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Dado
que el hombre es por naturaleza un animal
político (zoón politikón), el Poder acompaña
siempre al grupo zoológico humano en cuanto
capacidad legítima de mando sobre la comunidad.
Y el Sexo, dimensión honda e inseparable
del ser humano, va también con el Poder.
La historia está llena de hombres con
poder, que son presa de los atractivos
y encantos del sexo o hacen de él uno
de loz goznes que aceitan su diario ejercicio
del mando.
El
affaire extramarital del rey David con
la Sra. Betsabée, esposa de su valiente
general Urías, el heteo, es en la Biblia
castigado severamente por boca del profeta
Natán. Pero ello no impide que más tarde,
la opinión pública de Israel y las arcas
reales faciliten al rey Salomón mantener
muchas esposas y muchas concubinas. La
historia de relaciones de amor y política,
es a partir de Marco Antonio y Cleopatra,
larga y a veces trágica en sus desenlaces.
Fue sobretodo en las monarquías europeas
de los siglos XVI y XVII donde se tejieron
las grandes leyendas amorosas y se practicaron
orgías palaciegas, como aquellas memorables
en las que hacía de anfitrión el monarca
francés Enrique IV (1553-1610). En la
Corte española de Felipe IV (105-15) las
intrigas amorosas fueron también frecuentes.
La esposa de Carlos IV (1748-1819), María
Luisa, tenía como amante al todopoderoso
Primer ministro Manuel Godoy, por cuya
alcoba pasaban muchas otras bellas damas.
Los líos amorosos, infidelidades y consecuentes
divorcios de personajes de varias casas
reales europeas (Windsor en Inglaterra,
Grimaldo en Mónaco) son noticia fresca.
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Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
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A finales del año pasado resultó un best-seller
el libro del periodista Seymour Hersh:
El lado oscuro de Camelot
(The Dark Side of Camelot). En forma más
minuciosa y picante que el anterior libro,
sobre el mismo tema, de Laurence Leamer:
Las mujeres de Kennedy
(The Kennedy Women), desfilan por su páginas
mujeres célebres y otras no tanto, en
la vida del presidente John F. Kennedy,
tales como Ellen Rometsch, Judith Exner,
Pamela Turnure, Alicia Dart, Marylin Monroe…,
que confirman su apreciación de que el
presidente de EUA fue "una muy saludable
y magnética máquina sexual". Sin embargo,
a pesar de tres décadas de revelaciones
sobre sus feas o lindas aventuras extramaritales
(el lado oscuro de Camelot), el mito de
JFK como excelente gobernante y estadista,
persiste.
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Ahora es el turno de Bill Clinton.
Siendo éste muy joven tuvo un encuentro
personal con J.F. Kennedy, que lo impactó
y desde entonces lo tomó como su modelo
a imitar. Pero parece que Clinton está
emulando demasiado a su héroe presidencial
bajo este "aspecto oscuro". Aunque tiene
también la suerte de que su mito resiste,
como lo confirman los recientes sondeos
de opinión pública. A raíz del magnífico
discurso del Presidente ante el Congreso
de Estados Unidos sobre "El estado de
la Unión", justo cuando había reventado
el escándalo de su relación con la joven
pasante Mónica Lewinsky, se preguntó a
los norteamericanos (Time, february 9,
p.14-15): "Usted aprueba o desaprueba
la forma como el presidente Clinton está
desempeñando su oficio ?". Respuesta:
aprueba 68%. "Está yendo demasiado lejos
Kenneth Star al investigar la conducta
sexual de Clinton ?". Respuesta: sí 51%
(enero 22). Sí 60% (enero-28-29). "Están
los medios noticieros yendo demasiado
lejos en investigar la conducta sexual
de Clinton?". Respuesta: sí 60% (enero
22). Sí 72% (enero28-29).
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A la luz de este último escándalo de Clinton
es pertinente la pregunta que se hacen
los norteamericanos de si la vida sexual
del Presidente deba seguir siendo objeto
de pública discusión y debate. Un número
notable de ciudadanos parece estar inclinándose
a manejar estos asuntos como lo hacen
los franceses ( y por supuesto los venezolanos)
desde hace años. El presidente francés
Mitterrand escribió varias páginas amorosas
al final de su vida, sin que la opinión
pública se lo reclamara. Quienes seguimos
por televisión las exequias de Mitterrand
todavía recordamos la toma que enfocó
a su hija natural mayorcita, al pie de
la que fue legítima esposa del presidente
por muchos años. Estados Unidos está aprendiendo
a ponderar que un político debe ser juzgado
por su accionar público y no por sus "affairs"
privados. Muchos americanos piensan que
son ciertas las prácticas sexuales de
Clinton con la jovencita de 21 años; pero
no se preocupan por ello. Para los medios
de comunicación esto implica que deben
plantearse seriamente si reportan o no
las conductas sexuales improcedentes de
los políticos. Cuando los medios supieron
las de J.F. Kennedy, las disimularon,
quizás por el temor a que los electores
encontraran demasiado relevantes los líos
de faldas y pudieran votar en contra de
un buen tipo, en base a que se la estaba
jugando a su esposa. Los periodistas de
entonces pensaron que defendían a la democracia
contra sí misma, sustrayendo a la masa
de ciudadanos información peligrosa. Las
actuales encuestas de opinión sugieren
que los ciudadanos se escandalizan menos
que antes con los "pecadillos" de los
políticos, y que van dejando atrás la
hipocresía de la cultura victoriana que
estuvo tan de moda. El actual primer ministro
inglés, el laborista Tony Blair, está
marcando una clara diferencia con los
anteriores gobiernos conservadores, en
el manejo de estos asuntos de faldas de
sus ministros (como es el caso actual
de su ministro estrella de Relaciones
Exteriores, Robin Cook de 51 años y su
secretaria amante de 41, Gaynor Regan).
Parece, pues, que los noticieros hablados
y escritos de EUA deberían comenzar a
reportar menos el comportamiento sexual
de su gobernante, precisamente por irrelevante
en política. A no ser que lo quieran seguir
reportando, y aun magnificando, por un
decadente y comercialista "amarillismo"
del que tampoco ellos están exentos.
09/02/1998
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