Los demonios del nazismo
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¿Qué ha ocurrido en Austria que el pasado 31 de enero el presidente de turno de la Unión Europea (el portugués Antonio Guterres), a nombre de los 14 países miembros, amenazó con tomar medidas en el caso de que se conformara Gobierno con el partido liberal de Joerg Haider, tildado de neo–nazi ? Al día siguiente se unió al preaviso –por lo demás poco diplomático para con un gobierno extranjero– el presidente Clinton de los Estados Unidos. La amenaza nazista, que parecía exorcizada tras la Segunda Guerra Mundial, ¿va a renacer y dejar sueltos a los jinetes del apocalipsis con sus holocaustos totalitaristas?.

Los jinetes del Nazismo

• A 55 años de los acontecimientos (bastante distancia), podemos intentar caracterizar, en forma apretada, lo que fue ese monstruo de muchos tentáculos y una cabeza dura, el Nazismo. Nacido en Austria en 1889, Adolfo HITLER fundó en Munich (Baviera), en 1921, el Partido Alemán de los Trabajadores (DAP). Abortado su intento de tomar por la fuerza el poder en 1923, pasa varios meses en prisión, en los que escribe lo que sería la Biblia de su movimiento: “Mi Lucha” (Mein Kampf). La grave situación económica de la Depresión de los años 30; la humillación costosa a que había sido sometido el pueblo alemán por el Tratado de Versalles (impuesto por los Aliados al final de la Primera Guerra Mundial); la seria amenaza que ya representaba el Comunismo para la nación; y una cultura política del pueblo alemán que valoraba más las estructuras autoritarias que las amplias libertades de una democracia liberal individualista fueron factores que facilitaron el ascenso al poder de Hitler, como Canciller de Alemania, el 30 de enero de 1933. Se inicia el Tercer Reich (Tercer Imperio, el segundo había sido el Alemán entre 1871 y 1918 y el primero el Romano), caracterizado por la abolición de las instituciones de la democracia y un expasionismo a la conquista del mundo.

 

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• Desde el punto de vista ideológico se pueden señalar como principales los siguientes componentes. 1) Una creencia RACISTA –apoyada en una muy pobre base pseudocientífica– en la superioridad de la raza aria germana. De allí, su feroz lucha de exterminio especialmente contra los judíos. 2) Un NACIONALISMO EXTREMO, confiado en la superioridad de la raza y amenazadoramente expansionista frente a cualquier centro de poder que pudiera coartarlo. 3) La afirmación de un COMUNITARISMO que unificara las energías de la nación y se expresara en un cierto socialismo de Estado corporativo. 4) En todas las decisiones la SUMISION AL SUPREMO LIDER (Führer), Hitler y su partido, junto con la glorificación de la fuerza y de la disciplina, y un uso masivo de la policía secreta (GESTAPO) y la propaganda. El principio de liderazgo (Führerprinzip) combinaba bien el sentido de autoridad en la conducciónn de una nación fuerte, unificada por la raza aria, y con vocación expansionista. Están dados todos los elementos para el feroz totalitarismo de extrema derecha, el Nacional Socialismo, que duró hasta el suicidio de Hitler, el 30 de abril de 1945.

¿Por qué un rebrote del Nazismo?

No es fácil entender por qué se dan todavía en algunos países de la Unión Europea (tan democrática y con buenos niveles de vida) estos intentos de abrir la olla de los demonios nazistas exterminadores. El desencadenante pareciera ser la actual presión sobre dichos países de miles de inmigrantes, sobre todo de Europa del este (despectivamente englobados con la expresión “tschusch”). Avalancha de “bárbaros” que viene produciendo XENOFOBIA en sectores que se sienten amenazados en su bienestar ya adquirido. Al sur de Europa, Italia enfrenta los desembarcos clandestinos y masivos de Albaneses y de Mahgrobinos; España rodea su enclave de Melilla con un muro de 4 metros de altura para desalentar que cientos de africanos intenten la aventura peligrosa de una travesía; la UE está exigiendo a paises recientemente miembros (como Polonia) o candidatos a serlo (como Turquía), que pongan diques de contención al flujo de Europa central y oriental. Pero ¿y el caso de Austria? El columnista Pierre Daum, de “Le Monde Diplomatique” asegura que “la xenofobia es un sentimiento común en casi todos los austriacos”. Es xenofobia (Auslanderfeindlichkeit), pero no racismo (Rassismus). Es xenofobia culta, que no se expresa en agresiones contra los extranjeros, como en algunos sitios de Francia y acaba de suceder feamente en El Ejido en España, sino que se pronuncia exclusivamente a través del voto a favor de un partido abiertamente nacionalista y hostil a los extranjeros, como es el FPaD (Freiheitliche Partei Osterreichs), Partido Liberal Austriaco, el de Heider, con 21% de electores a su favor.

Austria 2000 no es Alemania 1930

• Austria de nuestro comienzo de siglo es muy diferente a la Alemania de los años 30, como para poder justificar una reacción tan extrema, rápida y de consenso frente a un Gobierno parlamentario en el que, en lugar de los socialistas aliados por muchos años con los socialcristianos, ahora entran como.aliados los liberales de Heider. Austria no es Alemania. Aunque muy próspero, Austria es un país pequeño, cuyo peso en los destinos de Europa no puede ser nunca el de Alemania de hoy o de 1933. El Partido Liberal Austriaco, por extremista, ofensivo y repugnante que sea, no es el Partido de masas nazi, con su alta organización y disciplina, conduciendo una nación humillada que quería romper su amarras, y con un programa en el que figuraban el antisemitismo y la agresión internacional. Y lo que hace la gran diferencia, la situación europea y mundial de hoy no se parece en nada a la de entonces, la que engendró el totalitarismo nazista.

• Pero de todos modos, el gesto poco diplomático y en cierto sentido intervencionista de la UE y EUA pudiera explicarse por el temor que tienen ellos de que el mal ejemplo de Austria pueda cundir en otros países con problemas semejantes. Como lo expresa bien Ignacio Sotelo, hay un Estado de bienestar sobredimensionado, que dió buenos niveles de vida a la población, y para el cual ya no hay suficientes recursos. El sistema tradicional de partidos parece ya agotado. Dentro de este contexto, Haider ofrece una combinación, bastante explosiva pero electoralmente eficaz, de un neoliberalismo a ultranza, mezclado con un nacionalismo xenófobo. El viejo nazismo era nacionalista, pero estatista (todo en el Estado y para el Estado, nada por fuera del Estado). Haider, en cambio, es un liberal extremo (todo en la sociedad y para la sociedad, nada con un Estado corrupto y sobreprotector).

• Pudiera más bien manejarse la hipótesis de que Haider (a pesar de sus aficiones nazis y aunque siga siéndolo en su fuero interno) es más bien un político oportunista, uno de esos camaleones políticos extremadamente ambiciosos (que los hay en todas partes). Aunque pudiera presentar rasgos que corresponden al “extremismo de centro” (como el sociólogo norteamericano S.M. Lipset describió el fascismo hace muchos años), Haider no es inequívocamente un fascista, sino un conductor que se las ingenia para acomodar sus propuestas al talante popular. Es más un oportunista que un ideólogo. Como gobernador de Carintia sus actos de gobierno no fueron nazistas. Y su programa “Ideas 2000” no es el de un ideólogo fascista.

Conclusión

La tentación neo–nazi o neo–fascista pudiera aclimatarse mejor en nuestras endebles y empobrecidas democracias latinoamericanas, que en la Unión Europea. Aquí y allá hay que “tener ojo pelao” frente a hechos que impliquen una “violación grave y persistente” de los principios de libertad, respeto de los derechos humanos y del Estado de derecho sobre los que se funda la democracia, pero no prejuzgar ligeramente de intenciones.

28 febrero 00