La vida en rojo del <Che>
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UNA BIOGRAFIA DEL <CHE>

La otra cara de Ernesto Guevara nos la ofrece el profesor de economía y politólogo mexicano Jorge Castañeda, en un libro de bastantes páginas y mucha consulta de personas, sitios y documentos (Alfaguara, setiembre 1997). El retrato que hace del <Che> es la de un hombre idealista, valiente y radical, en constante desafío con el mundo y consigo mismo, obnubilado a veces por la causa que defendía; triunfador en Cuba, perdedor en muchas otras batallas. Era un soñador que necesitaba tener un cable a tierra, y que actuó en muchas ocasiones con bastante ingenuidad y poca información. Por ejemplo, cuando fue al Congo para ayudar a la revolución, ésta ya había sido derrotada. Llevaba seis meses de retraso, que es una eternidad en política. Había en él elementos de autoengaño y voluntarismo: pensaba que las cosas se podían hacer porque se querían hacer. El era un hombre excepcional. que a pesar de su cuerpo en deterioro por el asma, lograba hacer mucho de lo que se proponía. Pero los que lo rodeaban no eran excepcionales. Y hubo grandes fallas en su entorno. Era evidentemente un hombre arrogante, muy autoritario, que daba órdenes y exigía que se cumplieran. No consultaba y menos todavía, daba explicaciones. A través de sus diarios, especialmente el Diario de Bolivia (con prefacio de Francisco Maspero) se evidencia que provocaba pleitos y enredos, que son otra arista de su carácter.

La vida en rojo, en su penúltimo capítulo, dedicado a los meses del <Che> en Bolivia, hace unas revelaciones que lo dejan a uno frio por la gravedad de los hechos denunciados y sobre todo por la duda que deja flotando de si hubo un desencuentro final con Fidel Castro, quien no activó el dispositivo que existía de rescate y no intervino, dejando que los acontecimientos siguieran su curso fatal por la Quebrada del Churo. En un cálculo frio, pensó que un <Che> mártir en Bolivia era más útil a la Revolución que un <Che> deprimido y marginado. Los pasos claves en este desenlace habrían sido: 1) Fidel Castro y la dirección cubana sabían exactamente lo que estaba pasando en Bolivia y que desde marzo de 1967 la expedición a su mando empezaba a naufragar. 2) La Unión Soviética repudió y criticó la presencia de los cubanos en Bolivia, como se lo planteó Alexei Kosigin a Fidel Castro el 26 de junio en La Habana. 3) Había un dispositivo de rescate montado. ¿Qué tan eficaz?, no es posible determinarlo. 4) Fidel Castro tomó la decisión de no rescatarlo. Y punto final.

 

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La biografía que hace Jorge Castañeda del <Che> se entiende mejor a la luz de su obra La utopía descarnada (México-Bogotá, Tercer Mundo 1994), que es una disección lúcida y en carne viva de lo que ha sido la izquierda marxista en América Latina. Ella, renunciando a "la inevitabilidad del presente", que le hizo tanto daño y la llevó a cometer tantos errores, podría reasumir su papel de fuerza combativa para mejorar la vida de todos los latinoamericanos. Pero, para convertirse en tal fuerza, la izquierda marxista tiene que fijarse nuevas metas y aprender nuevas tácticas.

Primero, debe reconocer que la revolución ya no es la opción. El bloque oriental ha muerto; el régimen de Castro perdió su cordón umbilical con la Unión Soviética y está agonizando; los Sandinistas fueron expulsados del gobierno mediante elecciones y a los revolucionarios de Sendero Luminoso y Tupac Amarú en Perú y a las guerrillas supérstites en Colombia no les quedan sino pocos enceguecidos fanáticos y muchos aliados del narcotráfico. Segundo, la izquierda debe dejar su desdén por el reformismo y tiene que propender por que las nuevas democracias del hemisferio sean en verdad eso: democráticas. "Democratizar la democracia" es la única opción real de la izquierda. Y tercero, aunque a la izquierda no tenga por qué gustarle el capitalismo, hay que reconocer que lo que está vigente es algún tipo de éste. La izquierda latinoamericana podría inspirarse en el modelo europeo del Estado benefactor corporativo, o en los sistemas de capitalismo moderado y controlado de Japón y Corea del Sur. Debe entablar resueltamente negociaciones con los Estados desarrollados y el capitalismo mundial, pero siempre con los dos ojos bien abiertos: con un ojo, el derecho, puesto sobre el crecimiento económico sostenido y con el otro, el izquierdo, puesto sobre la justicia social y la equidad en el reparto de bienes.

Como tendencia, si quiere salvar el legado de cambio social del <Che>, la izquierda tiene un gran futuro en todo el continente. "Pero la izquierda en América Latina tiene que ser al mismo tiempo viable y diferente. Si no es diferente, si simplemente se suma al statu quo, no va a pegar. Pero si es demasiado diferente no va a ser viable, entonces tampoco va a pegar". Castañeda, pues, admira la personalidad heróica de un <Che>; pero no cree definitivamente en su Revolución, tal como él la intentó !

08-12-98