El
desencadenamiento de fuerzas, unas veces
naturales (huracán Katrina en Estados
Unidos) y otras veces sociales (violencia
callejera en suburbios de Francia) ha
dejado al desnudo la vulnerabilidad que
existe también en naciones que
catalogamos desarrolladas, muy seguras
y plácidas. Ningún Imperio
puede cantar hoy victoria definitiva ni
contra las sorpresas de la Naturaleza
ni contra las injusticias de la Sociedad.
En EUA, el país más rico
y organizado del mundo, salió a
flote durante una coyuntura de emergencia
en New Orleans, una pobreza invisible
pero existente. Y en Francia, la cuna
de la democracia liberal, gran potencia
mundial y líder de tantas ‘revoluciones’
del mundo (con su triple lema de “libertad,
igualdad, fraternidad”), hizo su
aparición una peste peor que la
aviaria. Los graves desmanes juveniles,
las protestas sociales de ‘chusmas’,
los levantamientos de sectores sociales
discriminados eran un fenómeno
insólito que parecía reservado
solamente a países subdesarrollados
del Sur, a nuestras repúblicas
bananeras. Pero nó. El gran país
modelo de instituciones políticas
y sociales, limpias y armoniosas, simbolizado
en la figura de la doncella de Lorena,
Juana de Arco, con su impecable armadura,
una cruz en su pendón y su brioso
caballo blanco, hoy se ha visto agredido
por hordas de piel oscura y curtida, que
montan caballos negros incendiarios, dejando
a su paso 5.000 autos destruidos. “Esta
vez el caballo era negro y el que lo montaba
tenía una balanza en la mano”
(Apocalipsis 6,5). La balanza de la justicia
social y la equidad racial.
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| Tragando
su propia medicina
Varios
países de Europa, especialmente Francia,
llevan años denunciando a los cuatro
vientos las injusticias sociales de nuestro
subdesarrollo. Han preconizado con ardor
y perseverancia el derecho al alzamiento
que asiste a la gente pauperizada; estimulan
generosamente la insurgencia revolucionaria.
Pero siempre con la salvedad de que la revolución
estalle en nuestras montañas o mesetas
andinas, en las pampas uruguayas o argentinas,
en las extensas tierras de Brasil. Aceptarían
también que la revolución
se incubara en algún lugar de Asia
suroriental, en el Medio Oriente, y quizás
también en alguna republiqueta africana
no colonizada por europeos. “Le Monde”
de París lleva más de medio
siglo atizando el drama en nuestra América
Latina, pero callando si la revolución
asomaba su hocico negro en la propia Francia
o en sus antiguas colonias africanas. Ha
predicado la revolución en todas
partes; pero fue en París donde intentó
estallar. Tendrá ahora que morderse
la lengua, moderar su estilo periodístico
o confesar su hipocresía política
de doble moral.
El
porqué de la rabia en Francia
Las
violentas reacciones populares que estallaron
desde el pasado 28 de octubre en las barriadas
(banlieus) de París y otras importantes
ciudades (a excepción de Marsella),
han hecho recordar las graves barricadas
estudiantiles ocurridas en mayo de 1968.
Dicho fenómeno mereció muchos
análisis, tras los cuales se aplicaron
eficaces correctivos. Como tendrá
que ocurrir ahora.
•
J. Chirac (en su alocución presidencial
de 15 minutos el pasado 14 noviembre), señaló
el “veneno de la discriminación”
como el principal elemento de fondo en la
rebelión de los jóvenes de
los barrios, en su mayoría musulmanes
y descendientes de inmigrantes. Ha reconocido,
así, un fracaso en la política
estatal de integración tanto racial
como social. Y, en consecuencia, ha anunciado
un agresivo plan de integración para
50.000 jóvenes de entornos marginales.
• Villepin, primer ministro, socialista
moderado, busca enfrentar el problema con
una política de doble vía:
“firmeza y justicia”. Primero,
restituir urgentemente el orden público
amenazado, ampliando a tres meses el estado
de emergencia ya declarado. Pero atacar
a fondo las injusticias subyacentes.
• Nicolás Sarkozy, min-interior,
presidente del partido de centro-derecha
UMP, ha enfatizado la necesidad
de mano dura, de mayor presencia policial
y pedido la inmediata expulsión de
150 extranjeros implicados en los disturbios.
Su posición poco popular le ha granjeado
puntos en encuestas de opinión pública.
Esto debido a que Le Pen (el xenófobo
líder del Frente Nacional, de hirsuta
derecha) viene ya celebrando y usufructuando
políticamente lo ocurrido con los
motines de mente islámica y piel
africana.
A
juicio de Lord Anthony Giddens –el
teórico inglés de la “Tercera
Vía” de Tony Blair- los disturbios
de los jóvenes inmigrantes amotinados,
son más un asunto socioeconómico
que étnico. El tratamiento es mayor
empleo equitativo, mayor justicia social
que llegue en buenos servicios de educación,
salud, vivienda y distracción a los
actuales “ciudadanos de segunda categoría”,
no bien integrados por el sistema. Sobre
esta problemática está elaborando
un informe para las élites y dirigentes
de la Unión Europea, con el título
“El futuro del modelo
social europeo”. Bienvenido
también para nosotros.
28
noviembre 2005 |