Los retos del nuevo Presidente
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Los días 8 al 12 de junio, sesionó en el Colegio de Abogados del Estado Mérida el 1er. Congreso Binacional y VIIIº Congreso Nacional de Estudiantes y Graduados en Ciencias Políticas, en el que hubo una muy nutrida y valiosa figuración de futuros politólogos de casi todas las Escuelas de Ciencias Políticas de Venezuela, con invitados de Bogotá, San José de Costa Rica y Buenos Aires. Dicté en dicho Congreso una conferencia dedicada al tema: "Eficiencia y legitimidad: los dos grandes retos de nuestras democracias, en Venezuela y Colombia". La problemática que allí manejé tiene gran actualidad cuando Colombia ha elegido al nuevo Presidente que la gobernará para el nuevo milenio. El reto de juntar, a la vez, modernidad y democracia; el reto de conciliar eficacia gubernamental en sus respuestas a la colectividad con asentimiento de los gobernados, es un desafío planteado hoy a todas nuestras democracias. Pero cada país tiene sus particularidades y unos con más urgencias que otros.

 

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Crisis de gobernabilidad

Colombia atravesó 4 años de una crisis coyuntural que afectó su desarrollo y puso a tambalear sus mismas instituciones políticas. El presidente Samper -desde el inicio de su periodo- perdió credibilidad por el supuesto ingreso de dineros del Cartel de Cali en la campaña electoral del 94, que puso mayoría liberal en el Congreso y le dió a él una apretada victoria sobre su contrincante conservador. Este factor afectó severamente la misma gobernabilidad del país. Gobernabilidad que es, sencillamente, la conducción atinada y exitosa de la nave que llamamos "polis" (Estado nacional moderno), de modo que llegue felizmente al puerto de destino, habida cuenta de los requerimientos y la voluntad de los gobernados. Para una buena gobernabilidad del sistema político, hoy se requiere no sólo el que la conducción sea efectiva (en términos de respuesta eficaz y moderna a las expectativas del pueblo), sino que ella se haga (en términos de legitimidad) con buena aceptación y consenso de la sociedad civil que conduce.
Samper logró terminar su periodo constitucional, gracias a sus innegables dotes de político y a la fuerte institucionalidad democrática que caracteriza la presidencia colombiana. Pero su gobierno sufrió de vacíos de autoridad y acatamiento, que fueron
llenados (con feroz oportunismo) por fuerzas como las guerrillas, los paramilitares y la imperial injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Colombia.

 

La voluntad soberana del pueblo

En 4 comicios consecutivos de sufragio universal, el pueblo colombiano ha expresado su voluntad soberana, que es un mandato nacional.
• El 26 de octubre 97, depositó en las urnas un referendum de 10.000.000 de votos a favor de la Paz, la Libertad, la Democracia y en contra de la violencia guerrillera, la cual intentó por todos los medios impedir las elecciones y ahogar en sangre la democracia colombiana.
• El 8 de marzo 98, con amplia votación, renovó en un 50% los miembros de las dos Cámaras del Congreso.
• El 31 de mayo pasado, con casi 3 millones de votos se pronunció a favor de una alternativa de cambio, independiente y sin lastres partidistas, convocada por Noemí Sanín frente a las dos opciones inveteradas del Liberalismo y el Conservatismo, apoyadas por sus correspondientes maquinarias.
• Y ayer 21 de junio, en un reñido pero pacífico certamen democrático, escogió a su próximo Presidente.
Es evidente que la sociedad civil colombiana comienza a ponerse de pies y a tomar el destino en sus manos. Hay algo en la profundidad del alma colombiana que, a pesar de la desesperación y de tantos signos negativos, sigue alzando su voz y apuesta democráticamente por su futuro !

 

El escenario tras la elección presidencial

Son enormes las esperanzas puestas en el nuevo gobernante. Colombia no puede seguir siendo un pato herido, con un ala rota. Colombia no ha retrocedido en su desarrollo económico, a pesar de 50 años de violencia. Pero un país así no puede seguir haciéndose ilusiones. Un salto hacia el desarrollo no lo puede intentar Colombia rellena de perdigones como está. Tiene primero que pacificarse como sea y al precio que sea. La Paz y la Reconstrucción del país es el gran reto para el nuevo Presidente.
No se ve otro escenario posible y más deseable que el de intentar reconstruir el país como una bandada de gansos migratorios. Para ello, deben darse tres elementos simultáneamente. A ellos deben corresponder tres rasgos definidos del perfil presidencial, tres tareas prioritarias para la gobernabilidad del país.

1º Propiciar un ACUERDO NACIONAL, para que el país reinicie un vuelo animoso hacia un objetivo común, hacia unas metas, resultado de un consenso nacional reafirmado o reelaborado por las partes en conflicto. En la sociedad civil están las nuevas fuentes de legitimación y es allí donde hay que buscar las nuevas areas de consenso. El nuevo Presidente debe poder concitar las fuerzas vivas del país (que las hay y son apabullante mayoría, como lo atestiguan las cuatro pasadas elecciones), para reemprender el camino de la Paz y de una Democracia gobernable.
2º Ejercer un LIDERAZGO CONVINCENTE, como el que la bandada migratoria reconoce en su guión que va adelante. En casi todas las naciones con reservas sanas (y Colombia las tiene) las épocas de crisis permiten la aparición y la movilización de energías populares renovadoras, que alimentan un liderazgo dotado de gran visión y de gran coraje. Puede darse, todavía, en Colombia un liderazgo presidencial, que señale al país otros derroteros, lo ilumine con su acción y su prestancia, y ponga en marcha fórmulas nuevas.
3º Como buen gobernante, debe imponer una DISCIPLINA SOCIAL básica y sin desfallecimiento, en la que la solidaridad de unos apoye la debilidad de otros. Los ricos y los pobres; los de arriba y los de abajo; los rojos, los azules y los independientes, todos deben contribuir a la reconstrucción de un país que venía descuadernándose, por no decir desmoronándose. La Paz y la Democracia son fruto de la Justicia y de la Solidaridad. Y ellas garantizan la Gobernabilidad. Estos los retos prioritarios del nuevo Presidente, de los que se sigue una Agenda con todo lo demás.

22 de junio de 1998