El oso estepario ruge
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El oso estepario ruge
Logo Enrique Neira

 

 

     

El nuevo presidente de Estados Unidos ha afirmado entre sus prioridades internacionales que desea configurar una nueva relación con la difícil Rusia que resultó agresiva por la reciente invasión que hizo en Georgia y colabora con Irán para su energía nuclear. Y está en lo correcto dada la forma casi despectiva como Occidente ha venido relegando a Rusia en el plano internacional mientras ésta ha venido tomando conciencia -en la era Putin- de que merece un lugar más acorde con su grandeza.

Una era Putin positiva

Tras el derrumbe de la Unión Soviética (1989), viene un gobierno débil de transición encabezado por Boris Yeltsin, que se caracterizó por abrir indiscriminadamente las puertas a un capitalismo salvaje, bien aprovechado por las mafias, y cultivó un servilismo americano con estrechas alianzas con Estados Unidos. Surge entonces la figura joven (47 años) de Vladimir Putin, procedente de la otrora poderosa KGB, quien durante su era de dos sucesivos períodos de elección popular, obtuvo avances positivos. Entre ellos:

 

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1) Logró movilizar ampliamente la opinión rusa hacia un proyecto incitativo de recuperación económica y nacional, basado en la confianza de lo que puede el país.
2) Reforzó el papel regulador del Estado. Atacó frontalmente la criminalidad y sobre todo aquellas zonas grises que caracterizaban las relaciones entre los medios financieros y políticos. Lo cual favoreció la inversión.
3) Puso énfasis en la redistribución de riquezas, en cerrar la brecha entre los nuevos ricos y los nuevos pobres. A lo que ha ayudado el aumento de los recaudos fiscales y los altos ingresos por petróleo.
4) Ha propiciado un regreso al orden y la estabilidad institucional.
5) Y en política exterior, es notable el dinamismo personal que puso, con realismo y moderación, en crear alianzas con las potencias emergentes y recuperar poco a poco un papel honorable y decisorio en la escena internacional.


Reminiscencias de Guerra Fría

Sin que lleguen jamás a la rigidez de la llamada Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, estos ocho años han revivido episodios de conflicto y distanciamiento entre Rusia y Estados Unidos, entre Rusia y la Unión Europea. Son claras las manifestaciones de que Rusia quiere que se reacomode el orden geopolítico y que ella asuma dentro de él un papel de primer orden.

ESTADOS UNIDOS. Ya no acepta que el presidente norteamericano de turno dé lecciones al Kremlin sobre moral, capitalismo y democracia. No acepta que menosprecien sus intereses y literalmente se les hayan metido en sus dominios. Washington ignoró las objeciones de Moscú contra el plan de invadir un país tan estratégico para Rusia como Irak. Se infiltró luego en el patio trasero tradicional de Rusia: los países bálticos, Asia Central y el Cáucaso. Era intolerable para Moscú que Estados Unidos patrocinara y propiciara las revoluciones llamadas de colores que instalaron regímenes adversos a Rusia en Ucrania y Georgia. La sensación de que Estados Unidos cerraba el círculo a su alrededor creció aún más cuando el gobierno de Bush anunció que construiría un sistema de defensa misilística con base en Polonia y la Republica Checa, so pretexto de la amenaza de Irán. Putin planteó la necesidad de acabar con la unipolaridad mundial y rechazó el que la policía planetaria estuviera de hecho en manos de un solo país. El episodio más reciente sobrevino cuando el presidente de Georgia Mijail Saakashvili, muy pronorteamericano, actuó de manera irresponsable con acción armada la noche del 7 agosto pasado para acabar con la secesión de Osetia del Sur. Esto sirvió de pretexto ideal a Rusia para hacer una demostración de fuerzas y advertir a los antiguos países vasallos de la Unión Soviética (como Ucrania) a lo que se arriesgan si se empeñan en emanciparse del todo de la antigua potencia. Y vino el reconocimiento por Rusia de Osetia del Sur y Abjazia que aleja la posibilidad de que Georgia recupere alguna vez esas regiones arrebatadas a su soberanía.

UNIÓN EUROPEA. Rusia que tiene las reservas de gas más importantes del mundo (45,57 billones de metros cúbicos) acaba de hacer sentir en pleno invierno a 18 de los 26 países que conforman la Unión Europea y que se surten de dicho combustible a través del gasoducto que pasa por Ucrania, un sensible recorte de gas para su calefacción.


Rugidos de reclamo

Hay un proceso de recuperación por el Kremlin de su antiguo dominio, que haría temer que el ave Fénix de la Guerra Fría intentara renacer. Rusia trata de mostrar al mundo que vuelve a ser una potencia de peso internacional y utiliza sus grandes recursos energéticos como soporte de su diplomacia. Está demostrando poder político, músculo militar y agallas para que el mundo internacional le reconozca un lugar acorde con su grandeza. Y la coyuntura del nuevo Ejecutivo norteamericano de Obama, más liberal, tolerante y solidario, parece acallará sus rugidos.

10 marzo 2009