| Las
turbulencias políticas y económicas están,
en este momento, sacudiendo fuertemente
nuestros países de la Comunidad Andina.
VENEZUELA ha debido aplazar las megaelecciones,
que todo el país espera para legitimar (de
acuerdo a la nueva Constitución del 99)
las autoridades en todo nivel, y comenzar
a ver un gobierno eficiente que afronte
el grave problema económico y social, cuya
crisis se profundiza día a día. PERU, por
la ciega apetencia que tuvo su actual presidente
Fujimori de perpetuar su poder a como diera
lugar; entra en una etapa de difícil gobernabilidad,
con un Gobierno de menguada autoridad y
más de medio país en contra, frente a graves
problemas económicos y sociales también.
ECUADOR arrastra una economía de tumbo en
tumbo, con un fragmentado apoyo político
y un radical plan de dolarización, al que
se oponen grandes sectores de la población,
especialmente de campesinos politizados.
Y COLOMBIA acaba de pasar una de sus semanas
más difíciles desde el punto de vista económico,
social y político de los últimos 50 años,
todos ellos de duro batallar y agonizar.
“Colombia es un país que simboliza casi
todos los desafíos de América Latina, un
gobierno moderado y elegido popularmente,
asediado por grupos guerrilleros, por la
cultura de la droga, y por un sentimiento
nacional que alterna entre la responsabilidad
y el pánico “. Así definió sustancialmente
al país vecino el famoso secretario de Estado
de la administración Nixon, Henry Kissinger
en su reciente libro “Years of Renewal”
(Simon & Schuster 1999). Y se confirmó la
semana que pasó. |
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| Una
guerrilla que acogota al pueblo
El
cáncer subversivo, que por 50 años
viene minando la vitalidad económica
del país y la convivencia ordenada
y pacífica de la nación, sigue
obstinado anacrónicamente en hacer
ingobernable a Colombia. Como lo afirmaron
en su tiempo, connotados intelectuales de
izquierda en Colombia: “las guerrillas
no han sido protagonistas del cambio: no
han tomado el poder, y no han hecho la revolución.
Ni siquiera han servido de catalizadores
de la reforma del sistema”.
El
permanente accionar de 15.000 hombres alzados
en asmas (FARC y ELN), destruyendo metódicamente
la infraestructura energética (oleoductos
y tendidos eléctricos), vial y productiva
del país, extorsionando o secuestrando
a comerciantes, comunicadores, empresarios
agrícolas e industriales, intimidando
a toda la sociedad con actos de barbarie
inaudita (como el collar de explosivos con
que volaron a la campesina, Sra. Elvia Cortés
Gil, por no cancelarles 7.500 dólares)
, es en esta coyuntura el mayor y más
grave factor que atenta contra la gobernabilidad
de 40 millones de colombianos.
Un
presidente de espaldas al pueblo
Tras
el fracaso inocultable del “despeje”
(o “despojo” según obispos
de Colombia) de la zona del Caguán
(42.000 km en donde el nuevo gobierno dio
tanto a cambio de nada, el presidente Pastrana
sigue ahora ilusionado con el experimento,
y presionando -aun con la fuerza- a miles
de pobladores de varios municipios del sur
de Bolívar y Magdalena Medio que
se resisten a que se “despeje”su
territorio para otro eventual “dialogar”
(bla, bla, bla..), esta vez con el ELN.
Si en 1998, “Tiro Fijo” quizás
ayudó a inclinar la balanza del electorado
a favor de Pastrana con el cuento de que
con él sí haría la
“paz”, y el nuevo presidente
-como aprendiz de brujos taironas- hizo
del proceso de paz la gran bandera de su
gobierno, hoy el mismo jefe guerrillero
y su adlátere (el “mono Jojoy”)
lo está ayudando a “tumbar”.
A la opinión nacional en un 70% le
está pareciendo que Pastrana “ha
mostrado un himen demasiado complaciente”
con la guerrilla, que viene capitulando
incondicionalmente cediendo Estado (en su
monopolio legítimo de la ley, del
tributo y de la fuerza) y que necesita implementar
una acción fuerte y desalentadora
frente a tanta arrogancia, criminalidad
y barbarie de la subversión armada.
Es una enorme equivocación querer
gobernar contra la opinión general
y la voluntad popular (expresada en un plebiscito
de 10 millones de votos), que defiende celosamente
la soberanía nacional y una paz en
democracia.
Un
congreso que desvirtúa la voluntad
del pueblo
Para
completar el cuadro de los “enredos”
recientes en que se está embrollando
la gobernabilidad de Colombia, la apropiación
indebida de dineros públicos que
hizo (por contratos millonarios a fines
de diciembre pasado) la mesa directiva de
la Cámara baja, puso en evidencia
la grave corrupción en que sigue
incurriendo parte de la clase política,
bien asentada en curules del parlamento.
La airada pero improvisada reacción
(aunque con apoyo de la opinión nacional)
del Presidente Pastrana se le convirtió
en soga (pero sin llegar a collar explosivo)
para su propio cuello. La propuesta de una
convocatoria pronta a referéndum
popular —cuya pieza vertebral era
la revocatoria del mandato de los actuales
congresistas—, dado que el Liberalismo
domina ampliamente el Congreso, le costó
la “baja” del Ministro del Interior
(Martínez Neira) y de su eficiente
secretario privado (Juan Hernández)
y la amenaza de incluir en el referéndum
también el adelanto de las elecciones
presidenciales. El país político
no acaba de sintonizar con el país
nacional, que ha expresado clara voluntad
de cambio, de honestidad, de paz.
No
choque de trenes
Lo
que parecía inevitable, con grave
perjuicio para la recuperación del
país y su institucionalidad (Congreso
vs. Ejecutivo) se evitó, con una
hábil movida de las agujas de la
carrilera, que acordaron en reunión
difícil (el pasado viernes 26) personeros
del mundo político, empresarial y
gremial. Optaron por la responsabilidad
frente al pánico. Todos estuvieron
de acuerdo en salvar, como fuera, la reactivación
económica que ya comenzó a
darse en este primer trimestre del 2000.
Se agilizarán cambios y medidas contra
la corrupción a través de
legislación ordinaria; no habrá
revocatoria de mandatos; y se medirán
las fuerzas de los actores (Congreso y Ejecutivo),
corriendo por sus propios rieles, en el
año electoral del 2002. No se habló
de la reconducción del proceso de
paz, pero tendrá que venir también,
si se quiere gobernabilidad en Colombia.
29 mayo 2000 |