corazón grande, el carisma de ese gigante misionero que fue Pablo de Tarso. Fue una gaviota de alas ligeras capaz de sobrevolar países, regímenes, razas e ideologías -llevando su mensaje salvador del Evangelio y aplicándolo a las condiciones imperantes socio-económicas y políticas a través de sus tres grandes encíclicas: Sobre el trabajo (1981), Preocupación por lo social (1988) y La Centesimus annus (1991).


El poder moral de Juan-Pablo II para el mundo

Juan Pablo IIº encarnó por 27 años un formidable poder moral con sentido de servicio, no sólo para los católicos sino para creyentes de todas las religiones y para todo el mundo. El Papa Wojtyla supo ofrecer a propios y extraños una Verdad sólida, íntegra y fiel al Evangelio (una Verdad siempre austera y exigente), a través de una Personalidad muy suya (juvenil, amable, cordial e impactante). Juan Pablo IIº fue –en el buen sentido de la palabra– un Papa Super Estrella. En forma influyente y arriesgada estuvo super-expuesto públicamente y pasó la prueba internacionalmente. No es solamente la sobre-exposición, a la que tienen que someterse los personajes públicos y que los convierte, con frecuencia, en blanco apetecido por toda clase de fanáticos políticos, fundamentalistas y talibanes. De hecho, Juan Pablo IIº, sufrió un atentado a bala, el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro, a manos del sicario Agca detrás del cual estaba la autoría intelectual de la KGB soviética. Bill Cosby, uno de los entretenedores más cotizados de la TV norteamericana, precisó lo que él entiende por el riesgo de la exposición pública exagerada (over-exposure). "La medida de la sobre-exposición no es cuántas veces la gente lo vea a uno en TV, en películas o en las librerías. El asunto es si Usted puede mantener la calidad de su presentación. Si Usted la puede mantener, entonces la gente estará siempre contenta de verlo". Esto podemos afirmar sucedió con el santo Juan Pablo IIº en su largo pontificado de sobre-exposición. Supo mantener la calidad de su presentación, sin defraudar un momento a sus correligionarios, a sus amigos y admiradores de todas las culturas y lenguas.

El incansable viajero de la Paz para todos

Peregrino incansable, en el desempeño de su misión espiritual y pastoral, el Papa Wojtyla desafió riesgos humanos, políticos y diplomáticos que otros Jefes de Estado calculan con más consideración. No tuvo reparo en meterse por dos veces en Polonia, cuando estaba controlada férreamente por un régimen comunista. El apoteósico viaje a su tierra en junio de 1979, visitando el santuario de la Virgen de Czestochowa, el campo de concentración nazi de Auszchwitz y su
encuentro franco con las autoridades polacas, se considera hoy después de 35 años, que fue la piedra desgajada de lo alto del monte que se convirtió en alud y pesó mucho en el desmoronamiento de los totalitarismos comunistas–ateos de Europa del Este y del imperio soviético a partir de 1989. Fue de enorme riesgo el viaje que hizo a Argentina (junio 1982), cuando los militares habían desatado la guerra de las Malvinas, a la semana siguiente de visitar Inglaterra. Cuando el régimen sandinista en Nicaragua aumentaba su hostilidad contra la Iglesia (marzo 1983), no tuvo inconveniente en estar en Managua y celebrar allí, al aire libre, una Misa enarbolando el crucifijo de su bordón y callando con voz de mando a los esbirros gritones del régimen, para que quedara constancia que la suya era una Misa católica y no un rito sandinista más. Un delicado carácter ecumenista tuvieron varios de sus viajes. El emprendido a Turquía (noviembre 1979), con un Islam en ebullición y su encuentro con los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Oriental. Su viaje a Inglaterra (mayo 1982), después de 450 años de la ruptura del Rey Enrique VIII con el Papa de Roma. Allí tuvo una celebración ecuménica en la catedral de Canturbery, santuario del Anglicanismo, en compañía del Dr. Runcie, Primado anglicano. Su viaje a Suiza donde sostuvo un encuentro con representantes de 300 iglesias cristianas de 105 países. El afianzamiento de la paz en elmundo, con todos sus riesgos, fue la misión que se impuso de manera particular en los viajes realizados a Irlanda (setiembre 1979 ), a la ONU (octubre 1979, octubre 1995), a Hiroshima (febrero 1981), a Inglaterra y Argentina (1982), a Centroamérica (marzo 1983), a Colombia (julio 1986), a Croacia (setiembre 1994) y Eslovenia (junio 1995). Fue enorme el riesgo político que asumió en suvisita a un territorio tan convulsionado y disputado como es el conformado por los actuales Jordania, Autonomía Palestina, Israel y Líbano. Aventuras calculadas fueron sus viajes al corazón de comunidades hindúes, orientales y africanas, donde el catolicismo que él representaba era apenas una pequeña y exótica flor que se aferra al tronco gigantesco y multisecular de grandes religiones y cultos muy diversos de la humanidad.

Un santo difícil de imitar

No solo por el altísimo cargo que desempeñó por tantos años sino por el carácter heróico de sus múltiples virtudes personales y ministeriales Juan-Pablo IIo es irrepetible.
Un semanario como Time (de tan amplia difusión en el mundo, que no es confesional pero sí abierto a todas las creencias y filosofías del mundo), recogió en diversas entregas, interesantes puntos de vista sobre la personalidad y el papel desempeñado virtuosamente por el Papa Wojtyla. Su comentarista religioso, David Van Biema, dijo de él que “había electrificado totalmente
el aspecto global de la Iglesia. Ningún Papa antes que él había tenido esta especie de supervoltaje. Juan Pablo IIº con su Estado Vaticano llegó a ser un sabio mundialmente reconocido y ampliamente escuchado”.

Conclusión
El mismo Espíritu ("ruah") Santo que suscitó y animó en la Iglesia la figura bienhechora de un Juan-Pablo IIo -quien ahora podrá también ser venerado en los altares de culto público- ha soplado ya por tierras del sur del continente americano y elegido a Francisco como conductor de su Iglesia y sucesor para guiarla - con su propio estilo personal, sencillo, humilde y popular- en el difícil camino ya emprendido de reformas internas y de innovadora evangelización del mundo actual.
"El viento ("ruah") sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni adónde va" (Evangelio de Jesús según san Juan, cap. 3, verso 8).

07-07-13

 

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