La Izquierda comienza bien
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El gabinete de Jospin

El nuevo gobierno, presidido por Lionel Jospin, un hombre modesto, con apariencia de rover scout, se ha iniciado con buenas expectativas y pasos mesurados. Ha escogido un equipo de 14 ministros (15 menos que el gabinete del derechista Balladur en 1993), con gente profesional, técnica y rostros jóvenes de la izquierda francesa, dando excelente representación a la mujer (8 mujeres, lo que significa un 57% del gabinete ministerial, entre ellas Martine Aubry, hija del expresidente de la Comisión Europea, Jacques Delors). Ha creado un "superministerio" que abarca Economía, Hacienda e Industria, encomendándolo a la Sra. Dominique Strauss-Kahn, quien ya había ocupado la cartera de Comercio e Industria entre 1991 y 1993. Sus consignas y propuestas son prudentes. En lugar de atizar cierto triunfalismo ha pedido a sus colaboradores ser conciliadores con Chirac:"la alternancia política no significa alternancia en la Administración[] la regla es el respeto al interés del Estado y a la imparcialidad del Estado".

 

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Las tareas por delante

En la fiesta roja de celebración de su triunfo (1º de junio), Jospin recogió lo que sería el derrotero de su nuevo gobierno, puntualizando que atendería a "la reorientación de la construcción europea, a la exigencia de justicia y una profunda renovación de la vida pública, así como a la realización de una nueva política económica y social al servicio del hombre".
El principal y más urgente problema, que sensibilizó mayormente al electorado, es el del desempleo. En el momento hay una tasa de desempleo en Francia del 12.8% , que es muy alta. Jospin intenta crear este año 350.000 nuevas plazas de trabajo, especialmente para los jóvenes, la mitad en el sector público y la otra mitad en el sector privado. Ha prometido la reducción paulatina de la jornada laboral, que pasará de las 39 horas semanales actuales a 35 horas, sin disminuación de salarios. Propone "reformar la seguridad social para preservarla", una reunión de los "Estados generales de la salud", un control de los gastos sanitarios "de forma negociada y cualitativa" y que los cuidados médicos sean gratuitos para las familias con bajos niveles de ingresos.

Pero a nuestro juicio, el principal problema práctico del gobierno de Jospin va a estar en cómo conciliar su mayor sentido social y una "economía al servicio del hombre" con la dura realidad del déficit fiscal que arrastra Francia. El déficit deberá ajustar a un máximo del 3% en un año, con un hueco por llenar de US$ 7.000 millones de dólares, si es que quiere poder cumplir el requisito de Maastricht para entrar Francia en la moneda común europea para el 1º enero de 1999. No podemos olvidar que Jospin ha prometido no aumentar el gasto público ni los impuestos. ¿Podrá entonces cumplir con dicho equilibrismo ?. Jospin ha sugerido una posible renegociación de criterios, con sus socios de la UE -en llave con Inglaterra e Italia- en el sentido de flexibilizar el criterio ortodoxo monetarista que produce un gran sufrimiento social y tener más en cuenta, por ejemplo índices de empleo. Ello le evitaría tomar las medidas drásticas e impopulares que Chirac y su primer ministro Juppé iban a imponer a la población, para poder lograr la entrada de Francia al Euro. Tanto para Blair en Inglaterra como para Jospin en Francia, las exigencias de la entrada a la moneda común los condiciona mucho. Blair ganó con una plataforma "euroescéptica" moderada y Jospin ganó con una plataforma "eurocrítica" moderada. Pero ambos siguen el juego de Maastricht. Sería irremediablemente costoso para ambos países abandonar la mesa de juego.

Énfasis social

El eje Londres, París, Roma tienen que asumir el vocerío de los decepcionados de Europa y hacer contrapeso a una Alemania de moneda fuerte, pero que también está encontrando dificultades en su población respecto de los efectos sociales de su política económica. Es importante para nuestros mismos países en-desarrollo que haya en Europa regímenes fieramente comprometidos con el progreso social y la solidaridad. Países con una mayoría electoral (de izquierda) que puedan movilizarse para reorientar la "mundialización" y la "globalización" de la economia a favor de la gente y no simplemente de los mercados.

30 Junio 97