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A partir de su inteligencia de
la fe, la Iglesia de todas las
épocas y latitudes ha ensayado
el interpretar y concretar sus
preceptos a las condiciones cambiantes
de los hombres y de las sociedades.
Instrumento de salvación
eterna, ella considera que de
su propia misión soteriológica
se deriva una misión ética
que la impulsa a contribuir también
al bienestar humano y a la construcción
de un orden socio-político
más justo, más acorde
con el Evangelio.
En esta tarea temporal, que es
en el fondo evangélica,
la Iglesia prácticamente
desempeña una doble función:
una función crítica
y una función utópica.
1) Con el Evangelio en la mano,
ella irradia una crítica
permanente a todo desorden temporal
establecido. Se constituye, así,
en un "elemento critico y
liberador de este mundo social
y de su proceso histórico".
Actúa como una urgencia
de reforma. 2) Pero la Iglesia
también tiene elementos
para ofrecer al mundo una "visión
global del hombre y de la humanidad",
una "utopía",
una promesa esperanzadora, capaz
de suscitar iniciativas históricas.
¿Qué
es ?
La Instrucción de la Santa
Sede "Libertatis Conscientia"
(marzo 1986) definió muy
bien lo que es la moderna Doctrina
Social de la Iglesia:
"La enseñanza
social de la Iglesia nació
del encuentro del mensaje evangélico
y de sus exigencias con los problemas
que surgen en la vida de la sociedad.
Se ha constituido en una doctrina,
utilizando todos los recursos
del saber y de las ciencias humanas;
se proyecta sobre los aspectos
éticos de la vida y toma
en cuenta los aspectos técnicos
de los problemas, para siempre
juzgarlos desde el punto de vista
moral" (nº 72).
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La
Encíclica de Juan Pablo II "Preocupación
por lo social " (1987) precisa, además,
que se trata de un "corpus"
doctrinal renovado (n0 1), que "no
ofrece soluciones técnicas"
sino un "conjunto de principios de
reflexión, de criterios de juicio
y de directrices de acción"
(nº 41). Enseñanza social
que no hace sino escrutar los signos de
los tiempos e interpretarlos a la luz
del Evangelio (n0 7). "Su objetivo
principal es interpretar esas realidades,
examinando su conformidad o diferencia
con lo que el Evangelio enseña
acerca del hombre y su vocación
terrena y, a la vez, trascendente, para
orientar en consecuencia la conducta cristiana.
Se trata de una doctrina que debe orientar
la conducta de las personas, y tiene como
consecuencia el <compromiso por la
justicia>, según la función,
vocación y circunstancias de cada
uno" ( nº 41).
Y un documento -que es muy útil
para el estudio y enseñanza de
la Doctrina SociaI de la Iglesia, emanado
de la Congregación para la Educación
Católica (junio 1989)- formula
-a la vez y claramente- la naturaleza,
el objeto, el sujeto, el contenido y el
carácter teológico-práctico
de la Doctrina Social de la Iglesia (cap.1):
"Basándose sobre principios
siempre válidos, lleva consigo
juicios contingentes, ya que se desarrolla
en función de las circunstancias
cambiantes de la historia y orienta esencialmente
a la acción o praxis cristiana".
¿Cómo
actúa ?
La actual Doctrina Social de la Iglesia
actúa como puente colgante que
pone en comunicación dos costas
u orillas -entre sí inicialmente
distantes y aun divorciadas: el Mensaje
evangélico por un lado y las mudables
realidades social-humanas por el otro.
Sobre el pivote inconmovible y eterno
del Evangelio -que resiste todas las marejadas
y embates del tiempo-, se apoya una iluminación
teológico-ética que hace
la Iglesia. Y se lanza una iluminación
coyuntural, proyectando la luz del Evangelio
sobre los aspectos técnicos de
los problemas, con la ayuda de las ciencias
sociales.
Muchas de las dudas y cuestionamientos
que se intentaran hacer a la Doctrina
Social de la Iglesia, quedan así
sin piso. Y ninguno puede achacarle que
sea un cuerpo doctrinal rígido
y dogmático, puesto que evoluciona
a medida de las contingencias de tiempo
y espacio.
"Esta enseñanza orientada
esencialmente a la acción, se desarrolla
en función de lascircunstancias
cambiantes de la historia. Por ello, aunque
basándose en principios siempre
válidos, comporta también
juicios contingentes. Lejos de constituir
un sistema cerrado, queda abierto permanentemente
a las cuestiones nuevas que no cesan de
presentarse; requiere, además,
la contribución de todos los carismas,
experiencias y competencias" (Libertatis
Conscientia, marzo 1986, n. 72)
La Doctrina Social de la Iglesia "no
es una <tercera vía> entre
el capitalismo liberal y el colectivismo
marxista, y ni siquiera es una posible
alternativa a otras soluciones menos contrapuestas
radicalmente, sino que tiene una categoría
propia. No es tampoco una ideología,
sino la cuidadosa formulación del
resultado de una atenta reflexión
sobre las complejas realidades de la vida
del hombre en la sociedad en el contexto
internacional, a la luz de la fe y de
la tradición de la Iglesia"
(Juan Pablo II, Preocupación por
lo social, n. 41).
Sin tener, pues las pretensiones de ser
un cuerpo doctrinal cerrado e infalible
-que siempre tuviera la razón en
todas las circunstancias- la Doctrina
Social de Ia Iglesia es parte de un Magisterio
ordinario de la Iglesia, moralmente vinculante
para quienes nos profesamos creyentes.
La Doctrina Social de la Iglesia es eso
NADA más. Pero es TODO ESO !
Sus líneas
maestras
El cuerpo de enseñanza social de
la Iglesia posee dos características,
a la vez : su continuidad y su constante
renovación, que son una prueba
de su perenne validez.
Sus principios básicos son los
mismos que siempre han inspirado la acción
pastoral de la Iglesia desde sus orígenes.
Ellos cambiaron las estructuras de esclavitud
de un mundo pagano e inspiraron una civilización
occidental más respetuosa de la
libertad y de la igualdad humana. El fundamento
de todos ellos es la dignidad del ser
humano.
Principio fundamental que puede formularse
así: "Las personas son los
sujetos activos y responsables de la vida
social". A dicho fundamento están
íntimamente ligados dos principios
: el llamado principio de solidaridad
y el llamado principio de subsidiaridad.
"En virtud del primero, el hombre
debe contribuir con sus semejantes al
bien común de la sociedad a todos
los niveles. Con ello, la Doctrina Social
de la Iglesia se opone a todas las formas
de individualismo social o político.
En virtud del segundo, ni el Estado ni
sociedad alguna deberán jamás
sustituir la iniciativa y la responsabilidad
de las personas y de los grupos sociales
intermedios en los niveles en los que
éstos pueden actuar, ni destruir
el espacio necesario para su libertad.
De este modo, la Doctrina Social de la
Iglesia se opone a todas las formas de
colectivismo " (Libertatis Conscientia
1986, n, 73).
Las
encíclicas sociales
* León XIII, "Rerum novarum"
(1892) es la primera gran encíclica
social como respuesta del magisterio de
la Iglesia a la grave cuestión
obrera que a finales del siglo se planteaba
por la penosa situación de los
trabajadores asalariados de la industria.
Este documento -valiente en la denuncia
de la realidad y clarividente en la propuesta
de justicia social con la colaboración
de todas las fuerzas en juego- se convirtió
en el inspirador y referencia obligada
para toda actividad cristiana en el campo
social. Confirió a la Iglesia una
especie de "carta de ciudadanía"
respecto a las realidades cambiantes de
la vida pública.
* Pio XI, "Quadragesimo anno",
1931, conmemora los cuarenta años
de la "Rerum novarum" . El mundo
occidental pasaba por la grave crisis
económica de 1929 y estaba en un
período posbélico, en el
que estaban afirmándose en Europa
los regímenes totalitarios, mientras
se exasperaba la lucha de clases. El Papa
relee el pasado a la luz de una situación
económico-social en la que a la
industrialización se había
unido la expansión del poder de
los grupos financieros, en ámbito
nacional e internacional. La Encíclica
advierte contra la falta de respeto a
la libertad de asociación y propone
los principios de solidaridad y de colaboración
para superar las antinomias sociales.
Las relaciones entre capital y trabajo
deben estar bajo el signo de la cooperación.
Confirma el principio que el salario debe
ser proporcionado no sólo a las
necesidades del trabajador, sino también
a las de su familia. El Estado, en las
relaciones con el sector privado, debe
aplicar el principio de subsidiaridad,
principio que se convertirá en
un elemento permanente de la doctrina
social. La Encíclica rechaza el
liberalismo entendido como ilimitada competencia
entre las fuerzas económicas, a
la vez que reafirma el valor de la propiedad
privada, insistiendo en su función
social. En 1937 publicó la encíclica
“Mit brennender Sorge" (Con
preocupación fraternal), sobre
la situación de la Iglesia católica
en el Reich alemán contra el que
hizo un fuerte pronunciamiento. Y en su
encíclica "Divini Redemptoris"
(1937) sobre el comunismo ateo y la doctina
social cristiana, anatematizó el
comunismo como "intrínsecamente
malo".
* Pio XII, a quien le tocó convivir
con la terrible Segunda Guerra Mundial,
en sus Radiomensajes navideños
y otras intervenciones profundizó
la reflexión magisterial sobre
un nuevo orden social, gobernado por la
moral y el derecho, y centrado en la justicia
y la paz. Pero no emitió expresamente
una encíclica social.
* Juan XXIII, "Mater et magistra"
(1961) actualiza los documentos ya conocidos
y da un nuevo paso adelante en el compromiso
de toda la comunidad cristiana. Las palabras
claves de la encíclica son <comunidad>
y <socialización>.
* Juan XXIII, con la encíclica
"Pacem in terris"(1963)
pone de relieve el tema de la paz, en
una época marcada por la proliferación
nuclear. Es la primera vez que un documento
de la Iglesia se dirige también
"a todos los hombres de buena voluntad",
llamándolos a establecer un nuevo
sistema de relaciones en la sociedad humana,
bajo el magisterio y la égida de
la verdad la justicia, la caridad y la
libertad.
* Vaticano II, "Gaudium et spes"(1966).
Esta constitución pastoral delinea
el rostro de una Iglesia "íntima
y realmente solidaria del género
humano y de su historia", que camina
con toda la humanidad y está sujeta,
juntamente con el mundo, a la misma suerte
terrena, pero que al mismo tiempo es "como
fermento y como alma de la sociedad, que
debe renovarse en Cristo y transformarse
en familia de Dios". Estudia orgánicamente
los temas de la cultura, de la vida económico-social,
del matrimonio y de la familia, de la
comunidad política, de la paz y
de la comunidad de los pueblos, a la luz
de la visión antropológica
cristiana y de la misión de la
Iglesia. Todo ello lo hace a partir de
la persona y en dirección a la
persona.
* Pablo VI, "Populorum progressio"
(1967. Amplía la visión
del Vaticano II sobre la vida económico-social
señalando las coordenadas para
un desarrollo integral del hombre (de
todo el ser humano) y un desarrollo solidario
de la humanidad (de todos los hombres).
Son estos los dos temas que conforman
el entramado de toda la encíclica.
El "desarrollo es el paso de condiciones
de vida menos humanas a condiciones de
vida más humanas" y "desarrollo
es el nuevo nombre de la paz".
* Pablo VI, a comienzos de los años
setenta -en un clima de fuertes discusiones
ideológicas entre marxismo y cristianismo-
retoma la enseñanza social de León
XIII y la actualiza, con ocasión
del octogésimo aniversario de la
"Rerum novarum ", en
la Carta apostólica "Octogésima
adveniens(1971). El Papa reflexiona sobre
la sociedad post-industrial con todos
sus complejos problemas, poniendo de relieve
la insuficiencia de las ideologías
políticas para responder a estos
desafíos: la urbanización,
la condición juvenil, la situación
de la mujer, la desocupación, las
discriminaciones, la emigración,
el incremento demográfico, el influjo
de los medios de comunicación social,
el medio ambiente.
* Juan Pablo II "Laborem exercens"
(1981). Encíclica al cumplirse
los noventa años de la "Rerum
novarum”, dedicada al trabajo, como
bien fundamental para la persona, factor
primario de la actividad económica
y clave de toda la cuestión social.
El trabajo debe ser entendido no sólo
en sentido objetivo y material; es necesario
también tener en cuenta su dimensión
subjetiva, en cuanto actividad que es
siempre expresión de la persona.
* Juan Pablo II, "Sollicitudo
rei socialis” (1988), segunda
encíclica social de Juan Pablo
II conmemorando el vigésimo aniversario
de la "Populorum progressio".
En ella trata nuevamente el tema del desarrollo
bajo un doble aspecto: "el primero,
la situación dramática del
mundo contemporáneo, bajo el perfil
del desarrollo fallido del Tercer Mundo,
y el segundo, el sentido, las condiciones
y las exigencias de un desarrollo digno
del hombre". La encíclica
introduce la distinción entre progreso
y desarrollo, y afirma que "el verdadero
desarrollo no puede limitarse a la multiplicación
de los bienes y servicios, esto es, a
lo que se posee, sino que debe contribuir
a la plenitud del <ser> humano.
De este modo, pretende señalar
con claridad el carácter moral
del verdadero desarrollo". Juan Pablo
II, evocando el lema del pontificado de
Pío XII, "Opus iustitiae pax"
(la paz como fruto de la justicia), comenta:
"Hoy se podría decir, con
la misma exactitud y análoga fuerza
de inspiración bíblica,
Opus solidaritatis pax (la paz como fruto
de la solidaridad".
* Juan Pablo II, "Centesimus
annus"(1991). Su tercera encíclica
social en el centenario de la "Rerum
novarum", que muestra la continuidad
doctrinal de cien años de Magisterio
social de la Iglesia. Retoma el principios
básico de la solidaridad para que
podamos algún día llegar
a una "civilización del amor".
* Benedicto XVI, "Caritas in
veritate" (2009). Es la tercera
y última encíclica del Papa,
Emérito en la que afirma que a
los 40 años de "El desarrollo
de los pueblos"de su predecesor Pablo
VI dicha encíclica "debe ser
considerada como la 'Rerum Novarum' de
la época contemporánea,
que ilumina el camino de la humanidad
en vías de unificación".
Vuelve a insistir sobre el desarrollo
humano integral para nuestro tiempo, haciendo
aplicaciones muy pertinentes sobre el
mercado, la empresa, los sindicatos, medio
ambiente y nuevas fuentes de energía,
papel del Estado y de una deseable autoridad
mundial, con miras a "favorecer una
orientación cultural personalista
y comunitaria, abierta a la trascendencia
del proceso de integración planetaria
"(n. 42).
15-05-13
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