¿Prosigue la era Clinton?
Análisis & Opinión > Norteamérica > ¿Prosigue la era Clinton?
Análisis & Opinión > Personajes > Clinton > ¿Prosigue la era Clinton?
Logo Enrique Neira

 

 

     

La lucha por la presidencia imperial

Estados Unidos de Norteamérica fue el primer pais que adoptó, en su Constitución de 1787, el sistema político presidencialista. Y a su ejemplo, lo adoptamos en la mayoría de las repúblicas latinoamericanas. En palabras de John F. Kennedy –recordadas por Theodore Sorensen– “la Presidencia es una institución formidable, expuesta a la vista de todo el mundo, y sin embargo bastante misteriosa. Es algo formidable, porque representa el punto de decisión última en el sistema político. Es algo expuesto a la vista de todo el mundo, porque las decisiones no pueden situarse en el vacío. Y es algo misterioso, porque la esencia de la decisión ultima permanece impenetrable al observador”. Por ello, la lucha electoral por quién ocupará la Presidencia en ese gigantesco país que le dió origen y que tiene una tan clara vocacion imperial, es un duelo público que atañe no sólo a los gringos sino a todos los que conformamos la actual aldea mundial.

La personalidad de los candidatos

Los tres debates televisados, con cobertura mundial, a los que pudimos asistir entre Al Gore y George Bush, nos permitieron asomarnos a algunas de las características de cada uno de ellos. El diferente formato de cada pugilato político en los escenarios de Boston, Winston–Salem y Saint–Louis nos permitió apreciar algo del futuro Presidente de EUA que saldrá elegido el proximo 7 de noviembre. En el primer debate, Bush se granjeó cierta simpatía, por su estilo directo y gran conocimiento en una gama amplia de temas importantes para la nación. Gore, bien provisto de números y estadísticas, dejó cierta impresión de altanero y fanfarrón, con un discurso en el que hubo imprecisiones según expertos.

 

Análisis & Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor

Biografia del autor
CV, trayectoria, principales obras y publicaciones y personajes de la historia que lo han inspirado

Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy.

 

En el segundo debate, a Gore lo percibimos como un león enjaulado y demasiado contenido en temas de política exterior, que eran su fuerte. Ello permitió a Bush salir airoso en un terreno en el que se pensaba que tenía menor dominio. En el tercero y último debate del martes 17, ante preguntas de todo tipo hechas por diferentes ciudadanos, Gore gestualizó abierta y expansivamente, sonrió más, estableció un mejor contacto visual y habló mucho más específicamente en cada pregunta. Bush estuvo bien, pero Gore se recuperó. Los debates televisados confirman a los espectadores en su elección ya previamente tomada; pero no se excluye que logren inclinar a algunos de quienes hasta el momento estaban apáticos o indiferentes. Los Medios se han encargado, por otro lado, de ir ilustrando y destacando rasgos de su candidato preferido, que pueden impactar el gran público. A favor de Gore ha funcionado bien, por ejemplo, el mostrar el prolongado beso en la boca a su esposa Tipper en la Convención Demócrata, el entusiasta apoyo de su hija la periodista Karenna, su presencia en un programa popular como el de Oprah Winfrey, su estilo descamisado de campaña y un cierto tinte populista en defensa de las familias trabajadoras de clase media.

El contraste de los ptogramas

Para un electorado culto y maduro, cuenta algo el discurso programático en la hora de tomar decisión. Y aquí es inevitable el soporte partidista, que viene dado como un cauce, aunque el candidato pueda matizarlo y flexibilizarlo. Una larga trayectoria del Partido Demócrata lo hace más perceptible como el partido del añorado “Estado de Bienestar” (Welfare State), con mayor intervención sobre el mercado, más inversión social y sensibilidad humanitaria para captar los problemas de las minorías en su país y de los países en desarrollo. Al Partido Republicano, el Grand Old Party, se lo percibe más ligado a los grandes capitales, más confiado en las leyes del mercado, más atento al Orden y Seguridad del país con fuerte apoyo en lo militar, y menor voluntad de comprometerse en la construcción de otras naciones del mundo, a no ser que afecten sus grandes intereses propios.

Es claro que ambos candidatos y sus respectivas campañas –cada uno desde su propio ángulo en el cuadrilátero– buscan adueñarse del centro, de esa amplia clase media norteamericana, que es el árbitro de la pelea electoral. Ello explica en el candidato demócrata: su elección como compañero de fórmula (vicepresidente) del senador Lieberman, un judío practicante con reputación seria de honestidad; su énfasis en los valores familiares y atención a los problemas juveniles; su propuesta de reducir la fácil adquisición de armas, en contra del poderoso grupo de presión de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que apoya a su contrincante. Su énfasis en que buscará desde el Ejecutivo el que el excedente del presupuesto actual llegue a sectores más necesitados de la población a través de inversión social como Medicare, Educación, programas para niños y tercera edad, es de aceptación popular y coherente con la tradición demócrata. A su turno, el candidato republicano trata de ofrecer un “conservadurismo con compasión”, un rostro más humano del capitalismo, una gestión exitosa como gobernador del Estado de Texas en salud, educación y empleo; y quiere halagar al electorado ofreciendo que del superavit actual devolverá impuestos.

Conclusión
La carrera presidencial en EUA se ha centrado inevitablemente en cómo manejará cada candidato el dinero del superavit presupuestario. Hay dos propuestas diferentes: una más estatista, otra más neo–liberal. Pero en el fondo todo reposa sobre el hecho incontrovertible de una era Clinton de 8 años de paz, con respetabilidad mundial y excelente desempeño económico, con alto empleo, mínima inflación y bienestar generalizado. Difícilmente el electorado norteamericano seguirá la voz de sirena de los republicanos cuando espetan: “Ha llegado el momento de que se vayan”. Más que por personalidades o programas, el elector medio (allá como acá) vota por el bolsillo ! No es fácil querer cambiar, cuando las cosas van bien.

30/10/2000