Pastrana a medio camino
Logo Enrique Neira

 

 

     

“Mientras en Colombia se litiga, en Venezuela se perfora“, informaba en 1943 el embajador norteamericano Lane a sus jefes en el Departamento de Estado. Y otro tanto parece estuviera ocurriendo ahora con nuestros dos Presidentes. Mientras a Pastrana se le escapa el país de las manos y parece que no estuviera en nada, Chávez aprieta cada día más el país en su puño y tiene una omnipresencia divina. Mientras el de acá arrasa, al de allá lo enredan y tambalea. Mientras su inicial Polo Patriótico le alcanzó al Comandante para nueva Constitución a su tamaño y hacer aprobar dos referendos, a Pastrana la aplicación de la Constitución del 91 le ha recortado poderes y se le acabó el aliento de su inicial Alianza para el Cambio. Mientras el militar enclaustrado en los vivacs venezolanos se volvió un gran comunicador de masas, quien fuera en el país vecino experto en manejo de imagen televisiva (trampolín para su candidatura presidencial) se ha aislado cada vez más y recluido en el círculo reducido de sus amigos y asesores. Mientras acá pensamos cuándo va a comenzar a gobernar realmente el Presidente (sobre todo para dar respuesta a los álgidos problemas socio-económicos), allá la gente comienza a pensar cuándo va a acabar Pastrana su gobierno y se alegran de que el período presidencial sea sólo de 4 años y sin reelección posible.

 

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Dos años después

Conscientes del estrecho margen de gobernación que tiene actualmente el Presidente de Colombia, en contraste evidente con el de Venezuela, hay que reconocer también que el promisorio liderazgo para el cambio que prometía Pastrana, hace dos años, se volvió un espejismo. Colombia está amedrentada, angustiada, paralizada por el pesimismo. El pueblo había interpretado el triunfo electoral del joven candidato conservador como un mandato para el cambio de las costumbres políticas, y un camino de esperanza tanto para la recuperación económica como para realizar los urgentes anhelos de paz. El nombramiento que hizo de Juan Camilo Restrepo como Ministro de Hacienda, fue registrado con beneplácito por la comunidad empresarial y financiera. Su sorpresiva reunión con Manuel Marulanda (alias “Tiro Fijo”) disparó las expectativas de un posible acuerdo con la guerrilla para el cese al fuego y a las hostilidades. Hoy todo ello es susceptible de una lectura negativa. Pastrana no pasa el examen en economía y pacificación.

En ECONOMIA, si queremos ser objetivos, hay que aceptar que la nueva administración recibió el país de manos de la anterior con un gigantesco déficit fiscal del 4.5% del PIB, con un costo altísimo del dinero por las tasas de intereses, con un contrabando desbordado y alimentado por narcodólares contra la industria nacional, con una recesión ya iniciada en sectores claves de la producción (construcción, manufacturas, azúcar, café...). Pero de todos modos, el año pasado (1999) fue el peor año económico que tuvo Colombia en todo el siglo veinte. El dólar ha llegado a 2.100 pesos colombianos y los ‘spreads’ (rentabilidad atractiva) de los bonos colombianos en el exterior han tocado niveles bajos nunca vistos. El desempleo se disparó hasta el 20% de la población laboral. Y los efectos sociales se han manifestado todos los días en formas casi incontrolables de paros cívicos, reclamos populares, toma de carreteras y vías, asedio de sedes de instituciones nacionales y extranjeras.

En PACIFICACION, el país nacional tiene la percepción, cada día más acentuada y además verificada por “las palabras de paz y hechos de guerra” de las guerrillas que ha sido un costoso fiasco el desempeño de la administración Pastrana. Hoy aparece claro que no tenía un verdadero proyecto de paz (con etapas previstas, alternativas, supervisiones, salidas de escape). Pastrana ha conducido él sólo (sin suficiente consulta de las fuerzas vivas del país, de los sectores políticos y de las poblaciones afectadas) un “proceso de paz” sin una estrategia bien concebida y más por corazonadas e improvisaciones. Pastrana no ha sido un buen diestro. Las guerrillas (especialmente las FARC) se lo han llevado por delante, ensartado en sus cuernos, en una embestida feroz y arrogante -contra la infraestructura vial y energética y la población inerme del país- que no tiene paralelo en la historia de 40 años de subversión armada. Más que audaz su gesto con las FARC se revela hoy inmaduro y falto de previsión. La extensa Zona del Caguán (42.000 km) despejada territorial e institucionalmente a cambio de nada, se convirtió en un antro de criminalidad, sin respeto a las leyes colombianas y a lo más mínimo de los Derechos Humanos. Es hoy el gigantesco monolito rojo que se yergue sobre las verdes selvas del Caquetá y el Putumayo, visible desde toda Colombia y más acá, monumento a la estupidez del gobierno y a la viveza cínica de la subversión armada.

 

Segundo tiempo

Los dos primeros años de este gobierno han sido traumáticos y difíciles, de los más duros que ha tenido que aguantar Colombia en su reciente historia. La alevosa destrucción (en un 90%) que hizo la subversión armada de todo un pueblo habitado e inocente (llamado precisamente “Colombia”) en el sur del Huila, la semana pasada, resume la actual tragedia. Pastrana tiene dos años por delante para enderezar rumbo y apretar el acelerador. Ojalá le alcance la gasolina, con los nuevos precios. El “Plan Colombia, como una estrategia integral de salvamento de la democracia colombiana frente a sus dos grandes y deletéreos enemigos (el narcotráfico y el terrorismo guerrillero), así como sus componentes para la reactivación de la economía y mayor inversión social, dan pié para pensar en un mejor desempeño de la Selección Colombia en política. La recomposición del gabinete ministerial va en la misma dirección; apuntala la aplicación correcta del Plan Colombia; y cimenta de nuevo bases para una moderada esperanza. El cambio en 7 de los 16 ministerios (entre ellos los cuatro del área social) y en 3 de los 5 departamentos administrativos claves, adscritos a la Presidencia, con el ingreso de cinco valiosas mujeres, de tres importantes figuras del liberalismo y uno del nuevo partido político de izquierda democrática (con fuerte apoyo sindical, el “Frente Social y Político”), auguran mejor desempeño y mejores tiempos, siguiendo una carta de navegación más vigorosa en lo social y más integradora en lo territorial y político.

Sigue siendo certera y aplicable al Presidente y a Colombia la descarnada observación de Abba Eban (25 julio 1955): “Los hombres y las naciones se conducen sabiamente, una vez que ellos y ellas han agotado todas las otras alternativas “.

17 julio 2000