• En un primer momento
- años 60 en Colombia- la violencia
-con su dinámica destructiva omnipresente-
produjo miedo, silencio, desarticulación
social, paralización de la acción.
•
Un segundo momento (años
70-80) fue el del discurso, el del repudio
abierto y la indignación expresados
por sectores de la sociedad. En el caso
colombiano, la sociedad civil se había
ido "acostumbrado" a niveles
de violencia muy altos, asumiendo como
"normal" el que todos los días
se dieran asesinatos y secuestros. Hubo
reacciones notorias frente a magnicidios
de personajes nacionales (sobre todo de
políticos) como fueron los perpetrados
contra Rodrigo Lara Bonilla (1984), Guillermo
Cano, director de "El Espectador"
(1986), Jaime Pardo Leal (1987), Roldán
Betancur y Luis Carlos Galán (1989),
Carlos Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro
(1990). La opinión nacional se
conmocionó también frente
a masacres y genocidios como los ocurridos
en La Mejor Esquina y Saiza (Córdoba),
en el Currulao (Urabá), en Segovia
(Antioquia), en el Putumayo y otros gravísimos.
•
En un tercer momento (años
90) se trató de pasar del discurso
a la movilización, a través
de dos tipos de manifestaciones: uno,
el de protesta ciudadana (paros laborales
y cívicos, marchas y manifestaciones);
otro, la participación en espacios
públicos de análisis y denuncia
(foros, cabildos abiertos, seminarios,
comisiones). El Mandato por la Paz y la
Democracia del 26 de octubre de 1997 puede
asumirse como la mayor movilización,
tanto en opinión como en peso político,
que se haya dado en Colombia por la Paz.
•En
un cuarto momento (años
2000) el país quiso pasar a una
acción coordinada del Estado con
las ONGs y fuerzas vivas, buscando salidas
concretas a los problemas de paz, ya bien
sentidos y detectados. Fue el momento
de los acuerdos y programas, que vehicularan
eficazmente la voluntad de concertación
en el pueblo colombiano entre los diversos
actores e intereses, tanto a nivel regional
como nacional. Algo que acabó por
deslegitimar (si alguna vez tuvo en sus
comienzos el apoyo popular) la pretensión
de la guerrilla de llegar al poder por
la vía armada, poniendo políticamente
la opinión pública en su
contra. Momento en el que fue valioso
el aporte de mediadores, ya aceptados
por las partes y comprobadamente útiles
en anteriores acuerdos, tales como la
Iglesia Católica y la Cruz Roja
Internacional, así como el de observadores
y facilitadores internacionales ofrecidos
por España, México, Costa
Rica y otros países. Simultáneamente
(2002-2010), tras el fracaso del proceso
del Caguán (que las Farc aprovecharon
para engañar al país y fortalecerse),
el gobierno colombiano bajo el presidente
Uribe Vélez (con ayuda del Plan
Colombia, en buena parte financiado por
Estados Unidos) aplicó con mano
fuerte una política contundente
de Seguridad Democrática que si
no liquidó militarmente a la guerrilla,
la dejó diezmada y muy debilitada.
Llega,
así, en este 2012 un quinto
momento (no hay quinto malo) en el
que el gobierno del presidente Santos
ha diseñado un nuevo proceso de
Paz (razonable y realista) en tres fases:
la exploratoria (ya realizada en 8 meses
de reuniones de las partes en Cuba), para
iniciar en firme la segunda etapa de acuerdos
serios y realistas, a través de
sesiones de trabajo en Oslo (Noruega)
a partir del 8 de octubre y posteriormente
en Cuba, a las que se añadiría
una tercera etapa de verificación
y seguimiento de los acuerdos firmados
para lograr, al fin, una Paz estable que
garantice un mayor desarrollo económico
con justicia social al que tiene derecho
Colombia y le desea la comunidad regional
e internacional.
Conclusión
David
Bushnell, PhD de Harvard, tal vez el mejor
colombianólogo con que cuenta Estados
Unidos, es autor entre otros del libro
"Colombia: una nación a pesar
de sí misma". En entrevista
para "Semana", destaca que,
a pesar de las actuales actividades malsanas
de tantos colombianos, sigue habiendo
suficientes elementos positivos como para
hacer una confesión de fe en Colombia.
"Existe una reserva de talentos y
de inteligencias que es estadísticamente
improbable que se malgaste indefinidamente.
Pero es necesario que se dediquen, de
tiempo completo, a la resolución
de los grandes problemas del país".
Voluntad de Paz. Voluntad eficaz de Paz,
con resultados concretos. Voluntad de
los mismos colombianos, concentrados en
la resolución de sus grandes problemas
internos, sin esperar una salvación
venida de fuera, es lo que todos deseamos
para superar "la mala hora"
de 50 años de laberinto.
15-09-12