| El
pequeño país centroamericano
es grande por su larga tradición
democrática, su discurrir pacífico
y ordenado, su acentuado sentido del derecho,
sus afables costumbres y religiosidad, su
distinguido tipo de mujeres en la vida pública
y privada. Las pasadas elecciones presidenciales
del domingo 31 de enero pasaron casi desapercibidas
en la opinión internacional por su
normalidad casi rutinaria, la falta de incidentes
electorales, la sencillez de resultados
sin reclamos de fraude. No hubo el melodramatismo
que suele acompañar los comicios
en otros países de nuestro subcontinente.
Relevo
normal
Oscar Arias, premio Nobel de paz, termina
el 8 de mayo su segundo mandato, con una
aprobación ciudadana del 42%. Mandato
que estuvo jalonado por el pulso que mantuvo
para la aprobación del Tratado de
Libre Comercio de Costa Rica con Estados
Unidos y el resto de Centroamérica
y República Dominicana; la férrea
lucha con sectores sindicales y empresariales
que hubo que dirimir en el 2007 por medio
de un referendum. Tuvo que soportar el escándalo
por el uso de donativos del Banco Centroamericano
de Integración Económica para
financiar asesorías. En política
exterior rompió relaciones con Taiwán
para establecerlas con China. Instauró
relaciones con Cuba y con la Autoridad Nacional
Palestina. Debió aguantar las pesadeces
orales del presidente Chávez. Y tuvo
un papel delicado pero muy influyente en
la reciente crisis de Honduras. |
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Firme
y honesta
Fue su lema de campaña y corresponde
a lo que ha sido la trayectoria de Laura
Chinchilla. Mujer de pantalones bien puestos:
estaba en 1995 al mando de la policía
nacional. Con 50 años de edad, es
la primera presidenta de Costa Rica, tras
superar una campaña en la cual debió
enfrentar todo tipo de críticas a
su autonomía, pues hasta sus propios
seguidores veían detrás de
ella la mano del presidente, Óscar
Arias, quien ha sido su mentor. Pero a diferencia
de Violeta Chamorro (Nicaragua, en 1990),
de Mireya Moscoso (Panamá, en 1999)
y de la argentina Cristina Fernández,
ella no llega al poder de la mano de un
marido prominente. Su esposo que le lleva
25 años de edad es un abogado español.
Tienen un hijo de 14 años. Es católica
practicante, de convicciones religiosas
firmes. Especialista en temas de seguridad,
adquirió protagonismo en el Partido
Liberación Nacional, ocupó
un escaño del Congreso, fue ministra
de Seguridad y posteriormente de Justicia.
En 2005, acompañó a Óscar
Arias como primera vicepresidenta. Durante
los años 90 se dedicó a ser
consultora de organizaciones, como la Agencia
para el Desarrollo Internacional de los
Estados Unidos y el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo.
Superó en la primera vuelta con amplia
ventaja a sus oponentes: Otto Guevara, del
derechista Movimiento Libertario (ML) quien
obtuvo 20,83% de los votos, y Ottón
Solís, del Partido Acción
Ciudadana (PAC, centroizquierda), 25,15%,
quienes compitieron por la Presidencia costarricense
por tercera vez consecutiva. Chinchilla
obtuvo un total de 46,78% de los votos,
es decir 7% más de lo requerido legalmente
en primera vuelta en Costa Rica. Y ha afirmado
contundentemente que "lo que sigue
será mi gobierno, no el de Oscar
Arias".
Desafíos
serios
En la lista de tareas futuras de la nueva
presidenta figura la necesidad de mostrarse
autónoma; de procurar la equidad
entre hombres y mujeres, sin alardes de
feminista. "En esta etapa la lucha
no pasa por el feminismo rabioso de los
setenta, sino en conciliar posiciones",
dijo en 2008. Pero quizás lo más
difícil, tiene que gobernar dialogando
y forcejeando con las varias minorías
de un Congreso fraccionado, pues su partido
(Liberación Nacional) obtuvo 27 escaños,
que no le alcanzan para la mayoría
de 29. Los grandes problemas por resolver
son el crimen organizado y la pobreza. En
el terreno social seguirá el legado
de Oscar Arias y en lo internacional se
prevé que el trazo sea el mismo,
moderado y de "diálogo respetuoso,
franco y abierto" con todos, "sin
amenazas ni altisonancia verbal".
Moraleja
También en Costa Rica, ya se
rompió el mito de que el poder es
para los varones. Se acepta hoy que las
mujeres como gobernantes lo pueden hacer
mejor que los hombres. Por sus reales cualidades,
su gran dedicación, la alta preparación
que vienen acumulando, su especial sensibilidad
social, su mayor carácter a la hora
de tomar las grandes decisiones.
16
febrero 2010
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