China capitalista: una tercera vía
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China capitalista: una tercera vía
Logo Enrique Neira

 

 

     

Al celebrar el pasado 1º de octubre sus 50 años, China comunista pudo exhibir, con todos los coloridos, un gigantesco crecimiento económico social, un innegable avance en modernización, a la vez que una envidiable estabilidad política.


China comunista es actualmente la tercera mayor economía del globo; el ingreso per capita de tan gigantesca población de 1.200 millones de habitantes es de US$ 250 dólares promedio (cuando en 1978 era apenas de US$ 13); logra inversiones extranjeras al año por US$ 40.000 millones. China en comercio exterior, como exportadora e importadora, ocupa el puesto 11 entre todos los países. Desde hace años acumula excedentes comerciales importantes con los Estados Unidos y con la Unión Europea. Su excedente comercial con EUA acaba de pasar el de Japón; se ha vuelto un competidor notable en relaciones bilaterales. Y junto con su innegable progreso económico, la sociedad china evidencia grandes cambios sociales.

 

UN CAPITALISMO NO LIBERAL

No se puede negar que China ha llegado a ser un país capitalista. Pero su capitalismo es algo bastante extraño, porque está muy distanciado de la ideología liberal. China lleva casi 20 años explorando las vías de la acumulación, propia de todo capitalismo que se respete. Pero la importancia de las solidaridades tradicionales y el influjo de 30 años de socialismo han llevado a la sociedad china a construir el “enriquecimiento” sobre bases comunitarias fuertemente ligadas al poder político, y no según los principios clásicos de la economía liberal individualista. El acceso al poder político de las burocracias locales y regionales ha sido el “ábrete sésamo” que ha corrido la pesada roca para entrar al ámbito del éxito económico.

 

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Es decir, la real descentralización política en el tejido social de tan gigantesco país ha sido la llave mágica para el crecimiento económico. Para el economista Lester Thurow en su reciente libro “Las fracturas del capitalismo” (1997), el origen del “milagro chino” (sin que sea tan espectacular, porque el mismo autor recomienda reducirle 4 puntos a la tasa oficial de crecimiento) hay que ubicarlo en las empresas rurales creadas por las autoridades locales. Los grupos de interés, productores de riqueza, han tomado allí la forma de redes de origen familiar o burocrático (rama industrial, empresas públicas, sindicatos, ejército, policía, etc.) que controlan los imperios industriales de gran tamaño. Su ventaja competitiva está no sólo en un menor costo del factor trabajo sino en su relación con el poder político que los favorece sistemáticamente. Las empresas “privadas” (el ejército es una de las mayores!) actúan como accionistas principales (aunque muy discretos) de funcionarios locales, que en cuanto actores económicos juegan, a la vez, en diferentes tableros. Usar una posición oficial para obtener el derecho a traficar en los mercados; utilizar el poder de un gran conglomerado para desviar fondos y colocarlos en la Bolsa; aprovecharse de sus funciones de defensor del orden (policía, fuerza armada) para operar negocios ilegales; apoyarse en la relaciones sociales para acumular recursos financieros, son todas buenas recetas. Se junta, así, la pesadez burocrática con el dinamismo privado, la respetabilidad oficial con las actividades ilegales, la red relacional con la acumulación capitalista, la racionalidad económica con los atajos de la política. En síntesis, una fórmula muy original (a la china) de acumulación capitalista, en la que el mercado regula sólo parcialmente el intercambio de bienes. Capitalismo no de inspiración liberal individualista, sino familiar, comunitario y burocrático.

 

PERO TAMBIEN CAPITALISMO INJUSTO

La inequidad, la desigualdad, la injusticia parece que es el sino (destino) de todo capitalismo, también del chino. Es claro que una parte bastante importante de los bienes de la prosperidad – que provienen de la actividad productiva, de la especulación o de la corrupción–, llegan a la sociedad a través de la distribución que los patronos político–económicos hacen a sus clientelas. Pero al “maná” que cae del cielo no se accede fácilmente sino a condición de hacer parte de un clan o de una red empresarial con sus múltiples tentáculos, lo que excluye a muchos de la torta.
De hecho, se está también abriendo en China una enorme brecha entre individuos de alto ingreso, que disfrutan de todo tipo de comodidades, y amplios sectores de población en nivel de pobreza. Y lo que es más notorio, el gran desarrollo económico y mejor nivel de vida se ha venido concentrando en las grandes zonas costeras, además del gigantesco emporio de Hong Kong (revertido a China en 1997). En efecto, en julio de 1979 se crearon 4 zonas económicas especiales (ZES) sobre la costa marítima del Sudeste : Shenzhen, Zhukai y Shantou en la provincia de Guandong, y Xiamen en la provincia de Fujian. Son zonas francas inspiradas en las de Singapur y Hong Kong, abiertas a las inversiones internacionales y con acceso a las tecnologías occcidentales. En 1984 se crearon otras 14 zonas especiales, con crecimientos espectaculares. La ZES de Shenzen tuvo una tasa de crecimiento del 16% en 1997. Pues, bien, esta plataforma marítima de cerca de 250 millones de habitantes, se ha convertido no sólo en la gigantesca fábrica china de producción para el exterior, sino también en el mayor depósito de mano de obra, lo que ha producido una colosal migración de población rural a las ciudades, con todos los efectos de explotación del trabajo, injusticia social y vicios del capitalismo. El mundo desarrollado, de alta acumulación e industrializaciòn de la costa oriental china es muy diferente al del interior, rural y de crecimiento mucho más lento. Con el agravante de que desde mayo de 1998, China ha comenzado a registrar una fuerte caída de las exportaciones y una baja sensible de su tasa de crecimiento. Como a los otros dragones asiáticos, la política de crecimiento rápido, afianzada en las exportaciones, parece que también fuera a tocar límite en China comunista, con sus graves secuelas de mayor desempleo, quiebra de empresas, agitación social e inquietud política.

 

¿UNA TERCERA VIA ?

Pero también aquí China comunista se encuentra en ventaja sobre el resto del mundo. Teniendo dentro de sus fronteras tan gigantesca población, hoy por hoy es el “mercado potencial más grande del mundo”. Si la economía de exportación pudiera verse recortada, tiene un mercado interno potencial, que puede halar su desarrollo por otro milenio. Y tiene un férreo sistema político, que permite múltiples referencias identitarias a la población (sin determinismos rígidos religiosos o étnicos), que tiene claro su rol de un Estado más que intervencionista, con capacidad de actuar efectivamente sobre lo social, para limar diferencias de ingresos, suplir deficiencias de la economía “privada”, atenuar a gran escala los efectos del capitalismo injusto. Es decir, puede ser quizás una de las vitrinas para el nuevo milenio de una “tercera vía”, original y a la china. No tanto la “tercera vía” de A. Giddens entre neo–liberalismo y estatismo socialista, sino la de Juan Pablo IIº quien propone como modelo alternativo “una sociedad basada en el trabajo, en la empresa y en la participación” (Centesimus Annus 1991, nº 35). Paradojas de la historia. Una China comunista atea encaminándose hacia el ideal de sociedad propuesto por el Pensamiento Social de la Iglesia. Como quiera que sea, China será el otro gran protagonista del siglo XXI .


Observatorio 1º noviembre 1999