Entre
sus protagonistas están el actor
Andrés Parra -quien con un gran
semejanza física y excelentes calidades
actorales- interpreta a Pablo Escobar,
asimismo la actriz Angie Cepeda en su
regreso a la televisión colombiana
en donde interpreta a Regina Parejo, culta,
inteligente y bella, amante temporal de
Escobar . Ella, con su nombre propio y
radicada en New York bajo protección
de la DEA, ha dejado escrito un magnífico
libro titulado Amando a Pablo, odiando
a Escobar. Completan el selecto elenco
de la Serie: el actor Nicolás Montero
que interpreta al caudillo liberal Luis
Carlos Galán, el actor Ernesto
Benjumea quien hace las veces del asesinado
Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla,
la actriz Diana Hoyos quien interpreta
a Nancy Restrepo de Lara y el actor Christian
Tappan como Gustavo Gaviria, primo de
Pablo Escobar. Es una historia ficticia
del libro La parábola de Pablo,
del periodista y ex alcalde de Medellín
(2008-2011) Alonso Salazar J., quien también
escribió con Ana María Jaramillo
el estudio Las subculturas del narcotráfico
- publicado en 2002 en asocio con el Cinep
de los jesuitas en Bogotá, libro
que resulta ahora ilustrador de muchos
aspectos de la Serie y que he vuelto a
leer para este comentario-. El guionista
es Juan Camilo Ferrand conocido también
por sus otras series como El Cartel y
libros como Las muñecas de la mafia.
Toda la narración "está
basada en varios documentos periodísticos
y testimonios reales", según
su productora general Juana Uribe, sobrina
del político Luis Carlos Galán.
Acertadamente la denomina el intelectual
antioqueño y gran escritor Héctor
Abad Facciolince "una ficción
muy real", en estupendo artículo
con dicho título (revista Semana,
Bogotá, 2 junio 2012), que utilizo
y recomiendo.
En pocas palabras Wikipedia resume la
serie: "La historia comienza entre
el operativo que dio muerte a Escobar,
y los asesinatos de sus víctimas
más destacadas, con escenas reales.
Luego, desde sus orígenes como
hijo de la profesora de un pueblo cercano
a Medellín se ve a un Escobar niño
al comienzo frágil, pero que luego
desarrolla su faceta pícara bajo
la tutela de una matrona antioqueña.
Se muestra cómo a medida que va
creciendo Escobar se va haciendo cada
vez más ambicioso sin importar
lo que cueste. Pasando por sus inicios
como delincuente que robaba lápidas
y se dedicaba al contrabando y finalmente
envolviéndose en el mundo del narcotráfico,
donde empieza la historia del hombre más
rico en la historia de Colombia, pero
también uno de los más peligrosos
del mundo".
Coyuntura
Reflejar episodios de la historia nacional
y recrear graves problemas sociales no
ha sido ajeno a la televisión colombiana
ni de otros países. En Colombia
el problema de la violencia intrafamiliar
se trató en la telenovela Amar
y Vivir a finales de los años ochenta
y en la más reciente El último
matrimonio feliz. Y tiempo atrás,
se han tocado las historias de los ingenios
del Valle en Azúcar, la colonización
antioqueña en La casa de las dos
palmas y el problema de los medios de
comunicación en La alternativa
del Escorpión. Dentro del subgénero
del melodrama ‘narco’, las
historias han girado en torno a sicarios
(Rosario Tijeras), la lucha interna de
los traficantes (El cartel de los sapos)
y los impactos sociales de la cultura
mafiosa (Sin tetas no hay paraíso).
Ejemplos también recientes se encuentran
en España y en Estados Unidos.
Cuéntame cómo pasó,
de Televisión Española,
estrenada en 2001, muestra las vivencias
de una familia ibérica de clase
media en los años de transición
de la dictadura de Francisco Franco a
la democracia; Mad Men de 2007 aprovecha
una agencia de publicidad para reflejar
las transformaciones sociales, políticas
y económicas que atravesó
la sociedad estadounidense durante la
década de los sesenta. Esta serie
norteamericana sirvió de excusa
para debatir problemas desde el racismo
y la entrada de la mujer al mercado laboral
hasta el consumo de cigarrillo y el alcoholismo
Personajes
• Basados en el orden de emisión
de la serie por Caracol TV (tomado de
Wikipedia)
Actor
/ Actriz |
Personaje |
Breve
descripción |
| Andrés
Parra |
Pablo
Escobar |
El
Protagonista de esta historia. Su
familia siempre fue lo más
importante para él y por eso
siempre trató de darle la mejor
vida. Pero su ambición lo llevó
hasta los límites más
inesperados desde su juventud. Creó
un imperio que traspasó fronteras
y engañó incluso hasta
a los más vivos. |
| Christian
Tappan |
Gustavo
Gaviria |
Primo
de Pablo Escobar a quien lo acompaña
en todo, hábil e
inteligente. Es dado de baja en enfrentamiento
con el grupo élite de búsqueda
(capítulo 98). |
| Angie
Cepeda |
Regina
Parejo |
Una
mujer muy hermosa, hace parte de un
círculo social en el que se
codea siempre con los hombres más
aristocráticos del país.
Nunca imaginó meterse con un
hombre como Escobar pero resultó
siendo su amante por un tiempo. |
| Vicky
Hernández y Linda Lucía
Callejas |
Hermilda
Gaviria |
Esta
mujer siempre supo qué consejos
darle a su hijo, de acuerdo a su criterio
de una doble moral. Desde que Pablo
era un niño le aconsejó
ser un ‘vivo’ y le pidió
que no se fuera a dejar de los demás.
Con el paso del tiempo, Escobar trató
de darle la mejor vida y lo hizo convirtiéndola
en toda una 'reina'. |
| Susana
Torres |
María
Jimena Duzán |
Gran
discípula de Guillermo Cano,
muy leal al Espectador, investiga
y se entera de todos los hechos que
suceden y delata al cartel de Medellín
con pelos y señales; se encarga
de mantener la memoria de Guillermo
Cano después de su asesinato. |
| Aldemar
Correa |
Fabio
Ochoa Vásquez |
Socio
narcotraficante y amigo de Pablo Escobar
y los encargados de asesinar al Ministro
Lara Bonilla y Guillermo Cano. |
| Ernesto
Benjumea |
Rodrigo
Lara Bonilla |
Joven
Ministro de Justicia, fue el encargado
de delatar y hablar sin pelos en la
lengua sobre las conductas de Escobar.
Lamentablemente eso lo llevó
a ser asesinado por Pablo Escobar. |
| Nicolás
Montero |
Luis
Carlos Galán |
Este
hombre con grandes ideales políticos
que iba a ser presidente de Colombia,
siempre tuvo claro que en su movimiento
nunca iba a aceptar a un mafioso.
Consciente de eso, Pablo Escobar decidió
deshacerse de él y terminó
organizando su asesinato. |
| Germán
Quintero |
Guillermo
Cano Isaza |
Director
del reconocido diario El Espectador,
vivió de cerca el terror del
narcotráfico por destapar las
fechorías y hablar sin tapujos
en sus páginas, de Escobar.
Cansado de sus opiniones Pablo Escobar
terminó asesinándolo. |
| Juan
Carlos Arango |
Gonzalo
Rodríguez Gacha |
En
la novela alias "El Mariachi"
Gustavo Ramírez, gran amigo
y socio de Escobar, le sigue la corriente
a toda hora en sus planes hasta que
se separan y es dado de baja en 1989
(capítulos 84, 85 y 86). |
| Alejandro
Martínez |
Carlos
Lehder |
En
la novela es Marcos Herber, muy dedicado
al vicio del cigarrillo, el trago,
las mujeres y los jóvenes.
En un operativo de la policía
que intenta capturarlo lo separan
de su mujer y de su hija recién
nacida en una finca de Armenia. Tuvo
que fugarse y tomó venganza
con Jaime Ramírez, coronel
de la Policía quien mandó
a acabar su vida por supuesta infidencia
de Pablo Escobar, y al final es extraditado
a los Estados Unidos (capítulos
45, 46 y 47). |
| Cecilia
Navia y Eileen Moreno |
María
Victoria Henao |
Esposa
de Escobar quien la llamaba Patty.
Ella junto a sus 2 hijos, es el amor
de la vida de Escobar, pese a que
la engañaba y le hizo pasar
muy malos ratos por culpa de encuentros
clandestinos con otras mujeres y sorpresivas
evasiones de sitios. |
| Julio
Pachón |
Jaime
Ramírez Gómez |
Coronel encargado de acabar con los
planes malvados de Escobar y el cartel
de Medellín, fue el encargado
de las operaciones en Tranquilandia,
asesinado por Escobar (capítulos
83, 84 y 85). |
| Fabián
Mendoza |
César
Gaviria Trujillo |
Quien
reemplazó como candidato a
la presidencia al asesinado Luis Carlos
Galán, y posteriormente se
convirtió en Presidente de
la República (1990 - 1994).
Logra dar con el paradero de Escobar
gracias a la acción de las
autoridades que lo dan de baja el
3 de diciembre de 1993. |
A
mi juicio uno de los grandes aciertos
de la Serie -que ayuda a explicar la amplia
acogida que tiene en los televidentes-
reside en la magnífica caracterización
de los personajes y la excelente interpretación
de ellos realizada muy profesionalmente
por los respectivos actores y actrices.
Quiero resaltar singularmente el papel
de todas las mujeres (la madre, la esposa,
las amantes de Escobar, Marta Nieves la
hermana secuestrada de los Ochoa) por
cuya boca e intuición femenina-
con sus consejos, premoniciones, reflexiones-
terminan siendo la "conciencia"
ética de los hechos y personajes,
al estilo de lo que eran para el gran
público los "coros" en
las tragedias griegas.
Siendo una ficción realista, la
Serie como novela respeta mucho la sustancia
de los hechos con sus fechas, detalles
y circunstancias, y logra en ciertos capítulos
convertirse en un verdadero "thriller",
propio de novela con suspenso. Como tales
podrían catalogarse el asesinato
de Rodrigo Lara (capítulos 19-20),
la toma del palacio de Justicia por el
M-19 (cap. 27), las amenazas al Cnel.
Jiménez y su eliminación
(cap. 36-38), el asesinato de Guillermo
Cano (cap. 40-42), la trama alrededor
de Herber alias de Lehder (cap. 45-47),
el 'Marino' asesina a su novia Yesenia
(cap. 56), atentado contra el búnker
del DAI (cap. 66), asesinato en Soacha
de Galán el 18 agosto 1989 (cap.
70-72), la persecución por aire,
mar y tierra del 'Mariachi', hasta darlo
de baja el Cuerpo élite de búsqueda
(cap. 83-85).
Pros y contras
En reciente entrevista con Semana, los
creadores de la serie, Juana Uribe y Camilo
Cano, reconocieron que “queremos
que se dé un debate sobre el pasado:
no revivirlo por revivirlo”. Para
Camilo, hijo de Guillermo Cano -director
de El Espectador, asesinado por sicarios
de Escobar en 1986- “se debe mostrar
lo que pasó para nunca volver atrás”.
Uribe, por su parte, hija de Maruja Pachón,
secuestrada por el capo, y sobrina del
inmolado Luis Carlos Galán, afirma:
“una de las cosas más impresionantes
de la serie es ver esos 20 años
en su conjunto ¿Cómo logramos
sobrevivir?". Ello explica que la
frase original del filósofo George
Santayana aparezca en pantalla, sobre
un fondo negro, al inicio de todos los
capítulos de la serie: “Quien
no conoce su historia está condenado
a repetirla”. Y cada episodio concluye
con una secuencia de imágenes de
archivo que documentan con realismo el
terror que el protagonista iba desatando
sobre Colombia. La intención de
los realizadores es recordar al televidente
que detrás del personaje de ficción
se encuentra una dolorosa realidad aún
tangible para miles de sus víctimas
y que es aleccionadora para quienes no
la vivieron entonces.
Pero desde su estreno en horario triple
y por su enorme sintonía, la opinión
pública colombiana ha expresado
preocupación acerca de que la Serie
no resulte en apología de uno de
los delincuentes más famosos de
Colombia y del mundo. Y ello por la fortaleza
innegable del personaje. La atracción
que genera el capo antioqueño es
tan grande que ha sido también
protagonista de sendas obras de los dos
artistas más importantes del país:
el escritor Gabriel García Márquez
y el pintor Fernando Botero. Escobar es
lamentablemente el colombiano más
reconocido fuera de las fronteras. A esto
hay que sumarle las calidades actorales
de Andrés Parra, quien da vida
al narcotraficante y en general de todo
el elenco que lo acompaña. Pero
muchos pensamos y deseamos que el desenlace
de toda la serie tan bien hecha logre
superar los temores de que Pablo Escobar
termine convertido en un símbolo
de cultura pop como Betty la Fea, en un
malo de caricatura como Guadaña
o en un villano ‘complejo’
como Tony Soprano o que seduzca a las
generaciones jóvenes para la consecución
de un dinero fácil sin cortapisas
legales ni éticas. Otras voces,
como las del exalcalde de Medellín
Juan Gómez Martínez, se
preocupan por las consecuencias sobre
la capital antioqueña: “Volver
sobre estos hechos recordará elementos
que hemos trabajado por superar”.
Algunos
temas implicados
1.Dos estilos de cartel
Después de los primeros enfrentamientos
por el control del negocio de la cocaína
en Colombia se conformaron dos grandes
grupos de narcotraficantes, conocidos
como el Cartel de Medellín (Escobar,
Ochoa, Rodríguez Gacha...) y el
Cartel de Cali (los hermanos Orejuela,
Santacruz, Herrera...). Estas dos organizaciones
centralizaron el grueso del tráfico
de cocaína desde Colombia. En otras
regiones del país funcionaban sus
apéndices (Santanderes, la Costa,
Bogotá) y proyectaban sus tentáculos
al exterior. Demarcando sus territorios
y sus mercados ambos grupos convivieron
un largo tiempo en paz; se unieron en
una primera fase de accionar militar cuando
constituyeron el MAS (Muerte a los Secuestradores)
para enfrentar las amenazas de la guerrilla.
Pero posteriormente adoptaron formas de
desarrollo del negocio y asumieron actitudes
frente a la sociedad y al Estado que los
diferenció mucho. El Cartel de
Medellín fue "guerrerista"
y cazó múltiples peleas
con extremada violencia, tratando de doblegar
al Estado colombiano y a la misma sociedad.
El grupo de "extraditables"
fue su expresión de lucha contra
el Estado y los sectores dirigentes. Su
bonanza económica la dirigió
al consumo suntuoso (viviendas y casafincas
lujosas, grandes centros comerciales,
estaderos y discotecas, compra de latifundios)
y nada de empresas productivas. En cambio,
el Cartel de Cali optó por una
vía de inserción en la dinámica
económica y social de la región
(gran cadena de farmacias La Rebaja, proyectos
habitacionales y recreativos, agricultura
e industria). Procuró mantenerse
en tregua con el Estado y ante las ofensivas
de la Fuerza pública adoptó
repliegues tácticos. Sus únicos
episodios de "guerra" fueron
con el Cartel de Medellín.
2. Subculturas del narcotráfico
Siguiendo a F. Ferracutti (La subcullura
de la violencia, México 1982),
podemos afirmar que "la subcultura
puede entenderse como una subdivisión
de la cultura nacional, que resulta de
la combinación de varios factores
o situaciones sociales. El aspecto subcultural
surge en cuanto quienes comparten las
normas son aquellos que al mismo tiempo
se benefician de ellas en alguna forma".
En el mundo del narcotráfico se
generó una subcultura, producto
de un sincretismo de elementos de la cultura
paisa, del consumismo propio de la modernización
y de la tradición perversa del
mundo delincuencial de los años
sesenta y setenta en Antioquia".
Fue una subcultura de destiempos históricos
y de mestizajes. El narcotráfico,
además de una propuesta delictiva,
se constituyó en un estilo de vida
- según los autores de "Las
subculturas del narcotráfico"
(Medellín 2002).
TRAQUETOS se llamaron los traficantes
de cocaína, capos grandes o medianos,
que viajaban a Estados Unidos a diligenciar
su negocio y regresaban a Medellín
solventes, con actitudes arrogantes y
un desenfado consumista ostentoso. En
los barrios se mostraban generosos con
los pobres y dadivosos en las fiestas.
Muchos de ellos tenían ya antecedentes
como "pistolocos"y "asesinos
en moto". Fueron el símbolo
de un grupo emergente. Aliaron -por su
origen popular la tradición cultural
de la región (incluida la religiosidad)
con los hábitos consumistas modernizantes-
y crearon así un estilo de vida.
SICARIOS. Una generación de jóvenes
-seducida por las posibilidades de enriquecimiento
fácil- se fue agrupando en bandas
por los barrios de Medellín en
los años 1980-81, siendo la primera
la de los Priscos en el barrio Aranjuez,
al servicio incondicional del 'patrón'.
El homicidio comienza a convertirse en
una mercancía sujeta a las normas
del mercado. Tras el aleve asesinato del
joven Ministro Lara Bonilla, la figura
del sicario emergió a primer plano
en la vida nacional. Sobre este fenómeno,
puede verse entre otros muchos, el artículo
"La cultura de la muerte"(Semana
# 408, 1990), el filme "No-futuro"(1988)
con actores tomados de la vida real de
entonces, y el vívido recuento
de entrevistas personales elaborado por
Lozano, "No nací para semilla"
(Bogotá 1991).
Iván Darío Guisado Álvarez,
uno de los ejecutores materiales del atentado,
sindicado de haber disparado, era un joven
ex-presidiario que había estado
en la cárcel de 'La Ladera' acusado
de robo y atraco a mano armada. En la
persecución cayó contra
el pavimento y murió; llevaba una
estampa de la Virgen del Carmen y un escapulario
en sus calzoncillos. El autor material,
Bayron Velásquez.de 18 años
de edad no tenía trabajo permanente
y lo sostenía su mamá, Amparo
Arenas, con lavado de ropa. Los dos sicarios
pertenecían a la banda de los Priscos.
3. Religiosidad popular y ética
Por su extracción popular antioqueña
las bandas de narcotraficantes fueron
propulsoras de una cierta religiosidad
popular falsa y supersticiosa, de actitudes
"rezanderas" , de una fe cristiana
que se expresa no en coherencia de la
vida sino en simples prácticas
externas, cultos y rituales convencionales
(persignarse antes de toda acción
laboriosa o peligrosa, invocación
a la Virgen, al Santo Niño de Atocha,
a san Judas Tadeo). Bien describe dicha
situación por esa época
María Victoria Uribe en un estudio
publicado por Cinep ("Matar, Rematar,
Contramatar" Bogotá 1990):
"La mayoría de los cuadrilleros
eran supersticiosos y creían en
agueros. Para protegerse , llevaban en
sus bolsillos estampas de la Virgen del
Carmen, del Cristo milagroso de Buga,
escapularios y varias medallas en el cuello
y los tobillos y, algunos de ellos, tatuajes
en los brazos y en el pecho. Otros cargaban
una fotografía de la cucha o compañera".
El fenómeno de la religiosidad
popular - a mi juicio demasiado repetitivamente
subrayado en la Serie y que revela la
crasa ignorancia y ninguna formación
religiosa seria de la conciencia de tantos
que se profesan cristianos en Colombia
y otros países- viene siendo objeto
de atento análisis por especialistas
de la Pontificia Universidad Javeriana
de Bogotá ("Interpretaciones
de la religiosidad popular en América
Latina") y objeto de oportunos pronunciamientos
y directivas de los Episcopados católicos
de los países latinoamericanos.
Colombia
hoy
Como advertencia para las Farc en sus
pretensiones anacrónicas para los
actuales diálogos de paz con el
Gobierno, pero que es válida también
para las apetencias de cualquier tipo
de capos, hay que recordar que el actual
Estado colombiano no es el débil
poder zarista de comienzos del siglo XX
ni la sociedad civil colombiana -con sus
fuertes y modernas instituciones- es tan
flanqueable y permeable como lo era la
rusa de entonces, factores ambos que permitieron
la toma violenta del poder por los bolcheviques.
Ambos factores los analizó lúcidamente
Antonio Gramsci desde su cárcel
en la Italia de Mussolini para desalentar
en adelante la engañosa estrategia"
revolucionaria" de toma del poder
(por las armas) del Palacio de los zares
sin haberse antes adueñado paciente
y progresivamente de los contrafuertes
culturales y sociales de las instituciones
civiles que rodean y protegen el poder
político nacional.
El Estado débil, la corrupción,
el dinero fácil, el narcotráfico
y la violencia son protagonistas en la
serie y se anunciaban en Colombia ya desde
los años 70s en Antioquia -como
lo describen y analizan bien Alonso Salazar
J. y Ana María Jaramillo en su
libro Las subculturas del narcotráfico.
Pero la Colombia actual no es la misma
de la de hace 40-30 años. En muchos
aspectos Colombia ha experimentado grandes
avances y se ha fortalecido como sociedad,
aunque tristemente en otros aspectos los
tiempos del cartel de Medellín
han dejado secuelas de peores dinámicas
como las actuales Bacrim (bandas criminales).
Un cuarto de siglo después de la
guerra contra Escobar y sus secuaces,
el Estado no es tan débil ni tan
poco preparado como aparece en los primeros
capítulos de la serie. A nivel
central, el aparato gubernamental se fue
fortaleciendo en su lucha contra el tráfico
de drogas y contra la subversión
de las guerrilla armada, así como
aumentó el entrenamiento de los
organismos de seguridad con oportuna ayuda
del Plan Colombia acordado con los EUA.
La Policía Nacional de Colombia
(con el Gral. Oscar Naranjo a su cabeza,
galardonado como el mejor policía
del mundo y asesor actual del gobierno
de Méjico y de la misma DEA norteamericana)
es hoy un referente mundial en combate
contra el crimen transnacional. La infiltración
del narcotráfico en las cúpulas
de los poderes públicos está
reducida y es más perseguida. Esto
no significa que redes delincuenciales
supérstites dejen de corromper
a policías, jueces y fiscales y
que no existan nexos con algunos políticos
regionales. No obstante, hoy es muy difícil
que un capo del nivel de Escobar llegue
al Capitolio y menos al Palacio de Nariño,
y no parece probable que el aparato estatal
(incluido el militar) sea sobornado tan
abiertamente -como se ve en la novela.
"En
materia de violencia social, las cosas
también han cambiado de tenor -sostiene
con acierto Héctor Abad en su artículo-.
Escobar aterrorizó tanto al colombiano
del común como a la clase dirigente
que se interpuso en su camino. Combinó
la más brutal violencia como hacer
explotar un avión de Avianca con
el asesinato selectivo de sus contradictores
como el magnicidio de Galán. Atacó
tanto a policías rasos, a quienes
puso precio por su cabeza en Medellín,
como a dignatarios del Estado como el
ministro Lara Bonilla y el procurador
Carlos Mauro Hoyos. Construyó un
aparato militar capaz de mantenerlo libre
del brazo de la ley, de enfrentar de tú
a tú al gobierno y de obligarlo
a construirle una cárcel propia
como La Catedral. A finales de los años
ochenta, el Estado colombiano se encontraba
arrinconado e incapaz de responder a la
amenaza terrorista de los narcos. Hoy
la naturaleza del conflicto interno es
muy diferente. Si bien los sucesores y
contemporáneos de Escobar le inyectaron
a la guerra el más potente de los
esteroides, el dinero de la cocaína,
la amenaza no se concentra en un solo
individuo. De manera sistemática,
la fuerza pública ha venido recortando
la vida útil de los cabecillas
narcos de décadas de dominio a
pocos años. A diferencia de la
época de los dos grandes carteles,
el panorama del narcotráfico modelo
2012 es de muchos más capos, más
fragmentados, menos poderosos y que, en
vez de intentar arrodillar al Estado,
le huyen o tratan de corromper sus mandos
medios. La estructura misma del negocio
se ha transformado - gracias en parte
a la presión de las autoridades
colombianas- y las organizaciones locales
han cedido protagonismo a sus socios mexicanos.
El puesto de Escobar, con similar crueldad
pero menos importancia global, sería
hoy ocupado por Joaquín ‘El
Chapo’ Guzmán del cartel
de Sinaloa...Sin embargo, cuatro décadas
de tráfico de drogas han calado
en la forma en que muchos colombianos
de todas las clases sociales y orígenes
ven el trabajo duro, conciben el progreso
económico, valoran la honestidad
y hasta perciben la belleza de hombres
y mujeres".
Aduzco dos comentarios de lectoras de
Semana que me parecen sensatos y oportunos:
"Deben tener cuidado de no presentar
a Escobar como un héroe víctima
del Estado. He escuchado a muchos jovencitos
admirándolo" (maymalena)."Se
deben dar estos programas hasta la saciedad
para que el país aprenda a reconocer
a los criminales y los corruptos y la
justicia sea sensata y persiga y condene
no a los inocentes como lo hace en muchas
ocasiones sino a los verdaderos hampones.
Es injusto con la comunidad de Medellín
y Antioquia que ha hecho tantos esfuerzos
por cambiar el chip y mejorar la realidad
social de las barriadas del Oriente de
la capital que alimentaron los escuadrones
de matones y sicarios contratados por
el Cartel de Pablo Escobar y sus lugartenientes"
(alqueriasuiza).
Conclusión
La dada de baja de Pablo Escobar máximo
Capo, por el Grupo élite de Búsqueda
en Medellín el 3 de diciembre de
1993 y del resto de lugartenientes que
persistían en la violencia, junto
con una serie de decretos del nuevo presidente
Gaviria que buscaban crear condiciones
para la rendición de jefes del
narcotráfico, así como la
creación de la Consejería
Presidencial para Medellín y el
Plan de Acción Social para las
zonas populares de dicha capital, pusieron
punto final al ominoso período
de 25 años vivido por Colombia.
Pocos días antes, Gabriel García
Márquez (periódico El Mundo
de Medellín, 3 noviembre 1989)
hizo una descripción patética
de dicho período haciendo votos
por que ocurriera "alguno de esos
disparates iluminados que tantas veces
salvaron a América Latina de la
disolución final..., no sea que
antes de que termine la guerra de nunca
acabar, se nos acabe el país".
Le queda a Colombia todavía otra
"guerra de nunca acabar" de
50 años con la guerrilla subversiva,
que esperamos tenga también final
tras un diálogo " iluminador
y efectivo".
Pablo Escobar terminó mal, así
como todos sus lugartenientes y sicarios.
A pesar de sus ingentes recursos del narcotráfico,
ni los disfrutó en la felicidad
de un hogar, ni logró con ellos
penetrar en la política nacional
ni realizar su sueño de poner de
rodillas y a su servicio, tanto al Estado
como a la sociedad colombiana. Podemos
con fundamento afirmar que para él
y los suyos "ni la droga ni el crimen
pagan". Fueron un fracaso.
29-10-12