Clinton bien sentado
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A una semana de las elecciones en USA, Bill Clinton puede descansar tranquilo en su sillón presidencial, con una ventaja según las últimas encuentas de casi 30% sobre su rival, equivalente a 30 millones de electores. Como quien dice, está sobrado.

Los debates finales

Su oponente republicano, Bob Dole, perdió la última oportunidad que pudiera haber inclinado algo la balanza a su favor. Quienes pudimos seguir en directo los dos debates por TV entre los candidatos a presidente (el 6 y el 16 de octubre ) pudimos percibir a un Clinton sereno y señero, con aire de superioridad y algo de experiencia por sus canas de 50 años. No se dejó llevar al debate de implicaciones éticas personales, ni se rebajó a la agresión personal al que fue provocado. Lució en todo momento dando respuestas ágiles y expeditas, imitando aquel porte airoso, dominante y glamoroso de John F. Kennedy, de tan grato recuerdo. Clinton "dejó una mejor impresión en lo referente a la presentación de sus puntos de vista y fue muy acertado en brindar respuestas precisas a preguntas precisas", comentó Gary Gary, profesor de Ciencias políticas en la Universidad de San Diego, California, donde tuvo lugar el último debate. Las encuestas reflejaron inmediatamente la impresión dejada en los televidentes.

 

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No podemos olvidar que en los debates públicos, es más importante el cómo contesta usted las preguntas que lo que usted sustancialmente dice. Las estadísticas se olvidan. Queda la impronta personal. Los encuestados juzgaron que en el primer debate lo hizo mejor Clinton (57%) que Dole (17%). El segundo debate favoreció a Clinton (55%) sobre Dole (25%). El debate entre los compañeros de fórmula, candidatos a la Vicepresidencia, arrojó casi los mismos resultados. Las previsiones que daban ventaja sobre Al Gore, vicepresidente actual, al republicano Jack Kemp, que tiene lo que no tiene Dole (energía, visión, sonrisa y discurso articulado), no se cumplieron. Kemp no fue tan incisivo como se esperaba; mostró ser menos enérgico ante las cámaras que en los parques y tertulias. A los que pudimos ver el debate nos quedó la sensación de que Gore era el republicano moderado y Kemp el demócrata. De todos modos, éste queda bien posicionado como candidato a la presidencia, en el año 2000, puesto que los republicanos están sin líderes. La encuesta (Time/CNN) arrojó que Gore lo hizo mejor en el debate (44%) que Kemp (17%).

¿ Por qué gana Clinton las elecciones ?

* Economía e impuestos. A mis alumnos de politología yo siempre les he sostenido que en todas partes del mundo, también en USA - a no ser que medien condiciones Enrique Neira ELECCIONES USA (III) 2 muy especiales de sobrevivencia del país- la gente vota por el bolsillo. Clinton recibió en 1992 una economia maltrecha y sin horizontes despejados. En 4 años, indicadores serios muestran un mejor desempeño de la economía, con inflación baja, reducción del desempleo (10 millones de nuevos puestos), disminución de la ingente deuda fiscal, reactivación de la competitividad internacional de los productos americanos (industria automotriz, cineasta, digital y de comunicaciones, servicios...). El 15% de reducción de impuestos con que quiso cortejar Dole al electorado resultó insostenible en las manos hábiles de Clinton. Primero hay que seguir reduciendo déficit fiscal antes de abrir las esclusas de los impuestos.

* Sentido social. Los republicanos no han podido borrar en la opinión pública la percepción de que durante la campaña han estado asustados y acomplejados, porque evidentemente al ganar en 1994 la mayoría del Congreso (en las dos cámaras), dieron muestra de insensibilidad y falta de sentido social. Forzaron leyes de un capitalismo salvaje, sin tener en cuenta sus efectos nocivos sobre minorías raciales (negros, latinos, orientales) y del Tercer Mundo (Cuba, Bosnia, Colombia, Irán, Iraq, Autonomía Palestina..). Clinton se encargó de poner una raya a los republicanos por su voto contra el Medicare (cobertura de salud): "A ninguno, mientras yo sea Presidente, le será jamás negada la atención médica que necesita".

*Pragmatismo. Clinton y su equipo tienen una visión clara de qué quieren para el futuro de Norteamérica, de acuerdo a lo que su abigarrada población expresa como problemas más sentidos. He vuelto a leer el libro que Clinton y Gore lanzaron en su campaña del 92: Putting People first. How We can All Change America (Time Books, 232 pages). Hay allí pronunciamientos bien fundamentados y concretos sobre temas tan cruciales como : Niños, Ciudades, Derechos civiles, Crimen y Drogas, Control de Armas, Educación, Ambiente, Familias, Salud, Agricultura, Habitación, Seguridad Nacional, Ancianos, Comercio, Mujeres, Inmigración..y por supuesto un tema internacional álgido como el de Israel y Medio Oriente. Pero Clinton, en su primer período, ha mostrado que no está hipotecado por alguna ideología neo-liberal ni socialista. Es un estadista pragmático y moderado. A su lado, la actual plana mayor del Republicanismo (the Grand Old Party) luce terriblemente ideológica, extremista y amenazante. Si Clinton inicialmente se inclinó por una izquierda liberal (su orden a las Fuerzas Armadas de enlistar homosexuales levantó ampollas), sus rápidos reflejos lo llevaron pronto hacia el centro y terminaron haciéndole adoptar medidas de extrema derecha para halagar a sectores republicanos (luz verde a la ley Helms-Burton contra Cuba y países que comercian con la isla, descertificación a Colombia y no visa a su presidente por no tener supuestamente una política más agresiva y represiva en el gigantesco marco del comercio internacional de drogas. Es el pragmatismo de quien sabe que tiene que
gobernar a un país mayoritariamente conservadurista.
En su estrategia de campaña y de acuerdo a sus asesores, Dole quiso encuadrar a Clinton en un marco de Liberalismo a ultranza y designó a la Sra. Hillary de Clinton como una mujer chapada al antiguo estilo liberal. Quiso presentarse como el adalid del pequeño Estado y pintar a Clinton como favoreciendo la ampliación del ya grande "status quo" gubernamental, partidario de un Estado paquidérmico y cuasi socialista. Pero ni los hechos ni la opinión pública le dieron crédito, amén de que estos esguinces ideológicos no interesan al electorado. Pragmáticamente Clinton, en USA, como lo hizo Gaviria en Colombia, favorece tanto Estado cuanto sea necesario (el Medicare estatal, la Educación pública....) y desmontar aquellas oficinas gubernamentales que no parecen necesarias o se desempeñan mejor en manos privadas. Frente al electorado que escogió, hace apenas dos años, dejar el Congreso en manos de los republicanos, Clinton se presenta ahora como centrista, como el presidente capaz de meterle el freno a los excesos neo-liberales de Dole, Gingrich, Helms, Burton y su séquito de dinosaurios.

* Crimen y drogas. Son dos temas sensibles para el electorado norteamericano. La democracia más promocionada del mundo está preocupada desde hace años, con razón, por el alto índice de criminalidad en las ciudades, por las acciones terroristas (Oklahoma) y grupos armados que han desafiado la presencia legítima de la Fuerza Pública en sus territorios (Montana), por la violencia de las bandas juveniles (gangs), por el incontenible auge en el consumo de drogas y adictivos. Clinton mostró que, durante su mandato, los índices de crímenes se han reducido, aunque el problema sigue; que hay mayor número de policías por las calles; que favorece una legislación más restrictiva respecto de compraventa y uso de armas detonantes. Dole, a su turno, con base en el último informe acerca del alarmante aumento de drogadictos, achaca a Clinton que la solución al problema no está entre sus prioridades y que su política antidrogas ha sido un fracaso. Pero el discurso moralista no ha calado con fuerza significativa, entre el electorado. Los "problemas éticos", a los que hubiera podido agarrarse Dole como a un salvavidas, no tienen el suficiente agarre en la opinión pública norteamericana. Ella distingue muy bien entre el "carácter público" y el "carácter privado" de un alto funcionario o candidato presidencial. Pareciéndose en ésto a los europeos, los americanos no tienen empacho en tolerar "pecadillos" en sus líderes, sin pedir para ellos la guillotina. Los devaneos de Clinton con Gennifer Flowers, la supuesta participación de Hillary en el negocio de tierras Castle Grand (Whitewater), los US $ 425.000 dólares de donación dada por una pareja de Indonesia para la campaña demócrata, los 900 archivos del FBI que Livingstone escrutó en la secretísima oficina de seguridad de la Casa Blanca..y otras menudencias, no pudieron ser suficientemente esgrimidas por Dole al final de la campaña, cuando él calculaba que podía mostrar que Clinton era más un presidente "expeditivo" (de medios para los fines), que un presidente "honorable" (honesto y con escrúpulos morales).

Conclusión
A los americanos les interesa tener por otros cuatro años a un Presidente que ha mostrado llevar airoso, desenvuelto y ligero "la antorcha que ha pasado a una nueva generación", la de los nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, y concederle políticamente (en frase de Briceño Ferrigni) "al último de los mohicanos" de la Primera Guerra Mundial, el "Morir con Dignidad".

28/10/1996