Afortunadamente
en los últimos 20 años,
no cuajó la trágica admonición
que el novelista inglés George
Orwell había hecho en su obra titulada
1984. Allí predecía
que para dicho año el "Big
Brother" habría implantado
un dominio totalitario y deshumanizante
en todo el globo. Ocurrió todo
lo contrario. El totalitarismo comunista
y ateo, que parecía inexpugnable
desde dentro (dado su control total de
la sociedad) e imbatible desde fuera (dado
su poderío militar y nuclear),
comenzó a tambalear desde 1985
y se derrumbó estrepitosamente
en el 89.
Remezones
del mundo comunista
Huracanes de libertad comenzaron a recorrer
desde 1989 los países comunistas
que giraban alrededor del sistema político
soviético. Y se inició una
“revolución de la mente”,
como la llamó Gorbachov hablando
con Juan Pablo II el 1º de diciembre
de 1990. En 10 años, en Polonia,
el sindicato Solidaridad acabó
remplazando el régimen comunista.
En 10 meses, en Hungría, el Partido
Comunista cambió su nombre y sus
símbolos y adoptó los de
un partido socialista democrático.
En 10 semanas, en Alemania, se tumbó
el muro de Berlin, se abrió la
puerta de Brandeburgo y pudieron circular
libremente los ciudadanos de ambas Alemanias,
cambiando el régimen. En sólo
10 días, en la antigua Checoeslovaquia,
volvió a florecer la "Primavera
de Praga", que había sido
aplastada en 1968 por los tanques soviéticos.
Y en 10 horas, en Rumania, fue fusilado
expeditamente el déspota Ceaucescu,
bien asentado por años sobre la
fuerza de la represiva Securitate.
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| Líderes
en relevo
A
pesar del aparente descrédito de
los líderes, nos inclinamos a dar
razón a Carlyle en su tesis acerca
de los "hombres providenciales",
esos personajes quue cambian el destino
y la historia de los pueblos en grandes
trechos. No podemos, sin embargo, olvidar
que esos conductores son tales precisamente
porque ellos saben captar, interpretar la
voluntad popular y conducir los grandes
cambios que las masas intuyen y quieren.
Los auténticos líderes (como
en una especie de “surfing”
político) cabalgan sobre la cresta
de las grandes olas, a veces embravecidas,
de las masas populares, de ese bravo pueblo
de nuestro himno. Y ahí radica su
genuino liderazgo. "Lider es aquel
que sabe llevar a su pueblo de donde está
a donde debe estar", dijo acertadamente
Henry Kisinger. Ello requiere en el lider
una gran visión, un gran coraje y
una rarísima habilidad política.
La reciente historia de RUSIA, a partir
de lo que fue la URSS (Unión Ruso
Socialista Soviética) está
signada en estos 15 años por unos
pocos hombres, líderes con sus muy
peculiares estilo, personalidad e ideas.
El inteligente Gorbachov da paso al temperamental
y áspero Yeltsin. Y éste,
ante la fuerte crisis económico–política
por la que atraviesa hoy Rusia, y dado su
pésimo estado de salud, enviste con
poderes sucesoriales al joven Putin, que
puede encarnar el poder político
y militar de la gran Rusia
•
Mijail Gorbachov
Entre 1985 ( cuando llega a Primer Secretario
del Partido Comunista de la Unión
Soviética) y 1991 (cuando es defenestrado
políticamente), Gorbachov desmontó
el marxismo ortodoxo de la Unión
Soviética e intentó llevarla
progresiva y gradualmente hacia formas políticas
democráticas y hacia formas económicas
de mayor productividad. A Gorbachov lo animó
una nueva visión del socialismo y
de las relaciones internacionales, algo
que se había echado de menos en sus
vetustos y apergaminados antecesores (Chernenko,
Andropov, Brehznev). Con habilidad, Gorbachov
se ubicó en el centro del espectro
político soviético de su momento.
A su derecha tuvo a ideólogos ortodoxos
marxistas, duros y conservaduristas, como
lo era Yegor Ligachev. Y a su izquierda
estaba flanqueado por quienes impacientemente,
como Yeltsin, querían cambios más
rápidos y audaces para ir hacia el
Mercado capitalista y hacia el desmonte
de la Unión Soviética. A Gorbachov
se le deben muchas cosas positivas. A nivel
planetario, lo más importante fue
el deshielo y desmonte de la terrible guerra
fría casada con EUA, en que vivió
nuestro mundo 40 años, con peligro
de una hecatombe nuclear. Propició
una administración transparente (glasnost)
y una reestructuración democrática
(perestroika) de la URSS. Se mostró
propicio a construir con sus vecinos "la
gran casa común europea". Entabló
relaciones con el mundo creyente ortodoxo
y relación amistosa con la Iglesia
Católica, después de 70 años
de hostilidad. Es lástima que su
obra hubiera quedado trunca debido a la
cerrada oposición ortodoxa de los
comunistas y a la impaciencia loca de los
revisionistas. Fue aplastado por los dos
extremos. Por la extrema derecha de los
ortodoxos del Partido y de los aparatchiks
que no querían el cambio ni soltar
su poder y sus privilegios de años.
Y por la extrema izquierda, progresista,
demagógica e impaciente que quería
cambiarlo todo precipitadamente, sin consideraciones
ni rodeos. Yeltsin encarnó esta última
posición.
•
Boris Yeltsin
Cuando tras un año largo de Presidente,
se vió que el Parlamento ruso (la
Duma), controlado por los comunistas, ni
gobernaban ni dejaban gobernar, ni talaban
ni prestaban el hacha, Yeltsin cortó
los compromisos iniciales a golpes de decretos
y de tanques. Clausuró el Congreso
(la Duma) de 1.033 diputados, lo cercó
y obligó a rendirse. Fue un gesto
decisivo, al estilo de Fujimori, que no
lo acredita como demócrata, pero
sí como hombre de acciones directas,
decididas y populares. Por 8 años,
el viejo Parlamento comunista y la nueva
Presidencia encarnada en Yeltsin, fue una
pareja dispareja, distanciada y peleadora,
que mantuvo una permanente guerra al estilo
de los Roses. Pero Yeltsin logró
imponer a la Duma sus candidatos y delfines
como primeros Ministros, en quienes delegó
mucho poder a raíz de sus frecuentes
recaídas de salud: el joven Kiriyenko;
Chernomyrdin; el hábil diplomático,
popular y respetado Primakov. El 31 de diciembre
pasado, en forma inesperada (como para iniciar
milenio), Yeltsin renuncia a su cargo de
Presidente constitucional y deja como Primer
Ministro y Presidente encargado hasta las
elecciones presidenciales del próximo
26 de marzo, a Putin.
•
Vladimir Putin.
El pasado 5 de Enero asume el cargo este
joven serio y decidido, que emerge intachable
de la niebla de los servicios secretos de
la inteligencia rusa, y quien parece poseer
los rasgos del lider fuerte y duro que,
en este momento, reclama el pueblo ruso.
John Kohan, un estudioso de los soviéticos,
ha observado que "a lo largo de la
conflictiva historia de Rusia, el compromiso,
el arreglo, el acomodo siempre ha sido considerado
como un síntoma de debilidad".
Con decisión y firmeza asumió
la conducción del conflicto con Chechenia.
El parte de victoria que acaba de dar el
pasado 6 de este mes, es también
el parte de victoria para las próximas
elecciones presidenciales. “El estado
Mayor acaba de informarme que el último
foco de resistencia terrorista, el distrito
de Zavodski, fue tomado. La bandera roja
ha sido izada en uno de los edificios administrativos.
Podemos decir que la operación para
liberar Grozni ha sido completada”.
Putin parece puede recoger el apoyo de comunistas
no muy ortodoxos, de nacionalistas no extremistas
(no del ultranacionalista Zhirinowski);
hereda los poderes legítimos de Yeltsin,
a quien aseguró la inmunidad y un
retiro dorado, pero de quien –a la
vez– se desmarcó, destituyendo
del cargo de asesora presidencial a la todopoderosa
hija de Yeltsin. Y está tomando distancia
del entorno “mafioso” que rodeaba
el trono (Berezovsky y los múltiples
tentáculos de la Mafia rusa). Al
hacerse a un lado en la carrera presidencial
el alcalde de Moscú (Yuri Luzhkov)
y el bien posicionado ex–primer Ministro
(Yevgeni Primakov), dejan el camino abierto
a Putin para asumir el control del antiguo
imperio zarista.
Conclusión
El nuevo hombre fuerte de Rusia podrá
presidir una extraña pero efectiva
coalición de Comunismo y Nacionalismo
moderados, de Populismo efectista y de Reactivación
económica, que saque a Rusia del
estancamiento en que venía, tapone
sus venas rotas, reafirme su “ego”
y su unidad nacional, y la ponga de nuevo
a desempeñar un papel honorable y
decisorio en la escena internacional.
14
febrero 2000 |