Colombia Descenso del narcotráfico (Editorial 113)

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Cuando en Colombia se ha aceptado que es necesario conocer la verdad -y ojalá toda la verdad- en relación con el conflicto armado interno que se ha vivido por cincuenta años (y que ningún otro país del mundo hubiera resistido), es conveniente precisar algunos hilos, tramas y nudos de esa enredada madeja histórica del país vecino que ha iniciado un cuidadoso y esperanzador proceso de Paz. La opinión pública nacional e internacional está constatando que tres grandes flagelos venían carcomiendo el país de años atrás, aprovechándose de una especie de debilidad crónica de que adolecía el Estado colombiano: la Guerrilla de inspiración marxista, el Narcotráfico, el Paramilitarismo. Triple amenaza a todo el organismo de la sociedad colombiana que se viene superando con éxito desde el gobierno de Uribe (2002-2010) y ahora con el de Santos.

 
 

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Algo de historia

Hacia 1980 surgió en Colombia una "clase emergente" con actividades ilícitas de contrabando, robo de autos, exportación de marihuana, que inicia el fabuloso negocio internacional de la droga. Sobresalen los carteles de Medellín (Pablo Escobar con el 'Mejicano' Rodríguez Gacha) y de Cali (hermanos Rodríguez Orejuela). Aupados por el negocio, los jefes del narcotráfico intentaron incursionar en política y tener un influjo en la sociedad colombiana que ni el dinero ni su extracción social les garantizaba. Así en 1983 sale a luz pública el Movimiento Latino Nacional (MLN) de Carlos Lehder en Pereira (quien fue aprehendido y terminó extraditado a EUA) y de Pablo Escobar en Antioquia con su Movimiento Civismo en Marcha que adhiere a un famoso político liberal (Santofimio Botero). A partir de 1985, dado el rechazo de instituciones fuertes del país como los Partidos Políticos, la Iglesia Católica y la Prensa escrita (representada valientemente por El Espectador de Bogotá), el cartel de Medellín intensifica las acciones violentas para intimidar y crear zozobra en el país. Crea el frente de los Extraditables. Y los narcos entran en alianzas con las guerrillas. Todo ello bien documentado y narrado en la actual interesante super-serie televisiva "El patrón del mal" -a la que pienso dedicar mi próximo comentario. Se creó, pues, el fenómeno que se llamó Narco-Guerrilla y Narco-Terrorismo. Fenómeno deletéreo que tuvo que atender también el gobierno de Uribe, pues desde 1990 los Paramilitares fueron sustituyendo en regiones, localidades, organizaciones y puestos políticos a los 'farcos' y 'elenos'. De este modo, el narcotráfico corrompió definitivamente a las guerrillas que eran en su origen revolucionarias y a las organizaciones paramilitares que eran en su origen (por ausencia y debilidad del Estado) autodefensas de grandes sectores de la sociedad -víctimas fáciles de chantaje, secuestro, extorsión y asesinatos por parte de las guerrillas.

El gran negocio

Para tener una idea de la magnitud del problema hay que sopesar algunos datos sobre el volumen del negocio montado en Colombia durante los años 80-90 que comprendía la producción, el transporte, la distribución, el consumo de la droga, especialmente de la cocaína. Remito aquí al excelente y documentado estudio elaborado por varios especialistas de la Universidad de los Andes en Bogotá: Narcotráfico en Colombia, 1991.Y para la comparación de dichos datos con los recientes utilizo el artículo del analista Alfredo Rangel "La caída del narcotráfico"( 6 marzo 2010) que -actualizado a la fecha de hoy- permite afirmar que "la participación de Colombia en la oferta mundial de cocaína, que hasta hace poco era del 80%, ahora es del 51%, la más baja en 10 años".

La cocaína es un negocio fabuloso (apenas comparable ahora con el de la producción y exportación ilegal del oro) pues da una relación de lucro de 20 a 1. Basta fijarse en el crecimiento del precio de 1 kg. de cocaína en dólares, desde su cultivo hasta su venta al detal en Estados Unidos: producción en Colombia 1.700/ precio en Colombia 2.000 dol./ precio al por mayor en EUA 25.000 dol./ precio al detal en EU 40.000 dol. Se ha especulado mucho en el exterior -con exageración- sobre el estimativo de los ingresos que Colombia hubiera percibido por concepto de cocaína. Hasta llegar a insinuar que el innegable y sostenido crecimiento económico del país, en los últimos años, se hubiera debido a los "dineros calientes". El negocio grande ha estado en manos de los mayoristas y distribuidores al detal, en su casi totalidad norteamericanos. El ingreso fuerte de los carteles colombianos estaba en la excelente organización monopólica que demostraron. Hay que observar que los ingresos de los narcos no se ubicaron en inversiones productivas del país sino preferencialmente en fincas y bienes raíces. Fueron dineros que aunque incialmente ayudaron a aliviar la balanza de pagos de Colombia, a mediano y largo plazo resultaron distorsionantes de la economía, generando mayor demanda de bienes de consumo, inflación y evasión de impuestos. Por "lavado de dólares", en la época de auge de los carteles de Medellín y de Cali, se calcula que pudieron haber entrado al país entre $ 1.500 y $ 4.000 millones de dólares como máximo. "El éxito de la economía colombiana no se debe a los dineros calientes. Los beneficios del negocio ilegal han sido más negativos que positivos para Colombia"(J.H. Gómez, investigador).

Manejo del problema por los gobiernos de turno

Expongo en forma sucinta. El manejo de esta problemática candente ha estado
muy influida (como en el resto de América Latina) por la política represiva y militarizada
que Estados Unidos ha querido imponer como medio para prevenir el ingreso de droga a su territorio.
Turbay Ayala (1978-1982)
Fue favorable a una mayor intervención de la Fuerza Pública tanto frente a las guerrillas
como a la droga. Aplicó la llamada "Operación fulminante" con 10.000 soldados para la erradicación de la marihuana en Atlántico y la Guajira. No aceptó una propuesta de ANIF de legalización de la marihuana ni cedió a las presiones del gobierno de Carter para que Colombia usara defoliantes químicos (paraquat) para erradicar cultivos de marihuana, como se había hecho en México y Jamaica. Firma con EUA el famoso Tratado de extradición (agosto 1980) que tras dos difíciles debates es sancionado por el Congreso de la República y entra en vigor el 4 de marzo de 1982.
Betancur (1982-1986)
Reacio inicialmente a aplicar el Tratado de extradición con EUA, tras el asesinato de su
Ministro de justicia Lara Bonilla por el cartel de Medellín y las presiones de EUA, extradita 4 narcotraficantes (enero 1985). Autoriza la fumigación masiva de cultivos de marihuana con glifosato; rechaza una oferta de negociación que le hace el Cartel de Medellín, y al final de su mandato "militariza" más el combate contra el narcotráfico y permite "narcotizar" más las relaciones con EUA.
Barco (1986-1990)
Bajo las presiones de los presidentes Reagan y Bush (especialmente desde 1988
con la Nueva Ley Antinarcóticos de EUA), acentúa la "militarización" e intensifica la "guerra" contra la droga. EUA aumenta la ayuda militar a $ 76 millones de dólares en 1990. Pone en vigor la Ley de extradición y extradita 14 narcotraficantes colombianos. Dado que la Corte Suprema de Justicia colombiana se deja intimidar por el Cartel de Medellín y declara inexequible dicha ley por dos ocasiones (diciembre 1986 y junio 1987), Barco por decreto-ley # 1860 introduce la extradición por vía administrativa sobre la cual la Corte Suprema se pronuncia favorablemente y así se seguirá haciendo en siguientes gobiernos.
Gaviria (1990-1994)
Trató de "desnarcotizar" las relaciones con EUA y asumió una lucha más racional
y pragmática contra el narcotráfico, en consonancia con el sentir nacional -cansado de tanta guerra- y con base en estudios de especialistas. Buscó reducir la alta participación que los carteles colombianos habían logrado en el negocio mundial y tomó medidas que obligaron a desmontar (o al menos a trasladar a otros países) el gran negocio ilícito, pretendiendo también que EUA asumiera los reales costos del combate, pues es el principal consumidor y casi único beneficiario de él. Tras una intensa persecución de más de un año, el Bloque de Búsqueda - del cual formaba parte el notable general Naranjo, después Comandante Nacional de la Policía- dio de baja a Pablo Escobar, capo máximo del Cártel de Medellín, el 3 diciembre 1993.
Samper (1.994-1998)
Personalmente enfrentó cargos y toda una campaña de opinión norteamericana desacreditando la lucha antinarcóticos que venía librando Colombia.
Pastrana (1998-2002)
En una ingenua búsqueda de la paz, entregó a las Farc el inmenso territorio del
Caguán que la guerrilla utilizó para incursionar en el gran negocio y convertirse en otro fuerte cartel de la droga en cuanto narco-guerrilla y narco-terrorismo.
Uribe (2002-2010)
La mano fuerte de su gobierno -respaldada por la opinión nacional en sus dos períodos- propinó sensibles golpes a las guerrillas y al narcotráfico, fortaleciendo para ello el Plan Colombia con Estados Unidos que le aseguraba mayor cooperación militar y de medios de inteligencia. Asimismo, no dudó en facilitar a Estados Unidos que reinstalara en la base de Palanquero (en mitad del país) su gran centro de control y operaciones aéreas para A.L. y el Caribe que tenía en Manta y que le acababa de negar el Ecuador.
Santos (2010- )
Como Ministro de Defensa que fue en la administración Uribe ha mantenido en
continuidad el rumbo de la firme política de seguridad democrática y antinarcóticos. Lidera una última oportunidad para las Farc de acogerse a un serio proceso que termine con sus 50 años de lucha armada, 20 años de ellos en contubernio con la droga para financiar su "guerra".

El descenso del narcotráfico

Los siguientes son claros y convergentes indicadores de que viene de hecho dándose progresivamente en Colombia (en una proporción del 16% en los últimos tres años) el desmonte de la brutal hidra de muchos tentáculos que la había invadido. Las cifras están tomadas de dos fuentes autorizadas: un informe de JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU) y otro reciente del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Área sembrada de cultivos. De 163.000 hectáreas en el año 2000 se ha pasado a 4.000
hectáreas en el 2011.Con reducción del 18% respecto del año anterior. La erradicación manual de los cultivos aumentó 54 veces en los últimos 8 años.
Producción de cocaína. De 695 toneladas en el año 2000, se pasó a 487 ton. en el 2007 y a 170 ton. en el 2008, con disminución del 28% en un año y un promedio general del 10% menos por año.
Precios en EUA. Por menos oferta en el mercado americano, ha subido el gramo de $ 77 dol. a 176 $ dol. y la pureza del producto que se vende ha bajado del 67% al 49%.
Destrucción de laboratorios. Ha aumentado 2,6 veces por año.
Decomiso de droga. Ha aumentado 3,5 veces por año.
Extradiciones. Se han aumentado por 5 y llegan a más de 1.000 en los últimos 7 años.
Vuelos para exportación aérea. De 900 que partían desde Colombia apenas se han registrado 9 en el 2011. Se han focalizado en grandes corredores desde Venezuela hacia Centroamérica y África.
Proporción del negocio en el PIB. El negocio de la droga que equivalía al 1,7% de la economía legal de Colombia en el año 2.000 hoy apenas equivale al 0,3% en el 2011. Cifra comparable con la de actividades tan legales como la del transporte aéreo (0,38 del PIB) o el del gas domiciliario (0,28% del PIB) según datos recientes de Fedesarrollo (El Tiempo, 30 septiembre 2012).

Reflexiones

Las condiciones para que el narcotráfico opere en Colombia son cada vez más riesgosas y difíciles. Esto, por supuesto, está ocasionando una reducción muy significativa del volumen del negocio. Es un efecto inevitable: cuando las condiciones son adversas, el negocio, sea legal o ilegal, se marchita o se va para otra parte. Es lo que está sucediendo con la producción de cocaína en Colombia: el negocio se está trasladando para fuera de Colombia. Lo certifica la JIFE: entre 2000 y 2008 las siembras de coca se duplicaron en Bolivia y este país pasó a participar en el 13 por ciento de la oferta global de cocaína; mientras en Perú las siembras aumentaron en 45 por ciento y ahora participa en un 36 por ciento de la oferta mundial de dicha droga. Adicionalmente, los laboratorios colombianos de procesamiento de droga se están trasladando en número creciente hacia Venezuela y algunos países de Centroamérica, donde también han empezado a aparecer cultivos de coca. Hacia allá también se están yendo los mafiosos colombianos en busca de refugio seguro y para lavar sus capitales.
Finalmente, si a todo lo anterior le agregamos que las poderosas mafias mexicanas les están arrebatando las ganancias a las actuales pequeñas mafias colombianas, a las que les imponen condiciones de transacción cada vez más leoninas, razón por la cual éstas ganan cada vez menos en el negocio, tendremos un panorama completo: menos cocaína producida, más riesgos de operación y menos ganancias por kilo. Esto significa, en relación con el pasado, menos volumen de ganancias para las mafias. O sea, menos narcotráfico en Colombia.

Conclusión

"Colombia ha empezado a ganar una batalla que hasta ayer no más se daba por perdida y que, de mantenerse la tendencia en los próximos años, podríamos empezar a pensar en una reducción muy sustancial del flagelo en comparación con lo que ha sido en las tres últimas décadas". (Alfredo Rangel)

26/10/2012