En
el segundo debate, a Gore lo percibimos
como un león enjaulado y demasiado
contenido en temas de política
exterior, que eran su fuerte. Ello permitió
a Bush salir airoso en un terreno en el
que se pensaba que tenía menor
dominio. En el tercero y último
debate del martes 17, ante preguntas de
todo tipo hechas por diferentes ciudadanos,
Gore gestualizó abierta y expansivamente,
sonrió más, estableció
un mejor contacto visual y habló
mucho más específicamente
en cada pregunta. Bush estuvo bien, pero
Gore se recuperó. Los debates televisados
confirman a los espectadores en su elección
ya previamente tomada; pero no se excluye
que logren inclinar a algunos de quienes
hasta el momento estaban apáticos
o indiferentes. Los Medios se han encargado,
por otro lado, de ir ilustrando y destacando
rasgos de su candidato preferido, que
pueden impactar el gran público.
A favor de Gore ha funcionado bien, por
ejemplo, el mostrar el prolongado beso
en la boca a su esposa Tipper en la Convención
Demócrata, el entusiasta apoyo
de su hija la periodista Karenna, su presencia
en un programa popular como el de Oprah
Winfrey, su estilo descamisado de campaña
y un cierto tinte populista en defensa
de las familias trabajadoras de clase
media.
El
contraste de los ptogramas
Para
un electorado culto y maduro, cuenta algo
el discurso programático en la
hora de tomar decisión. Y aquí
es inevitable el soporte partidista, que
viene dado como un cauce, aunque el candidato
pueda matizarlo y flexibilizarlo. Una
larga trayectoria del Partido Demócrata
lo hace más perceptible como el
partido del añorado “Estado
de Bienestar” (Welfare State), con
mayor intervención sobre el mercado,
más inversión social y sensibilidad
humanitaria para captar los problemas
de las minorías en su país
y de los países en desarrollo.
Al Partido Republicano, el Grand Old Party,
se lo percibe más ligado a los
grandes capitales, más confiado
en las leyes del mercado, más atento
al Orden y Seguridad del país con
fuerte apoyo en lo militar, y menor voluntad
de comprometerse en la construcción
de otras naciones del mundo, a no ser
que afecten sus grandes intereses propios.
Es claro que ambos candidatos y sus respectivas
campañas –cada uno desde
su propio ángulo en el cuadrilátero–
buscan adueñarse del centro, de
esa amplia clase media norteamericana,
que es el árbitro de la pelea electoral.
Ello explica en el candidato demócrata:
su elección como compañero
de fórmula (vicepresidente) del
senador Lieberman, un judío practicante
con reputación seria de honestidad;
su énfasis en los valores familiares
y atención a los problemas juveniles;
su propuesta de reducir la fácil
adquisición de armas, en contra
del poderoso grupo de presión de
la Asociación Nacional del Rifle
(NRA), que apoya a su contrincante. Su
énfasis en que buscará desde
el Ejecutivo el que el excedente del presupuesto
actual llegue a sectores más necesitados
de la población a través
de inversión social como Medicare,
Educación, programas para niños
y tercera edad, es de aceptación
popular y coherente con la tradición
demócrata. A su turno, el candidato
republicano trata de ofrecer un “conservadurismo
con compasión”, un rostro
más humano del capitalismo, una
gestión exitosa como gobernador
del Estado de Texas en salud, educación
y empleo; y quiere halagar al electorado
ofreciendo que del superavit actual devolverá
impuestos.
Conclusión
La carrera presidencial en EUA se ha centrado
inevitablemente en cómo manejará
cada candidato el dinero del superavit
presupuestario. Hay dos propuestas diferentes:
una más estatista, otra más
neo–liberal. Pero en el fondo todo
reposa sobre el hecho incontrovertible
de una era Clinton de 8 años de
paz, con respetabilidad mundial y excelente
desempeño económico, con
alto empleo, mínima inflación
y bienestar generalizado. Difícilmente
el electorado norteamericano seguirá
la voz de sirena de los republicanos cuando
espetan: “Ha llegado el momento
de que se vayan”. Más que
por personalidades o programas, el elector
medio (allá como acá) vota
por el bolsillo ! No es fácil querer
cambiar, cuando las cosas van bien.
30/10/2000