| "Ser
grande -decía el general De Gaulle-
es tomar como propio un gran combate".
Y esto no se lo discute nadie a Fidel Castro.
Este David barbudo, desde su diminuta isla
ha desafiado al Big Brother del Norte, durante
47 años. A sus ochenta años,
Castro sigue siendo uno de los "duros"
más imbatibles y uno de los dirigentes
más famosos del mundo. Con su procera
estatura, puños cerrados y dirigiendo
una mirada desafiante desde el Malecón
de La Habana hacia el Imperio del Norte,
sigue encarnando la lucha del pequeño
David bíblico contra el prepotente
Goliat del moderno paganismo.
I.
Castro y García Márquez
Una
de las más geniales hipérboles de García
Márquez en su novela El otoño del patriarca
es aquella increíble operación, a la que
el dictador asiste impotente, por medio
de la cual los norteamericanos se robaron
el mar de su país caribeño: "de modo que
se llevaron el Caribe en abril […] se lo
llevaron con todo lo que tenía adentro,
mi general, con el reflejo de nuestras ciudades
[…] se llevaron todo cuanto había sido la
razón de mis guerras y el motivo de mi poder"
(Bogotá, La Oveja Negra, 1982, p. 200-203).
Donde estaba antes el mar no queda ahora
sino un inmenso descampado en el que unos
pocos peces dan saltos de agonía. Y es que
la novela del premio Nobel colombiano está
cruzada todo el tiempo por la presencia
del fantasma del imperialismo norteamericano
que ha irrespetado por décadas la soberanía
de tantos Estados latinoamericanos y caribeños.
Por eso, cuando se habla de Castro y Gabo,
hay que subrayar que no solamente ha habido
entre ellos -durante 46 años- una extraordinaria
química personal, sino que también los ha
unido una singular afinidad ideológica.
Ambos son rebeldes con causa: el uno estratega
y político, el otro periodista y escritor.
El uno un caudillo carismático que rompió
los marcos de la política tradicional, el
otro una pluma inspirada que produjo el
boom del realismo mágico. El uno se constituyó
en inquietante polo de poder revolucionario
en las Américas, el otro ha sido gran admirador
del poder y lo ha sabido cortejar a través
de discretas relaciones con presidentes
amigos. |
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& Opinión
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| La
historia de la relación entre dos
de los grandes íconos de la izquierda
latinoamericana es el hilo central de "Gabo
y Fidel: El Paisaje de una Amistad"
(Editorial Espasa, 344 páginas),
investigación a cargo de los periodistas
Ángel Esteban (nacido en Zaragoza,
miembro del grupo de Estudios Superiores
de Literatura de la Universidad de Granada)
y Stephanie Panichelli (belga, Universidad
de Lovaina, con tesis sobre "García
Márquez y la Revolución cubana").
El libro narra la amistad entre Gabriel
García Márquez y Fidel Castro
y lo que se han aportado el uno al otro.
Descubre también, entre otras cosas,
entresijos de la alta política del
Caribe, el nacimiento, triunfo y declive
del sandinismo y cuáles son las piezas
que mueven el actual socialismo internacional
para combatir el capitalismo. Algunos tips
de la obra.
*
En el prólogo se alude ya a cierto
encantamiento que a García Márquez
le producen quienes han tenido un poder
tridimensional en sus manos. "Sus nuevos
amigos son casi todos presidentes, mientras
que los intelectuales y escritores le interesan
cada vez menos". "Gabo, obsesionado
por el poder, los caudillos y la mediación
diplomática del más alto rango,
vio en el patriarca cubano el modelo a partir
del cual América Latina podría
construir algún día un socialismo
propio, una sociedad feliz sin clases ni
diferencias".
* Antes de conocer a Castro, a finales de
los años 50, García Márquez
viaja a los países de la cortina
de hierro para conocer de primera mano cómo
funcionaba el sistema comunista allí.
Quedó decepcionado por lo opresivo
y deshumanizante del régimen; y así
lo consignó en sus crónicas
y comentarios. Más tarde, le impresionó
la entrada triunfal de los barbudos a La
Habana y le comenzó a interesar la
figura de Fidel. Viaja con su colega, el
colombiano Plinio Apuleyo Mendoza; y el
mismo Castro los recibe en el aeropuerto
de Camaguey el 19 de enero de 1959. Lo primero
que le preguntó Castro fue: "¿ha
comido algo?". Gabo confiesa que esa
pregunta irrelevante le fue muy significativa,
pues siempre lo ha unido a Castro el gusto
por la comida; y asegura que durante 30
años "sólo han hablado
de poesía y comida". Mentira
piadosa de un gran novelista de profesión.
* En 1961 García Márquez se
va a vivir en México y desde allí
hace varias visitas al Comandante. Pero
en 1968, se produce un distanciamiento delicado
debido a dos hechos. Primero, el apoyo de
Castro a la invasión de la Unión
Soviética con tanques a Checoeslovaquia
(que produjo en Venezuela la salida de valiosos
jefes políticos como Petkoff del
Partido Comunista y la formación
del MAS). Segundo, el arresto que ordenó
Castro del poeta Heberto Padilla (que produjo
la ira de intelectuales antes amigos del
régimen como Mario Vargas Llosa,
Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Julio
Cortázar). García Márquez
se negó a firmar la fuerte carta
de protesta de estos intelectuales, actitud
que le costó críticas y la
pérdida de muchas amistades en el
mundo occcidental. Pero muchos no saben
que fue precisamente el Gabo, quien años
más tarde, utilizó sus influencias
con el régimen cubano para que Padilla
saliera de la Isla. Pero las heridas se
fueron cicatrizando. Castro quedó
muy impresionado con la publicación
en 1974 del libro de Gabo "El otoño
del patriarca" y le agradaron los artículos
más revolucionarios que tiene García
Márquez, publicados en su revista
de izquierda "Alternativa". Gabo
regresa a Cuba en 1975 y percibe positivamente
la nueva Cuba que encontró, de la
que deja un libro de reportajes titulado
"Cuba de cabo a rabo".
* García Márquez recibe en
1982 el Premio Nobel de Literatura. Los
autores del libro -que venimos siguiendo-
aventuran su opinión de que el colombiano
recibió de la Academia sueca el galardón
no sólo por sus innegables méritos
literarios -que nadie cuestiona- sino también
por su relación con Castro, a pesar
de que el argentino Jorge Luis Borges era
por entonces el escritor y pensador más
opcionado, pero era simpatizante del régimen
de Pinochet. Castro envía 1.500 botellas
de ron para la celebración. Gabo
va a celebrar en diciembre con su comandante
el premio. Y por esos días, el actor
Anthony Quinn le ofrece a Gabo un millón
de dólares por los derechos para
TV de "Cien años de soledad".
El colombiano, en broma, le respondió
que aceptaba pero con la condición
de que le diera otro millón para
apoyar la revolución cubana.
En síntesis, una frase de García
Márquez en una entrevista de 1975,
define bien la singular relación
entre los dos famosos personajes caribeños:
"Soy amigo de Fidel y no soy enemigo
de la revolución. Eso es todo".
Y la verdad es que nadie está en
la obligación de justificar sus amistades.
II.
Castro y Ramonet
El
"Dipló" y Ramonet
1)
"Le Monde Diplomatique" (familiarmente
llamado en Francia "Dipló")
es una publicación mensual, fundada
en 1954, asociada al prestigioso diario
"Le Monde" de París. Ha
tenido una larga trayectoria periodística
caracterizada por su no liberalismo, su
antiimperialismo y su acompañamiento
beligerante de las causas del Tercer Mundo
y de los desheredados de la tierra. Tiene
fama de ser el bastión informativo
de la izquierda ortodoxa. Claude Julien
fue su director desde 1973 e hizo con él
un periodismo de combate, adoptando una
postura radical en favor de la revolución
cubana. Lo sucedió como director
Ignace Ramonet, quien tomó de su
maestro la batuta, coincidiendo con un cambio
de época y de paradigmas históricos.
La época de Julien fue la Guerra
Fría, la de Ramonet ha sido la Globalización.
Podrá no haber socialismo real contagioso,
pero sí hay millones de desamparados
políticos. El movimiento antiglobalización,
aluvional y anárquico, ha encontrado
en el Dipló actual una guía
y una voz amplificada. El Dipló que,
a pesar de ser tan contestatario está
subsidiado por el Ministerio de Relaciones
Exteriores francés, organizó
en gran parte el Foro Social de Porto Alegre;
y con los artículos de su enviado
especial a Venezuela, Antoine Lemoine y
los editoriales de Ramonet, se ha convertido
en el principal promotor de la revolución
bolivariana en Europa. Dadas sus posiciones
radicales, no le han faltado críticos
ácidos. Para Guillaume Menchi, el
Dipló practica un antiimperialismo
selectivo y actúa como una especie
de Legión ideológica francesa,
pues sus críticas al libre mercado
coinciden sospechosamente con los intereses
coloniales de Francia en África y
sus intereses antinorteamericanos en el
corazón de Brasil.
2)
Ignace Ramonet, nacido en Galicia, a los
2 años debe radicarse con sus padres
en Tánger (Marruecos) hasta sus 18
años y a los 22 inicia brillantes
estudios en París, ya con un título
en Lenguas Modernas. Con un Doctorado en
la Escuela de Altos Estudios en Ciencias
Sociales, es experto en teoría de
la Comunicación, en geopolítica
y estrategia internacional. Junta varias
distinciones como reconocido periodista
y su preocupación por los derechos
humanos. Entre sus varios libros, mencionamos
algunos de sus más recientes: "Geopolítica
del caos" (1997), "Rebeldes, dioses
y excluidos" (1998), "Marcos,
la dignidad rebelde" (2001), "Guerras
del siglo XXI" (2002). Como a todo
escritor sobresaliente, no le han faltado
críticos ácidos, como el profesor
de periodismo de la Universidad Autónoma
de Valencia, Guillermo López García,
quien - según dice- después
de haber leído toda la obra de Ramonet
no ha encontrado que sea él el héroe
que se opone al "pensamiento único"
globalizador, sino sencillamente un propagandista
atrincherado en un "discurso único
e invariable a lo largo de los años,
denunciando siempre los mismos abusos por
parte de los mismos culpables, e ilustrándolos
con exactamente los mismos ejemplos".
Opinión que comparte Thomas Friedman,
conocido analista de 'The New York Times'
y polo opuesto de Ramonet en su visión
de la globalización.
Cien
horas con Castro
Fidel
no ha publicado memorias ni autobiografía
y no ha sido amigo de conceder largas entrevistas.
Personalmente aprecio mucho las cuatro largas
conversaciones tenidas con Frei Betto (fraile
dominico brasileño, seguidor de la
Teología de la Liberación),
durante 23 horas en La Habana en mayo del
85, y publicadas en 375 páginas por
la Oficina de Publicaciones del Consejo
de Estado cubano con el título: "Fidel
y la Religión". La quinta y
última entrevista, otorgada a Ramonet,
en sesiones que van desde finales de enero
de 2003 hasta diciembre de 2005, ha sido
publicada por ediciones Debate con el título:
"Fidel Castro, biografía
a dos voces". Algunos
tips de la obra.
*
"Nunca le oí una orden. Pero
ejerce una autoridad absoluta en su entorno.
Por su aplastante personalidad. Donde está
él, sólo se oye una voz: la
suya. El es quien toma todas las decisiones,
pequeñas o grandes. Aunque consulta
y se muestra muy respetuoso y formal con
las autoridades políticas que dirigen
el Partido y el Estado, en última
instancia las decisiones las tiene que tomar
él. No hay nadie, desde la muerte
del Che Guevara, en el círculo de
poder en el que se mueve, que tenga un calibre
intelectual cercano al suyo. En ese sentido,
da la impresión de ser un hombre
solo. Sin amigo íntimo, ni socio
intelectual de su talla".
* "De una curiosidad infinita, no cesa
de pensar, de cavilar. Es el antidogmático
por antonomasia. Nada más contrario
a él que el dogma, el precepto, la
regla, el sistema,lka verdad revelada. Es
un trasgresor instintivo y, aunque parezca
obvio decirlo, un rebelde permanente".
* "Fidel Castro es un hombre dotado
de una estatura impresionante, de un indiscutible
don de gentes, y también de un poderoso
encanto personal. Posee una destreza visceral
para comunicar con el público".
* "No en vano su héroe favorito
en literatura es don Quijote. Se ve que
es una persona que actúa por aspiraciones
nobles en sí mismas, por unos ideales
de justicia y de equidad".
* "La caída del muro de Berlín,
la desaparición de la Unión
Soviética y el fracaso histórico
del socialismo autoritario de Estado no
parecen haber modificado el sueño
de Fidel Castro de instaurar en su país
una sociedad de nuevo tipo, menos desigual,
más sana y mejor educada, sin privatizaciones
ni discriminaciones, con una cultura global
integral. Y su nueva y estrecha alianza
con la Venezuela del presidente Chávez
consolida sus convicciones".
* "¿Es que las revoluciones
están llamadas a derrumbarse, o es
que los hombres pueden hacer que las revoluciones
fracasen? ¿Pueden o no impedir los
hombres, puede o no impedir la sociedad
que las revoluciones se derrumben? Yo me
he hecho estas preguntas. Y mire lo que
le digo: los yanquis no pueden destruir
este proceso revolucionario […] Pero
este país puede autodestruirse por
sí mismo. Esta revolución
puede destruirse. Nosotros, sí, podemos
hacerlo y sería culpa nuestra. Si
no somos capaces de corregir nuestros errores.
Si no conseguimos poner fin a muchos vicios
y a muchos desvíos y muchas fuentes
de suministro de dinero de los nuevos ricos".
17
abril 2006 |