El
buen desempeño, sin aspavientos
ni sobresaltos por dos años y pico,
de Vladimir Putin como Presidente de Rusia,
puede servir de ejemplo a quienes deben
conducir hoy el Ejecutivo de Estados de
por sí insuficientes y en países
difícilmente gobernables como los
nuestros, que se debaten entre la modernización
y la democracia. Estoy pensando en este
momento, más que en Venezuela,
en la tarea ciclópea que le espera
al próximo presidente de Colombia.
La Rusia del año 2000
•
Putin recibió una gigantesca nación
de 145 millones de habitantes como Presidente
interino, el 31 diciembre 1999 (por renuncia
de Boris Yeltsin), y luégo en propiedad,
el 26 marzo 2000, al ganar las elecciones
presidenciales, con un 53% del electorado
a su favor, en la primera vuelta electoral.
La coyuntura de entonces mostraba un país
con cuatro graves crisis. El Estado estaba
en quiebra y era inexistente en muchos
ámbitos. El alzamiento armado de
Chechenia y su mano larga de terrorismo
que alcanzaba a Moscú, tras dos
guerras inútiles, era casi inmanejable.
Existía una pobreza generalizada
que afectaba a un 40% de la población,
con un producto interno bruto (PIB) reducido
a la mitad. Y el orgullo nacional estaba
por el suelo, tras haber perdido el país
toda autoridad en el campo internacional,
sin mantener influjo real ni siquiera
en los cercanos Cáucaso, Asia central
o los Estados bálticos ya integrados
a la Unión Europea.
|
|
Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
Biografia
del autor
CV, trayectoria, principales
obras y publicaciones y personajes
de la historia que lo han
inspirado
Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
|
|
| •
Mijail GORBACHOV, entre 1985 (cuando llega
a Primer Secretario del Partido Comunista
de la Unión Soviética) y 1991
(cuando es defenestrado políticamente),
desmontó el comunismo ortodoxo de
la Unión Soviética y la fue
llevando progresiva y gradualmente hacia
formas políticas democráticas
y hacia formas económicas de mayor
productividad. Boris YELTSIN lo releva.
Los 9 años de gobierno de Yeltsin
fracasaron en sus reformas, con una extraña
mezcla de ilusión y de cinismo, que
bien analiza Jean Radvanyi, Director del
Observatorio de los Estados postsoviéticos.
Hubo ingenuidad dogmática en querer
aplicar un capitalismo salvaje, pensando
que las reglas del libre mercado podían
remplazar rápidamente el papel regulador
del Estado. Y hubo cinismo en cuanto se
creyó que solamente una ruptura radical
con el anterior régimen –cualquiera
que fuera el costo social– podía
asegurar el éxito de las reformas.
El capitalismo ruso se volvió mafioso.
Y los centros de poder fueron copados por
grupos de intereses particulares, cuyos
hilos los manejaban Berezovsky y los múltiples
tentáculos de la Mafia. Mientras
tanto, en el pueblo ruso aumentó
el desempleo, la pobreza, la criminalidad.
Y lo que es más grave, Yeltsin (por
sus problemas de salud y dipsomanía)
no fue capaz de asegurar la confianza de
los rusos en su destino.
Dos años de buen gobierno
Vladimir
Putin salta a la palestra joven y desconocido:
47 años, nacido en San Petersburgo
(antiguo Leningrado), abogado, cinco años
de servicios secretos en la República
Democrática de Alemania Oriental,
cinco años de funciones importantes
en el Consejo de su Estado natal, y tres
años en cargos claves del gobierno
de Yeltsin. Gusta de los deportes de forcejeo,
siendo campeón en sambo y en judo.
Es aparentemente frio, poco locuaz, calculador,
ejecutivo. Ejerce la autoridad con mano
firme y buen pulso. Despliega sus antenas
de información confiable, y actúa
con mucho realismo sin ataduras ideológicas.
Para su política interior, muestra
respeto por la historia de Rusia, pero reconociendo
sus pasados errores; y abriga plena confianza
en su futuro. Y ha adoptado una política
exterior muy realista, sin dogmatismos,
y bien acoplada a los intereses geopolíticos
y económicos de Rusia.
•
Al posesionarse como Presidente, Putin prometió
potenciar el papel del Estado, garantizar
la unidad del país, imponer la dictadura
de la ley, salvaguardar las libertades democráticas,
fortalecer las fuerzas armadas y los servicios
de seguridad, defender las reformas económicas
de mercado, acabar con la corrupción,
aumentar el nivel de vida y devolver al
país su orgullo, su dignidad y su
debido peso en el acontecer internacional.
• Hay que reconocer que todo ello
lo ha ido realizando, sin aspavientos ni
sobresaltos, en forma gradual y progresiva.
Son pasos pequeños pero continuados.
Así fue como logró Suecia
su actual gigantesco desarrollo. A Rusia
le harán falta todavía quince
años de un crecimiento anual del
8%, para alcanzar el nivel de España
y Portugal. Pero hacia allá va, con
un gobierno honesto y eficiente.
1) Putin ha logrado movilizar ampliamente
la opinión rusa hacia un proyecto
incitativo de recuperación económica
y nacional, basado en la confianza de lo
que puede el país.
2) Ha reforzado el papel regulador del Estado.
Ha atacado frontalmente la criminalidad
y sobre todo aquellas zonas grises que caracterizaban
las relaciones entre los medios financieros
y políticos. Lo cual ha favorecido
la inversión tanto propia como extranjera.
3) Ha puesto énfasis en la redistribución
de riquezas, en cerrar la brecha entre los
nuevos ricos y los nuevos pobres. Recién
posesionado pagó los salarios y pensiones
que adeudaba el Estado, con una revalorización
del 40%. Ha aplicado una tarifa única
para todos los contribuyentes, de un impuesto
del 13%, evidentemente moderado, pero que
ha tenido la virtud de habituar a todos
los ciudadanos a cumplir con su porción
tributaria y en conjunto ha aumentado los
recaudos fiscales. Los altos ingresos por
petróleo le han ayudado.
4) Ha propiciado un regreso al orden y la
estabilidad institucional, a la vez que
un aumento de los derechos individuales.
5) Y en política exterior, es notable
el dinamismo personal que ha puesto, con
realismo y moderación, en crear alianzas
con Estados Unidos, China, la Unión
Europea, propiciando un mayor desarme nuclear
y recuperando poco a poco un papel honorable
y decisorio en la escena internacional.
En
conclusión, es muy
aplicable a Vladimir Putin la sabia observación
consignada por Francisco Herrera Luque en
uno de sus maravillosos libros: “Los
individuos egregios, llámense líderes,
profetas o gobernantes pueden al igual que
ENZIMAS acelerar, congelar o degradar
los procesos sociales.…Los gobernantes,
como parecen señalarlo los hechos
no son, pues, puros efectores inertes del
medio social que los contiene. Así
como pueden frenarlo, desvirtuarlo y retrogradarlo;
pueden señalarle otros derroteros
e iluminarlo con su acción y con
su prestancia, poniendo en marcha fórmulas
nuevas en el quehacer social”
.
17 junio 2002 |