En mi “Observatorio de Política
Internacional” del 20-11-2011 destacaba
yo elogiosamente la contundente victoria
que obtuvo para su reelección la
presidenta Cristina Fernández,
viuda de Kirchner, de 58 años.
Cristina arrasó con el 54 % y el
kirchnerismo recuperó el control
del Congreso. Su triunfo arrollador frente
a todos los opositores, llevó al
veterano y liberal diario La Nación
a titular en su portada “A la presidenta,
todo el poder”, ya que ella quedó
contando con mayoría absoluta en
ambas cámaras del Congreso (Cámara
de los Diputados y Senado) . Y me atreví
a sugerir que el derrotero que ella proponía
para un “nuevo país”
iba a enrumbarse por un nuevo Justicialismo,
que evitara enredarse en el mito- ya muy
aclimatado en Argentina- de creer que
el país sólo es gobernable
por un peronismo populista (con alta concentración
de poder y deterioro de la economía).
Aventuraba yo la opinión de que
su nuevo período de gobierno (hasta
el 2015) sería el de un neo-Justicialismo,
una asociación de peronismo con
justicia social. Hoy, recogiendo opiniones
de diferentes vertientes, expresadas en
los medios, intento hacer un balance breve
de lo que va corrido de este segundo mandato.
Luces y sombras
Hay que reconocer que desde el primer
gobierno de Cristina (diciembre 2007-2011),
Argentina viene ostentando unos indicadores
notables de crecimiento económico,
que ha alcanzado cotas hasta de un 8%
anual (la más alta en países
latinoamericanos) y una envidiable disminución
de los índices de pobreza y de
indigencia, que revelan una mayor justicia
social, o sea más equitativa distribución
de la riqueza (comparable con los logros
de Brasil y Uruguay). De manera que los
dos grandes compromisos asumidos para
la “construcción de un nuevo
país”, consignados en la
Declaración de Principios de su
movimiento FPV (Frente para la Victoria)
los viene cumpliendo el gobierno de Cristina
tratando de cerrar ,la “intolerable
brecha” entre pobres y ricos, “profundizando
un proceso de justicia social que deje
atrás un pasado que la mayoría
de los argentinos quiere superar y que
permita la construcción de un nuevo
espacio de gestión política
e institucional en la República
Argentina”. Ello explicaría
(y no otros factores políticos
aleatorios) la aparatosa derrota de la
UCR , Unión Cívica Radical
(con solo el 13% de los votos) , vieja
formación centrista y adversaria
tradicional del peronismo. Y por contraposición,
el contundente triunfo electoral que obtuvo
la presidenta en la Ciudad de Buenos Aires,
donde la tradicional clase media y los
sectores necesitados de la gran metrópoli
fueron ganados por los beneficios reales
y las promesas halagadoras que sigue encarnando
quien comienza a ser llamada “Señora
de los descamisados” y “nueva
Evita”.
* Sin embargo, “Por quién
suenan las cacerolas? titula la periodista
argentina María O'Donnell su comentario
del 01 de junio de 2012 en el que reproduce
la convocatoria que el día anterior,
31 de mayo, circuló ampliamente
en cadenas de mails, por las redes sociales
y a través de mensajes de celular.
Dice así: “Por una Argentina
como la que todos queremos, digamos BASTA.
Basta de falta de medicamentos. Basta
de cepo al dólar. Basta de violencia
verbal. Basta de expropiaciones. Basta
de impunidad. Basta de autoritarismo.
Basta de no diálogo. Basta de inseguridad.
Basta de corrupción. CACEROLAZO
y/o BOCINAZO el próximo jueves
31 de mayo 20.30 horas. Seguir difusión...
si querés hacer algo para cambiar
nuestra Argentina!!!”. De indignados
e insatisfechos con las políticas
del gobierno de su respectivo país
está hoy llena la geografía
mundial. Y mucho más las de nuestros
países con desarrollo limitado
y en procesos duros de emergencia que
exigen sacrificios a todos los ciudadanos,
con más razón a los de arriba
que a los de abajo. Pero lo que llama
la atención es que se esté
invitando a una protesta masiva nó
de los sectores bajos y de menor ingreso
(que están ahora mejor que antes
y los resultados electorales lo demostraron)
y se dirija (buscando respuesta) a sectores
de clase media ya bien instalados, y a
los de alto ingreso promedio (antes intocables)
y que ahora comienzan a sentir una más
justa carga distributiva
** “Cristina, petróleo
y psicoanálisis” titula
su artículo –inicialmente
publicado en El País de Madrid-
el autorizado y bien informado analista
venezolano internacional, radicado en
Washington, Moisés Naim, de quien
cito textualmente algunos párrafos
suyos (www.efectonaim.com).
“Argentina es el país con
más psicólogos per cápita.
Este dato me vino a la mente cuando la
presidenta Cristina Fernández de
Kirchner anunció que nacionalizaría
Repsol YPF, la principal empresa petrolera
del país...La nacionalización
de Repsol-YPF produjo una andanada de
críticas en todo el mundo. Excepto
en Argentina. Según las encuestas,
una inmensa mayoría de argentinos
apoya la medida. Esto sorprende, ya que
Argentina tiene una larga, conocida y
triste historia de nacionalizaciones que
solo trajeron pérdidas, corrupción
y miseria....Pero los argentinos saben
-o deberían saber- lo que sucede
cuando su Gobierno mete las manos en una
empresa. En la década pasada, la
compañía de agua de Buenos
Aires, Aerolíneas Argentinas y
varias empresas de electricidad que habían
sido privatizadas en los años noventa
fueron renacionalizadas con argumentos
muy parecidos a los que ahora ha utilizado
la presidenta argentina para justificar
la toma estatal de Repsol. El resultado
de estas renacionalizaciones ha sido catastrófico..
..Pero los argentinos que aplauden la
nacionalización de Repsol YPF no
solo pueden aprender recordando su propia
experiencia, sino también de lo
que ha pasado en otros países.
Los casos de la mexicana Pemex y la venezolana
PDVSA son muy aleccionadores. Estas dos
grandes compañías petroleras
tienen más en común que
el hecho de ser estatales o ejercer un
virtual monopolio sobre la exploración
y producción de petróleo
y gas en países ricos en hidrocarburos.
Su similitud más sorprendente es
que, a pesar de que los precios del petróleo
han estado en pleno auge, las dos empresas
han declinado. Su producción, reservas
y el potencial son inferiores a lo que
solían ser, y su rendimiento es
mucho peor de lo que fácilmente
podría ser....La experiencia de
otros países no solo aporta lecciones
de fracaso; también hay grandes
éxitos. El Gobierno argentino hubiese
podido evaluar lo que está sucediendo
en Brasil o en Colombia. Hasta hace poco,
estos países eran importadores
de hidrocarburos. Hoy la brasileña
Petrobras es un actor global que va en
camino de convertirse en una de las petroleras
más importantes del mundo, mientras
que en Colombia la producción de
petróleo se ha disparado. En ambos
casos, el gobierno se reserva un papel
central, pero ha creado estructuras que
protegen la gestión de la empresa
de interferencias políticas”.
Derrotero
inquietante
El análisis de lo que ha ocurrido
en algunos países de Latinoamérica
donde varios regímenes han colapsado
cuando se agota un reparto complaciente
de riqueza al que no corresponde un aumento
correspondiente de producción,
nos lleva a suscribir la conclusión
lúcida de un autorizado estudioso:
“el populismo ha constituido la
más grave enfermedad política
de América Latina” (Escovar
Salom). Y nos hace temer por el futuro
de gobiernos que funcionan en forma paternalista
y clientelista, que acaban colapsando,
confiados en que los recursos son inagotables,
sin prever eficientemente que haya una
equivalente producción nacional
que los mantenga. Los precios en la Argentina
de Cristina aumentan a un ritmo frenético
del 24 % anual, la peor tasa de inflación
en América Latina (si se exceptúa
la escandalosa de Venezuela), y sin que
tenga ella el inagotable recurso petrolífero
de la Venezuela bolivariana de Chávez.
El aterrizaje puede ser tan espectacular
como doloroso.
Conclusión
Tiene razón Mateo Madridejos (“El
observatorio mundial”, 25-10-11)
en su observación de que “el
éxito del llamado Frente de la
Victoria se explica, ante todo, porque
la jefa del Estado, emulando sin desmayo
a Eva Duarte, puso más dinero en
los bolsillos de los pobres y alimentó
más programas sociales que ningún
otro jefe del Estado desde la caída
de Perón en 1955, sin importarle
los peligros de la espiral inflacionista
y de la demagogia. Ya se sabe que los
subsidios aumentan el consumo y la clientela,
pero no la productividad. Las estadísticas
de la pobreza conocen un rápido
declive, lo que explica que los habitantes
de las villas miseria hayan votado en
masa por la nueva “reina y señora
de los descamisados”. Las reformas
estructurales, sin embargo, están
por acometer, de manera que el retroceso
de la pobreza puede resultar un espejismo
tan pronto como apriete la inflación
y se recorten los subsidios. Los barrios
de latas siguen donde estaban y cabe suponer
que volverán a sufrir tan pronto
como se presente una de esas crisis que
periódicamente sacuden al país
y revelan con furia sus lacras institucionales
y sociales”.