Francia : La centro-izquierda ganó la elección (Editorial 100)

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Con Hollande gana el poder, tras 17 años, un socialismo moderado y democrático de centro-izquierda relevando el gobierno de Sarkosy que durante cinco años intentó ser de centro-derecha y que decepcionó al electorado francés. Ofrezco un esbozo de análisis con base en la teoría llamada “triangulación”, que es buena fórmula política para ganar elecciones presidenciales y luego para la subsiguiente exitosa gobernanza en países –como Francia- donde se mueven y enfrentan polos extremos de derecha e izquierda. Con los comicios muy reñidos e intensos del 6 de mayo, y una alta, madura participación electoral, Francia dio la talla para enfrentar los cambios que requiere su país y Europa. Tomó conciencia de lo mucho que se jugaba para el futuro no solo de la misma Francia sino de Europa toda.

 
 

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Triangulación política

Hollande jugó bien la carta electoral de la ‘triangulación’ al meter temor en el electorado francés a la extrema derecha, cultivada de muy atrás (década de los 80) por el Frente Nacional (FN), adulada por Sarkozy y representada esta vez por su líder Marina Le Pen con un amenazante y estridente 19% de derecha extrema, logrado en las elecciones primarias del 22 de abril. Simultáneamente el candidato socialista supo apaciguar las prevenciones de muchos sectores franceses frente al retorno de una Izquierda, con errores y excesos -difíciles de olvidar en la conciencia colectiva- cometidos durante el gobierno de F. Mitterrand (1981-1994). Logró, así, completar una mayoría de votación con los apoyos de Jean Luc Melenchon (izquierdista 11,5% votos), de Francois Bayrou (9.1% votos) y disidentes de la derecha extrema del FN. Me parece oportuno recordar cómo en 1994, en Estados Unidos, se dio el nombre de 'triangulación' a la aplicación rigurosa que hizo Bill Clinton de una nueva estrategia política inspirada en la tercera vía inglesa (ni socialismo de izquierda ni social democracia de derecha), Fue la formulación de una tercera posición, que por métodos diferentes a los que tradicionalmente proponían en EUA el propio partido demócrata y la oposición republicana, buscaba obtener los objetivos que perseguía el electorado. Utilizó propuestas republicanas para alcanzar objetivos demócratas, y obligó a su partido a dar un paso adelante para sintonizarse con la opinión pública, sin renunciar a sus principios. Clinton no tomó ninguno de los caminos disponibles en el momento. Intentó uno nuevo. Su pirueta, antes de lanzarse por segundo periodo a elección presidencial se la llamó "triangulación" y fue inventada por su asesor Dick Morris. La triangulación consiste en situar al presidente en un vértice equidistante de los dos polos enfrentados (derecha e izquierda, demócratas y republicanos), convenientemente protegido del fragor político diario. Que la triangulación respondía a convicciones propias de Clinton y no a simples apariencias u oportunismo electoral, se puede deducir de un libro que publicó antes de su reelección, en el que criticaba tanto el modelo estatista defendido por algunos (izquierda) como el modelo ultraliberal propuesto por otros (derecha). Él proponía quedarse en el medio entre la izquierda y la derecha, entre socialistas y conservadores. Clinton había aprendido que es así como se ganan elecciones (en las que la mayoría ciudadana suele tender al centro!) y es así como se puede hacer un buen gobierno. Clinton optó por el nuevo camino, y con ello, en las elecciones presidenciales, los demócratas retuvieron la Casa Blanca. Y lo aplicó con éxito durante toda su administración de dos períodos (1993-2001) habiendo dejado el legado de un excelente gobierno con 8 años de paz, con respetabilidad mundial, buen desempeño económico (con una aprobación de su gestión del 66%). Sin mencionarla, no es extraño que Clinton en su último libro haya recurrido a la ‘triangulación’ -que le funcionó- para sugerirle al presidente Obama que busque una fórmula más inteligente para acabar con la actual crisis económica. Hoy, dada la grave coyuntura por la que atraviesan varios Estados europeos (que implica también a Francia), una buena solución parece ser la triangulación política.

Coalición centro-izquierda

Por lo acertadas y bien expuestas (como acostumbra hacerlo con su peculiar estilo), asumo opiniones de Lluis Bassets, consignadas en recientes columnas de El País. Ha dicho que “ la derecha extrema no es la extrema derecha. Al menos todavía. La primera es la radicalización, desacomplejada y populista, y esperemos que circunstancial, de la derecha de siempre; mientras que la segunda anida y vive en el extremo del mundo ideológico”, aunque en algunos casos intenta salir de su soledad y apoderarse del espacio conservador entero.

Como quiera que sea, de esta elección presidencial sale para Francia un nuevo paisaje político. Se ha conformado una gran coalición demócrata de centro izquierda y de centro derecha que funcionó para estos comicios presidenciales, que puede robustecerse con las próxima elecciones para la Asamblea Nacional del 5 de junio y que está dispuesta a llegar lejos para bien de Francia y de toda Europa. Ella podrá enfrentar con éxito el populismo suicida invocado por una derecha extrema y favorecido por una izquierda desueta y anacrónica. Varias tendencias políticas han logrado agruparse alrededor de esta nueva familia política -humanista y progresista- que favorece el cambio con decisión pero con prudencia.

La ‘triangulación’ que en buena hora facilitó el acceso al poder del candidato Hollande, permitirá al nuevo presidente atender desde el vértice del poder central (Ejecutivo), a las buenas propuestas de una izquierda socialista moderada de su PS y a los reclamos nacionalistas provenientes de una extrema derecha (Le Pen), combinando las mejores energías de los principales Partidos existentes y futura Asamblea (Legislativo), -por la que se votará el próximo 5 de junio- para acertar en la toma de decisiones que consulten mejor los intereses de las mayorías de la población francesa (Pueblo). Sigue siendo verdad –como de los ciudadanos en otras naciones- que “los franceses tienen el corazón en la izquierda y el bolsillo en la derecha”. El electorado francés ha demostrado así, de nuevo, su singular madurez, equilibrio y elasticidad (“souplesse”).

El crecimiento de Europa

“Los franceses han votado por una Europa de otro tipo”, afirmó hace unos días François Hollande siendo candidato y anunció que una vez elegido su primer viaje sería a Berlín para confirmar a la canciller alemana Angela Merkel que las cosas han cambiado en la Unión. “Yo voy a renegociar el pacto [sobre disciplina fiscal]. Merkel lo sabe”. Hollande quiere institucionalizar en Europa el compromiso con el crecimiento y el empleo- afirman Martínez de Rituerto y Juan Gómez en El País de Madrid. “El líder socialista se ve como la punta de lanza de un nuevo modo de construir Europa, menos tecnocrático y más humanista, entendiendo por tal el tener más en cuenta a los europeos. Como él dice, muchos otros dirigentes europeos estaban “esperando a conocer el resultado de las elecciones francesas para abrir una nueva discusión”. Muchos otros y, sobre todo, los socialistas, una especie en vías de extinción en los Gobiernos de la UE esperan que el triunfo en Francia suponga un punto de inflexión. Por ejemplo, Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del PSOE, afirma que el voto francés “abre un tiempo nuevo” y supone “una gran esperanza para Europa”. Hollande no repudia el pacto presupuestario que introduce disciplina en las cuentas públicas. Lo que se propone es introducir la componente del crecimiento, empeño que los expertos en Bruselas consideran factible mediante la simple inclusión de un anexo al documento que enfatice la palabra mágica. “¿Disciplina presupuestaria? Sí. ¿Austeridad de por vida? No”, es la consigna del socialista francés.

Vidal-Folch (“Este Francois no es Mitterrand”, El País 5 mayo) recuerda cómo el presidente liberal Valèry Giscard -quien sucedió al izquierdista Mitterrand en 1994 y gracias a su ministro Jacques Delors- logró después una sensata combinación de ortodoxia presupuestaria y reformas sociales. Su balance histórico resultó exitoso al reconciliar a la izquierda con la economía de mercado, dotando a esta de más sensibilidad social. Fue una buena ‘triangulación’ centrista, comento yo. Algo que con buen olfato político busca ahora Hollande. “Su receta es gastar algo menos e ingresar mucho más para poder crecer en casa y en Europa. Sus medidas buscarán un reparto de la factura de la crisis más equitativo. Hollande no va pregonando por la cuatro esquinas que refundará el capitalismo mundial -como lo hizo con gancho en 2008 su rival Sarkozy, sin llegar a resultados-. Pero retocará a fondo el factor más sangrante de los capitalismos: la extrema y creciente disparidad de ingresos. El abordaje del objetivo de la equidad (aumento y mejor reparto de los ingresos) es más factible a nivel doméstico en la actual Francia, pero el del crecimiento debe apoyarse en la UE. No hay perspectiva de crecimiento (notable) en un solo país, como no la hubo para el socialismo (durable) en un solo país, aunque Francia fuera la de Mitterrand.

07-05-12