Putin baraja sus cartas
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Putin baraja sus carta
Logo Enrique Neira

 

 

     

El pasado comentario lo dedicamos a Sarkozy quien está comenzando a romper esquemas de gobierno. El presente lo enfocamos a Putin quien ya los rompió, y está culminando sus ocho años de gobierno, en dos períodos consecutivos. A pesar del descrédito de muchos líderes, seguimos dando la razón a Carlyle en su tesis acerca de los "hombres providenciales", personajes que cambian el destino de los pueblos en grandes trechos de su historia.

Tras el colapso del mundo comunista, en la historia reciente de Rusia es advertible la huella que dejaron tres personajes, muy diferentes en temperamento, ideología y estilo personal de gobierno. Tanto que pudiera hablarse de tres eras. La de Gorbachov (1985-1991), la de Yeltsin (1991-1999), la de Putin (2000-2008). El inteligente y equilibrado Gorbachov dio paso al temperamental y áspero Yeltsin. Y éste invistió de poder sucesorial por unos meses al joven Putin, quien fue elegido presidente en marzo 2000 y vuelto a elegir para nuevo período que termina en mayo del 2008.

 

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La era de Putin

Putin recibió un gigantesco país de 145 millones de habitantes, aquejado de cuatro graves crisis. El Estado estaba quebrado y era inexistente en muchos ámbitos. El alzamiento armado de Chechenia y su mano larga de terrorismo, tras dos guerras inútiles, era casi inmanejable. Existía una pobreza generalizada que afectaba casi a un 40% de la población, con un producto interno bruto reducido a la mitad. El orgullo nacional estaba por el suelo, tras haber perdido el país toda autoridad en el escenario internacional, sin mantener influjo real ni siquiera en los cercanos Cáucaso, Asia central y los Estados bálticos, ya integrados a la Unión Europea.
Vladimir Putin, salido de las nieblas secretas de la temible y poderosa KGB del anterior sistema soviético, astuto ex espía, con inteligencia y mano fuerte, ha venido haciendo la transición política y económica de la Unión Soviética comunista a una cierta democracia liberal y pluralista. Ha sabido ganarse el apoyo de una buena parte del pueblo ruso, logrando que éste se sienta hoy con seguridad y orgullo patriótico tras varios años de desorganización, desorden, inseguridad y desesperación. Ha sido un avance en forma gradual y progresiva, sin aspavientos ni sobresaltos, de pasos pequeños pero continuados. Se han taponado las venas rotas y reafirmado una conciencia nacional. Putin en parte encarna el poder político y militar de la otrora gran Rusia. Goza de una popularidad del 70%. Supo desplazar a los 'oligarcas' (tal el magnate Boris Berezovsky hoy refugiado en Inglaterra) que habían capturado la propiedad estatal bajo Yeltsin, y se las ha ingeniado para someter a los medios, a la oposición dura, a los gobiernos regionales y al Parlamento. Todavía le restan a Rusia unos quince años de crecimiento del 8% anual, para alcanzar el nivel actual de España o Portugal. Pero Putin ha acertado en la dirección que le imprimió al país y en su camino de recuperación del orden y de la economía y en la reposición internacional. Como buen estratega, con mucho trabajo y paciencia, ha puesto énfasis en el rearme autónomo militar y se apoya en los grandes recursos energéticos que hoy le permiten ser el proveedor para los países de la Unión Europea y otros grandes consumidores mundiales.

¿Qué busca Putin?

Claramente dejó claro a sus siete pares del G8 -en la reciente reunión del 18 de julio en San Petersburgo, su ciudad natal- que no es justo el estereotipo que el Occidente viene proyectando como si Rusia quisiera volver bajo su mandato a una "guerra fría" y les pidió que confíen en él, tanto en el tema del aprovisionamiento seguro de energía para ellos como en el compromiso que tiene con la democracia. El Kremlin quiere que su voz sea escuchada en el plano internacional y quisiera que se conformara un nuevo orden internacional donde Rusia tenga un papel primordial. No le importa que tenga que gritar para ello. Ello explica ciertos enfrentamientos y aparentes salidas de tono. Por ejemplo, los reclamos y enfrentamientos respecto de la expansión de la OTAN hacia su vecindario, el escudo antimisiles que EUA piensa instalar en Polonia y República Checa, el envenenamiento en Londres con Polonio 210 del espía ruso Litvinenko de larga trayectoria.

El probable delfín

Al no poder presentarse para una tercera elección inmediata, de acuerdo a la Constitución vigente (pero sí lo podrá hacer pasados cuatro años), Putin ha barajado las cartas políticas en forma sorpresiva. El 12 de septiembre cesó a todo su gabinete ministerial, y dejando a un lado a los candidatos más 'presidenciales' (su dos viceministros el 'duro' Ivanov y el `liberal' Medvénev), designó como Primer ministro a Víctor Zubkov, de 65 años, economista, quien a los dos días fue confirmado por la Duma (Parlamento). Al catapultar, así, a su coterráneo y su viejo escudero de San Petersburgo, catalogado como 'halcón" del Kremlin, quien como Jefe de Finanzas controlará todo el combustible de la maquinaria del Estado (incluido el estamento militar), Putin prácticamente lo designa como lo que los mexicanos llamaban el 'gallo tapado' y los rusos el `caballo negro, es decir, el sucesor que garantice el poder en la nueva Rusia, asegurando la continuidad por lo menos otros cuatro años de la línea impuesta con éxito por Putin y amplio respaldo favorable de los ciudadanos.

Conclusión

Es muy aplicable a Putin la sabia observación consignada por Francisco Herrera Luque en su maravilloso libro "Los cuatro reyes de la baraja": "Los individuos egregios, llámense líderes, profetas o gobernantes pueden al igual que enzimas acelerar, congelar o degradar los procesos sociales[..] Los gobernantes, como parecen señalarlo los hechos no son, pues, puros efectores inertes del medio social que los contiene. Así como pueden frenarlo, desvirtuarlo y retrogradarlo; pueden señalarle otros derroteros e iluminarlo con su acción y con su prestancia, poniendo en marcha fórmulas nuevas en el quehacer social".

01 octubre 2007