| “Mientras
en Colombia se litiga, en Venezuela se perfora“,
informaba en 1943 el embajador norteamericano
Lane a sus jefes en el Departamento de Estado.
Y otro tanto parece estuviera ocurriendo
ahora con nuestros dos Presidentes. Mientras
a Pastrana se le escapa el país de las manos
y parece que no estuviera en nada, Chávez
aprieta cada día más el país en su puño
y tiene una omnipresencia divina. Mientras
el de acá arrasa, al de allá lo enredan
y tambalea. Mientras su inicial Polo Patriótico
le alcanzó al Comandante para nueva Constitución
a su tamaño y hacer aprobar dos referendos,
a Pastrana la aplicación de la Constitución
del 91 le ha recortado poderes y se le acabó
el aliento de su inicial Alianza para el
Cambio. Mientras el militar enclaustrado
en los vivacs venezolanos se volvió un gran
comunicador de masas, quien fuera en el
país vecino experto en manejo de imagen
televisiva (trampolín para su candidatura
presidencial) se ha aislado cada vez más
y recluido en el círculo reducido de sus
amigos y asesores. Mientras acá pensamos
cuándo va a comenzar a gobernar realmente
el Presidente (sobre todo para dar respuesta
a los álgidos problemas socio-económicos),
allá la gente comienza a pensar cuándo va
a acabar Pastrana su gobierno y se alegran
de que el período presidencial sea sólo
de 4 años y sin reelección posible.
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| Dos
años después
Conscientes
del estrecho margen de gobernación
que tiene actualmente el Presidente de Colombia,
en contraste evidente con el de Venezuela,
hay que reconocer también que el
promisorio liderazgo para el cambio que
prometía Pastrana, hace dos años,
se volvió un espejismo. Colombia
está amedrentada, angustiada, paralizada
por el pesimismo. El pueblo había
interpretado el triunfo electoral del joven
candidato conservador como un mandato para
el cambio de las costumbres políticas,
y un camino de esperanza tanto para la recuperación
económica como para realizar los
urgentes anhelos de paz. El nombramiento
que hizo de Juan Camilo Restrepo como Ministro
de Hacienda, fue registrado con beneplácito
por la comunidad empresarial y financiera.
Su sorpresiva reunión con Manuel
Marulanda (alias “Tiro Fijo”)
disparó las expectativas de un posible
acuerdo con la guerrilla para el cese al
fuego y a las hostilidades. Hoy todo ello
es susceptible de una lectura negativa.
Pastrana no pasa el examen en economía
y pacificación.
En
ECONOMIA, si queremos ser objetivos, hay
que aceptar que la nueva administración
recibió el país de manos de
la anterior con un gigantesco déficit
fiscal del 4.5% del PIB, con un costo altísimo
del dinero por las tasas de intereses, con
un contrabando desbordado y alimentado por
narcodólares contra la industria
nacional, con una recesión ya iniciada
en sectores claves de la producción
(construcción, manufacturas, azúcar,
café...). Pero de todos modos, el
año pasado (1999) fue el peor año
económico que tuvo Colombia en todo
el siglo veinte. El dólar ha llegado
a 2.100 pesos colombianos y los ‘spreads’
(rentabilidad atractiva) de los bonos colombianos
en el exterior han tocado niveles bajos
nunca vistos. El desempleo se disparó
hasta el 20% de la población laboral.
Y los efectos sociales se han manifestado
todos los días en formas casi incontrolables
de paros cívicos, reclamos populares,
toma de carreteras y vías, asedio
de sedes de instituciones nacionales y extranjeras.
En
PACIFICACION, el país nacional tiene
la percepción, cada día más
acentuada y además verificada por
“las palabras de paz y hechos de guerra”
de las guerrillas que ha sido un costoso
fiasco el desempeño de la administración
Pastrana. Hoy aparece claro que no tenía
un verdadero proyecto de paz (con etapas
previstas, alternativas, supervisiones,
salidas de escape). Pastrana ha conducido
él sólo (sin suficiente consulta
de las fuerzas vivas del país, de
los sectores políticos y de las poblaciones
afectadas) un “proceso de paz”
sin una estrategia bien concebida y más
por corazonadas e improvisaciones. Pastrana
no ha sido un buen diestro. Las guerrillas
(especialmente las FARC) se lo han llevado
por delante, ensartado en sus cuernos, en
una embestida feroz y arrogante -contra
la infraestructura vial y energética
y la población inerme del país-
que no tiene paralelo en la historia de
40 años de subversión armada.
Más que audaz su gesto con las FARC
se revela hoy inmaduro y falto de previsión.
La extensa Zona del Caguán (42.000
km) despejada territorial e institucionalmente
a cambio de nada, se convirtió en
un antro de criminalidad, sin respeto a
las leyes colombianas y a lo más
mínimo de los Derechos Humanos. Es
hoy el gigantesco monolito rojo que se yergue
sobre las verdes selvas del Caquetá
y el Putumayo, visible desde toda Colombia
y más acá, monumento a la
estupidez del gobierno y a la viveza cínica
de la subversión armada.
Segundo
tiempo
Los
dos primeros años de este gobierno
han sido traumáticos y difíciles,
de los más duros que ha tenido que
aguantar Colombia en su reciente historia.
La alevosa destrucción (en un 90%)
que hizo la subversión armada de
todo un pueblo habitado e inocente (llamado
precisamente “Colombia”) en
el sur del Huila, la semana pasada, resume
la actual tragedia. Pastrana tiene dos años
por delante para enderezar rumbo y apretar
el acelerador. Ojalá le alcance la
gasolina, con los nuevos precios. El “Plan
Colombia, como una estrategia integral de
salvamento de la democracia colombiana frente
a sus dos grandes y deletéreos enemigos
(el narcotráfico y el terrorismo
guerrillero), así como sus componentes
para la reactivación de la economía
y mayor inversión social, dan pié
para pensar en un mejor desempeño
de la Selección Colombia en política.
La recomposición del gabinete ministerial
va en la misma dirección; apuntala
la aplicación correcta del Plan Colombia;
y cimenta de nuevo bases para una moderada
esperanza. El cambio en 7 de los 16 ministerios
(entre ellos los cuatro del área
social) y en 3 de los 5 departamentos administrativos
claves, adscritos a la Presidencia, con
el ingreso de cinco valiosas mujeres, de
tres importantes figuras del liberalismo
y uno del nuevo partido político
de izquierda democrática (con fuerte
apoyo sindical, el “Frente Social
y Político”), auguran mejor
desempeño y mejores tiempos, siguiendo
una carta de navegación más
vigorosa en lo social y más integradora
en lo territorial y político.
Sigue
siendo certera y aplicable al Presidente
y a Colombia la descarnada observación
de Abba Eban (25 julio 1955): “Los
hombres y las naciones se conducen sabiamente,
una vez que ellos y ellas han agotado todas
las otras alternativas “.
17 julio 2000 |