El
pasado comentario lo dedicamos a Sarkozy
quien está comenzando a romper
esquemas de gobierno. El presente lo enfocamos
a Putin quien ya los rompió, y
está culminando sus ocho años
de gobierno, en dos períodos consecutivos.
A pesar del descrédito de muchos
líderes, seguimos dando la razón
a Carlyle en su tesis acerca de los "hombres
providenciales", personajes que cambian
el destino de los pueblos en grandes trechos
de su historia.
Tras
el colapso del mundo comunista, en la
historia reciente de Rusia es advertible
la huella que dejaron tres personajes,
muy diferentes en temperamento, ideología
y estilo personal de gobierno. Tanto que
pudiera hablarse de tres eras. La de Gorbachov
(1985-1991), la de Yeltsin (1991-1999),
la de Putin (2000-2008). El inteligente
y equilibrado Gorbachov dio paso al temperamental
y áspero Yeltsin. Y éste
invistió de poder sucesorial por
unos meses al joven Putin, quien fue elegido
presidente en marzo 2000 y vuelto a elegir
para nuevo período que termina
en mayo del 2008.
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| La
era de Putin
Putin
recibió un gigantesco país
de 145 millones de habitantes, aquejado
de cuatro graves crisis. El Estado estaba
quebrado y era inexistente en muchos ámbitos.
El alzamiento armado de Chechenia y su mano
larga de terrorismo, tras dos guerras inútiles,
era casi inmanejable. Existía una
pobreza generalizada que afectaba casi a
un 40% de la población, con un producto
interno bruto reducido a la mitad. El orgullo
nacional estaba por el suelo, tras haber
perdido el país toda autoridad en
el escenario internacional, sin mantener
influjo real ni siquiera en los cercanos
Cáucaso, Asia central y los Estados
bálticos, ya integrados a la Unión
Europea.
Vladimir Putin, salido de las nieblas secretas
de la temible y poderosa KGB del anterior
sistema soviético, astuto ex espía,
con inteligencia y mano fuerte, ha venido
haciendo la transición política
y económica de la Unión Soviética
comunista a una cierta democracia liberal
y pluralista. Ha sabido ganarse el apoyo
de una buena parte del pueblo ruso, logrando
que éste se sienta hoy con seguridad
y orgullo patriótico tras varios
años de desorganización, desorden,
inseguridad y desesperación. Ha sido
un avance en forma gradual y progresiva,
sin aspavientos ni sobresaltos, de pasos
pequeños pero continuados. Se han
taponado las venas rotas y reafirmado una
conciencia nacional. Putin en parte encarna
el poder político y militar de la
otrora gran Rusia. Goza de una popularidad
del 70%. Supo desplazar a los 'oligarcas'
(tal el magnate Boris Berezovsky hoy refugiado
en Inglaterra) que habían capturado
la propiedad estatal bajo Yeltsin, y se
las ha ingeniado para someter a los medios,
a la oposición dura, a los gobiernos
regionales y al Parlamento. Todavía
le restan a Rusia unos quince años
de crecimiento del 8% anual, para alcanzar
el nivel actual de España o Portugal.
Pero Putin ha acertado en la dirección
que le imprimió al país y
en su camino de recuperación del
orden y de la economía y en la reposición
internacional. Como buen estratega, con
mucho trabajo y paciencia, ha puesto énfasis
en el rearme autónomo militar y se
apoya en los grandes recursos energéticos
que hoy le permiten ser el proveedor para
los países de la Unión Europea
y otros grandes consumidores mundiales.
¿Qué
busca Putin?
Claramente
dejó claro a sus siete pares del
G8 -en la reciente reunión del 18
de julio en San Petersburgo, su ciudad natal-
que no es justo el estereotipo que el Occidente
viene proyectando como si Rusia quisiera
volver bajo su mandato a una "guerra
fría" y les pidió que
confíen en él, tanto en el
tema del aprovisionamiento seguro de energía
para ellos como en el compromiso que tiene
con la democracia. El Kremlin quiere que
su voz sea escuchada en el plano internacional
y quisiera que se conformara un nuevo orden
internacional donde Rusia tenga un papel
primordial. No le importa que tenga que
gritar para ello. Ello explica ciertos enfrentamientos
y aparentes salidas de tono. Por ejemplo,
los reclamos y enfrentamientos respecto
de la expansión de la OTAN hacia
su vecindario, el escudo antimisiles que
EUA piensa instalar en Polonia y República
Checa, el envenenamiento en Londres con
Polonio 210 del espía ruso Litvinenko
de larga trayectoria.
El
probable delfín
Al
no poder presentarse para una tercera elección
inmediata, de acuerdo a la Constitución
vigente (pero sí lo podrá
hacer pasados cuatro años), Putin
ha barajado las cartas políticas
en forma sorpresiva. El 12 de septiembre
cesó a todo su gabinete ministerial,
y dejando a un lado a los candidatos más
'presidenciales' (su dos viceministros el
'duro' Ivanov y el `liberal' Medvénev),
designó como Primer ministro a Víctor
Zubkov, de 65 años, economista, quien
a los dos días fue confirmado por
la Duma (Parlamento). Al catapultar, así,
a su coterráneo y su viejo escudero
de San Petersburgo, catalogado como 'halcón"
del Kremlin, quien como Jefe de Finanzas
controlará todo el combustible de
la maquinaria del Estado (incluido el estamento
militar), Putin prácticamente lo
designa como lo que los mexicanos llamaban
el 'gallo tapado' y los rusos el `caballo
negro, es decir, el sucesor que garantice
el poder en la nueva Rusia, asegurando la
continuidad por lo menos otros cuatro años
de la línea impuesta con éxito
por Putin y amplio respaldo favorable de
los ciudadanos.
Conclusión
Es
muy aplicable a Putin la sabia observación
consignada por Francisco Herrera Luque en
su maravilloso libro "Los cuatro reyes
de la baraja": "Los individuos
egregios, llámense líderes,
profetas o gobernantes pueden al igual que
enzimas acelerar, congelar o degradar los
procesos sociales[..] Los gobernantes, como
parecen señalarlo los hechos no son,
pues, puros efectores inertes del medio
social que los contiene. Así como
pueden frenarlo, desvirtuarlo y retrogradarlo;
pueden señalarle otros derroteros
e iluminarlo con su acción y con
su prestancia, poniendo en marcha fórmulas
nuevas en el quehacer social".
01 octubre 2007 |