Patria Nueva ¿de centro izquierda?
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Hace 15 días los ojos del mundo estuvieron pendientes, de nuevo, sobre el Istmo de Panamá. Martín Torrijos, hijo del Gral. Omar Torrijos ganó limpiamente, en forma holgada y pacífica, las elecciones presidenciales para el período 2004-2009. “Es el día en que arranca la patria nueva” dijo ante millares de simpatizantes que lo vitorearon por la victoria de la alianza encabezada por el PRD (Partido Revolucionario Democrático). En América Latina se la ha interpretado como la afirmación de una nueva tendencia de gobiernos de centro izquierda, que en forma pragmática buscan conciliar democracia y reformas fuertes, neocapitalismo y cambio social. Así estamos percibiendo también a Lula da Silva en Brasil y a Ernesto Kirchner en Argentina.

 

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Panamá

Panamá fue parte de la Colonización Española en América hasta 1821 cuando –sin necesidad de combates- entró a formar parte de la Gran Colombia de Simón Bolívar. Por su posición intercontinental e interoceánica era la parte territorial que le permitiría a Colombia tener una presencia internacional importante. Era la faja de tierra que se volvía bandera de las relaciones universales. Y así lo había intuido Bolívar cuando convocó el Congreso Anfictiónico. Y hasta se pensó que allí podrían radicarse los poderes centrales de una promisoria Confederación de países hispanoparlantes. La historia de Panamá ha estado dominada por su posición geográfica, ayer y hoy. Desde que se comenzó a pensar en serio en la apertura de un Canal a través del Istmo de Panamá, con ventajas sobre otra alternativa a través de Nicaragua, los grandes intereses se movieron alrededor del proyecto. El presidente norteamericano Hayes, comentando la obra que emprendía Ferdinand de Lesseps, declaraba en 1880 en mensaje al Congreso: “La política de este país exige un canal interoceánico bajo la dominación americana. Los Estados Unidos no pueden consentir en entregar esta influencia dominante a ningún poder europeo ni a ninguna combinación de poderes europeos”. Y el Gral Grant, en 1881, en “American Review” decía sin tapujos: “Yo recomiendo este canal americano, en suelo americano y para el pueblo americano”. La visión de Theodoro Roosevelt permitió relevar diplomáticamente a los franceses de las obras para el Canal. Y en 1903 las maniobras de su Armada Naval ayudaron a los rebeldes panameños, liderados por Amador Guerrero a separarse de la República de Colombia y declarar su independencia el 3 de noviembre (se acaban de conmemorar los 100 años). A las dos semanas, los representantes de la naciente República firmaron el Tratado Hay-Varilla por el cual Panamá otorgó todos los derechos a los Estados Unidos para construir y administrar el Canal de Panamá. El Tratado Carter-Torrijos revirtió al Estado panameño, en 1999, el Canal con sus bienes, estructuras, administración y zonas adyacentes.

A la muerte, en un accidente aéreo del Gral. Torrijos en 1981, las riendas del poder las tomó el Gral. Manuel Noriega, quien fue desalojado del Palacio de las Garzas por la operación “Justa Causa” llevada a cabo por marines, en diciembre 1989. Fue llevado a Florida, juzgado por las Autoridades Federales de EU y paga allí condena. De entonces acá se han venido sucediendo gobiernos elegidos democráticamente, con pluralismo y respeto por las libertades y derechos humanos. El gobierno de Guillermo Endara (1990-95), líder del Partido Arnulfista (Arnulfo Arias, tres veces presidente y derrocado por el Gral Torrijos en 1968); el gobierno de Ernesto Pérez Balladares (1994-99); y el gobierno reciente de Mireya Moscoso, viuda de Arias (1999-2004). En ésta etapa democrática de Panamá no han faltado denuncias de hechos graves de corrupción y una situación problemática de desempleo y pobreza que sigue afectando casi un 40% de la población; mientras se reconoce un auge impresionante en áreas como la banca, el comercio, el turismo, las construcciones modernas.

 

Martín Torrijos Espino

41 años, licenciado en Ciencias Políticas (1986) y en Economía (1988) por la Universidad de Texas A&M y formación militar en la Academia de Wisconsin. Trabajó como gerente administrativo y de operaciones en la sede central de McDonald’s Corporation en Chicago. Entra a las juventudes del PRD en 1992 y sirve como viceministro de Gobierno y Justicia en el mandato de Pérez Balladares. El PRD (que hace referencia a dos rieles, el cambio radical y la democracia) actualizó sus estatutos y programa en 2001, pertenece a la Internacional Socialista y enarbola banderas como la transparencia, la cultura de valores, el fortalecimiento del poder local, mayor presencia de la mujer y de los indígenas en las tareas públicas. Forma la coalición “PATRIA NUEVA” con el centrista Partido Popular y dos ejes principales: combatir la pobreza y combatir la corrupción. Para todo ello, Torrijos ha convocado a un “pacto social”; ha dicho que en su gobierno “no cabe el revanchismo, sino todos participarán”; “inicia una nueva forma de gobernar”; “de aquí en adelante nuestro lema de campaña de seguridad, cero corrupción y más empleo se constituirá en la meta de nuestro gobierno”.

 

La nueva Izquierda en política

La política no es geométrica ni topográfica. Pero “derecha–izquierda”, como otras dimensiones espaciales, ayudan a la percepción e interpretación de nuestros entornos físicos, sociales y aun ideológicos. Sobre todo desde la Revolución francesa (1789), cuando en la Asamblea del Pueblo, los más prudentes y conservadores resolvieron colocarse a la derecha, y los más impacientes y revoltosos a la izquierda, los términos se transformaron en símbolos de opciones y opiniones. En una percepción ideológica, ubicamos a la derecha lo religioso y estable (lo sacro es esencialmente estable); a la izquierda lo secular y lo cambiante. A la derecha colocamos la dominación; a la izquierda lo que conlleva reto y oposición. De modo que podríamos definir como de IZQUIERDA la tendencia al cambio social en la dirección de mayor igualdad (política, económica o social). Y como de DERECHA la tendencia que apoya un orden social más o menos jerárquico y sopesa mucho los cambios hacia mayor igualdad.

En los países desarrollados -a 156 años del famoso “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels (1848)- el Comunismo, con su revolución social (que implicaba la extrema izquierda), ya no asusta; y el capitalismo (el ogro de las derechas), ha pasado a la ofensiva. El objetivo final de una transformación social sigue siendo común a las izquierdas; pero difieren mucho y se disputan sobre los medios para llegar allí. En América Latina no ha existido una izquierda monolítica. Ofrece un espectro variopinto. Ha habido formas de revolución de corte populista y/o nacionalista; y proyectos revolucionarios propuestos por intelectuales universitarios desde sus cubículos o estimulados por una clase media. Se han intentado revoluciones a punta de ametralladoras y bombas terroristas y otras por vía parlamentaria. Pero la revolución no es ya la opción en América Latina. Sin embargo, la Izquierda sí tiene todavía una palabra que decir y una acción sociopolítica que intentar como alternativa válida frente al capitalismo salvaje y a la globalización neoliberal que nos está engullendo.

Como ha escrito Enrique Rubio, del Centro Uruguay Independiente, en su estupendo libro “La Izquierda del futuro” “en la actualidad nada es fácil para la Izquierda”. La Izquierda debe ser porfiada. Y para que sea viable en las nuevas coyunturas nacionales debe, a su juicio: 1) reelaborar su memoria (saldar algunas cuentas pendientes de la Izquierda clásica y fundamentalista); 2) cabalgar la globalización (es decir, insertarse en ella pero de acuerdo con sus propios objetivos), 3) dar cauce al empuje transnacional y a la integración regional; 4) reformar el Estado con miras a una democratización de la economía; 5) estimular el dinamismo en la sociedad; 6) buscar las confluencias de las fuerzas progresistas a escala internacional; y 7) muy importante, promover más democracia. Debe conducir hoy un proyecto histórico al servicio de una utopía democrática–socialista. Equivale a decir algo en lo que yo he sido machacón por años. La Izquierda debe ser DIFERENTE a lo que ha sido y VIABLE, es decir ni tan dogmática ni tan ideologizada. Debe revitalizarse, reconvertirse, purificarse y dejar sus desdenes por la democracia, por el reformismo, por la religión, por el desarrollo económico sostenido. “Queremos vino nuevo en odres nuevos” (pancarta en la Alexander Platz de Berlín oriental, noviembre 1989). “Hay que construir sobre los fundamentos del pasado, pero la construcción debe ser nueva” (Hobsbawn).

17 mayo 2004