La Iglesia ante un cercano umbral
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¿Quién será el próximo timonel o conductor de la Nave de Pedro ? No es una pregunta banal, ni simplemente religiosa que sólo interese a los 1.000 millardos de católicos. Tampoco es una elucubración extemporánea. La duración, con su carga de muerte, nos afecta a todos en nuestro universo. Y no perdona ni al Vicario de Cristo. El relevo del Papa es un factor que incidirá fuertemente en el mundo global y condicionará muchas cosas de nuestro siglo. La Katolike o Iglesia universal, guiada durante casi 23 años –con mano firme y un gran corazón– por Juan Pablo IIº, tiene por delante un difícil umbral.

Umbral significa límite, escalón, grada, peldaño para ascender o bajar. Es frontera hacia algo deconocido. Equivale a parto, a corte entre lo presente y lo porvenir, a paso de lo conocido a lo desconocido. Evolucionistas materialistas (como Marx–Engels) y evolucionistas espiritualistas (como Teilhard de Chardin) coinciden en afirmar que en la larga marcha de nuestro único universo, ha habido dos “saltos de umbral”, a saber: 1º) cuando de la Materia organizada aparece la Vida, y 2º) cuando de la Vida en sus formas animales más complejas, aparece el Pensamiento con el grupo zoológico humano. Y hay base para afirmar que cada uno de nosotros individualmente afrontará en su muerte un último umbral (“Yo no muero, cambio de estado. Eso es todo” consignó Teilhard) y asimismo lo hará el universo entero al final de los tiempos (“parusía” en los textos bíblicos).

 

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Un pontificado estrella

Todos los Papas de los últimos 100 años fueron personajes magníficos, íntegros e influyentes. León XIII, Pio X, Benedicto XV, Pio XI, Pio XII, Pablo VI, Juan XXIII. Pero Juan Pablo IIº ha sido –en el buen sentido– un Papa Super–Estrella. Ha ofrecido a todo el mundo (a propios y extraños) una Verdad sólida, íntegra y fiel al Evangelio (una Verdad austera y exigente), a través de una Personalidad muy suya, juvenil, amable, cordial e impactante.

Un conductor difícil de remplazar

Un semanario como Time (el de mayor difusión en el mundo, no confesional pero sí abierto a todas las creencias y filosofías del mundo), ha recogido en diversas entregas, interesantes puntos de vista sobre la personalidad y el papel desempeñado por el Papa Wojtyla. Su comentarista religioso, David Van Biema, ha dicho de él que “ha electrificado totalmente el aspecto global de la Iglesia. Ningún Papa antes que él había tenido esta especie de supervoltaje”. “Juan Pablo IIº con su Estado Vaticano ha llegado a ser un sabio mundialmente reconocido y ampliamente escuchado”. “Se ha desempeñado como un jugador de Gran Liga en el escenario mundial”. Frank Pellegrini, del mismo Time, escribió hace un año: “Juan Pablo IIº ha trabajado incansablemente para llevar la Iglesia a todas partes donde se la requería; y sigue insistiendo en que ésta su Iglesia seguirá siendo reconocible, cuando él termine. Él está cansado ahora. Pero los católicos no deberían preocuparse tanto. Teniendo en cuenta lo mucho que ha hecho en su pontificado y lo que todavía planea hacer, aun un Dios tan vengativo como el del Antiguo Testamento no querrá llevárselo ahora”.

Son piadosos deseos. Y el mismo Papa lo sabe. Su último viaje a Polonia y a su pueblo natal fue algo consentido y enternecedor. Como el de alguien que se despide de su terruño y de la casa solariega que lo vió nacer. Su viaje a Tierra Santa (20–26 marzo 2000), a Jordania e Israel, deteniéndose en el Monte Nebo, desde cuya cima Moisés divisó la Tierra Prometida (los montes de Gerusalim hasta perderse la vista en el azul del Mediterráneo), lo llevó a decir lo mismo que Moisés: “Ya puede morir tu siervo”. El Papa venía soñando con el Jubileo Santo como experiencia religiosa mundial. Y logró abrir la Puerta de Bronce en la basílica de san Pedro, dando inicio al año santo, y pudo cerrarla dando comienzo al nuevo milenio, el tercero de la Iglesia. Su viaje a Fátima fue comentado por los periodistas como su último gran viaje. Y con actos administrativos concretos, el Papa se ha venido dando prisa para dejar a punto (en dos Consistorios seguidos) el Colegio Cardenalicio, con sus 134 purpurados hábiles, que escogerá a su sucesor. Su mano dejará entonces el Anillo del Pescador, con sello propio e inconfundible, y en un closet reposará su colección de zapatillas rojas, imposibles de ajustar a otros pies diferentes a los suyos.

2 abril 2001