El caballo de la ira apocalíptica (Editorial 13)
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El caballo de la ira apocalíptica (Editorial 13)
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El caballo de la ira apocalíptica  

Irán es tierra de terremotos fuertes. También lo es en política nacional e internacional. La contumaz voluntad de su presidente, el fundamentalista islámico, Mahmud Ahmadinejad, de tener pronto armamento atómico a como de lugar y su amenaza de borrar del mapa a Israel, es el epicentro de un sismo político de enorme magnitud. Ha prendido justificadamente las alarmas en su entorno del Medio Oriente, también en la Unión Europea y Estados Unidos, así como en Rusia, China, la ONU. Y las olas de este tsunami tocan también nuestras costas caribeñas por el irrestricto respaldo diplomático que viene dando el Gobierno venezolano a esta aventura del Gobierno iraní, de incalculables efectos apocalípticos.

El discurso de la ira

El notable filósofo francés, André Glucksmann -especialista en Descartes, Clausewitz y Dostoievski- tiene un libro de sesudas reflexiones sobre el odio y la ira (Plon 2004). Los considera, no sólo a nivel individual sino especialmente a nivel social e internacional, como uno de los desencadenantes más efectivos para desatar el discurso violento con extrema intolerancia, planear la estrategia de los conflictos y hacer estallar las guerras. "La ira existe contra sí, contra los demás, contra el mundo, y navegan juntas". "La sociedad y el mundo están amenazados por un odio incansable, a veces ardiente y brutal, a veces insidioso y glacial". Hay Estados en los que la siempre complicada ecuación de derecho-poder se resuelve en una especie de "Estado de excepción" permanente. "Todo se vale en el Estado de odio". Y hay países que consideran que para ser respetados, temidos, descollantes en el escenario internacional, deben estar dotados de las armas más sofisticadas y ser capaces de dar dentelladas arbitrarias. Todo ello bajo el sofisma de una soberanía amenazante (en el fondo un complejo de inferioridad): "¡Odio, luego existo!".

 

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La estrategia de la ira

Ahmadinejad, como ya lo advertíamos en nuestro comentario cuando fue elegido presidente de Irán ("De regreso al fundamentalismo", 4 julio 2005), significa un retorno o reversa hacia la corriente islámica, de interpretación fundamentalista y casi talibana del Corán, con pleno maridaje de Política y Religión. De 1997 a 2005, Mohamed Jatami y su sucesor Rafsanyani, -presidentes elegidos en las urnas- intentaron una 'revolución en la revolución', una reforma paulatina, liberal, progresista y de buenas relaciones con Occidente que prometía una República Islámica shiita, pero menos hirsuta y ortodoxa. Todo ello se derrumbó estrepitosamente desde el 2005, con el nuevo régimen.
Se ha vuelto al legado original que dejó Jomeini, fundador de la República Islámica, que institucionaliza el maridaje entre la Mezquita y el Estado, entre la Teología y la Política. Allí el Islam es copado por una minoría clerical conservadora, a cuya cabeza está el Guía Supremo, el Velayat Faquih o Sumo Jurista, actualmente Alí Jameini, quien sucedió con autoridad vitalicia al Ayatola Jomeini. Esta estructura clerical controla el poder judicial, los medios de comunicación de masas, las policías y fuerzas armadas, y tiene también a su servicio fuerzas paramilitares para ciertas tareas. Toma las grandes decisiones de política económica, energética e internacional. De modo que el actual presidente de turno de la República Islámica, aunque laico y elegido democráticamente en las urnas, está muy supeditado a dicho poder religioso y moral, para el que funciona como su acólito laico y secretario ejecutivo. “Es justo la punta del iceberg –afirma un analista de la Universidad de Teherán. Detrás de él están las más poderosas instituciones políticas y militares del régimen”. Esto nos debe preocupar mucho más. Pues sus bravatas y amenazas destempladas ("Israel es un árbol podrido y seco que caerá con una tormenta"), no son simplemente las de un inexperto político joven, doblado de demagogo internacional, sino que responden a una política del Estado Islámico, que manifiesta que tiene una bien calculada estrategia de ira y que está deliberadamente provocando a una guerra.

El caballo apocalíptico

En el Libro del Apocalipsis (capítulo 6), el vidente de Patmos va rompiendo los sellos que guardan ocultos los secretos del final de los tiempos. Al abrir los sellos 2, 3 y 4, salen disparados -como cohetes o misiles- tres caballos que personifican la Guerra, el Hambre y la Peste, que asolarán gran parte de la Tierra. El caballo de la Guerra es color fuego, incandescente (como la energía atómica). Y el que lo montaba recibió una gran espada, que desterraría la Paz de la Tierra (verso 4). La perspectiva de un Estado islámico, fanático y dotado de armamento atómico y con miles de hombres-bomba suicidas bien entrenados, y todo ello en el vecindario más explosivo del planeta, es algo que nos pone los pelos de punta, si todavía nos quedan. Y no se puede olvidar que el odiado vecino, Israel -a pesar de que lo niega y lo disimula- está bien pertrechado de arsenal nuclear. Y como lo ha confirmado anteriormente, con reflejos impredecibles (recuérdese la 'blitzkrieg' o ´guerra de los seis días' de 1967) no está dispuesto a permitir que una potencia islámica, con una tormenta de polvo atómico, lo borre del mapa como árbol podrido y seco. No se puede jugar ni chantajear con fuego. Y menos en nuestro tiempo con energía atómica.

05-12-09