| Una
leyenda es una historia
que se cuenta por bastante tiempo acerca
de una persona o un lugar, que popularmente
se asume que tiene alguna verdad histórica.
En contraste, el mito toma como su principal
objeto lo divino o lo sobrenatural, haciéndolo
accesible a los hombres gracias a su lenguaje
sencillo y elementos populares. El mito
es portador de cierta verdad profunda (el
paraíso original, el castigo universal,
el salvador al final de los tiempos...).
Dicha verdad la expresa no en forma empírica
y positiva (científica) ni en forma racional
y lógica (filosófica ). Ambos, el
y el expresan verdades, pero en
forma muy diferente. El , tan propio
de la cultura griega y occidental, racionaliza
la realidad. El , de corte más oriental,
primitivo y diríamos hoy postmodernista,
actualiza la realidad al momento presente,
como lenguaje del pueblo, como proyección
de un inconciente colectivo acerca de algo
importante para la existencia humana (Jung).
Casi todos los pueblos tienen figuras legendarias,
que se convierten en héroes nacionales.
El Rey Arturo y los caballeros de la Mesa
Redonda son todavía proverbiales en nuestro
siglo por su cortesía y valor. Robin Hood
y sus arqueros, y en esa línea Eva Perón,
son dechados por su lealtad y defensa de
los descamisados. Carlomagno en Europa,
Butch Cassidy y padres fundadores como Washington
y Lincoln en Estados Unidos; y en nuestra
América india, Tupac Amaru, Atahualpa, Manaure
y otros, fueron protagonistas de gestas
que encarnan valores patrios. Simón Bolívar
es una de los personajes históricos del
pasado más obvios por su significado en
los anales de varias de nuestras naciones.
Pero el término se viene aplicando
también a muchas narrativas contemporáneas
y a gente o incidentes que las han inspirado.
Marilyn Monroe, Elvis Presley, Howard Hughes,
John F. Kennedy, Martin Luther King en Norteamérica;
José Gregorio Hernández como medico servidor
del pueblo, en Venezuela; Jorge Eliécer
Gaitán, el cura Camilo Torres, Luis Carlos
Galán como redentores populares en Colombia.
Y con variaciones muy curiosas, el Che Guevara
en aguas del Caribe y gran parte del territorio
suramericano.
EL
CHE GUEVARA
<Sobre
tumbas y héroes> se titula
una de las obras de Ernesto Sábato..
Y hoy se puede escribir mucho sobre tumbas
de los héroes. Y en concreto, sobre
la tumba del Che Guevara, en tres movimientos.
1° El hombre y la leyenda
La figura del <Che> se va convirtiendo
en algo legendario desde cuando, a finales
de los años 50, ayuda a Fidel Castro
a derrocar la dictadura de Batista en Cuba.
Su figura de barbudo revolucionario con
mirada idealista y su accionar valiente
encarnó por años el sueño
del nuevo hombre latinoamericano y movilizó
la lucha por un cambio social, que debía
pasar ineludiblemente por la guerra de guerrillas.
Soñó con que podría
crear en América Latina uno, dos,
tres, muchos Vietnams contra los americanos,
aplicando la <teoría del foquismo>.
La teoría revolucionaria del Che
resultó totalmente falsa en Angola
y en nuestra América. Y lo que es
peor, su estrategia foquista dio pié
para una respuesta en cadena de regímenes
militares todavía más opresivos.
Su último intento de establecer en
el altiplano boliviano un epicentro revolucionario
resultó sencillamente un suicidio,
en la Quebrada del Churo, el 8 de octubre
de 1967.
2° Se entierra la leyenda y se la mitifica
A pesar del fracaso humano, político,
ideológico y militar del Che (y quizás
gracias al mismo), el inconciente colectivo
del alma latinoamericana apoya la fabulación
sobre el cadáver mutilado del Che
y va asociando elementos de un mito que
expresa (a su modo no científico
ni racional ni lógico) una verdad
profunda, el anhelo real del hombre latinoamericano.
Y es que las masas de nuestro continente
están signadas, a la vez, por un
doble carácter. Dada la marca de
su evangelización global (hispano-lusitana),
están signadas por un fuerte misticismo
de impronta religiosa. Y dada su profunda
y extendida pobreza, están marcadas
por un fuerte reclamo de justicia social
y mejores condiciones materiales de vida.
El <Che> Guevara, con sus ojos como
pozos sin fondo infinitos, una fisonomía
de mesías sufriente (Siervo de Yahvé),
y un mensaje de violencia revolucionaria
contra los detentadores del poder, encarnó
bien la verdad de los pobres entre los años
60 y 80. Se convirtió, así,
en Latinoamérica, en una Leyenda
casi etérea y en una especie de Mito
popular. Sus afiches (posters) liberacionistas
adornaron las paredes de millares de ranchos,
chozas, favelas y también de modestos
apartamentos universitarios.
3º La resurrección de los restos
afecta el mito
A los 30 años de su muerte, tras
una búsqueda obsesiva, se logra el
hallazgo de los restos del Comandante Guevara,
confundidos con los de otros seis de sus
compañeros de guerrilla. En una pequeña
urna fueron llevados, el pasado 12 de Julio,
por Cubana de Aviación, desde el
aeropuerto de Viru Viru de Santa Cruz (Bolivia)
hasta Cuba, donde fueron recibidos con honores
y serán objeto de un mausoleo en
la ciudad de Santa Clara. El periplo se
cierra. El encuentro y res rrección
de los perdidos restos del Che, inicia el
entierro del mito popular a que ellos dieron
origen. Al estilo de otras leyendas contemporáneas
(como ejemplo basta el de Elvis Presley),
la sociedad mediática y de consumo
ha comenzado a montar una gigantesca parafernalia
comercial. Ya existe una Empresa Che que
cobra los derechos por la imagen del <guerrillero
heroico> y la familia Guevara ha tenido
la precaución, esta vez, de registrar
el nombre o la imagen para su uso ya sea
en camisetas, posters, casettes, película
de Hollywood o en documentales periodísticos
a través de cualquier medio.
El
mito queda, así, enterrado y disimulado
bajo las capas de dólares. Se intenta
hacer revivir (revival), de nuevo, la leyenda
especialmente por parte de Fidel Castro,
cuando ya la Revolución se ha agotado.
Quisiéramos pensar que el ideal guevarista,
que movilizó tantas luchas justas
contra el capitalismo imperialista, logre
mantenerse y actuar. Pero mucho nos tememos
que ya no corresponda a lo que el alma latinoamericana
siente en este final de siglo economicista,
cuando se adora colectivamente el Becerro
de Oro y no el Cristo liberacionista y pobre.
15 septiembre 1997 |