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INTRODUCCIÓN
Con
sus 111.000 km2 y apenas 9 millones
de habitantes, Bulgaria ha sido
llamada “La Prusia de los
Balcanes”, el “Japón
del Este”, destacando la
laboriosidad de su gente y su
elevado nivel cultural. En los
siglos 6º y 7º de nuestra
era cristiana, la Península
Balcánica fue habitada
por tribus Eslavas. Los Búlgaros,
un pueblo turco, emigraron a los
Balcanes desde el Asia Central
en la segunda mitad del siglo
7º. Fundaron el Primer Reino
Búlgaro en el año
681. Adoptaron el Cristianismo
Ortodoxo en el siglo 9º,
bajo el rey Boris Iº. Su
hijo, el Zar SIMEON Iº (entre
893 y 927) llevó el Primer
Reino Búlgaro a su apogeo.
Posteriormente Bulgaria quedó
sometida y gobernada por el Imperio
Bizantino hasta el año
1185. Y después quedó
sometida casi 500 años
por el Imperio Otomano. Tras la
guerra entre Rusia y Turquía
(1877–78), Bulgaria restauró
su independencia. En 1887, un
príncipe alemán,
Fernando de Sajonia–Coburgo–Gotha,
llegó a ser Zar de Bulgaria.
Murió en 1943. Bulgaria
salió perjudicada de las
dos Guerras de los Balcanes (1912
y 1913), y tras la Primera Guerra
Mundial, tuvo que ceder territorio
a Serbia y Grecia. En la Segunda
Guerra Mundial estuvo firmemente
aliada con Alemania. En 1944 la
Unión Soviética
declaró la guerra a Bulgaria,
la ocupó e impuso su implacable
régimen con Georgi Dimitrov,
hasta la caída del Comunismo
en 1989. Estas cuatro generaciones,
desde el derrumbe del ‘socialismo
real‘, fueron también
en Bulgaria (como en otros países
excomunistas) años de intoxicación
democrática, de simbiosis
entre capitalismo y mafia, de
corrupción e imperio de
los criminales de cuello rojo,
azul o blanco muy sucio. Algo
que explica el fenómeno
Simeón IIº.
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