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Un
pequeño país excepcional
Los
altos contrafuertes montañosos de los
Alpes -que cubren las tres quintas partes
de su territorio- han marcado su historia,
su cultura, su economía, su carácter de
tendencia aislacionista. Han ayudado a
mantener su independencia y sus fronteras
intactas desde 1815.
A
pesar de su pequeño tamaño (41.288 kms2),
Suiza es -política y socialmente- una
de las naciones más estables del planeta,
gracias a su alto ingreso per capita de
US$ 22.000 dólares, al carácter conservador
de su pueblo e instituciones y a que no
se dejó envolver por ninguna de las dos
grandes Guerras Mundiales del siglo pasado.
Su población de 7,3 millones, es trilingüe
(habla alemán, francés e italiano), mitad
católica y mitad protestante, de cultura
pluralista. Sus principales ciudades:
Zurich, Basel, Geneva, Bern, Lausanne.
Algunos de sus personajes célebres: Calvino
y Zinglio (reformadores protestantes);
Rousseau (teórico político y social);
Pestalozzi (reformador educativo); Jung
y Piaget (gigantes de la moderna psicología);
Keller, Gotthelf, Hesse, Durrenmatt (escritores);
Fuseli, Giacometti, Klee, Le Corbusier
(artistas y arquitectos).
Suiza
es un ejemplo -así como Japón- de un país
con muy escasos recursos naturales (fuera
del agua), que logra una alta industrialización
y desarrollo económico gracias a su inventiva,
frugalidad y dedicación al trabajo. Suiza
es una República Federada con 26 cantones,
donde los ciudadanos votan para todas
las cosas importantes.
La
gobierna un Consejo Federal de 7 miembros;
tiene una Asamblea Federal o Parlamento,
que funciona con dos Cámaras (el Consejo
de Estados, con 44 miembros y el Consejo
Nacional con 200 miembros).
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Análisis
& Opinión
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57
años de neutralidad y de paraíso
fiscal
•
Suiza, a pesar de haber sido en 1945 miembro
fundador de la Sociedad de Naciones (SDN)
-organismo mundial que precedió a
las Naciones Unidas-, se había negado
a entrar a la ONU, alegando
un apego a la neutralidad política
internacional, que pensaba se vería
comprometida. Asimismo venía siendo
bastante reacia a pertenecer a la Unión
Europea. En 1986 los suizos rechazaron en
referéndum la integración
en la ONU, con un aplastante
75.7% de votos en contra. Lo que no impide
que Suiza acoja en su territorio (en Ginebra)
la sede europea de la ONU,
que sea miembro muy activo de varias agencias
de la Organización y que aporte anualmente
a ella cerca de $ 300 millones de dólares.
Pero este año la tendencia se logró
invertir. El 3 de marzo los suizos -en referéndum-
aprobaron la integración a la ONU;
en junio la mayoría del Consejo de
Estado de los 26 cantones votó a
favor y el 19 de septiembre pasado, el Consejo
Nacional suizo por 153 votos a favor y 42
en contra ratificó la decisión
soberana. Han pesado en el giro dado por
la Comunidad Helvética razones como:
el riesgo creciente de aislamiento internacional,
el hecho de que Suiza era ya miembro observador,
colaborador muy activo de las Naciones Unidas
y sede europea de ellas.
Un estudio interesante y bien documentado
de Jean Ziegler, profesor de la Universidad
de Ginebra, escritor y autor del libro "El
Hambre en el mundo explicada a mi hijo"
(París, Seuil 2000), me ha hecho
pensar que quizás puede haber influido
también en la reciente decisión
suiza la voluntad de ir corrigiendo una
trayectoria tortuosa que venía recorriendo
un sector muy adinerado e influyente de
la Comunidad Helvética y que la ha
hecho famosa en el mundo. El estudio en
cuestión se titula "Muerte programada
del secreto bancario suizo" (Le Monde
diplomatique). En efecto, sobre el telón
de fondo de la doctrina calvinista de la
"tesorización", el dinero
en Suiza tiene el carácter de un
sacramento salvador. Contarlo, guardarlo
en las arcas, multiplicarlo, especular con
él, disimularlo y sacralizarlo con
el secreto bancario -de modo que la misma
ley convierta en pecado denunciar sus turbios
orígenes-, tiene como corolario el
que los banqueros suizos (los de Zurich,
Basel, Ginebra) sean los grandes privilegiados
del mundo. En comparación con ellos
son enanos los de Bahamas, Barbados, Panamá,
Extremo Oriente. La supuesta neutralidad
internacional favorece la hipocresía
y ésta las grandes ganancias. "Se
estima en un 27% la parte alícuota
de Suiza en el total de los mercados financieros
'offshore' del mundo...La complicidad con
la criminalidad -que va más allá
de las actividades financieras-es una tragedia
que golpea a cada ciudadano suizo"
(Ziegler). $3.000 millones de dólares
de fortunas privadas extranjeras (no importa
que provengan del lavado de dinero sucio,
de dictadores ladrones de Asia, África
y América Latina, de organizaciones
terroristas y subversivas) han venido reposando
hasta ahora seguros en la banca suiza.
Conclusión
Con su ingreso como miembro pleno nº
190 de la ONU, Suiza muestra -como bien
ha dicho su actual presidente Kaspar Villeger-
que "comparte los valores de libertad,
humanidad, derechos humanos y democracia,
así como de lucha contra la pobreza,
el sufrimiento, la violencia y la destrucción
de los elementos naturales". Pero también
asegura que desembarazada del bandolerismo
bancario, de su secreto bizarro y de sus
inefables cuentas-número, podrá
reforzar mejor los lazos de una sana solidaridad
internacional, como valioso aporte a la
Unión Europea y a las Naciones Unidas.
21 octubre 2002 |
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