Irán
es tierra de terremotos fuertes. También
en política. Las elecciones para
presidente del pasado 24 de junio han
repercutido, más que de ordinario,
en el mundo árabe, en la Unión
Europea, Estados Unidos y en América
Latina. La elección, en segunda
vuelta, de Mahmud Ahmadinejad (17 millones
de votos, 62%), con bastante ventaja sobre
su contendor, el anterior mandatario,
Akbar Rafsanyani (10 millones de votos,
36%), suscita varias interrogantes y reflexiones.
¿Quién es el nuevo gobernante
iraní, hasta ahora un sencillo
laico musulmán, apenas conocido
por su desempeño como alcalde de
Teherán desde hace dos años?
¿El nuevo mandato popular implica
un retroceso en la moderada línea
de reformismo y apertura político-cultural
que había iniciado desde 1997 el
anterior presidente Mohamed Jatami y proseguido
Rafsanyani?¿Va a acentuarse el
antiamericanismo iraní y su pretensión
de poderío nuclear, suficiente
para que el Big Brother lo siga catalogando
como pieza clave del “eje del Mal”,
junto con Corea del Norte?
|
|
Análisis
& Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor
Biografia
del autor
CV, trayectoria, principales
obras y publicaciones y personajes
de la historia que lo han
inspirado
Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy. |
|
|
|
El hombre del pueblo
En
su página de internet, se presenta
como “Mardomyar”, palabra que
en persa significa amigo del pueblo. Enjuto
y de sonrisa tímida, con un fino
corte de barba de insinuación revolucionaria,
Ahmadineyad (49 años, nacido de padre
herrero en Gamsar cerca de Teherán)
no es la imagen de un político con
carisma. La propaganda electoral lo mostraba
en blanco y negro, consolando a un viejo,
escuchando a una niña y movilizándose
no en coche oficial sino en su modesto Peykan
de fabricación local. Un sencillo
funcionario que sigue viviendo de su salario
como profesor universitario, sin cobrar
sueldo como alcalde. “Un dirigente
revolucionario no obtiene su poder por las
instalaciones de su despacho o el número
de secretarias”, afirma en su página
web (www.mardomyar.com).
Estudió ingeniería civil en
la Universidad Politécnica de la
capital; allí lo encontró
la revolución islámica del
Ayatola Jomeini que lo atrajo. Perteneció
a la asociación estudiantil Basij
que en 1979 asaltó la embajada de
Estados Unidos y retuvo por 444 días
a 52 rehenes, hecho que llevó al
rompimiento de relaciones diplomáticas
entre los dos Estados. Se alistó
luégo en el cuerpo de operaciones
especiales de los Guardianes de la Revolución,
“pasdarán” (fuerza de
choque ideológica y militar del régimen);
lucha en la guerra contra Irak (1980-1988),
realizando actividades de comando en Irak.
Como alcalde de Teherán, sacó
partido de su Doctorado en Transporte, mejorando
el tráfico; reorientó las
actividades de los centros culturales hacia
contenidos más religiosos; insistió
en que las empleadas municipales se cubran
debidamente; propuso que los mártires
de la guerra fueran enterrados en las plazas
públicas. Para CentroIK (Centro de
Investigación Internacional Ibn Khaldun)
no está claro qué se esconde
tras la apariencia de este hombre del pueblo,
sencillo y sin pretensiones, y le suscita
temores por su probable fundamentalismo
populista.
La
tentación fundamentalista
En
anterior comentario, donde me preguntaba
si el Islam implica un fundamentalismo (05-11-01),
recordaba que con el término “fundamentalistas”
se designa desde 1920, a quienes “combaten
tenazmente por las cosas fundamentales”
consignadas en los libros sagrados. Los
hay también en el mundo del Cristianismo
y del Judaísmo. En el mundo del Islam,
se aplica a miembros de grupos militantes
islámicos que aplican una interpretación
literal, extremista y fanática a
los textos del Corán. Se da especialmente
en los países árabes donde
predomina la corriente “shiita”
(es el caso de Irán con una población
de 70% shiita y sólo un 30% sunnita).
El caso extremo se dio en Afganistán
con el régimen talibán de
pésima recordación. Para esta
corriente islámica se hace menos
distinción entre la mezquita y el
Estado, entre la teología y la política.
Y se ha llegado a un maridaje de Teocracia
(Religión y Poder político),
donde el Islam es copado por una minoría
clerical conservadora, a cuya cabeza está
el Guía Supremo, el Velayat Faquih
o Sumo Jurista, actualmente Alí Jameini,
quien sucedió con autoridad vitalicia
al Ayatola Jomeini. Esta estructura clerical
controla el poder judicial, los medios de
comunicación de masas (radio y tv),
las policías y fuerzas armadas, y
tiene también a su servicio fuerzas
paramilitares para ciertas tareas. Toma
las grandes decisiones de política
económica, energética e internacional.
Defiende actitudes anacrónicas y
fundamentalistas respecto de las mujeres,
la educación pluralista, la globalización
y la vida moderna en general, tildada de
occidentalista. De modo que el presidente
de turno de la República Islámica,
aunque elegido democráticamente en
las urnas, está muy supeditado a
dicho poder religioso y moral, tanto en
su proceso de selección (para estas
elecciones el Faquih rechazó numerosas
inscripciones de candidatos especialmente
de mujeres) como durante el ejercicio de
su gobierno.
Me
atrevo a hacer mia la afirmación
de la analista Elaine Shannon y colegas
del ‘Iran’s New Hand’,
del pasado 29 de junio, de que “el
principal ganador en esta elección
es el Supremo Líder Alí Jamenei
quien –ahora cuando Rafsanyani fue
humillado en las urnas y los reformistas
vociferan en el desierto- tiene un acólito
laico como Presidente, y Ahmadineyad efectivamente
funcionará como su secretario ejecutivo”.
“Es justo la punta del iceberg
–afirma un analista de la Universidad
de Teherán. Detrás de
él están las más poderosas
instituciones políticas y militares
del régimen”.
¿Otro más contra el
Imperio?
Más que las diatribas altisonantes
contra Estados Unidos (de buen recibo en
muchas latitudes del mundo), preocupa más
a la superpotencia y a los países
mayores de la Unión Europea, el peligro
de que Irán, con el nuevo gobernante
-“defensor de los valores islámicos
y revolucionarios”- acceda a un armamento
atómico por la vía de enriquecer
el uranio más allá de las
aplicaciones eléctricas con las que
hoy se justifica su desarrollo de la energía
nuclear. Y analistas internacionales temen
que con neoconservadores en el poder en
Washington y neoconservadores en el poder
en Teherán pueda prenderse un nuevo
conflicto. Nadie quiere, por otra parte,
que un nuevo régimen populista autoritario,
centrado en el petróleo y con ánimo
de exportar su modelo al mundo islámico,
pueda ser el epicentro de otro tsunami político
en la región.
De todos modos, por sus efectos se podrá
ir calibrando y catalogando el régimen
del nuevo ‘mardyomar’ iraní.
La sabia máxima de “por sus
frutos los conoceréis” es aplicable
a árboles, a personas, a grupos,
a movimientos y a revoluciones.
04 julio 2005 |